jueves, abril 27, 2017

Mi funeral




Esta mañana me quedé solo en casa desde temprano. Mientras preparaba mi almuerzo y escuchaba El Fonógrafo, la estación que mi mamá siempre deja para que sus canarios no se sientan solos en la sala, salió esto:





Después de casi atragantarme con un pedazo de pollo por el nudo que se formó en mi garganta, me puse a divagar sobre por qué chingados esa canción siempre me produce la misma sensación, más allá del evidente terror que a todos los que aún tenemos a nuestra madre en vida nos provoca pensar en el inminente momento en que ella se vaya. Quienes ya han pasado por ese trance sabrán explicarlo mejor que yo, y una de esas personas es, precisamente, mi mamá. Siento que para ella, más que para cualquier otro integrante de la familia, fue durísimo despedirse de mi abuelita hace 17 años, y, en cierto modo, ella y yo adoptamos esa canción (cada uno a su manera) como una especie de ejercicio catártico para desahogar un dolor que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue fresco. Así las cosas, decidí que es hasta cierto punto normal que me cause el mismo efecto.

Mientras terminaba de almorzar, la línea de mis pensamientos me llevó a buscar alguna manera de escapar de ese dolor, una que me permita asimilar las cosas desde un ángulo (paradójicamente) no tan fatalista. Desee que, por lo menos en ese sentido, nuestra especie fuera un poco como las otras que habitan este planeta: más práctica y menos racional. Por ejemplo, cuando un lobo viejo va a morir, simplemente se aleja de la manada porque sabe que ya no es funcional en el trabajo en equipo que se requiere para alimentar a todos sus miembros y se las arregla por su cuenta, como puede, hasta que llega la Naturaleza y hace lo suyo. Nadie sufre, nadie llora, nadie lo extraña; fue solamente uno más que cumplió con su ciclo de vida y ahora alimenta de regreso a la tierra para que, cuando otro tome su lugar, encuentre las mismas oportunidades que él.

No sé cuándo ni cómo voy a morir. Soy un hombre joven, sano, y —teóricamente— me quedan todavía bastantes años por delante, pero uno nunca sabe qué va a suceder en el futuro. A lo mejor llego a viejo, o quizá no; tal vez mi tendencia a vivir intensamente y disfrutar los placeres de la vida sin ponerme restricciones me pase factura antes de lo pensado, o solo me deje en condiciones de no gozar durante mis últimos años una calidad de vida como la que he tenido hasta ahora. Si ese es el caso...¿tendré ganas de soportar las limitaciones? ¿seré capaz de tomar una decisión valiente? No sé si al final tendría los huevos, y no por mi, sino pensando en Hilda, mi hermana, mi sobrina y todas las personas a las que amo (y que siguieran con vida en ese momento). ¿Podrían respetar una determinación como esa? ¿Me entenderían? ¿Me perdonarían?



Con el miedo que tú tienes, ¿cómo hacer que te consueles, que lo veas como yo? porque cuando diga adiós, tú verás una sonrisa...


Creo que, paulatinamente, podría trabajar la idea, tanto para mí mismo como para con ellos, de que se trata solo de un paso más; de que no pasa nada, ni se trata de un adiós definitivo, y no porque crea en supercherías como reencuentros celestiales o coincidencias en vidas futuras, sino porque mientras permanezcamos en la memoria de aquellos a quienes amamos a través de momentos vividos, enseñanzas, sonrisas y miradas, entonces nunca moriremos. Es una bonita idea para vender, ¿no creen?



¿Quién quiere vivir para siempre? No tenemos ninguna oportunidad, todo está decidido para nosotros. Este mundo tiene un solo dulce momento para nosotros.


Cuando me llegue la hora, no quiero lágrimas ni sollozos de la gente a la que amo, porque la última maldita cosa que uno desea al morirse es causar dolor. Tampoco se me antoja que vayan a mi casa a rezar la misma mierda que toda la gente repite durante nueve días sin siquiera pensar en lo que está diciendo, como si fueran un montón de loros, ni que estén todo ese rato cabizbajos tomando café y comiendo churros aguados. No; creo que tanto ellos como yo merecemos mucho más que eso.

Una vez que me haya ido, quiero que se reúnan en mi casa. Ahí estarán esperándoles una buena variedad de cortes de carne, nopales para asar, salsa roja de la que pica, camarones de esos enormes que tanto me gustan y un chingo de cerveza. Alguien, ya decidiré quién, tendrá asignada la tarea de poner música (que ya estoy compilando en esta lista de Spotify, aunque seguro el tracklist seguirá creciendo con el tiempo) ad hoc con la celebración, y mientras ésta suena, quiero que coman rico y brinden como si yo estuviera ahí, sonriendo y echando desmadre, con una cerveza en la mano. Quizá haya algunas lágrimas, eso es inevitable; pero cuando lleguen a su mente no solo los momentos chingones que compartimos, sino también las veces que discutimos, nos mandamos al carajo porque mis ideas no encajaban con las suyas (o viceversa) y nos volvimos a contentar, seguramente sonreirán mientras se les escapa de entre los labios un "Ese cabrón se las ingenió para despedirse haciéndonos pasar un buen rato, después de todo".



He vivido una vida plena; viajé por todos y cada uno de los caminos, y más, mucho más que esto: lo hice a mi manera.


No me da la gana que mis deudos me metan en una caja y luego en un agujero de tres metros sobre el que pongan un frío pedazo de mármol. Yo quiero devolver a esta tierra, de la que tanto he tomado y a la que he jodido igual o más que mis congéneres, un poco de lo que le debo. En este enlace vi que existe la posibilidad de meter mis cenizas en una urna biodegradable que incluye un compartimento para depositar la semilla del árbol de mi preferencia, así que me suena bien imaginar que —literalmente— mis personas favoritas podrán visitar siempre que quieran a mi nuevo ser, abrazar mi tronco, trepar por mis ramas, comer mis frutos, hacer un día de campo alrededor mío y contarme cómo les ha ido. Yo estaré ahí para ellos. En otra forma, pero siempre estaré.






Saludos Enfermos.


viernes, abril 21, 2017

Ecuanimidad y dignidad, una lección aprendida de la victoria de Chivas en la Copa MX


Las Chivas ganaron su cuarta Copa el miércoles, de la mano de Matías "el pelado" Almeyda, quien llegó para dirigir a un club histórico del fútbol mexicano que atravesaba por una severa sequía de campeonatos y, peor aún, de comunión con su hinchada.




Desde que Matías tomó los controles, el Rebaño Sagrado se ve con ganas, con hambre; esos chicos juegan bonito, se nota que disfrutan lo que hacen y, si bien todavía les falta levantarse con un campeonato de Liga, las dos Copas y la Supercopa que han ganado últimamente me dejan el agradable sabor de boca que produce ver al equipo de mis amores salir campeón en algo. Así, sin más: mera alegría, ganas de festejar, hinchar el pecho al portar la camiseta y decir "¡Arriba las Chivas!".

Esa noche compré tacos y cervezas para cenar y ver el juego con mi papá. Cuando terminó la tanda de penales con esas tres hermosas atajadas de Jiménez, ambos suspiramos aliviados antes de ir a dormir, aunque yo todavía me tomé un momento para brindar a la salud de las Chivas con un mezcal y regodearme con todo lo que iba apareciendo en redes sociales a raíz de la victoria: la entrega de las medallas y la Copa, el baño de Gatorade al "pelado", las escenas en vestidores, donde los flamantes campeones disfrutaban las mieles de la victoria recién conquistada; videos en directo de aficionados en el Estadio Chivas (al que me hubiera encantado ir, pero no alcancé boleto) y el festejo en La Minerva que, al verlo, me hizo arrepentirme de no haber viajado a Guadalajara de cualquier manera.

Fue viendo todo ese material que caí en la cuenta de que varios aficionados Chivas festejaban insultando y provocando a los de otros equipos; desde el "Le duela a quien le duela", pasando por "Ganó papá", hasta el naquísimo —porque suena sumamente americanista— "Chivas y ya", además de las lógicas respuestas a esos mismos seguidores de otros clubes cuando éstos demeritaban la victoria tapatía. Hay quienes han bautizado a la Copa MX como una "copa molera" denotando que no se trata de un torneo "de verdad", y, como es de esperarse, los fans del ganador de turno defienden a capa, espada y mentadas de madre el logro de sus héroes.

Es patético que los mexicanos tengamos esa peculiar tendencia a minimizar los logros de otros, y más por tratarse de algo tan intrascendente (aunque divertido, eso sí, y muy apasionante) como el fútbol, en que los únicos beneficiados directos son los equipos, jugadores y empresas relacionadas con el negocio, más allá de las alegrías que obtenemos como aficionados. También tiene mucho de ridículo que los "ofendidos" se prendan así de cabrón solo porque le tiran mierda a su equipo (que, en este caso, también es mi equipo, ¡y mírenme! como si nada); se ponen como si les insultaran a un ser querido o peor, pero bueno...no es nada nuevo el perfil idólatra nivel enfermizo que manejamos en este país. Aún así, sigue sorprendiéndome la forma e intensidad con que la gente se polariza por cosas de esa índole.

Chivas es un digno campeón, de eso no hay duda; sin embargo, cierta parte de su afición no sabe o no le interesa comportarse a la altura y piensa que el apoyar a un equipo ganador le da derecho a ridiculizar o humillar a los demás. ¿A qué les suena?


Sí, justo como este pobre subnormal se ven: con un severo pedo aspiracional y de autoaceptación


Una de las razones por las que el América despierta tanta aversión es la mal fundamentada arrogancia de la mayoría de sus seguidores; ya he hablado de eso con mayor amplitud aquí, así que solo me resta pedir a cierto sector de la afición rojiblanca que por favor, por dignidad, no se comporten como ellos. Somos muchísimo más que eso.

Pareciera que muchos ya olvidaron las malas temporadas de antes, las rachas que nos hicieron maldecir a Jorge Vergara y al director técnico de turno, los sinsabores que mantuvieron al Estadio Chivas con un promedio paupérrimo de asistencia y las decepciones que hicieron a algunos aficionados —como yo— decidir no contratar Chivas TV o, simplemente, dejar de comprar mercancía del equipo hasta ver mejores resultados. Menciono todo esto porque debemos mantener siempre en mente que, como la vida misma, la gloria en el fútbol es un constante sube y baja, que no tenemos derecho a humillar a otros cuando estamos arriba, porque entonces...¿con qué cara podemos exigir algo de respeto cuando estamos abajo? ¿Con qué argumentos? ¿Vamos a seguir sacando eso de "Es un equipo de puros mexicanos", o lo de "Son el Campeonísimo y tuvieron una época de oro"? Considero que eso no basta; si bien es necesario honrar a las leyendas que construyeron este increíble equipo, ¡no podemos atenernos a ellas siempre! Chivas está construyendo un presente y un futuro, algo que no habíamos visto en años, con base en talento joven, sencillez, carisma y fútbol bonito. No lo arruinemos, por favor, No lo ensuciemos comportándonos como aquellos a quienes tanto despreciamos. Uno de los pilares en que se cimienta la grandeza de Chivas es su sencillez; no por nada es El equipo del pueblo. Todo aficionado de Chivas debería saber que si nuestro equipo es el más amado de México, el que más seguidores tiene, es por su calidez, porque —a pesar de los sinsabores que nos ha dado en ocasiones— tiene una conexión especial con cada uno de nosotros, que sentimos los colores por amor y no por moda, y porque sabe ser ecuánime en la victoria y digno en la derrota.






Caballerosidad, le dicen.




Now Playing: Wayfaring stranger - Johnny Cash


Saludos Enfermos.


viernes, abril 14, 2017

Original/Cover 056: Jerry Goldsmith




Bebemos la sangre, comemos la carne.

¡Levanta el cuerpo de Satán! Salve...

¡Salve, salve, Anticristo!

¡Salve, Satán!









Si tuviera que elegir la película de terror con el soundtrack más aterrador de la historia, no tendría duda en escoger The Omen (la primera parte, específicamente). Un poco por la ignorancia que da el desconocimiento del latín —problema solucionado gracias a San Google, como pudieron ver en las líneas iniciales de este post— y otro tanto por la perfecta sincronización con lo que se observa en pantalla, Ave Satani solía crearme, cuando niño, una mezcla entre angustia y curiosidad tal que, por más asustado que estuviera, no podía dejar de escucharla. No sé cuántas veces la he puesto desde aquella nostálgica era de los cassettes y los cds hasta nuestros días digitales; solo puedo decir que aprovechó cada ocasión que presioné el botón de play para seducirme primero, enamorarme después y hacerme apreciar, libre de todo temor, toda la belleza que encierra en sus notas llenas de poder, blasfemia y majestuosidad. Escuchen qué hermosa es cuando la Tenerife Film Orchestra & Choir le da vida:





No es coincidencia que The Omen haya ganado un Oscar por Mejor banda sonora de la mano de Ave Satani, que, además, estuvo nominada en la categoría de Mejor canción; tampoco es obra del destino que existan covers tan chingones a semejante joya musical. Chequen:














Jonas Backe






Y...¿qué me dicen de estos tiernos nenes?






Recuerden que pueden dejar sus sugerencias, opiniones, aplausos, jitomatazos y mentadas de madre en los comments de este post. Espero que ustedes, queridos lectores, hayan disfrutado esta pequeña recopilación tanto como yo gocé el armarla; y, para que amarre...¿qué tal les vendría recordar aquellas viejas épocas de glorioso y bien hecho terror viendo The Omen? Por el puro placer de ambientar el #ViernesSanto.






Saludos Enfermos.


viernes, abril 07, 2017

Original/Cover 055: Cuco Sánchez


De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera...







Lo que vuelve a Cuco Sánchez tan entrañable —para mi — más allá del reconocimiento general que por default se le da dentro del folklore mexicano, es el cúmulo de recuerdos de infancia que me vienen a la mente; mi abuelita Francisca solía escuchar sus canciones en la radio (en El Fonógrafo, si no me falla la memoria, cuando esa estación valía la pena y no programaban cualquier chingadera, como ahora) mientras le entraba con ganas a los quehaceres del hogar y, poco a poco, a base de escucharlas una y otra vez, fui tomándoles cariño.

A tantos años de eso, aún se me hace un nudo en la garganta —algo parecido a cuando escucho a un organillero— cuando escucho al buen Cuco. No puedo evitar recordar a mi abuela yendo de arriba a abajo por toda la casa recogiendo el desmadre que dejábamos todos los chamacos por andar jugando, yendo a limpiar a los puercos, pollos, guajolotes y conejos (me gusta pensar que mi familia fue de las últimas en la #CDMX que se aferró a la vida rural hasta donde pudo), cagoteándonos porque estábamos de haraganes, llevándonos a regañadientes a ayudarle, para después prepararnos algo muy rico de comer y dejarnos seguir jugando.



Retomando el tema de Cuco...es inevitable no admirarle por la manera en que retomó la canción revolucionaria, cómo adoptó su estilo y lo adaptó al talento poético que, de por sí, manifestó en cada una de sus composiciones, o por lo menos en las que conozco y me han llegado al alma. En el caso específico de La cama de piedra, la muerte, la ley y las autoridades no son más que insignificancias, si la persona amada no está cerca para endulzar nuestras vidas.

Por eso, damas y caballeros nostálgicos, bohemios y de espíritu mexicano, les traigo unos cuantos covercitos que encontré navegando en YouTube. A ver qué les parecen:


Lila Downs






Bogdan Čupić (en mi opinión, la voz no le da...pero ¡qué chingón está escucuhar una canción tradicional mexicana en serbio!)






Antonio Aguilar






Y, por supuesto, hablando de mi paisano El charro de México, ¿les apetece disfrutar la película homónima de la joya musical que nos ocupa en este Original/Cover? Así nada más, porque #Viernes.






Recuerden, queridos lectores, que pueden opinar sobre los covers y hacer sus sugerencias en los comments de este post; poco a poco van saliendo, así que no dejen de visitar esta sección, un tanto abandonada, pero tan gustada por su servilleta. ¡Tengan excelente fin de semana!




Now Playing: Piel canela - Bobby Capo


Saludos Enfermos.


viernes, marzo 31, 2017

Los Boicoteables presentan: ¿Te gustaría oler como Jack Sparrow?




No, no me refiero a que alguna marca haya sacado una loción alusiva al personaje de Johnny Depp en Pirates of the Caribbean ni estoy promoviendo la peda a base de ron.

De un par de semanas para acá se ha estado paseando por las calles de mi colonia un tipo con un altavoz, anunciando que compra envases de perfume vacíos. Es obvio que esos frascos terminan llenos con algún menjurje que no es —por ejemplo— una Nautica Voyage o una Carolina Herrera, esperando ser comprado por alguien con ganas de algo "bueno, bonito y barato" en Tepito o alguno de esos lugares especializados en la venta de piratería.

Sin afán de ser pretencioso, yo no podría comprar una loción para mi, ni mucho menos una para regalar, teniendo la mínima sospecha de que no es original. Consideraría una falta de respeto hacer un obsequio de esa clase, e igual de grosero sería para conmigo mismo echarme encima algo que ni huele como debería, dura mucho menos que una loción original, quién sabe dónde rayos la fabricaron o bajo qué estándares de higiene y calidad, o a dónde va a parar toda la plata generada por ese negocio clandestino, ya que es un secreto a voces que la piratería da buenos dividendos, ya sea al crimen organizado o a ciertos cabroncitos de traje y corbata que abusan del poder que el pueblo (o alguno de sus compadres) les otorgó.

Entiendo que para algún sector de la población es complicado, cuando no imposible, pagar mil pesos (en promedio) por una loción de buena calidad, y que la necesidad de acicalarse para alguna situación que así lo requiera hace caer en la tentación a mucha gente, pero considero que ese tipo de situaciones se pueden evitar ahorrando unos pesitos y comprando una fragancia original en alguna tienda departamental o boutique. El hecho de apapacharse con algo que se sabe que costó trabajo es sumamente satisfactorio; seguro mis dos o tres apreciables lectores saben de lo que hablo y estarán de acuerdo en este punto.

Hace poco me terminé una Fuel for life de Diesel; iba a tirar el envase a la basura sin mayor ceremonia, pero después de pensar en todo esto decidí que mejor...




Así, sin romperlo para que el compa que recoge la basura no fuera a tener un accidente; con desmadrar la caja y rayonear los materiales que se podrían reutilizar con un marcador de aceite es suficiente para que la gente que se dedica a la pepena de basura no le vea el caso a revenderlo y deje, aunque sea a minúscula escala, de participar en esa actividad ilegal. A algunos les podrá parecer exagerado o de bajo impacto, pero al final es una forma más de contribuir a que la economía, las fuentes de empleo y, en general, nuestro país, mejoren.






Saludos Enfermos.