viernes, abril 24, 2015

Noche de Walpurgis


Mefistófeles

¿No deseas un palo de escoba? Para mi quisiera el cabrón más potente. Por este camino, estamos aún lejos del término.

Fausto

Mientras me sienta yo firme aún sobre mis piernas, bástame este nudoso palo. ¿Para qué abreviar el camino? Deslizarse en el laberinto de los valles, trepar luego a este risco, desde donde se precipita el manantial siempre borbotante; he aquí el placer que sazona tales vericuetos. La primavera se agita ya en los abedules, y el mismo pino siente ya se influencia; ¿por qué no habría de obrar también sobre nuestros miembros?

Mefistófeles

¡Caramba! nada de eso experimento yo. Tengo el invierno en el cuerpo. Quisiera ver mi camino cubierto de escarcha y nieve. ¡Cuán triste sube el rojo disco incompleto de la luna con su tardía lumbre, y cuán mal ilumina, que a cada paso choca uno contra un árbol o una roca! Deja que invoque yo un fuego fatuo. Precisamente veo allí uno que arde alegre. ¡Eh! ¡Amigo mío! ¿Por qué te empeñas en arder tan sin provecho? Ten, pues, la bondad de alumbrarnos hasta allá arriba.

Fuego Fatuo

Por respeto a vos, confío que lograré dominar mi natural ligero. Nuestra marcha no va de ordinario, sino en zig zag.

Mefistófeles

¡Hola, hola! piensa él imitar a los hombres. Anda derecho, en nombre del diablo, o apago de un soplo la oscilante llama de tu vida.

Fuego Fatuo

Bien advierto que sois el dueño de la casa y de buen talante me someto a vos. Pero tened en cuenta que la montaña está hoy locamente embrujada, y si un fuego fatuo os ha de mostrar el camino, no habéis de fijaros con tales menudencias.




Faust (Fausto), Johann Wolfgang von Goethe, 1808


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Este es otro de esos libros que estoy releyendo mucho tiempo después (de mis favoritos en los años de la prepa); ya me aventé todo el primer tercio del año reencontrándome con estos viejos amigos, así que lo comparto por si alguien quiere releer esta chingonería de libro o, si aún no ha tenido el placer, ¿qué espera? descárguelo haciendo click aquí, y descubra qué sucedió durante esa ajetreada noche en que Fausto y Mefistófeles recorrían las montañas del Harz.




Now Playing: How many people - Paul McCartney


Saludos Enfermos.


sábado, abril 18, 2015

Mi bebé y yo tenemos un amigo; se llama Bingo


Me pasa muy seguido que asocio cierto estímulo visual, olfativo o auditivo con alguna persona en específico. Es lo que me pasa con mi sobrinita Pau (¡que ya va a cumplir siete meses! cómo vuela el tiempo...), o mejor dicho, con uno de sus juguetes; este que ven aquí:




Amo ese perrito porque al recordar las tonadas que toca mientras estoy haciendo cualquier otra cosa, y sobre todo en momentos de mucho stress, me viene a la mente la cara de mi niña con sus ojotes grandes, hermosos, limpios y cristalinos; recuerdo esa sonrisa amplia, aún desdentada e inocente que siempre me regala cuando me pongo a jugar con ella, sus pequeños gritos de alegría, sus bracitos y piernas moviéndose como si ya quisiera levantarse a caminar, correr y jugar. Amo pensar en todas las cosas que podremos hacer juntos apenas sea capaz de tenerse en pie, en todos los ratos de juego que vamos a compartir, los juguetes que le voy a regalar, la ropita que le voy a poner para llevármela al parque o a conocer un museo. Pienso en todas las probabilidades y, sencillamente, me derrito. Pero mientras ese momento llega, sonrío, pienso en mi niñota de 70 centímetros y 8.7 kilos (que ya está dormida), termino este post, y siento cómo mi nivel de energía se renueva y está listo para seguir sacando mis pendientes, que bien vale la pena partirse el culo trabajando para darle más motivos para ser feliz.


Había un granjero, tenía un perro; se llamaba Bingo.
Be, I, Ene, Ge, O, Be, I, Ene, Ge, O, Be, I, Ene, Ge, O.
¡Se llamaba Bingo!







Now Playing: My love - Wings


Saludos Enfermos.


miércoles, abril 08, 2015

El seductor aroma de la maldad


Cuando la comitiva nupcial se hubo alejado y la multitud empezó a dispersarse, devolvió a la niña a su madre y entró en la iglesia para descansar y reponerse de su excitación. En el interior de la catedral, el aire estaba lleno de incienso que ascendía en fríos vapores de dos incensarios colocados a ambos lados del altar y se esparcía como una capa asfixiante sobre los olores más débiles de las personas que se habían sentado aquí hacía unos momentos. Grenouille se acomodó en un banco, debajo del coro.

De repente le invadió un gran sosiego. No el causado por la embriaguez, como el que sentía en el interior de la montaña durante sus orgías solitarias, sino el sosiego frío y sereno que infunde la conciencia del propio poder. Ahora sabía de qué era capaz. Con un mínimo de medios, había imitado, gracias a su genio, el aroma de los seres humanos, acertándolo tanto al primer intento que incluso un niño se había dejado engañar por él. Ahora sabía que podía hacer algo más. Sabía que era capaz de mejorar este aroma. Crearía uno que no solo fuera humano, sino sobrehumano, un aroma de ángel, tan indescriptiblemente bueno y pletórico de vigor que quien lo oliera quedaría hechizado y no tendría más remedio que amar a la persona que lo llevara, o sea, amarle a él, Grenouille, con todo su corazón.

¡Sí, deberían amarle cuando estuvieran dentro del círculo de su aroma, no solo aceptarle como su semejante, sino amarle con locura, con abnegación, temblar de placer, gritar, llorar de gusto sin saber por qué, caer de rodillas como bajo el frío incienso de Dios solo al olerle a él, Grenouille! Quería ser el dios omnipotente del perfume como lo había sido en sus fantasías, pero ahora en el mundo real y para seres reales. Y sabía que estaba en su poder hacerlo. Porque los hombres podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante el horror, ante la belleza y cerrar los oídos a las melodías o las palabras seductoras, pero no podían sustraerse al perfume. Porque el perfume era hermano del aliento. Con él se introducía en los hombres y si estos querían vivir, tenían que respirarlo. Y una vez en su interior, el perfume iba directamente al corazón y allí decidía de modo categórico entre inclinación y desprecio, aversión y atracción, amor y odio. Quien dominaba los olores, dominaba el corazón de los hombres.

Absorto por completo, Grenouille seguía sentado, sonriendo, en el banco de la catedral de Saint-Pierre. No sintió ninguna euforia cuando concibió el plan de dominar a los hombres. No brillaba ninguna chispa de locura en sus ojos ni desfiguraba su rostro ninguna mueca de demencia. No estaba loco. su estado de ánimo era tan claro y alegre que se preguntó por qué lo quería. Y se dijo que lo quería porque era absolutamente malvado. Y sonrió al pensarlo, muy contento. Parecía muy inocente, como cualquier hombre feliz.

Permaneció sentado un rato más, en devoto recogimiento, aspirando con profundas bocanadas el aire saturado de incienso. Y de nuevo animó su rostro una sonrisa de satisfacción. ¡Qué miserable era el olor de este Dios! ¡Qué ridícula, la elaboración del aroma desprendido por este Dios! Ni siquiera se trataba de incienso verdadero; lo que salía de los incensarios era un mal sucedáneo, falseado con madera de tilo, polvo de canela y salitre. Dios apestaba. Dios era un pequeño y pobre apestoso. Este Dios era engañado o engañaba él, igual que Grenouille...¡sólo que mucho peor!




Das parfüm, die geschichteeines mörders (El perfume, historia de un asesino), Patrick Süskind, 1985


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¿Quieres saber qué tan seductor puede ser un aroma, hasta qué extremo te puede llevar? ¿Qué clase de locuras serías capaz de hacer con tal de volver a poseer una sensación? Entra a este enlace y averígualo disfrutando un clásico de la literatura alemana. Solo no aspires demasiado hondo, porque si te atrapa...nadie sabe qué podría pasar.




Now Playing: 100 black coffins - Rick Ross


Saludos Enfermos.


martes, abril 07, 2015

Mujer contra mujer


El otro día me encontré a una pareja de lesbianas mientras viajaba en el Metro camino a la oficina. Era el típico caso en que se nota luego luego quién es la chica activa y quién es la pasiva: una de ellas es alta, delgada, usaba un escote que permitía ver un tatuaje sobre la teta derecha, tiene un bonito tono de piel acanelado...y su cabello, largo y chino, está pintado de rubio; es toda una galleta de animalitos: sabrosa pero corriente. La otra morra es bajita, regordeta, blanca, con el cabello más corto que yo y alborotado al estilo Goku.




Noté que eran lesbianas hasta el momento en que la gordita empezó a besuquear a la otra (de hecho, fue el sonido de los besos tronados el que me hizo despegar la vista de mi libro), las scanee y volví a lo mío. Siempre he tenido la idea, pese a lo libertino y open minded que me considero, de que es una falta de respeto meterse en la privacidad de las personas (sobre todo si se trata de desconocidos), así que consideré que seguir con mi lectura era más adecuado que ver a esas dos chicas besándose y desvié la mirada. Después de un rato, llegué a la estación donde debía salir del tren; las chicas seguían en lo suyo justo en la puerta frente a mi, así que me levanté y me paré a un lado de ellas como si no estuvieran casi fajando. La gordita comenzó a besar con más intensidad a la otra, y sin más, se le pescó de las nalgas con las dos manos; fue algo muy cómico, la chica alta y delgada se puso bien pinche roja por la incomodidad al tiempo que le decía a su apasionada galana:


—¡Espérate, no manches!

A lo que la otra respondió:

—Ooooh, ¿pues de quién son?


Salí del vagón miado de la risa, aunque después pensé que qué mal pedo de la gordita chaparra por exhibir así a su chica. Como dije antes, no me espanto ni mucho menos, yo también llegué a hacer eso y hasta cosas más hardcore en mis tiempos de puberto calenturiento. Sin embargo, ya que lamentablemente vivimos en una sociedad que aún conserva mucho de machista, no creo que haya sido adecuado el show. Yo me hice bien pendejo para no morbosearlas y si al final iba atento a lo que pasaba fue más por lo cagado (y bochornoso, para la chica alta) de la situación, pero no todos los güeyes van a reaccionar como yo. Muchos harían cosas que van desde sabrosearlas descaradamente con la mirada (que la neta, sería el menor de los males) hasta hacerles insinuaciones, comentarios lascivos o, en el caso de las mentes más cerradas y pendejas, hasta podría haber una agresión física o verbal, así como luego les pasa a los compas homosexuales que se dan sus besotes en el metro y reciben injustamente algún insulto, por lo menos.

Es como cuando un güey va por la calle o en el transporte público con su morra y se les ocurre dar show pasando de los besos cariñosos y relax a casi tragarse uno al otro y al manoseo. No es que esté mal; ya lo dijo John Lennon: "Nos escondemos para hacer el amor, pero hacemos la guerra en público". No se trata de ponerse en plan mojigato, o de repirimir muestras de cariño, sino de tener un poco de mesura y sobre todo, respeto por nuestra pareja y nuestra propia privacidad.

¿Ustedes qué opinan?




Now Playing: Gunman (live) - Them Crooked Vultures


Saludos Enfermos.


domingo, marzo 29, 2015

Ocaso


El lánguido último estertor de los rayos de sol dominicales es tan nostálgico como los últimos dos largos e intensos tragos a la caguama del día.

Ambos anuncian la lenta agonía que se desarrolla entre nubes y penumbras, llevándose consigo todo vestigio de lo que fue, o lo que ya no fue pero pudo ser y quizá suceda al término de la siguiente serie de cinco días Godínez, o tal vez no. Es un patrón que se repite incesante y eternamente, como la tortura china en la que una sola gota de agua cae cada dos segundos sobre la cabeza de la víctima, desesperándola primero y terminando, mucho tiempo después, por penetrar su cráneo y matarla. Invariablemente nos arranca de forma abrupta de entre el cobijo del descanso, del "no abro el correo", "no analizo nada", "no respondo el teléfono", y nos lleva al siguiente lunes de cada semana...de cada mes...de cada año.







Now Playing: Boom - Soulfly


Saludos Enfermos.