jueves, enero 29, 2015

¿Dónde andará rolando el Gallo?


La otra noche estaba viendo American reunion por pinchemilésima vez y de repente me acordé de un compa que tenía en la secundaria. Se llama Sergio Betancourt Piña (por alguna razón tengo facilidad para aprenderme nombres completos), pero nosotros le decíamos "El gallo" porque, al tener más edad que la mayoría de los que estábamos en ese grupo, tenía la clásica voz de puberto cuando se le empiezan a engrosar las cuerdas vocales, además de ser un poco tartamudo, cosa que nos resultaba bastante simpática aunque sin caer en el bullying, que de hecho ni existía y en ese entonces, a falta de un tren del mame al cual subirse, se llamaba simplemente "echar desmadre".

El gallo era de familia muy humilde, al grado de que terminando las clases se iba en chinga a trabajar con sus papás en un puesto de periódicos; de hecho se convirtió en mi dealer de comics y gracias a él tuve en mis manotas (entre los títulos que logro recordar ahora) la saga completita de Marvel vs DC y su consecuente serie Amalgam, Weapon X, Spawn, y un chingo de comics de Venom, mi antihéroe favorito en aquella época. Como nota al margen, cabe mencionar que todos esos tesoros terminaron, años después, en un puesto de revistas atrasadas el día que (recordemos que era un chamaco pedorro que no trabajaba) no tuve dinero para ir a ver a mi noviecita de ese entonces, a quien yo juraba que amaba y valía la pena, y quien además vivía hasta Coacalco. Si lees esto, Anahí, quiero que sepas que definitivamente no valías tanto como mis amados comics, snif.

El gallo influyó mucho en mi musicalmente; era súper fan de Queen y gracias a él logré rescatar un poco de mi dignidad musical, dado que en ese entonces mi banda favorita era...Hombres G.

(Inserte aquí toda la carrilla que usted considere necesaria con base en el párrafo anterior).

Si ya terminaron de cagarse de risa y pisotear mi hombría, les cuento que El gallo también tuvo mucho que ver en mi eterno crush con la NFL, porque era el único güey de todo el salón con el que podía platicar sobre cómo estuvo el último Superbowl o el chingoncísimo pase que lanzó John Elway el domingo anterior. Además era muy cagado porque aderezaba su afición al fútbol americano diciendo que era buenísimo jugando de ala cerrada, aunque nunca me dijo en qué equipo y, la verdad, dudo mucho que con su cuerpo flaco pero correoso y ligeramente encorvado hubiera podido ser una suerte de Jay Novacek (a quien admiraba bastante). De todos modos era genial escucharle contar esas cosas; fantasías de niños, a fin de cuentas, mucho más sanas (o menos calenturientas, según se vea) que las cosas con las que la mayoría fantaseábamos en aquel tiempo.

No he sabido de él después de que terminamos la secundaria; de hecho perdí contacto con todos los que integrábamos el 3° C, a excepción de dos personas (pero esa, como diría la nana Goya, es otra historia). Tampoco fui nunca a ninguna de las fiestas de generación que se organizaron después, pese a que todos prometimos vernos frecuentemente y hasta hicimos la sobadísima ridiculez transgeneracional de escribirnos pendejaditas en una playera blanca; salvo dos o tres personas con las que mantengo contacto actualmente, toda esa banda me produce una hueva superlativa. Acabo de buscarlo en Facebook y le mandé invitación; a ver si el güey se acuerda de mi y me la acepta, porque (según me han dicho vari@s de mis ex compañer@s), casi estoy irreconocible después de tantos años. Adivinen, ¿quién soy?






Now Playing: Spring! - Rammstein


Saludos Enfermos.


miércoles, enero 21, 2015

Lágrimas


Siempre he tenido problemas para lidiar con el llanto de las personas a las que amo, sobre todo si se trata de mujeres. A veces he sido yo quien lo ha provocado; he hecho llorar a mi mamá, a Hilda o a alguna de mis parejas anteriores, en su momento; y siempre me ha quedado esa sensación de que pude haberlo evitado, de que no era necesario lastimar (ya fuera con mi comportamiento, acciones o palabras), y de que quizá ocasioné una herida que, si bien con el tiempo cierra, se queda ahí en forma de mirada limpia y cristalina que, sin ningún reproche, me dice: "Te perdono porque te quiero", lastimándome a mi también a través del remordimiento, como si fueran espuelas clavándose en mis costados.




Supongo que de ahí se deriva el que, también sin ser yo el causante, me pese tanto verlas llorar. Es obvio que todos tenemos situaciones que provocan el llanto -de alegría a veces y de tristeza otras-, pero cuando se trata del segundo caso no puedo soportar la idea de que ellas sufran. Me pasó, por ejemplo, cuando murieron Nicolás y Camila -los perros que Hilda tenía antes de Bruno-, o la vez que mi mamá se cortó un dedo, o cuando a Fabiola se le reventó una muela y estaba inconsolable porque creía que todo mundo la notaría y la consideraría fea; me pasa también cada que Paulina hace berrinche, o se siente enferma, o tiene una pesadilla (como anoche), y veo primero el tierno puchero y después las lágrimas bajar desde esos ojitos de capulín que tantas veces me han sonreído durante los últimos cuatro meses.

Lloran con tanto sentimiento, con una inocencia de niñas pequeñas (en el caso de Paulina es lógico, ja), que no puedo evitar sentir un nudo en la garganta y tensar la mandíbula para evitar que el llanto me invada a mi también, porque alguien ahí tiene que ser fuerte, apoyar y consolar. Entonces las abrazo, las recargo en mi pecho, les acaricio el cabello y les beso la frente, deseando que mi alma -si es que existe, o en su defecto lo que sea que traigo dentro- pudiera salir por un momento de mi cuerpo para estrechar a las suyas y decirles sin palabras: "Oye, no importa lo que pase, yo siempre estaré aquí para protegerte".




Now Playing: Sleep long - Operation Ivy


Saludos Enfermos.


domingo, enero 18, 2015

La diferencia entre hacer street art, y pintarrajear a lo pendejo


La otra noche estaba llegando a casa cuando de lejos vi a un grupo de personas paradas en la contraesquina de donde vivo; como eran casi las doce y no se veía más gente en la calle, decidí acercarme con paso firme (cosa que no sirve para ni madres si de verdad te quieren asaltar o madrear, pero ayuda a tener un falso sentimiento de seguridad, ja) y mientras me acercaba, vi una patrulla parada en la calle anterior. "No hay mayor pedo", pensé, así que seguí caminando ya más relajado.

Cuando me acerqué y vi que era una bola de chamacos pendejos rayando la pared blanca del vecino me quedé con cara de "¡No pinches mames!", me metí a mi casa y llamé al 060 para reportarlos, recalcando al operador que había una patrulla en la calle de atrás rascándose los huevos. Apenas colgué el teléfono me asomé, y los pinches vaguitos estos ya no estaban porque una patrulla se había estacionado frente a mi casa; supongo que era la misma que estaba sin hacer nada y a la que deben haberle dicho "Órale pareja, ya los balconearon con que están de huevones".

En mi muro de Facebook puse algo que decía más o menos que me cagan los pinches parásitos como ellos (los morros, no los policías...bueno, también) y que pienso comprar una pistola de aire comprimido por si llegaba a necesitarla. Una amiga lo leyó y me llamó pretencioso porque "ahora resulta que también me molesta el street art". Me dio hueva mostrarle esto como argumento, pero me pregunto si alguien por aquí podría considerar street art esta mierda:





No es que quiera que venga Bansky a rayonear mis paredes; incluso si los vatos hubieran estado rayando algo chingón, no me hubiera molestado que pasaran a decorar mi fachada también. Pero dado que no vivimos en la Condesa, la Roma o alguno de esos lugares donde uno encuentra auténticas obras de arte como la que acompaña a este párrafo, se van a la verga, porque si de por sí las colonias populares de la ciudad no suelen tener muy buen aspecto y fama, con estas chingaderas menos. Luego, esa misma amiga me dijo que no había por qué acusarlos ya que estaban ejerciendo su libertad de expresión, y de verdad, aunque entiendo el punto, no estoy de acuerdo con ella simplemente porque considero que no hay por qué madrear las cosas más de lo que ya están, ni dañar la propiedad ajena solo porque se sienten muy cabroncitos, como si a los demás no les costara dinero y trabajo comprar pintura nueva y aplicarla a sus fachadas esperando que el gusto de tener las paredes limpias dure hasta que a otra bola de mocosos nalgasmiadas se les antoje ir a rayar pendejadas. Es como en el caso de uno de los teporochos de mi colonia, que luego anda recorriendo las calles de noche hecho la madre con sus muletas, y de la nada le da por ponerle unos chingadazos a la caseta telefónica de la esquina. ¿Qué, la gente tiene derecho a putear lo que no solamente no es suyo, sino es de todos, nada más por sus huevos?

Yo no lo creo así, y si el hecho de no tolerarlo ni permitirlo me vuelve pretencioso, entonces muy pretenciosamente compraré una pistola de aire comprimido y le meteré un par de balines entre las nalgas al próximo que ronde mi casa con un aerosol en la mano.




Now Playing: Superjoint ritual - Superjoint Ritual


Saludos Enfermos.


martes, enero 13, 2015

Peyton Manning y Andrew Luck: la transición de las eras


El juego que dio Peyton Manning el domingo frente a su ex equipo lo califico, además de como malo (pese a que sus números no distaron tanto de lo conseguido por Andrew Luck), sino como triste. Casi no pude reconocerlo: se le veía errático, perdido, como si no supiera qué hacer y sobre todo, frustrado. Al final del juego tenía casi la misma cara que en febrero del año pasado, cuando perdieron el Superbowl ante Seattle, y pese a que los doce primeros partidos de esta temporada estuvo jugando como el maestro que es, durante los últimos cuatro de temporada regular su nivel de juego había caído notoriamente. Muchos aficionados teníamos la esperanza de que fuera solo una baja temporal, o de que estuviera guardando lo mejor para los juegos grandes; yo quise irme con la finta del cambio en el esquema ofensivo, en el que de repente se apagó el bombardeo aéreo para dar paso a la ofensiva terrestre. Sin embargo, la verdad es que sí se cayó, ¡y bien feo! aún cuando la lesión en la pierna con que jugó ayer es un factor en su descargo, lo cierto es que fue superado por su sucesor al mando de los Colts, quien aprovechó para dar un paso más adelante y llegar a la final de la AFC consolidando un poco más una carrera que va en franco ascenso.

Con todo y que nunca he dejado de ser Colt de corazón y me encanta que tengan la oportunidad de ir a patearle el culo a New England en su propia casa, de verdad me hubiera encantado que la victoria se la llevara Denver, que Peyton hubiera tenido un último round frente a Brady, lo hubiera ganado y luego tomara revancha frente a Seattle, que seguro será el representante de la NFC en Arizona este primero de febrero, para retirarse en la gloria, como se merece un jugador de su categoría (o como debería suceder según los sueños húmedos de un fan clavado como su servilleta). Sin embargo -y creo que por segundo año consecutivo digo esto-, me parece que un retiro digno es lo mejor que podría elegir para su futuro.




 Ya no está al nivel que lo llevó a lo más alto; está resintiendo todas esas lesiones del pasado y las actuales, y no debería rompernos el corazón a quienes hemos amado su estilo de juego, su liderazgo y su chingonería desde que lo vimos jugar con los Tennessee Vols. Creo que ya es momento de convertirse en un maravilloso recuerdo para Colts y Broncos por igual, y entregarle la estafeta a Andrew Luck...pero de eso tendremos la certeza hasta dentro de un par de meses (o quizá menos).




Now Playing: La exiliada del sur - Los Bunkers


Saludos Enfermos.


sábado, enero 10, 2015

Original/Cover 052: Abba


Después del reset que nos cambió del 2014 al 2015, este blog retoma sus actividades con una sección divertida y llena de energía. ¡Vámonos recios!





Contenida en el Arrival de 1976, Dancing queen no guarda ningún secreto para quien la escucha: trata sobre una chica de 17 años a quien le gusta ser popular a base de jueguitos de seducción mediante los cuales, tras prender el boiler sin meterse a bañar, provoca una innumerable cantidad de corazones rotos y manos peludas entre los pubertos calenturientos de la prepa. Alguien más o menos así:



Sin embargo, la simpleza de su letra no le demerita para nada; al contrario, cumple muy bien con el objetivo con que fue compuesta: ser una rolita pop alegre y altamente bailable que pudiera plantar cara a todos esos hits (es un decir) de la música disco que dominaban la escena ¡y vaya manera de hacerlo! Ya que además de aparecer en cada recopilatorio de greatest hits de esta banda que ha salido a la venta, incluso fue la rola del baile principal en la boda de Carl Gustaf Folke Hubertus (actual rey de Suecia) y Silvia Sommerlath, y de hecho se llegó a rumorear que fue compuesta pensando en ella, mito que fue desmentido posteriormente.

No es extraño entonces que Dancing queen haya sido homenajeada chingos de veces por bandas y cantantes de distintos calibres; pero no se espanten, que este es un blog decente y no voy a traer aquí esa mamarrachada sin gracia que hicieron los A Teens; en lugar de eso, ¿qué tal esta versión, a manos del mismísimo Diablo?





Si se les hizo que me fui hasta el otro extremo, tengo algo más suavecito para ustedes (sin albur): chequen este cover hecho por Glow:





¿Qué les parecieron? ¿Algún cover superó a la rola de los suecos setenteros, o se quedan con la original? Recuerden que todas sus sugerencias, comentarios, reclamos y recomendaciones son bienvenidos en los comments o bien, usando cualquiera de las opciones del tablero de Contacto. ¡Nos seguimos leyendo!




Now Playing: Spectrum - Sepultura


Saludos Enfermos.