martes, marzo 21, 2017

Salvador Dalí: Sueños urbanos @Paseo de la Reforma


En el post donde expliqué por qué presenté mi renuncia en SP Marketing comenté que una de las cosas que deseo retomar es salir a pasear, cámara en mano, como solía hacerlo cuando tenía algo de tiempo libre. Bueno, pues ni tardo ni perezoso, al día siguiente, aprovechando que Hilda tuvo el día libre, fuimos a dar la vuelta a Chapultepec.

Después de disfrutar una tarde soleada paseando sobre Paseo de la Reforma y disfrutando la soledad del bosque a la altura del MuseoTamayo para después comer delicioso en el restaurant de dicho recinto cultural (que recomendamos ampliamente), fuimos a hacer la digestión caminando un ratito frente al Museo Nacional de Antropología, aprovechando que el Museo Soumaya de Carlos Slim tuvo la excelente idea de compartir con toda la tropa que circula usualmente sobre esa avenida, una pequeña pero sustanciosa colección de obras de arte de la autoría del icónico (y, me atrevo a decir, objeto de cliché) Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech. Salvador Dalí, para los cuates.


La galería completa, aquí.


Creo que la cosa más surrealista de ese paseo fue disfrutar con total calma mientras toda la godiniza alrededor nuestro corría, con prisa, estresada porque ya se le pasó el camioncito que se va por toda Reforma o porque quizá iba tarde para una cita con su pareja, alguna consulta médica o alcanzar a ver el partido de fútbol de su equipo favorito. Todo eso era completamente ajeno a nosotros, así que nos concentramos únicamente en disfrutar el paseo mientras yo esquivaba a toda esa gente apresurada para poder tener una fotografía decente de cada obra que llamara mi atención, cosa que no fue difícil, gracias a que las fantasías de Dalí empalman perfectamente con algunas de mis obsesiones. Así, me sentí afortunado por tener tan cerca fantásticos corceles, el erotismo que emana por sí mismo un cuerpo femenino perfectamente formado, y la implacable carrera del (y contra el) tiempo que, durante tantos años, me ha mantenido pendiente del reloj, dividiendo mi tiempo en unidades fáciles de administrar para exprimirle la máxima eficiencia, cronometrando y midiendo todo, convirtiéndome en una mole de velocidad y stress que, ahora, en mi nueva vida de nini con horario de lunes a viernes, pretendo dejar atrás de manera paulatina pero constante.

Esto fue solo el calentamiento; después de eso nos dimos una escapada de una semana a la playa favorita de Hilda (y mía, que siempre lo paso genial por allá), pero ya les contaré en estos días cómo estuvo y qué cosas geniales encontramos por allá. Mientras, ¡vayan a ver la exposición de Dalí! todavía la alcanzan, creo que estará más o menos hasta mediados de abril. Seguro les encantará.






Saludos Enfermos.


martes, marzo 07, 2017

El primer año sin Peyton Manning


Hace un año...





Era lunes cuando Peyton Manning anunció su retiro. Yo estaba en la oficina de SP Marketing, buscando como loco un canal en streaming para no perderme la conferencia. Sintonicé justo a tiempo, y conforme avanzaban los minutos, fue más difícil contener las lágrimas y disimular el nudo en la garganta, hasta que de plano, al final,  tuve que levantarme de mi lugar e ir al baño.


Aún tengo frescas en la memoria las últimas palabras que le dijo (en público, seguramente) a Bill Belichick:





Todavía se me hace un nudo en la garganta tras el último balazo que vi disparar al Sheriff, justo como cuando estaba viendo el Superbowl 50 en casa de Hilda y le dije: "Parece que ese fue el último, amor":





La temporada que terminó en febrero pasado fue especialmente dura. Sigo extrañando el "Omaha!" que, en tan poco tiempo, se volvió entrañable y un sello característico de su play call:




Supongo que me mentalicé y por eso no resentí tanto el perderme varios juegos debido a que mi trabajo actual, el de los fines de semana, exige que mis domingos, entre las 11:00 y las 13:00, realice una tarea de suma importancia, y el horario parta las transmisiones estelares. De cualquier modo fue une temporada gris para mi (sin faltar al respeto a los restantes equipos, ni a sus aficionados); saber que el ídolo al que aclamé durante 20 años —contando el tiempo que lo vi jugar en la NCAA con los Tennessee Volunteers— ya no estaría en los emparrillados me dio un poco de cruda post-Superbowl y, a decir verdad, aún sigo extrañando verle en los emparrillados.

No recuerdo cuántos artículos he dedicado a Peyton Manning en este blog, pero es un hecho que he escrito hasta el cansancio sobre sus proezas, la forma en que me ha inspirado y cómo se ha convertido en un ejemplo a seguir para mi, motivándome para adaptar su filosofía a todos los aspectos que puedo dentro de mi vida.

El otro día estaba pensando en que, para ser ateo, soy un tipo bastante idólatra, aunque a mi favor puedo decir que en mi panteón personal habitan únicamente seres carnales que han logrado algo grande en este mundo. Es así como me atrevo a colocar a Peyton Manning en el mismo pedestal en que he puesto a tipos como Pancho Villa o John Lennon. Yo no necesito santos que me digan cómo vivir la vida, yo necesito a personas de carne y hueso que, con virtudes y defectos,  me den una guía, me inspiren, y me hagan sentir que, a pesar de mi condición de simple humano, puedo lograr cosas grandes.

No sabría decir si he sido el mejor en lo que hago, pero una cosa es segura: ver a Peyton Manning levantarse una y otra vez de una derrota, y otra, y otra, y seguir peleando, seguir empujando, no rendirse ante la adversidad, regresar mejor preparado aún cuando el cuerpo no dé más, entrenar a la mente para sobreponerse al dolor, empujar de nuevo, intentar otra vez, saber sentarse cuando es necesario para el equipo y tener las pelotas para regresar en el momento justo para rescatarlo todo haciendo una jugada grande; caer y levantarse. caer y levantarse, me es más valioso que cualquier otra cosa. Caer y levantarse. Ahí está la clave de todo, y es un aprendizaje por el que jamás podré agradecerle personalmente, pero desde el fondo de mi alma, siempre lo haré.








____________________








Justo a la mitad del momento en que escribía estas líneas, me llegó una noticia con la que no contaba. Después de unos tragos, de digerirlo a mi manera, de enfriarme, de llorar, ser cínico, llorar de nuevo y decidir tranquilizarme, pienso que aquí viene la mejor enseñanza a aplicar: mantén la calma, busca la manera, haz las cosas bien y procura no solo no ser una carga para el equipo, sino ser el apoyo que necesitan en este momento.

Gracias por eso, Peyton.






OMAHA!!!





Now Playing: Woad to ruin - London Music Works


Saludos Enfermos.

domingo, marzo 05, 2017

Final round: ¿por qué renuncié en SP Marketing?


El mes pasado cumplí nueve años trabajando en SP Marketing. Cuando entré era apenas un mocoso de 23 años (aunque ya tenía buenos siete años de experiencia previa) que llegaba a su tercera agencia de marketing, sin saber todo lo que viviría ahí.

Empecé como capturista, y mi velocidad era prodigiosa; ahora, tanto tiempo después, aún conservo destellos de ella, pero mis dedos y muñecas ya resienten el uso rudo y contínuo.

Luego, con ganas y talento, tuve oportunidad de recorrer distintas áreas, obteniendo experiencia y conocimientos invaluables mientras, simultáneamente, desarrollaba cierta habilidad con las letras y las ideas (algo que atribuyo a mi gusto por la lectura y a los casi diez años que llevo escribiendo este, su blog de confianza) que me llevó a recibir una invitación el año pasado para dar una conferencia en el Community Managers Summit 2016 sobre Blogging. ¡Así, de la nada, le llegó al tipo que escribe El Pensador Mexicano la oportunidad de pararse en un escenario frente a un público de no menos de 200 personas! Y bueno, el resto ya se los conté en este otro post. Creo que eso es lo más grande que he hecho dentro de mi carrera hasta ahora, y como en ese entonces aún trabajaba para SP Marketing, una parte del crédito se la concedo a la agencia, por haberme permitido foguearme en, y ser fundador y parte del equipo Digital; mi gratitud, en lo que a eso respecta, es innegable.




Como toda historia debe llegar a un final, el miércoles presenté mi renuncia en SP Marketing. Más allá del crecimiento profesional y los logros, atesoraré los momentos, situaciones y personas que marcaron para bien una diferencia en mi vida. No haré una lista de nombres porque, tras nueve años de historias, temo que la emoción de intentar recordarlos a todos me haga omitir a alguien inmerecidamente; por eso me conformaré con sonreír al recordar a las personas que tuvieron un paso transitorio por mi vida pero me obsequiaron un rato agradable, y mi sonrisa se vuelve más amplia, más franca, cuando a mi pensamiento vienen aquellos que primero se convirtieron en amigos, después en compañeros de parranda, y por último, en personas importantes, en parte de los pilares que me sostienen y me hacen sentir confiado porque sé que siempre van a estar ahí para mi, y yo para ellos. Trabajamos duro, hombro con hombro, cuando pertenecimos al mismo equipo. Alguno llegó a desfallecer y siempre hubo alguien ahí para levantarle, para motivar, para soltar algún chiste estúpido que nos hiciera reír y seguir adelante con ánimos renovados. Se convirtieron, sencillamente, en parte de mi familia, y son lo más valioso que me llevo de SP Marketing.

Hay otra cosa que quiero puntualizar: tan solo unas pocas horas después de mi salida me llegaron un montón de comentarios, de distintas personas, acerca del motivo de la misma, y pese a que quienes me conocen seguramente intuyen cuáles fueron mis motivos para dejar de laborar en SP Marketing, no me genera el mínimo conflicto resaltar que, a pesar de que la agencia tiene entre sus filas a gente con mucho talento, excelsamente preparada y muy capaz, esto no sirve de nada si la cabeza es inoperante.

Es triste ver la forma en que Fabiola Davó, CEO de SP Marketing, intenta con desesperación salvar un negocio que ella misma se ha encargado de llevar a un punto crítico. Es patético que no tenga la capacidad para liderar, y mucho menos motivar, a un equipo que cada vez está más hastiado, cosa que ni por error se refleja en las "encuestas de clima laboral" que cada cierto tiempo hace y que solo su "club de Tobi" contesta sin miedo, ya que son los únicos que no viven angustiados porque un buen día, gracias a alguna brillantísima "estrategia administrativa", les avisen que están despedidos y que el abogado les espera para firmar su renuncia el mismo día de la notificación, como tantas veces ha sucedido.

Mención aparte merecen su nulo sentido común y empatía. Hace unas semanas enfermé y tuve que pasar tres días en cama, de los cuales uno fue un viernes en que el ganglio inflamado en mi cuello y la infección de oído que pesqué no me permitían ni siquiera pasar saliva sin hacer un gesto de dolor. Envié a Fabiola Davó un mensaje vía WhatsApp en el que le mostré la inflamación y le comuniqué que no asistiría ese día a la oficina, y su respuesta no mereció otra reacción que dejarla en visto:




A una de sus apreciables allegadas se le ocurrió hacer lo mismo, pero por mail, y agregando la lista de pendientes que dejé gracias a mi enorme irresponsabilidad y falta de compromiso al enfermar. Naturalmente, no le contesté, porque me preocupaba más el no haber podido ingerir alimentos en todo el día gracias a mi garganta cerrada:




Pues no, no entregué suficientes avances porque llevaba dos semanas sintiéndome pésimo, y como es obvio, al regresar a la oficina el lunes siguiente no se hizo esperar el clásico reclamo pasivo-agresivo sobre por qué no respondo los correos electrónicos. Francamente, me dio igual.

No es la primera vez que hacen una cosa así. Lo mío no fue tan grave y requirió únicamente tres días de reposo total (además de seis inyecciones, mas un chingo de antibióticos y anti-inflamatorios). Sé de alguien a quien le hicieron algo muchísimo peor, pues no solamente no respetaron el hecho de que haya enfermado de paperas y tenido que pasar un par de semanas fuera de la oficina, sino que, además, mostraron una terrorífica e indignante falta de sensibilidad al recibir la noticia de que un familiar muy cercano de esta persona había fallecido y responder con un impresionante "Lamento mucho tu pérdida, pero necesito que estés involucrada al 100% en el proyecto".

Entre esta situación y el hecho de que mi solicitud de vacaciones haya sido rechazada bajo el argumento de "Es que tienes muchos pendientes, armaste un plan de trabajo ¿y a la semana pides vacaciones?", fue suficiente para decidir que no valía la pena seguir desperdiciando mi tiempo y energía en SP Marketing. Si tenía tanto trabajo era porque, además de administrar la información de una base de datos enorme, se me asignaron tareas de community manager y de relaciones públicas, cuando para esos dos rubros había, anteriormente, otra persona asignada. Con todo, redoblé esfuerzos para sacar día con día lo que me correspondía hacer mas lo que me endilgaron, y si a Fabiola Davó le pareció "fuera de lugar" que solicitara mis descansos con casi tres semanas de anticipación (porque así está establecido, para dar tiempo a que se revisen y autoricen), a mi me pareció igual de inapropiado tener que suspender el viaje que planeo hacer con mi novia para festejar su cumpleaños solo por el capricho de alguien a quien no le cabe en la cabeza que con únicamente la extracción de datos de distintos websites para mantener actualizada la base de datos de su proyecto (que, por cierto, tras año y medio no ha aprendido a vender) tenía trabajo para repartir con, por lo menos, una persona más.

Aclarado este punto, continúo: no renuncié porque "no tuviera ningún resultado para entregar", como vociferó; si existió la coincidencia entre que ese día debiera presentar un informe y mi paciencia se agotara, no fue algo planeado. Tampoco "preferí renunciar porque sabía que no tenía nada y quise evitar lo que iba a suceder", porque...¿qué iba a pasar? ¿que intentara, nuevamente, espantarme con su gritería? ¡Si basta con mirarle fijamente, el mentón sobre la mano, con expresión de "Qué mal estás de la cabeza" para neutralizarla! Me fui porque consideré que ya no necesitaba tolerar la paupérrima ética ni la falta de profesionalismo de esta persona y porque no iba a sacrificar un compromiso personal tan importante a favor de algo que no tiene pies ni cabeza, que no ha despegado, y que dudo mucho que algún día lo haga. ¿Tuve miedo de que me corriera? ¡Por favor! eso hubiera sido lo más conveniente para mí, pero ni en broma valía la pena esperar a que sucediera y me liquidaran; hay cosas que valen mucho más que cualquier cantidad de dinero, y una de ellas fue su predecible reacción, con su característica carencia de profesionalidad y clase.

Mientras ella termina de comportarse como si le hubieran hecho un enema con salsa de chiles habaneros y encuentra a mi suplente (quien no solo deberá saber manejar bases de datos y adaptarse al sistema de codificación que utilizan, sino tener la resistencia y perseverancia necesarias para no volverse loco con semejante cantidad de información...¡buena suerte con eso!) yo ya descanso tranquilamente en mi casa. Puedo convivir más tiempo con mis papás, recoger a mi sobrinita de la escuela, ver series y películas, leer la enorme pila de libros y comics que he acumulado, salir a pasear, volver a usar mi cámara fotográfica, retomar el ritmo de mi querido blog y preparar las maletas para pasar una deliciosa semana en mi playa favorita. Eso y el placer de enterarme de la manera en que mostró lo que realmente tiene dentro de la cabeza vale cada centavo de esa liquidación que no me importó dejar de recibir.






Now Playing: Micro cuts (live) - Muse


Saludos Enfermos.












Con dedicatoria especial para A. S. Si lees esto, considérate vengada.


domingo, febrero 26, 2017

Mina El nopal @Guanajuato


Vuelven las Crónicas de Guanajuato, y esta vez toca hablar sobre algo que, si bien no es exclusivo de esa ciudad, me encanta y no podía dejar de disfrutar durante mi estancia en MomiaLandia: visitar una vieja mina.

Mis raíces zacatecanas  (y mi ignorancia) me hacían creer que solo en mi rancho hace aire, pero nada más erróneo; Guanajuato también trae con qué, y para muestra de ello está la mina El nopal, que empezó a trabajar en 1732 y terminó sus labores en 1908 debido a la inundación de algunos de los niveles más bajos de la mina, de los que no se pudo sacar el agua para continuar con los trabajos de extracción de oro, plata, cuarzo, pirita, plomo, zinc y cobre. De hecho, por ese motivo estos niveles se encuentran actualmente cerrados al turismo.



Así las cosas, accedimos por la entrada principal, que se ubica más o menos a la mitad del complejo: de donde estábamos, en el siglo XVIII todavía se podía trabajar unos 150 metros más hacia abajo y 100 más hacia arriba. Visualicen verticalmente la mina; cada 50 metros hay un nivel, y de ellos, el segundo conecta con otra famosa mina de la localidad: La valenciana, que, al estar ubicada en uno de los puntos más altos de la ciudad, absorbe mucho aire por el tiro (el enorme hueco vertical que se ve en el centro de cualquier mina, similar al cubo de los ascensores modernos) y, a través del ya mencionado nivel, lo transfiere hacia nuestra mina; por eso en algunas partes la temperatura es más fresca.



Cuando la mina aún estaba en funcionamiento y la cantidad de agua acumulada en los niveles inferiores no era excesiva, el agua acumulada en el tiro se sacaba y se llevaba al Castillo de Santa Cecilia, que era una hacienda de beneficio a donde llegaba también toda la roca con metales preciosos que extraían los mineros y donde las galereñas se encargaban de separar el mineral de la roca. Ellas tenían este tipo de chamba porque, en aquellos tiempos, las mujeres tenían terminantemente prohibido entrar a las minas, pues se decía que eran de mala suerte y podían ocasionar que se perdieran las vetas.

Una veta es, prácticamente, lo que determina el entramado que podemos ver cuando entramos en una mina. Los socavones (túneles, pues) siguen el patrón de la primera franja encontrada que luzca como si la roca estuviera oxidada; esto significa que ahí están los metales y es donde los mineros debían, cuña y marro en mano, romper la roca a golpes. Usualmente trabajaban en parejas, y mientras uno sostenía la punta metálica el otro golpeaba, como si fuera una especie de Thor subterráneo, la formación rocosa con el martillo hasta lograr el resultado deseado.




Ser minero, en aquel entonces, era una auténtica chinga. La minería moderna utiliza máquinas perforadoras que funcionan con aire comprimido y agua, haciendo girar, como si fuera un taladro gigante, una barreta de 1.80 metros rematada por una broca para generar huecos donde luego se mete material explosivo, simplificando de forma significativa la tarea. Antaño, estos pobres hombres, además de generar los socavones a mano limpia, tenían que rifársela sin equipamiento (como es lógico, para la época de que estamos hablando) y hasta descalzos, arriesgándose, durante el proceso, a aspirar sílice, que produce una enfermedad llamada silicosis. Esta enfermedad, en resumen, hace que se oxiden los pulmones y, como es lógico, estos intrépidos hombres, que empezaban a trabajar a los 14 o 15 años, tenían una esperanza de vida máxima de 35 o 40. Ellos sabían que en cuanto empezaran a toser y expulsar sangre por la boca estaban jodidos, pero ahí seguían, hasta donde les daba la fuerza para seguir ganando el sustento a base de fuerza y determinación, perforando, rompiendo y sacando hasta 70 kilos de roca sobre sus espaldas para llevarlas por las escaleras o bien, en una canastilla de madera jalada por personas o animales de tiro llamada calesa, que solía servir para desplazarse entre los distintos niveles de la excavación.




Toda esa titánica tarea daba como resultado números que me producen un no sé qué de impotencia, coraje y tristeza: de cada tonelada de roca, se obtenían siete gramos de oro y 300 o 400 gramos de plata. Si esto no les hace sentir piedad y admiración por las almas de aquellos férreos trabajadores, queridos tres lectores, entonces no sé qué otra cosa podría conmoverlos.

Actualmente, esta mina recibe a miles de turistas que, como Hilda y yo, se maravillan admirando uno de los pilares de la economía no solo del Bajío, sino de todo el país, además de contar con un nivel adaptado como salón de prácticas, donde los estudiantes de la Facultad de Ingeniería, Minas, Metalurgia, Geología y Ambiente de la Universidad de Guanajuato extraen muestras del poco metal que queda ahí para analizar. En cierto modo, es reconfortante saber que un lugar donde floreció la explotación durante tantos años se haya convertido en una herramienta para el saber y el progreso. No dejen de visitar este increíble rincón de Guanajuato, uno de tantos que, estoy seguro, les encantarán.


El resto de la galería, aquí.


Now Playing: Amerika - Rammstein


Saludos Enfermos.


domingo, febrero 19, 2017

Un regalito de mi papá




Últimamente había estado bebiendo más de lo que quizá debería, gracias a factores como que ya no puedo salir a empinar el codo los fines de semana y he tratado de trasladar mi vida social a intervalos entre el lunes y el jueves, el hecho de que mi nivel de stress se mantiene alto 24/7 y casi diario he llegado a casa con ganas de abrir una cerveza o servirme un whisky, e incluso algunas situaciones que me mantuvieron cavilando por un buen rato y requirieron que mi razonamiento fuera lubricado por alguno de los dos elixires ya mencionados.

El punto es que ya llevaba un par de meses así. Una noche, estando recostado en mi cama, vino mi papá; me preguntó qué hacía, yo estaba viendo el video de las policías culichis buenotas y se lo mostré. Después de una leve sonrisa se sentó en la orilla de mi cama y me dijo, con toda la calma del mundo:

—Oye, sé que trabajas mucho, que tienes demasiado stress encima, cosas que ocupan a tu mente, pero necesitas bajarle al cigarro y al alcohol. No quiero que tengas un problema mayor, tienes que cuidarte, necesitas bajar el ritmo, porque el que va a recibir todo el daño serás tú, y nos llevarás entre las patas a tu madre y a mi.

—Sí, papá le respondí, también en calma. Te prometo que ya le voy a bajar.

Pasó.

La noche siguiente llegó a mi recámara, de nuevo. Yo estaba igual, acostadote haciendo nada, cuando me dijo:

—Oye, les mandé un video, ¿no lo viste?

—Ah caray, no...¿lo mandaste por WhatsApp o algo? y ahí voy en chinga a revisar...

—No, se los mandé por Facebook.

Entro a Facebook y efectivamente, ahí estaba el video, pero no etiquetó a nadie. Solo lo puso en su muro, y obviamente ya tenía likes de mi hermana, de algunos de mis primos, creo que también de un par de tíos. Le di play y me encontré con esto:





El nudo en la garganta no me permitió decir nada. Aproveché que estaba a medio recostar con el celular en la mano para bajar la mirada y disimular las lágrimas que comenzaban a salir; el tiempo que duró la canción ayudó a calmarme. Me levanté, le devolví el celular a mi papá y le dije: "Qué buena está esa rola del Stevens, ¡gracias!". Le di las buenas noches, se fue, abrí una cerveza para enjuagarme la saliva espesa acumulada por el llanto contenido...y a llorar. Complicado, ¿no? Pero es comprensible hasta cierto modo: nunca hemos sido demasiado afectuosos, los dos somos un tanto torpes para expresar nuestras emociones, pero ambos sabemos también que aquí estamos, y siempre nos vamos a apoyar. Así se las gasta mi papá para recordarme que, aunque sea más alto y fuerte que él en sus mejores años, siempre seré su niño; y yo, con todo y mi actitud de tipo rudo y autosuficiente, me di permiso de volver a ser un peque y devolverle, aunque fuera un poco, el apapacho:






Por cierto, tengo que enseñarle a etiquetar gente en sus publicaciones...






Saludos Enfermos.