domingo, febrero 19, 2017

Un regalito de mi papá




Últimamente había estado bebiendo más de lo que quizá debería, gracias a factores como que ya no puedo salir a empinar el codo los fines de semana y he tratado de trasladar mi vida social a intervalos entre el lunes y el jueves, el hecho de que mi nivel de stress se mantiene alto 24/7 y casi diario he llegado a casa con ganas de abrir una cerveza o servirme un whisky, e incluso algunas situaciones que me mantuvieron cavilando por un buen rato y requirieron que mi razonamiento fuera lubricado por alguno de los dos elixires ya mencionados.

El punto es que ya llevaba un par de meses así. Una noche, estando recostado en mi cama, vino mi papá; me preguntó qué hacía, yo estaba viendo el video de las policías culichis buenotas y se lo mostré. Después de una leve sonrisa se sentó en la orilla de mi cama y me dijo, con toda la calma del mundo:

—Oye, sé que trabajas mucho, que tienes demasiado stress encima, cosas que ocupan a tu mente, pero necesitas bajarle al cigarro y al alcohol. No quiero que tengas un problema mayor, tienes que cuidarte, necesitas bajar el ritmo, porque el que va a recibir todo el daño serás tú, y nos llevarás entre las patas a tu madre y a mi.

—Sí, papá le respondí, también en calma. Te prometo que ya le voy a bajar.

Pasó.

La noche siguiente llegó a mi recámara, de nuevo. Yo estaba igual, acostadote haciendo nada, cuando me dijo:

—Oye, les mandé un video, ¿no lo viste?

—Ah caray, no...¿lo mandaste por WhatsApp o algo? y ahí voy en chinga a revisar...

—No, se los mandé por Facebook.

Entro a Facebook y efectivamente, ahí estaba el video, pero no etiquetó a nadie. Solo lo puso en su muro, y obviamente ya tenía likes de mi hermana, de algunos de mis primos, creo que también de un par de tíos. Le di play y me encontré con esto:





El nudo en la garganta no me permitió decir nada. Aproveché que estaba a medio recostar con el celular en la mano para bajar la mirada y disimular las lágrimas que comenzaban a salir; el tiempo que duró la canción ayudó a calmarme. Me levanté, le devolví el celular a mi papá y le dije: "Qué buena está esa rola del Stevens, ¡gracias!". Le di las buenas noches, se fue, abrí una cerveza para enjuagarme la saliva espesa acumulada por el llanto contenido...y a llorar. Complicado, ¿no? Pero es comprensible hasta cierto modo: nunca hemos sido demasiado afectuosos, los dos somos un tanto torpes para expresar nuestras emociones, pero ambos sabemos también que aquí estamos, y siempre nos vamos a apoyar. Así se las gasta mi papá para recordarme que, aunque sea más alto y fuerte que él en sus mejores años, siempre seré su niño; y yo, con todo y mi actitud de tipo rudo y autosuficiente, me di permiso de volver a ser un peque y devolverle, aunque fuera un poco, el apapacho:






Por cierto, tengo que enseñarle a etiquetar gente en sus publicaciones...






Saludos Enfermos.


domingo, febrero 12, 2017

15 metros, 15 minutos: la premisa de MicroTeatro México




El viernes por la noche se nos antojó un poco de teatro a Hilda y a mi; de hecho ella fue quien sugirió la idea, porque encontró en Facebook la página de MicroTeatro México y le llamó mucho la atención la idea de disfrutar obras cortas (cada una dura 15 minutos) en serie, de un modo tan sencillo como cambiar de locación para ver la siguiente puesta en escena.



Fuimos, pues, a Roble #3, en la colonia Santa María la Ribera, casi esquina con Insurgentes; de hecho, fue super fácil llegar porque está muy cerca del Metrobús y de la estación del Tren Suburbano Buenavista. La chica que nos recibió, muy solícita, nos explicó cómo funciona la dinámica dentro del lugar: ver una obra cuesta 80 pesitos, pero si eliges tres el costo es de 200 morlacos y, si de plano eres muy fan, hay un precio especial (de aproximadamente 900 pesos, aunque la chica no me lo aseguró) con el que tienes acceso a todas las obras de la temporada y puedes entrar el día que quieras. Como ese día no traíamos tanta plata (ni tiempo), decidimos escoger tres obras del menú de Cabaret para ver qué tal estaban; las elegidas fueron La maldición del cabaret, Chulos & coquetones: los 41 señores, y Divine.



Nos quedó excelente la selección, porque sus horarios permitían movernos entre un escenario y otro (suites, les llaman en MicroTeatro México) con el tiempo perfecto para no perder detalle de ninguna. Obviamente, no voy a quemarles las obritas que vimos para que se les antojen y vayan, pero sí puedo decir que tuvimos suerte de novatos y las tres nos encantaron; la primera nos contó una clásica y trágica historia de amor aderezada con alguna tragedia acaecida a una olvidada estrella del medio. La segunda fue una especie de intermezzo irrisorio que nos dejó con un muy grato sabor de boca, perfecto para llegar frescos a la tercera. Esta...caray, no tengo modo de describirla sin arruinar la sorpresa, así que creo que podría decirles, queridos tres lectores, que siempre debemos ser delicados y mantener una sana convivencia con la persona más importante de nuestras vidas. El resto, se los dejo a la imaginación.




Pasar el rato en MicroTeatro México es una delicia, y lo mejor es que hay para todos: aparte de las funciones que comienzan en la tarde de jueves a domingo para los adultos, en las que podemos disfrutar de un rico mezcalito o algún bocadillo gourmet, los sábados y domingos, desde el medio día y hasta las tres de la tarde, los más peques de la familia pueden disfrutar de funciones especialmente creadas para ellos en la Matinee de MicroTeatro Infantil.

Espero que esos sean motivos suficientes para visitar a este talentoso equipo de actores y productores; nada pierden dándose una vueltecita por allá, y si van, ¡cuentenme cuáles obras vieron, y qué les parecieron!






Saludos Enfermos.


sábado, febrero 04, 2017

Cuéntame una de taxistas




El otro día tomé un taxi para ir a algún lugar cercano a mi oficina; cuando lo abordé sobre avenida Universidad, el chofer iba hablando por celular, razón suficiente para dejarlo pasar y esperar uno que tuviera las dos manos al volante; pero como tenía prisa y además es un pedo conseguir taxi en esa zona y a esa hora, pensé: "Pues qué chingados..." y me subí, con el celular en la mano y Whiskey in the jar sonando en mis audífonos wireless mamoncitos.

Me bajé los audífonos al cuello, le dije al taxista hacia dónde iba, abrí Google Maps para ver qué tal estaba el tráfico en la zona, y sin querer puse atención a la plática del taxista. Escuché algo más o menos así:

—Es que no mames, me mandaron una foto al celular y aparte me amenazaron...aguanta, te voy a mandar la foto (colgó, supongo que reenvió la dichosa fotografía y volvió a llamar).

—Sí güey, ¿cómo ves? Dice que si no dejo a Diana en paz me va a matar. No, no mames, no sabe en la que se está metiendo (pasan un par de minutos en silencio).

De repente volteó y me dijo:

—¿Cómo ves, carnal? Me mandaron una foto y un mensaje diciéndome que deje de molestar a mi ex, pero no mames, yo solo la busqué para arreglar un par de cosas, no es para que me amenacen. Yo estuve en el reclu, carnal; estuve por secuestro y extorsión y aunque ya no soy malora, conozco a banda pesada ahí dentro, ¿qué me va a estar espantando este pendejo? ¿O tú cómo ves, carnal?


*Corte a: Daniel metiendo los audífonos a la mochila, escondiendo el celular, guardando el reloj bajo la manga de la chamarra y encomendándole sus nalguitas a Satanás*


—No pues...¡qué mal pedo, hermano!

—Lo peor es que me mandaron la foto, traté de llamar y nada, se me hace que compraron un chip nada más para hacer esto, chale, aparte mi papá se murió y tengo que juntar para el funeral...

—¡Qué culero! Lo siento mucho, hermano. Bueno, este...¡aquí bajo! ¿Cuánto te debo?

—Lo que tú quieras, carnal...ya me da igual (y puso carita triste).

Le di como 35 pesos, agarré mis cositas y ¡vámonos!

Supongo que la moraleja es: nunca se suban a un taxi con toda la parafernalia tecnológica reluciendo, porque si les toca un conductor ex-presidiario como a mi, se van a cagar para adentro un poquito. Ahora, si ya están ahí, no olviden ser miméticamente empáticos  (¡con ñerazo incluido, "carnaleeeeees"!), no se dejen dominar por el miedo (aunque yo estuve a nada de bajarme del auto en movimiento unas tres veces) y pongan cara de que no hay pedo, más o menos así:




Es por cosas así que odio que Uber aún no acepte pagos en efectivo dentro de la CDMX...






Saludos Enfermos


sábado, enero 28, 2017

Un paseo por El Pasaje, Bazar hecho en México...¡y muy bien hecho!


Fotografía: El Pasaje Bazar


El otro día paseaba con Hilda por Madero cuando notamos El Pasaje, Bazar hecho en México, ubicado en el número 6 de ese corredor peatonal. Entramos a curiosear para pasar la tarde y fue muy agradable ver la cantidad de productos nacionales que distintos diseñadores ponen al alcance del público. Algunos puestos ofrecen chocolate, otros, nieves; Hilda vio uno más que vende cerveza, atendido por dos chicas, dos niñas y un chavito. LeMalta, se hace llamar la empresa. Apenas me acerqué cuando una de las niñas se me plantó a un lado, cerveza en mano, y empezó a explicarme sus ingredientes y sabor; y no había  terminado ella cuando, por el otro costado, el niño hizo lo mismo con una variedad de cerveza diferente.

Más allá de mi gusto por conocer cosas nuevas y la pasión que me despierta la cerveza artesanal, me conquistó la forma en que estos chicos venden su producto. Prácticamente se saben la ficha técnica de cada chela y te la dicen de corrido, sin equivocarse. Además, su corta edad (luego supe que tienen 11 años y son trillizos), lo guapitos y carismáticos que resultan y la forma en que les brillan los ojos cuando concretan una venta, terminan por conquistar a cualquiera; fue por eso (y no por mi alcoholismo, debo aclarar) que aunque me ofrecieron combos de tres y seis cervezas decidí llevarme ocho, que eran todas las variedades que tenían ahí.




Esas ocho chelas se dividen en dos categorías, de cuatro cervezas cada una. La primera son Los cuatro jinetes del Apocalipsis, y la segunda, una selección de chelas inspiradas en temas relacionados con la ciudad de Querétaro. De los jinetes, el de la Conquista está suavecito pero rico con su ligero sabor a manzanilla y el de la Muerte trae un picor habanero un tanto irritante que no permite disfrutarla al 100%; sin embargo, al quite salen, montando sus briosos corceles, el de la Guerra y el del Hambre. El primero, picoso como su compadre mortuorio, cambia el agresivo sabor del habanero por uno más dócil a chipotles secos, perfecto para acompañar una buena ración de espaldilla. El segundo, con sus toques de cacao tostado, hizo perfecta mancuerna con el pastel de chocolate que me estaba cenando en ese momento.


Las queretanas...¡esas se cuecen aparte! La Huapango tiene un sabor ligero a cáscara de mandarina; la Bernalina trae notas de mango, maracuyá y guayaba que le dan un frescor inusitado; la Misiones, ya entrando en terrenos de las oscuras, derrocha un delicioso tufillo a cacao tostado, y la Ruta 57, más morena aún, embelesa con su sabor potente y cremoso a café y chocolate amargo.




Claro que no todo es "Salucita, compadre"...también hay ropa de muy buena calidad y a un precio muy amigable si tomamos en cuenta que el diseño y la fabricación de las prendas es original de cada marca, lo que da un valor agregado a las prendas porque, si busco originalidad, comprando aquí es menos probable encontrarme a alguien usando la misma playera que sí hubiera comprado en alguna de las "renombradas" tiendas que llenan los centros comerciales. Por ejemplo, Hilda se compró este bonito vestido de $400.00 de la marca Mexica Bazar, hecho con algodón de alto gramaje y que, no lo digo porque sea mi novia, se le ve con madre:




También compró esta playera con PVZ Latino y, de hecho, me animé con una nada más por el puro gusto de agregar algo más a mi colección de cosas beatleras:




Además de por los bonitos diseños, decidimos comprar ahí porque PVZ Latino dona el 25% de sus ganancias para albergues de perros y gatos, así que nos encantó pagar 300 pesitos por las dos playeras y, de paso, apoyar a una buena causa.

Después de eso me fui como hilo de media: encontré más adelante, en Los Hipersensibles T-Shirts, una bonita promoción de "Una por 150, dos por 200", este par que bien puede completar mi outfit con un toque sobrio, pero muy creativo:




Me salió también al paso un Batman prehispánico super bien hechecito por Karani Art, que no me costó más de 300 morlacos (como dice la chaviza). Es un precio muy razonable si tomo en cuenta el gramaje del algodón y la calidad del estampado, así que con eso cerré mis compras de ese día. Y pensar que solo queríamos matar el rato...




¿Cómo ven, se les antoja? Vayan a dar una vuelta para ver si encuentran algo que les guste; Pasaje Bazar es una excelente opción ahora que está de moda, gracias a Mr. Donald Trump, eso de consumir productos mexicanos de excelente calidad. ¡Dense! y me presumen qué compraron.




Now Playing: Band on the run (stripped down) - Paul McCartney


Saludos Enfermos.

jueves, enero 12, 2017

Breves reflexiones causadas por El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha


¡Por fin terminé de leer El ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha! Creo que lo empecé hace seis o siete meses y nada más no le veía fin, hasta hace un par de noches que me armé de valor para chutarme las últimas 30 páginas en la comodidad de mi sillón, bajo riesgo de quedarme dormido. Las otras 623 las leí todas en mis trayectos casa-trabajo-casa, y sumando la cortedad de esos espacios con la complejidad del texto y el volumen del libro, creo que no hice tan mal tiempo.

De cualquier modo, fue un placer leerlo, aunque fuera a pausas. Una vez que se le toma ritmo, don Quijote se convierte en un ameno maestro, y esto lo digo pasando totalmente de cualquier intento de sesudo análisis —para el que ni tengo ganas ni estoy lo suficientemente calificado—. Lo más valioso que aprendí de Alonso Quijano, Sancho Panza y la rica gama de personalidades que Miguel de Cervantes Saavedra plasmó en su obra máxima es que, para transitar por esta vida sin perder la cordura, es necesario (paradójicamente) estar un tanto loco; ser consciente de lo que se es, y mantener eso bajo control.

Reafirmé que, eventualmente, requiero salirme del guión marcado por la rutina y la costumbre; necesito inventarme una aventura, alguna nueva emoción aderezada por una nueva Dulcinea del Toboso (que, ojo, no necesariamente debe tomarse literalmente como una mujer; bien puede ser una meta, un aliciente) que me haga cometer locuras, que espolee a la motivación con forma de Rocinante, que me haga ir a enfrentar al león enjaulado del hartazgo y caer en la cueva de Montesinos donde habita lo más sórdido y fantasioso de mi personalidad.

Supongo que eso es lo que hacemos los locos funcionales: andar por ahí enfrentando ejércitos de ovejas y decapitando odres, rescatando a falsas doncellas que no nos necesitan para nada, atesorando reliquias que no resultan ser más que basura para después, cansados de jugar, regresar a la cordura en nuestra zona de confort. Siempre podemos deshacer el encantamiento, ponerle un alto antes de que nos consuma totalmente y nos lleve a un punto sin retorno.

Por eso, queridos tres lectores, les comparto este mínimo fragmento en que don Quijote, justo en el medio de su locura, deja de ser un patético soñador y admite, ante Sancho, ante sí mismo y ante el lector, que mantiene el control sobre su monstruosa quimera, aunque a ratos ésta parezca sorberle febrilmente el seso. El momento en que se planta gallardo, más firme que cuando embistió a los molinos, escudo en una mano y lanza en la otra, para dar una muestra de lo sencillo que es cruzar la línea entre la gris realidad y la colorida fantasía.





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Así que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa de la tierra. Sí, que no todos los poetas que alaban damas, debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amariles, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias, están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo. Y así, bástame a mi pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del linaje importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama; y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada; y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad, y ni la llega Elena, ni la alcanza Lucrecia, ni otra alguna de las famosas mujeres de las edades pretéritas, griega, bárbara o latina. Y diga cada uno lo que quisiese; que si por esto fuere reprehendido de los ignorantes, no seré castigado de los rigurosos.

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¿Se les antoja disfrutar el libro y dejar suelto a su loco interior, para ver qué párrafos les trae a su regreso? Denle play a la rola...





Luego, entren aquí para leer la primera parte, y aquí para la segunda.

Por cierto, no esperen encontrar la mamada esa de "Si los perros ladran es señal de que estamos avanzando". No existe tal cosa en este libro, neta, no lo abran con esa intención. Es más, si les da flojera leerlo no hay pedo; pueden decir que sí lo leyeron y no la encontraron, o que dieron con este artículo en que el autor, todo buena onda, les avisó sobre semejante barrabasada para que no hicieran el ridículo como tantos otros que se han llenado la boca afirmando lo contrario.

De nada.






Saludos Enfermos.