martes, marzo 31, 2009

No me de nada

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Desde la mujer que soy,
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a veces me da por contemplar
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aquellas que pude haber sido;
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las mujeres primorosas,
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hacendosas, buenas esposas,
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dechado de virtudes,
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que deseara mi madre.
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No sé por qué
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la vida entera he pasado
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rebelándome contra ellas.
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Odio sus amenazas en mi cuerpo.
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La culpa que sus vidas impecables,
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por extraño maleficio,
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me inspiran.
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Reniego de sus buenos oficios;
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de los llantos a escondidas del esposo,
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del pudor de su desnudez
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bajo la planchada y almidonada ropa interior.
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Estas mujeres, sin embargo,
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me miran desde el interior de los espejos,
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levantan su dedo acusador
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y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
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y quiero ganarme la aceptación universal,
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ser la niña buena, la mujer decente,
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la Gioconda irreprochable.
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Sacarme diez en conducta
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con el partido, el estado, las amistades,
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mi familia, mis hijos y todos los demás seres
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que abundantes pueblan este mundo nuestro.
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En esta contradicción inevitable
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entre lo que debió haber sido y lo que es,
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he librado numerosas batallas mortales,
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batallas a mordiscos de ellas contra mi
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-ellas habitando en mi queriendo ser yo misma-
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transgrediendo maternos mandamientos,
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desgarro adolorida y a trompicones
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a las mujeres internas
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que, desde la infancia, me retuercen los ojos
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porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
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porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
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que se enamora como alma en pena
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de causas justas, hombres hermosos,
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y palabras juguetonas.
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Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
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e hice el amor sobre escritorios
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-en horas de oficina-
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y trompí lazos inviolables
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y me atreví a gozar
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el cuerpo sano y sinuoso
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con que los genes de todos mis ancestros
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me dotaron.
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No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
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No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
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Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
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cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos
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siento las lágrimas pujando;
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veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
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blandiendo condenas contra mi felicidad.
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Impertérritas niñas buenas me circundan
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y danzan sus canciones infantiles contra mi,
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contra esta mujer
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hecha y derecha,
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plena.
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Esta mujer de pechos en pecho
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y caderas anchas
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que, por mi madre y contra ella,
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me gusta ser.
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Gioconda Belli
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Now Playing: Saints and sinners - Arch Enemy
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Saludos Enfermos.

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