martes, agosto 04, 2009

SuperMá

Desde hace un par de semanas recibí en la oficina la indicación de que mi horario de entrada sería entre 8 y 9 de la mañana, lo cual en principio (y todavía, ahora que lo pienso) resultó ser una patada en los huevos, ya que acostumbrado como estoy a desvelarme y levantarme precisamente a las 8 de la mañana, ahora debo ser una persona más disciplinada en ese sentido.
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¿A dónde me dirijo con esto, si en el título del post dice que hablaré sobre las madres? si, esas señoras de cabecita blanca (bueno, la mía aún no pero no le falta mucho) que se encargan de hacernos la vida maravillosa en innumerables ocasiones, aunque terrorífica en algunas otras situaciones?
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En uno de estos últimos días en que me he tenido que levantar temprano, sucedió lo impensable, lo que ni siquiera yo pude creer en el momento: me levanté a las 5 de la mañana perfectamente descansado y fresco, me di un baño, me arreglé para ir a la oficina...y mi señora madre estaba dormida, cosa que para mí resulta muy extraña porque generalmente cuando yo apenas me voy quitando las lagañas, ella ya se bañó, hizo el desayuno para todos y cuando salgo de casa se queda limpiando sus canarios.
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A las 6:30 pasé a verla para despedirme antes de ir a la oficina, toco su puerta y sale adormilada:
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Jefa de El Diablo: ¿Qué pasó hijo? (frotándose los ojos)
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El Diablo: Pues...ya me voy má, nada más pasé a despedirme
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Jefa de El Diablo: ¿Cómo crees, y qué vas a llevar de comer? no no, tómate un vaso de leche mientras te preparo algo
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El Diablo: No no jefa, ¿cómo crees? no te levantes, regrésate a la cama, yo ya me iba...
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Pues que se levanta, se lava su carita y directa a la cocina. Me preparó algo sencillo: una torta de salchicha con mole verde que quedó de la comida del día anterior. La envolvió en un par de servilletas, sacó un yogurth de fresa del refrigerador, un par de manzanas del frutero y lo puso todo junto en una bolsa de plástico para que lo metiera en mi mochila.
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No debería resultar sorprendente ver este tipo de muestras de cariño de una madre hacia su hijo, pequeños detalles que aunque a simple vista parecen algo cotidiano, son invaluables. De sobra sé que cualquier cosa que pueda decir al respecto ha sido repetida hasta el cansancio, así que me quedo con el recuerdo, con el aprendizaje acerca de que no todo es levantarme en chinga para ir a trabajar, terminar mi licuado de un trago, despedirme y salir corriendo de casa porque llegaré tarde.
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Prefiero quedarme con el par de palabras que le dije en el momento, y que aunque fueron un tanto parcas, creo yo que cumplieron su cometido:
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Gracias, jefa.
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Now Playing: Té para tres - Soda Stereo
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Saludos Enfermos.

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Dirty Queen dijo...

Ay cosita!

La verdad si, a veces hasta los detalles más pequeños de una madre para sus retoños son los más importantes y los que más te llegan.

Y la verdad mi suegri es la onda.
Amé que la otra vez nos esperaran para desayunar juntos y quisiera alimentarme harto(me sentí como en casa jaja)

Como dices, aunque a veces las madres sean protagonistas de muchos dramas, regaños y demás, nuca nunca nos hacen olvidar lo mucho que se preocupan y nos aman.

Muy buen post!

Por cierto... Los primogenitos somos los del glamour jajaja.

Besitos y muchisisisisisisiiimo amor!

{{El Diablo}} dijo...

Jajajaja amor! no seas barbera con tu suegra, ella no lee el blog XD

No, ya en serio...qué bueno que se cayeron chido, ya mero te toca venir a verla otra vez, eh? tengo la impresión de que eres su favorita, bueno, hasta le ganas al Iván! jejeje

Gracias por pasar a engalanar este blog con tu presencia.

te amo!

Kyuuketsuki dijo...

Jejejeje, las jefas son la neta. La mayoría, al menos.