viernes, octubre 30, 2009

Bastardos sin gloria, y los bastardos sin ética

El miércoles recordé por qué no me gusta ir al cine. Debo aclarar que por esta vez el motivo de mi queja no es el típico macaco intelectualoide que se la pasa haciendo comentarios ingeniosos y ocurrentes durante toda la película o el idiota maleducado que mastica las putas palomitas con el hocico abierto. No mis estimados, esto ya es una mamada que excede los límites de mi (de por si) corta tolerancia.

Me disponía a disfrutar de Inglorious basterds en compañía de mi mejor amigo después de pasar a la dulcería a comprar un par de chuchulucos cuando al entrar a la sala…¡mocos! hasta la madre de llena. Después de un rato buscando un par de asientos libres que estuvieran juntos sin mucho éxito que digamos, decidimos que mejor nos sentaríamos separados. Estuvimos dando vueltas por toda la sala preguntando si los asientos que quedaban desocupados en realidad lo estaban pero ni madres, todos estaban apartados, así que fuimos con la chica de la entrada, le comentamos la situación, hizo como que se asomaba a ver si de verdad estaba tan lleno el lugar, luego se fue a la administración (supongo, aunque por el poco tiempo que tardó en volver se me hace que nada más fue a picarse el ombligo por ahí) y después regresó diciéndonos que ella no sabía nada y no podía darnos solución, casi casi que su trabajo consistía en verse bonita ahí parada, cortar los boletitos de las personas y ya.

Obviamente a esas alturas yo ya estaba encabronadísimo y a punto de decirle que quería hablar con el encargado o mínimo el reembolso de mis boletos, pero la película estaba por comenzar, mi compa me ganó la palabra y le preguntó a la chica si estaba permitido sentarse en las escaleras, a lo cual dijo que si o sea que ni pedo, tuve que apechugar. Lo gracioso del asunto es que cuando pensé que seríamos los únicos asnos que pagaron un boleto para ir a achatarse las nalgas en la alfombra del cine, llegaron otras dos personas en la misma situación: palomitas y refrescos en mano y poniendo cara de pendejos porque tampoco encontraron asiento; supongo que se fueron a sentar a las escaleras del otro lado.

Me gustaría saber qué clase de criterios siguen las personas encargadas de la logística en las salas de Cinépolis. No entiendo cómo pueden presumir de ser una de las cadenas más importantes del país e incluso cacarear que tienen salas VIP (weeeeee!), cuando su servicio al cliente deja mucho que desear. De entrada están violando los lineamientos de seguridad en dos puntos: el primero al vender boletaje excedente y el segundo al sentar gente en las escaleras; en caso de incendio o sismo qué buen desmadre se hubiera armado, aunque eso francamente me valió verga en el momento y me admito culpable de negligencia, pero en mi descargo puedo decir que si no hubiera sido porque mi compa tuvo el detalle de ir por mi a la oficina desde su casa, que queda al otro lado de la ciudad, y porque teníamos un chingo de ganas de ver la película, sí los hubiera mandado en viaje redondo a chingar a su madre.

Supongo que es un buen ejemplo de cómo se manejan las empresas más fuertes y a la vez las más abusivas: te cobran por un servicio y después les importa una mierda si quedaste satisfecho o no. ¿Que me queje con la PROFECO? ¡Pero si son una runfla de ineptos que no saben hacer su trabajo! ya me tocó aguantarlos hace tiempo y la verdad, no se me antoja que me dejen colgado en el teléfono por más de media hora.

Lo único que puedo hacer es recomendarles que no se expongan a un servicio y atención de la mierda yendo a Cinépolis. Y recomendarles Inglorious basterds si es que no la han visto, acá están los cortos para que se antojen:




Now Playing: Sweet harmony - The Beloved


Saludos Enfermos.

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