domingo, enero 17, 2010

Psiquiátrico



Compita...¿tienes idea de cómo llegamos aquí?

Lo último que recuerdo fue que estábamos de paseo en Guadalajara. Mi compañero y yo vinimos a recorrer la ciudad y (¿por qué no?) a conocer mujeres; después de todo, nadie sabe que estamos acá, ni siquiera mi novia. No acostumbro hacer las cosas de esta manera, pero no me pareció mal la idea de tener unos días para hacer lo que me viniera en gana con quien me viniera en gana antes de dar el siguiente paso en mi relación y cortarme las alas. El plan era salir y conocer mujeres, todas las que pudiéramos, y llevárnoslas a la cama...pero por alguna extraña razón, en este momento cada uno está en su propia cama, en el hospital psiquiátrico de la ciudad.

Es un lugar muy extraño, no tiene paredes acolchadas como se supone que tienen los hospitales psiquiátricos (por lo menos los que salen en televisión); en lugar de eso, las paredes son viejas, al parecer de roca sólida y muy gruesa, grisáceas, sucias y oscuras. Parece más una cárcel que un hospital. Al salir de nuestra habitación, situada en la planta baja, tenemos acceso directo al patio, el cual tiene la misma decoración que las habitaciones: sucio y gris, lleno de hierba que crece por todos lados y contrasta con la tristeza que se percibe en todo el lugar. Hay mucha gente ahí afuera, pero nadie tiene bata blanca ni está despeinada ni tiene cara de loco, sino todo lo contrario: chicos con apariencia bastante normal, chicas bastante guapas, señoras de porte distinguido y tipos con pinta de que jamás en la vida les ha faltado dinero, mujeres y diversión.

No sé por qué estamos aquí, pero todos nos miran recelosamente, como si nosotros fuéramos los locos y no ellos, como si nosotros fuéramos quienes mereciéramos estar ahí adentro y los que tenemos alrededor nos analizaran, todos, desde nuestros improvisados y extraños roommates hasta los doctores que sin embargo, eran un poco más amables en su trato. Una de ellos era una morena alta, delgada, piel acanelada y usaba unos lentes que le daban a su rostro un aspecto bastante sereno. Cuando nos llamó y escuché su voz creí, por un momento, que estábamos fuera del lío. Nada más alejado de la realidad. Me quedé helado cuando nos dijo que habíamos hecho algo muy grave y que tendríamos que esperar unas horas para saber qué pasaría con nosotros, fue peor cuando le preguntamos qué habíamos hecho y contestó categóricamente que ella no estaba encargada de informarnos esa parte, que debíamos volver al patio y esperar.

Cuando salimos de nuevo al patio el ambiente se sentía diferente, los demás invitados forzosos a la reunión se mostraban amistosos respecto a nuestra presencia e incluso tuve posibilidad de entablar conversación con algunos; me sorprendió la fluidez de la plática y los intereses en común que teníamos, aunque mi compañero parecía no sentirse tan cómodo con la situación y decidió regresar al área de oficinas para sentarse en la sala de espera y ver si podía resolver algo. Por mi parte, estaba convencido de que todo se aclararía pronto y me sentía a gusto compartiendo cigarros con aquellas personas, intercambiando anécdotas e ideas y así fue durante la primera hora, pero después las cosas empezando a ponerse un tanto extrañas.

Recibí primero un mensaje de mi novia diciéndome que me tenía una sorpresa, que había comprado un regalo para mi. ¡Qué arrepentido me sentía de haber hecho ese viaje sin comentárselo! ella siempre tan dulce, tan cariñosa y tierna, mientras yo andaba perdido buscando vaginas por diversión antes de entregarle el anillo que había comprado para pedirle que se casara conmigo. Mientras mi mente se enfrascaba en esos pensamientos, una serie de mensajes empezó a llegar a mi celular conteniendo preguntas que al parecer tenían la función de evaluar mi estado mental; lo curioso es que yo intentaba responder los mensajes sin ningún éxito, así que fui a las oficinas para ver qué pasaba y cómo estaba mi compañero, que ya llevaba un buen rato allá. Cuando entré, apresuradamente se me acercó al tiempo que me decía con tenebrosa serenidad:

- No te preocupes compita, que en algún momento se aclarará que nosotros no estamos locos...de momento podemos pasarla bien aquí, mira, me devolvieron las escopetas que usamos anoche en el bar con toda esa gente...



Now Playing: Revolution 20 - The Beatles


Saludos Enfermos.

2 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

Kyuuketsuki dijo...

Quedó chingón el cuento. Me gustó el aire de misterio: sigue sin saberse concretamente dónde están. Y buen plot twist el del final.

{{El Diablo}} dijo...

Jeje gracias mi estimado! Y pensar que ese sueño lo tuve después de pasar horas en un hospital tratando de donar sangre (es que los hospítales me stressan).


Saludos Enfermos.