lunes, febrero 22, 2010

El chico farmacia


Tengo el oído derecho tapado desde el sábado en la noche. No estaba haciendo nada, sólo veía una película y de repente...¡madres! dejé de escuchar de un lado; no le di mucha importancia porque toda la semana pasada tuve gripa y los oídos se me tapaban por ratos de tanto sonarme la nariz, así que cuando llegaron mis tíos de visita bajé a saludarlos y a tomarme un par de caguamas, confiando en que mi oído estaría como si nada a la mañana siguiente.

Desperté el domingo...y mi oído seguía tapado. Me incomodó un poco pero no me asustó, así que hice mis actividades dominicales normales (ver partidos de la Premier League y rascarme las bolas) hasta que por la tarde empezó a preocuparme la molestia. Se lo comenté a mi señora madre (que siempre tiene una solución para todo, en parte por su experiencia en medicina y en parte por chingomil remedios caseros que le heredó mi abuela) y me sugirió que me pusiera una perla de éter en el oído. Como yo de esas cosas no sé nada, además de que como casi nunca me enfermo cuando me pasa me pongo todo preocupón y soy medio mariquetas para esas cosas, ella se encargó de ponerme la bolita esa en el oído y me explicó que cuando hubiera expulsado todo el aire (de mi oído, cerdos) reventaría y derramaría el éter pero que no tendría consecuencias.

Después de un buen rato, por fin escuché un pffffff! y sentí el líquido frío (y apestoso) en mi oído. Me la quité mientras un triunfal pensamiento de "¡a huevo, ya chingué!" cruzó mi mente, pero...oh decepción. Nada, mi oído seguía tapado, así que fui a que me pusieran otra perlita, esperé pacientemente a que reventara y obtuve el mismo resultado. Me fui a dormir, mitad frustrado y mitad preocupado ya que eso nunca me había pasado, y esperando que por la mañana mi oído estuviera normal.

Ayer por la mañana me despertó la alarma del celular, la escuché fuerte y clara. Pura ilusión, cuando terminé de bostezar otra vez mi oído estaba tapado, así que ahora sí me cagué de miedo. Contrario a mi firme convicción de que los doctores son aves de mal agüero, consulté a uno y literalmente, me dijo hasta de lo que me iba a morir...si no controlaba mi ritmo de vida y mis malos hábitos. Típico de ellos, vas por un resfriado y sales con circuncisión; además de recetarme unas gotas y pastillas para la infección que encontró en mi oído, diagnostícó que tengo las anginas inflamadas (cosa rara porque no siento ninguna molestia en la garganta) así que ahora tengo que chutarme un jarabe que sabe a mierda... y me fue bien, porque ya me andaba mandando a casa, además, con una cajita de pastillas para controlar la presión; algo no me gustó y pregunté si tenía efectos secundarios, a lo que me respondió que podría ver disminuído mi deseo sexual. Como era de esperarse, mi respuesta fue un rotundo ni madres. Prefiero bajarle al tabaco, al alcohol, a las carnes y hacer ejercicio.

Me siento como un anciano, atiborrándome de pastillas, jarabes, gotas...tengo tratamiento para una semana, llevo un día tomándolo y ya estoy harto; no me quiero imaginar cómo será dentro de 50 años (pensando con optimismo que viviré tanto), pero si pudiera elegir, definitivamente querría ser como este cabrón:



Now Playing: Feldzug - Vorkriegsjugend


Saludos Enfermos.

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Kyuuketsuki dijo...

Así es la vida, mi estimado... a mi ya me pasó, se siente de la chingada; pero en mi caso es porque tengo tendencia a generar tapones de cerilla, incluso lavándome bien y todo el pedo. Pinche genética, snif.

{{El Diablo}} dijo...

Tsss mal plan lo de la cerilla, sí ha de ser una joda! me imagino que ni has de poder usar audífonos a gusto.

Saludos Enfermos.