martes, junio 08, 2010

Las manos de un ángel



La semana pasada anduve madreado de la espalda baja gracias a una lumbalgia que me pegó haciendo...absolutamente ni madres. Mi mamá me pidió que le ayudara a poner un cortinero, fui a la caja de herramientas y al inclinarme para abrir el candado vino un dolor que si no fuera porque me agarré de donde pude, me hubiera mandado de rodillas. Con todo, pude poner el cortinero y me fui a descansar, pensando que al otro día estaría mejor.

El lunes por la mañana no podía ni levantarme de la cama porque sentía que se me partía la espalda, así que decidí no ir al trabajo para darme una vuelta por el consultorio del quiropráctico; me bañé, me puse lo primero que encontré (de cualquier modo iba a que me alivianaran de la espalda, no a una pasarela) y me fui para allá.

Cuando entré al consultorio me atendió un morro como de 20 años, moreno y delgado, quien me puso unas correas en la cabeza (como si fueran un casco de rugby) que estaban sujetas a una polea. Dijo que iba a levantarme por la cabeza jalando el otro extremo de la cuerda, lo cual en principio me dio risa (¿cómo diablos iba a levantar ese flaco mis 87 kilos de rock?) pero por andarme riendo, no noté cuando empezó a jalar y toda mi espalda tronó como vaina de chicharitos, supuestamente porque el espacio entre mis vértebras se había abierto. Me dijo que me quitara la playera y me acostara boca abajo, cosa que no me hizo mucha gracia pero como el dolor ya estaba muy cabrón, obedecí.

Salió del consultorio, me recosté y me quedé boca abajo esperando a que regresara para terminar lo más rápido posible con la tortura, cuando de repente la puerta se abrió y escuché una voz de mujer pidiendo permiso para entrar. Medio voltee y vi a una chica como de mi edad, blanca, cabello negro ondulado, delgada pero con buenas curvas y una bata azul puesta. Me quedé de a pendejo viéndola mientras me preguntaba si estaba listo para el masaje, respondí que sí, me acomodé bien y me dispuse a sufrir; me puso gel en la espalda baja, me calentó con una luz infrarroja y empezó a trabajar. Tenía un manojo de nervios en toda la cadera, así que con cada toque sentía que me zurraba pero obviamente, no iba a portarme como un bebé llorón (aunque estaba clavando los dedos en el colchón y poco me faltó para morder la almohada).

Poco a poco el dolor fue cediendo para convertirse en algo bastante placentero, seguía aguantándome las ganas de decirle "¡ya, ya estuvo!" pero al mismo tiempo empecé a sentir cosquilleos que aunados a la viscosidad del gel, el calor de la luz infrarroja y la suave firmeza de sus manos, me hicieron desear estar en cualquier otra posición menos boca abajo. Lamentablemente me tuve que quedar así, no soy un pervertido (bueno...sí, pero también tengo mis ratos de timidez) así que me limité a hacerle un poco de plática que estuvo agradable, muy accesible ella pero guardando su distancia, como es de esperarse en alguien que está haciendo su chamba sin involucrarse con el paciente.

Sus manos seguían trabajando, y debo decir que lo hacían muy bien. Los nudos casi habían desaparecido, el calor en la piel era sumamente reconfortante, la sensación de sus manos era increíble. Pensaba en lo sensual que debía verse una mujer tan pequeña (1.60, aproximadamente) ama(n)sando a un animalote de 1.80 y casi 90 kilos, las insinuaciones se me quedaban en la punta de la lengua, lo único que atinaba a salir de mi boca eran quejidos del tipo "¡qué rico, síguele!" y una que otra frase ingeniosa; mi mente terminó de vaciarse (mi mente dije, cerdos) cuando me pidió que me bajara un poco los pantalones y continuó el masaje en mi trasero. Luego me pidió que me pusiera boca arriba, en este punto me quedé todavía más pendejo de lo que ya estaba y obedecí esperando una sorpresa tipo Deep throat o algo por el estilo. Obviamente no sucedió, sólo me dio masaje en el pecho con una cosa que vibra, me pidió que me vistiera, me recetó medicamentos y se despidió.

El miércoles volví antes de ir a la oficina esperando encontrarla de nuevo; me arreglé, me peiné, me puse loción, ¡hasta me lavé los dientes!...y resultó que llegué demasiado temprano, no había nadie mas que el dueño del negocio: un señor calvo, bigotón, quien tuvo que atenderme porque tenía prisa por irme a trabajar. Me masajeó como si estuviera jugando con Play-Doh (creo que si lo hubiera hecho como mi masajista consentida le hubiera dado una patada en la cara), me ordenó que me vistiera y me fui.

Mi espalda ya está sana, pero...¿a quién le importa? al rato con más calmita me aviento por la ventana para ir por otras 20 sesiones de masaje, hasta que me toque de nuevo con ella y pueda al menos pedirle su número telefónico.



Now Playing: Lover man - Jimi Hendrix


Saludos Enfermos.

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Luz dijo...

¡Yuuu!... (Y tambén le pides que mande un saludo a tus lectores del blog, jeje). Sí, el masaje es magia. ¡Suerte!

Guillermo Guerrero dijo...

Maldito peeeeerv!!!

No, mano, yo también he tenido dolores horribles de espalda (¿sobrepeso? ¿Demasiado tiempo en la compu?) pero con una empastillada, ceden.

Suerte, mano. Nooo, mano. Bye, mano.

Kyuuketsuki dijo...

Jajajaja, cabrón. Pero entiendo perfectamente... ¿dónde dices que está el consultorio?

{{El Diablo}} dijo...

Luz: si se arma, hasta le pido que tome fotos pa'l blog.

Memo: igual pueden ser por stress, desde ayer tengo mucho trabajo y otra vez me empezó a doler. Ya no necesito el pretexto de aventarme por la ventana, manooo.

Kyuuks: Oooh pues...soy joven, soltero y enjundioso, ¡claro que se entiende! jejeje...el consultorio está por el metro Jamaica.


Saludos Enfermos.

Anónimo dijo...

¿En qué calle está ese consultorio?

{{El Diablo}} dijo...

No recuerdo bien el dato Anònimo, hace mucho de eso...pero mi mamà me llevò allà, le pregunto y te aviso.


Saludos Enfermos.