miércoles, septiembre 15, 2010

Independencia, patria y libertad



Independencia: Situaciòn de un paìs o naciòn que no està sometido a la autoridad de otro.


Tomando en cuenta esta definiciòn, no hace falta darle demasiadas vueltas al asunto para darnos cuenta de que no hay mucho que festejar este 15 de septiembre, fecha que el gobierno, los medios masivos de comunicaciòn y el sector empresarial en general nos han vendido como Bicentenario de la Independencia.

¿Independencia? ¿de quièn?

Se celebra que hace 200 años Miguel Hidalgo instò al pueblo mexicano a levantarse en armas para sacarse de encima el yugo de la Corona Española y tras 11 años de lucha encarnizada a lo largo y ancho del territorio que en aquel entonces se conocìa como Nueva España, terminò por firmarse un tratado que decretaba a Mèxico como una incipiente naciòn libre. Se decretò como forma de gobierno la monarquìa, que por cierto tuvo que enfrentar la primera (quièn dirìa que eso serìa una constante durante toda la historia de este paìs como "naciòn libre") crisis financiera debida a la necesidad de pagar los daños provocados por 11 años de revuelta independentista. Para continuar, la facciòn republicana cobraba cada vez màs fuerza con Antonio Lòpez de Santa Anna y Vicente Guerrero, quienes desconocieron la monarquìa e instauraron la repùblica asì nada màs, por sus grandes huevos. Derrotaron al emperador Agustìn de Iturbide y el imperio se vino abajo, cosa que derivò en la pèrdida de los territorios centroamericanos.

Hablando de territorios perdidos, Antonio Lòpez de Santa Anna, quien se sentò en la grande en 11 ocasiones, terminò por ceder màs de la mitad del territorio nacional (que en aquel entonces se extendìa hasta lo que ahora es California, Nuevo Mèxico, Nevada, Arizona, Utah, parte de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma) mediante el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado en favor de los Estados Unidos de Norteamèrica. El pretexto fue que los habitantes del territorio de Texas no estaban conformes con estar bajo la jurisdicciòn del gobierno mexicano y la hicieron de pedo; los gringos, dispuestos como siempre a ayudar al pròjimo, apoyaron a los texanos y para que al gobierno mexicano no le cupiera duda sobre quièn era el bueno de la pelìcula, tuvieron la ocurrencia de invadir Mèxico, tomar el Colegio Militar e izar su asquerosa bandera en nuestro Palacio Nacional para despuès "obligar" a Santa Anna a ceder los territorios ya mencionados. Luego a este señor se le antojò vender otro pedazo de territorio mexicano, La Mesilla, situado al norte de los actuales estados de Sonora y Chihuahua. Y es que me imagino que quiso cobrar una especie de indemnizaciòn por la pierna que perdiò por ahì en alguno de los jaleos que èl mismo no supo, pudo o quiso mantener bajo control.

Pero ahì no terminan las escaramuzas con otros paìses: Francia, España e Inglaterra tenìan facturas que pasarle al gobierno mexicano (endeudados de nuevo, para no romper la costumbre) y empezaban a presionar; se llegò a un acuerdo diplomàtico con ibèricos y sajones, pero los franceses no estuvieron tan dispuestos a quitar el dedo del renglòn. Invadieron el territorio mexicano y aunque fueron derrotados en la famosìsima Batalla de Puebla por el General Ignacio Zaragoza y los zacapoaxtlas, al final hicieron lo que quisieron y tomaron la capital en 1863, sòlo 20 años despuès que los gringos. En complicidad con la facciòn conservadora de este paìs, fue enviado en calidad de emperador un austriaco llamado Ferdinand Maximilian Joseph Von Habsburg-Lothringen (a.k.a. Maximiliano), quien durò en el cargo lo que tardaron los franceses en ir cediendo batallas poco a poco frente a la guerrilla mexicana. Luego lo fusilaron junto a sus socios mexiconservadores, Benito Juàrez tomò las riendas del paìs hasta el momento de su muerte, casi inmediatamente Porfirio Dìaz se agarrò de la silla presidencial con màs ganas todavìa que Santa Anna para durar en el poder 33 años...y el resto, es un relato que podemos continuar en noviembre.


¿Por què diablos hubo en este blog una clase de historia express? sencillo: porque parece que nadie recuerda lo que le (mal)enseñaron en la escuela. Resulta dolorosamente irònico que un español, el filòsofo y poeta Josè Agustìn Nicolàs Ruiz de Santayana, tenga que apalearnos moralmente con una frase tan demoledoramente cierta:

Quien olvida su historia està condenado a repetirla

Y quien quiera refutarla, primero tiene que explicarme por què estamos endeudados hasta las manitas con el extranjero (principalmente con los gringos), por què nuestro gobierno aceptò un Tratado de Libre Comercio norteamericano que desde el principio fue desventajoso para nosotros, por què seguimos soportando a polìticos revoltosos si desde que este paìs adquiriò el status de "libre y soberano" hemos sufrido las consecuencias de ello; por què la clase alta, compuesta por empresarios, lìderes religiosos, dueños de medios masivos de comunicaciòn y polìticos (¿otra vez esos cabrones? si, ¡otra vez!) sigue engordando sus chequeras a costa de los ciudadanos de a pie y los impuestos obscenamente altos que pagamos.

Explìquenme tambièn (o no, mejor dicho justifiquemos, que la razòn es de todos conocida aunque muchos no la quieran ver) còmo es que, aunque hubo una guerra de reforma para INDEPENDIZAR los asuntos del estado de los de la iglesia, el clero sigue metiendo sus sucias y pederastas manos en donde no tiene por què hacerlo; por què el ciudadano de clase media hacia abajo es siempre el que ve telenovelas o fùtbol (mea culpa en el segundo caso, aunque en mi defensa arguyo que disfruto del deporte sin enajenar la mente), reallity shows, noticiarios repletos de informaciòn predigerida y prediseñada, lista para inhibir cuestionamientos y para causar una falsa sensaciòn de bienestar al ser mezclada con notas morbosas y de pobre contenido; por què algunos son felices entregando un porcentaje de sus ingresos a una iglesia que con la mano derecha les acaricia la frente prometièndoles serenidad, fortaleza y la gracia de dios, mientras con la izquierda le acaricia la entrepierna al hijo menor de la familia.

Quiero saber por què el mexicano promedio recibe una formaciòn acadèmica la mayorìa de las veces paupèrrima, por què no lee màs que un par de libros al año, por què aunque a veces no tenga plata para ropa o comida de calidad sì tiene televisiòn de paga en casa, por què se le hincha el pecho cantando un himno que ni se sabe completo ni entiende el significado de la letra; por què va a ir esta noche al Zòcalo o a la plaza cìvica màs cercana a festejar una falacia que costò 3000 millones de pesos, los cuales ni de chiste salieron de la bolsa del gobierno. O bueno...sì, porque nuestros impuestos descansan en las cuentas bancarias de nuestros honestos y decentìsimos funcionarios.

¿Por què necesitamos consolar a nuestro sentido de pertenencia con una festividad que se basa en un hecho que no se ha consumado desde hace 200 años, ni parece que vaya a hacerlo en los siguientes 100? El tañir de una campana, la menciòn de personas que (hèroes o no, la historia no es una ciencia exacta) entregaron su vida en pro o en contra de la malograda libertad de este paìs, las palabras cìnicamente optimistas de un enano pelòn, alcohòlico y mentiroso (porque hasta entre los alcohòlicos tenemos niveles), las banderitas en los escritorios de oficina y las banderotas en todas las casas y edificios, el pozole, el tequila, las caras pintadas con 3 colores, las camisetas de la Selecciòn Nacional (otra mentira que nos ilusiona estùpidamente, aunque por suerte sòlo lo hace cada 4 años). Todas estas cosas...¿què significan en realidad? ¿QUE?

Si alguien tiene un motivo verdaderamente vàlido para festejar algo, invite. Yo estarè haciendo lo mìo: bebiendo hasta embrutecerme y preparàndome para unas merecidas vacaciones que puedo tomar gracias a los dìas de asueto que nuestros hèroes independentistas consiguieron para el proletariado mexicano...porque de independencia, patria y libertad, mejor ni hablamos.



Now Playing: Kentucky moon - The Kinks


Saludos Enfermos.

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