sábado, noviembre 20, 2010

Centenario de la Revoluciòn Mexicana


Hoy se cumplen 100 años desde que la Revoluciòn estallò en Mèxico.

Quisiera tener algo positivo que decir al respecto, pero francamente lo veo difìcil. Màs allà del desfile militar, el festejo multicolor en el Zòcalo (al cual asistirè esta noche porque a mi chica y a mi nos invitaron unos amigos y porque al menos quiero ver en què se gastan estos cabrones gobernantes una parte de mis impuestos) y las exposiciones conmemorativas, lo ùnico que veo es patrioterismo e ignorancia.

Los medios se han encargado de convertir este dìa en un carnaval que arrastra masas y crea una especie de zona segura donde todos los mexicanos nos hacemos una chaqueta mental para creer que nuestro paìs marcha bien. Nos hacen recordar a todas las personas -desde los bàsicos que nos obligaron a honrar en la escuela hasta los soldados y adelitas anònim@s- que dieron su vida en batalla, pero se aseguran de que aparezcan màs como protagonistas de ficciòn que como hèroes o villanos de carne y hueso que lucharon por un paìs con menos injusticia social, o bien por mantenerlo hundido como estaba.

El orgullo originado en la creencia de que somos una naciòn que mira hacia adelante porque ha aprendido de sus errores pasados no es màs que una falacia, y si no, habrìa que preguntarles a todos aquellos que sufren vejaciones por parte de las autoridades en cualquier àmbito; para mi el ejemplo que mejor acomoda al contexto revolucionario, por lo menos en cuanto corresponde a la premisa Tierra y Libertad, es lo que pasò en San Salvador Atenco con los campesinos que defendieron sus parcelas como pudieron para que no les fueran arrebatadas y convertidas en un nuevo aeropuerto. Hubo golpes, violaciones (de derechos y tambièn de ìndole sexual) y asesinatos por parte de la Policìa Federal Preventiva (autènticos pelones modernos); todo el paìs se indignò e incluso el caso tuvo repercusiòn a nivel internacional. Sin embargo, cuando los atenquenses venìan a la Ciudad de Mèxico a manifestarse y exigir libertad para los presos polìticos marchando por las calles, muchos no los bajaron de indios pendejos y revoltosos que entorpecìan las arterias viales y no generaban màs que basura y desorden en toda la ciudad. Esas personas deberìan cuestionarse a conciencia sobre quiènes son los pendejos: si los que buscan una manera de exigir justicia (no es que estè de acuerdo con las marchas masivas, de hecho son bastante molestas, pero ¿què otra les quedaba?) o los que se olvidan de que muchas injusticias de ese calibre juntas fueron el detonante de lo que ahora festejan y usan como pretexto para no ir al trabajo o a la escuela, emborracharse y sentirse patriòticos hasta los huesos sòlo porque vieron las pelìculas sobre Emiliano Zapata o Francisco Villa.


--- Empieza orgasmo històrico ---

Hablando de Zapata y Villa, desde mi punto de vista ellos son los ùnicos autènticos hèroes de la revoluciòn.

Zapata se encargò de buscar justicia para los campesinos en el centro y sur del paìs y de erradicar la semiesclavitud a que se veìan sometidos quienes trabajaban la tierra sin preocuparse por su bienestar propio o por enriquecerse a costa de la situaciòn en el paìs. Violencia, muerte y desolaciòn fueron las rùbricas del Ejèrcito Libertador del Sur por èl comandado, tuvo unos huevotes lo suficientemente grandes y peludos como para poner en su lugar a Madero cuando quiso pagar sus servicios a la revoluciòn con una pinchurrienta hacienda a manera de "ya estate quieto Emiliano", a lo que el Caudillo del Sur respondiò con un categòrico "nos cumple usted a mi y al estado de Morelos lo que nos prometiò, o a usted y a mi nos lleva la chingada" acompañado de un culatazo de su 30-30 en el escritorio del entonces presidente. Despuès lo mandò a la mierda desconocièndolo como presidente en el Plan de Ayala, el cual -a grandes rasgos- establecìa un justo reparto de tierras para los indìgenas y que en vista del incumplimiento a las promesas hechas al campesinado, a todos se los iba a cargar la reata porque la lucha armada representarìa el ùnico medio para obtener justicia. Continuò luchando, despuès del asesinato de Madero, contra Victoriano Huerta y posteriormente contra Venustiano Carranza, quien a la postre terminarìa por reducir al poderoso ejèrcito suriano en un puñado de guerrilleros que no tardarìan en extinguirse. Su lìder no serìa la excepciòn a la regla: el Atila del Sur muriò emboscado en Chinameca, Morelos, dejando como màximo legado sus victorias en batalla y sus ideales, encumbrados en la frase "Es mejor morir de pie que vivir de rodillas".

Villa llegò al baile de un modo mucho màs circunstancial: vengò la afrenta que el patròn le hizo a su hermana al violarla metièndole un par de balas entre las cejas al bastardo, se convirtiò en fugitivo (hasta de nombre tuvo que cambiar el joven Doroteo Arango), despuès en forajido castigando a terratenientes ojetes y explotadores del campesino mediante actos delictivos, y en esas estaba cuando el polvorìn estallò. Al principio, igual que Zapata, se aliò con Madero para combatir al federalismo, pero despuès se dio cuenta de que el señor presidente era un culerito que buscaba hacerse del poder sin importarle a quièn se llevara entre las patas y lo desconociò tambièn. El Centauro del Norte controlò los estados septentrionales del paìs con mucha màs ferocidad todavìa que su compadre del sur: saqueò haciendas, se apoderò de tierras, asesinò a todo aquel que se opusiera al empuje de la Divisiòn del Norte; hizo lo que quiso en su territorio y hasta en el de los gringos, quienes pusieron precio a su cabeza debido a los pillajes cometidos por el de Durango màs allà de la frontera y nunca lo pudieron atrapar. A pesar de ser impulsivo, bronco como las tierras del norte donde naciò, mujeriego, ladròn, bandido, asesino y visceral, su fiereza, su valentìa, pero sobre todo su entrega y determinaciòn ante la creencia de que se podìa mejorar la calidad de vida en nuestro paìs (asì fuera a punta de pistola) le ganan el reconocimiento y el cariño de los mexicanos que conocemos su historia. Ese era el General Pancho Villa, quien al mando de sus Dorados llegò a la capital del paìs para reunirse con Zapata despuès de vencer a los pelones en la Batalla de Zacatecas (victoria admirada y analizada por estrategas de todo el mundo). Desinteresado del poder, su lucha terminò despuès de varias derrotas significativas ante Alvaro Obregòn y Plutarco Elìas Calles, tras lo que se retirò a la pacìfica vida del campo, como deseaba desde el principio; asì fue hasta que sus enemigos lo emboscaron a bordo de un auto, llenàndolo de plomo y terminando con la vida de uno de los hombres màs cabrones, chingones, huevudos y valientes que han nacido en este paìs.

--- Termina orgasmo històrico ---


Despuès de desinflar un poco el pecho y secarme las làgrimas de viril emociòn que me produce recordar a estos dos històricos titanes, retomo el tema que traìa hace un momento: ¿cuàn patriotas podemos considerarnos en realidad, cualquiera de nosotros, despuès de conocer lo que impulsò a un par de mexicanos comunes (que no corrientes) a dejar todo atràs para buscar el bien comùn? Nadie puede siquiera pretender compararse: ni tù que lees esto, ni los reaccionarios de salva que andan por ahì ladrando pendejadas y apedreando granaderos cada que pueden -como si descalabrar a un policìa igual de jodido que ellos les convirtiera en hèroes-; mucho menos yo, que escribo tratando de encontrar eco para mis ideas. Nunca habrà otro Emiliano ni otro Francisco que con los huevos y el corazòn en una mano y el arma en la otra digan "ya estuvo cabrones, basta de pendejadas, vamos a levantar a Mèxico de sus escombros". Sin embargo, siempre habrà ideales (seguramente mucho menos heroicos pero en cierto modo efectivos) que nos hagan creer que no todo està perdido, que toda esa sangre y pòlvora derramadas hace 100 años no fueron en vano. Que podemos cambiar las cosas en base a un gran esfuerzo, primero individual y despuès colectivo.

La revoluciòn no se va a dar en las calles, no tendremos caudillos, no tendremos armas; sin embargo tenemos conciencia, principios, libertad de expresiòn y de elecciòn. La revoluciòn debe surgir desde dentro de cada uno de nosotros: no des sobornos a las autoridades, no robes, no finjas que trabajas para despuès cobrar un sueldo que probablemente no merezcas ni a la mitad, no desprecies a quienes tienen menos en esta vida que tù, no permitas injusticias en tu presencia. Comparte, ayuda, enseña, instruye, ama, apasiònate, trabaja duro. Quizàs si todos nos esforzamos en esto y transmitimos lo aprendido a las nuevas generaciones dentro de otros 100 años podamos hablar de una verdadera (r)evoluciòn y honrar a los primeros, a quienes nos inspiraron.


Ya para cerrar el tema (y terminar de declararme admirador incondicional de Pancho Villa), les recomiendo que vayan a la exposiciòn Villa y Zapata, una iconografìa revolucionaria, alojada en el Museo de Arte Popular hasta mediados de enero 2011 aproximadamente; vale la pena, es informaciòn presentada sencillamente, muy digerible, y les aseguro que la disfrutaràn bastante. Como ya es costumbre dejo aquì una foto y las demàs pueden checarlas en slide dando clic en estas letritas color naranja.

Y sì, sè que no faltarà quien cuestione mi ida al espectàculo de luces dentro de unas horas, pero S se toma muchìsimo menos a pecho asuntos como este y tiene ganas de ir, asì que no me molesta en absoluto acompañarla y que esto parezca una contradicciòn respecto a todo lo que escribì. Si puedo les traigo fotos.



Now Playing: Second sight - Kula Shaker


Saludos Enfermos.

10 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

Publicar un comentario

Tu opinión me interesa, ¡deschóngate!