lunes, diciembre 13, 2010

Un año despuès


Rabioso y medio ebrio es una mala combinaciòn que no puede arrojar buenos resultados. En diciembre del año pasado ya cargaba con demasiada mala leche gracias a una serie de cosas que me habìan estado sucediendo sumadas al stress laboral, una cierta depresiòn que traìa atravesada y otros factores que a estas alturas ya no tiene ningùn caso recordar. Aquella vez salì de la fiesta de fin de año de la oficina bastante pensativo, habìa bebido lo suficiente como para irme directamente a casa a dormir y de hecho ese era el plan, pero mis cavilaciones fueron diluyendo poco a poco el efecto de (casi) todo el alcohol que me metì, aunque no sucediò lo mismo con la sensaciòn de incomodidad y enojo que, por el contrario, se acentuò. Era temporada de peregrinos guadalupanos, el taxi circulaba entre las calles aledañas a Circuito Interior muy lentamente mientras recordaba todas las cosas que me enfurecen de ellos: el penetrante olor a mierda y orina en las calles al dìa siguiente de su paso y toda la basura que dejan, la forma en que entorpecen la circulaciòn, el ruido de los cohetes a media madrugada que me mantienen con los ojos abiertos hasta muy tarde (o temprano, segùn se vea). Fue en ese momento que creì haber encontrado el desfogue perfecto.

La procesiòn iba muy avanzada, de hecho mi taxi iba justo detràs de los ùltimos peregrinos, asì que sin pensarlo me bajè, mañosamente esperè a que el grueso de la manada siguiera su camino y me fijè en los 3 ùltimos de la fila. No esperaban que un tipo llegara de repente a insultarlos y golpearlos, aunque reaccionaron ràpido y la respuesta no se hizo esperar: terminè con un raspòn que se extendìa desde mi frente hasta mi labio inferior y un diente despostillado, seguramente consecuencia de un fuerte golpe. Por mi parte, el daño consistiò en varios golpes y un par de narices rotas que dejaron las mangas de mi camisa y mis antebrazos llenos de sangre que no era mìa. Yo siempre lo declarè un empate, bàsicamente porque no terminè tirado o sin posibilidad de moverme y porque mi grandìsimo ego me mantuvo de pie hasta que los 4 nos cansamos y seguimos nuestro respectivo camino.

No hubo consecuencias graves, el raspòn desapareciò completamente a los 2 dìas gracias a mi buena cicatrizaciòn y a la aplicaciòn de hojas de siempreviva sobre las heridas. Legalmente tampoco tuve problemas, ya que al haber sido entre calles y no sobre la avenida, la pelea no fue notada por nadie o casi nadie y en todo caso, las autoridades ni por enteradas. Mi rabia habìa recobrado niveles controlables y, aunque el precio que paguè fue bastante màs alto de lo que planeaba, no podìa quejarme del todo.

Pocas personas conocìan esta historia hasta hoy, definitivamente no es algo de lo que me enorgullezca mucho que digamos (aunque de repente bromee con que es algo que podrè contar cagado de risa a mis nietos); màs bien la risa me viene porque sè que pudo traerme consecuencias demasiado graves y sin embargo aquì estoy...rièndome nuevamente de eso.

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Este fin de semana no pude evitar la ruta guadalupana por màs que quise; mientras me dirigìa a casa de S para recogerla e ir a un evento que tenìamos me encontrè con la manada de nuevo y lleguè tarde a su casa. Me estresè, me puse de mal humor, incluso ella notò la cara de encabronamiento extremo que puse cuando pasò una camioneta cargada de peregrinos haciendo ruido con una sirena -me preguntaba de dònde mierda sacaron la idea de usar sirenas, como si no fueran ya suficientemente notorios los hijos de puta- y obviamente no le hizo ninguna gracia, ademàs de que los antecedentes le preocupan (se tuvo que enterar de lo que sucediò cuando preguntò què le habìa pasado a mi diente).

Con todo, de un año para el otro las cosas han cambiado bastante. Aunque todavìa no controlo totalmente mis tendencias agresivas, procuro que el stress no me domine y gracias a eso me percibo menos (auto)destructivo y furioso que hace 12 meses; muchos de los factores que me orillaban a buscar explosiones catàrticas asì de intensas se han ido desvaneciendo paulatinamente y, aunque de repente llega alguno nuevo que me hace sentir unas ganas tremendas de estallar (y de paso reactiva mi gastritis nerviosa), confìo en estar trabajando adecuadamente para evitar que eso suceda, o por lo menos para que la intensidad y frecuencia sean menores a las de antes.

Antier mismo, mientras regresàbamos a casa, tuvimos que mezclarnos con la piara hedionda para poder pasar el cruce de Eduardo Molina y 101; lo mismo sucediò de camino al tianguis navideño de Rìo Blanco, de regreso a casa de mi novia y despuès a la mìa: ya fuera a pie o en taxi irremediablemente me encontraba con ellos estorbando, haciendo ruido, tirando basura, ofrecièndose como blancos perfectos para un accidente automovilìstico. Sin embargo me controlò pensar en que estaba acompañado y el riesgo en que nos hubiera puesto a ambos una reacciòn mìa similar a la del año pasado, aunado al motivo que encuentro màs relevante: la promesa que le hice a un par de personas sumamente importantes en mi vida sobre no volver a exponerme de una manera tan estùpida e irracional por cagadito que me parezca.

(De todos modos mi opiniòn respecto a los ritos guadalupanos y sus fieles borregos sigue siendo la misma):





Now Playing: Aimee - DeVision


Saludos Enfermos.

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cintya dijo...

ash a mi tambien me cagan los peregrinos, en mi pueblo vienen cada año y se estacionan por mi trabajo, me caga porque aparte de dejar su olor a pipí y a popó son unos léperos que te dicen una sarta de cochinadas y se te quedan viendo de una manera demasiado libidinosa... pos no que muy católicos? -_- me cagan!!

{{El Diablo}} dijo...

Pinches cerdos, eso es una conducta tìpica de los catòlicos precisamente: su doble moral les permite flagelarse las nalgas mientras rezan, y al mismo tiempo seguir masturbàndose mentalmente pensando en otras nalgas que vieron de camino hacia allà. Hijos de puta.


Saludos Enfermos.