domingo, septiembre 11, 2011

Crónicas de un obeso en rehabilitación, Pt. 4


Pues otra vez ya estoy bien pinche gordo (pasado de bueno, diría una amiga); hace un año tuve esta misma situación, andaba con unos kilos extra, aposté con un par de amigos igual de gordos que yo para ver quién bajaba primero de peso y me los chingué. Esta vez la cosa es masiva: resulta que en la oficina, dado que muchos estamos bien pinches gordos, se armó una madre llamada Gordotón (qué originales con el nombrecito, pero bueh...) en la que todos los que desearan se podían inscribir, previo pago de una cuota de 500 pesitos, para concursar y llevarse la plata de todos los demás. Gana quien baje el mayor porcentaje de su peso en 2 meses; por ejemplo, si yo pesara 100 kilos y bajara 10 seguro me la pelarían todos porque dudo que alguien más vaya a bajar el 10% de su peso.

Me preocupa que la falta de actividad física por tanto tiempo que paso frente a la compu o simplemente por huevón me traiga en un sube y baja con el peso; cuando gané la apuesta del año pasado quedé en 88 kilos, ahora tengo 5 arriba de eso y resulta que debo bajarle a 77. Suena como un buen reto, acostumbrado como estoy a comer garnachas, pastas, un chingo de carne (sin albur, cerdos) y ahora...pocas carnes, muchos vegetales, nada de cerveza (me cago en dios), si quiero pistear deberá ser vodka con agua mineral o quina (si alguien sabe cuál de las 2 es más benéfica para la dieta le agradeceré el dato) en cantidades muy bajas.

Se vienen los festejos del día de la independencia (cosa que me vale un kilo de verga) y el de mi cumpleaños, donde toda esa deliciosa comida llena de calorías tendrá que recibir mi dolorido desprecio y ser sustituida por un menú mucho más saludable; el problema aquí es que cuando no como algo que me gusta, sobre todo cuando no hay carne en mi plato, me pongo de un humor infernal, pero ni hablar, hay que apechugar. La cosa comenzó bien ayer: desayuné una manzana, almorcé caldo de gallina con mollejitas y me comí solo un par de tortillas, hace rato comí huevo con papas, y de cena un tazón tamaño moderado con leche y trigo, además de una manzana. Ahora mismo me estoy cagando de hambre y recuerdo con nostalgia el sabor de la birria y los tacos que me empujé el viernes por la mañana, así que además de una dieta sana creo que necesitaré hacer uso de todo mi poder mental para dejar de añorar esas delicias y conformarme con lo que hay.

Sin embargo, no todo está perdido. La nutrióloga que nos evaluó a todos dijo que tengo una estructura fuerte con tendencia a desarrollar músculo fácilmente, nada más que primero hay que sacarle de encima todo lo que estorba. Esto va a ser como tomar un viejo tanque de guerra, quitarle toda la mierda y el óxido y convertirlo en la poderosa máquina que fue en sus mejores tiempos, con brócoli en una mano y la disciplina a manera de llave de tuercas en la otra. Veamos qué sucede de aquí a 2 meses.





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Saludos Enfermos.

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cintya dijo...

Ouch que feas son las dietas! Echele ganas mi Diablo y va a ver que se va a poner más sabrosón. Vale la pena, además de que te vas a sentir mejor. Fijate que en el trabajo de mi mareado hicieron lo mismo, el fin de este mes dicen quién ganó a niver regional... la magnifica cantidad de 40 MIL PESOS! y de ahi hacen el concurso a nivel empresa con los finalistas regionales y ahi si ya no se de cuanto es el premio, peor está a toda madre! ¿no?
PD: Yo también necesito bajar de peso ¡YA!

{{El Diablo}} dijo...

Que si son feas, no sabes cuánto le he sufrido en estos días para no comer como acostumbro, pero sí, espero que valga la pena para ponerme más buenote y de paso llevarme esa plata. Oye, lo del concurso en la chamba de tu marido está pocamadre, ¡eso es capital y no jaladas! aunque me imagino que allá les debe costar más trabajo por el giro de la empresa. Pues échale ganas al ejercicio tú que tienes chance, ahí luego presumes las fotos de cómo quedaste.


Saludos Enfermos.