lunes, septiembre 05, 2011

Mullidos recuerdos




El sillón de la foto pertenecía, hasta ayer, a la sala que teníamos en casa desde hace como 15 años. Sobrevivió porque me lo donaron para ponerlo en mi recámara (supongo que será mejor opción para trabajar cuando esté allá que hacerlo sentado en la cama, donde cambio de posición cada 5 minutos o menos), igual que el loveseat, el cual de momento está en el pasillo de las recámaras. El que de plano se tuvo que ir por falta de espacio fue el sofá de 3 piezas, por la mañana pasó el camión de la basura y se lo dimos para que se lo llevara; pensamos que simplemente lo subirían al camión y se irían pero no, en lugar de eso lo metieron a la trituradora y pudimos escuchar el crujir de la madera bajo el peso del acero.

Ese mueble guardaba, seguramente, muchos recuerdos de todo tipo. Yo, además del de mi abuela -a quien seguido veía ahí descansando cuando llegaba de la escuela o de jugar basketball los sábados y que seguro mi amigo Joel también recordará cuando llegaba conmigo a casa-, tengo uno muy lindo de una fiesta navideña que hubo en casa hace pocos años: esa noche Gigia nos acompañó y como ya estaba muy entrada la madrugada se quedó a dormir conmigo ahí, en el sofá; recargó su cabeza en mi pecho mientras platicábamos y así nos sorprendió el sueño. En contraparte, nunca faltan los recuerdos que duelen; el mismo recuerdo (para mi feliz) de mi abuela se juntó con el de mi abuelo recostado en ese mismo sofá, el día que el puto cáncer de páncreas lo tumbó por primera vez antes de llevárselo al panteón. La memoria de mi mamá los unió y sus ojos se llenaron de lágrimas que no tardaron en correr, sin dejarnos con dudas respecto a su por qué. No supe qué decirle, yo andaba en un mood no muy apto para darle ánimos a nadie, así que la abracé mientras se desahogaba y un nudo se atoraba en mi garganta; fuera de eso no había nada más por hacer.

Cuánta carga le ponemos a los pobres objetos, los volvemos tan pesados que a la hora de deshacernos de ellos nos cuesta muchísimo, incluso duele. Tantas emociones concentradas en un sofá como en este caso, o en un disco, una playera, cualquier cosa que nos recuerde a alguna persona en especial o que nos haya sido regalada por ella se convierte en un tesoro que guardamos celosamente y contra todo sin importar cuán gastado esté o lo obsoleto que se haya vuelto. Sin embargo, no se puede perder de vista que las cosas son solo eso: cosas, y lo verdaderamente importante es el legado que nos dejan aquellos a quienes hemos amado de antes y aún ahora, esos detalles que se quedan fijos en la memoria y ninguna trituradora ni camión de la basura puede llevarse.



Now Playing: What's up? - 4 non blondes


Saludos Enfermos.

2 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

cintya dijo...

Oh si, cuántos recuerdos pasan por la cabeza cuando vemos, oímos incluso, hasta cuando olemos algo. Es sorprendente que recuerdes con detalle algunas cosas que otras personas ni siquiera se acordaban de eso. Y poco a poco los recuerdos crecen a montones, pero también, se hace más dificil recordar detalles. Al menos a mi me está pasando. Ya no tengo la memoria de hace 10 años :(

{{El Diablo}} dijo...

A veces pasa así, a mi me sucede que recuerdo muchos detalles pequeños pero cosas que quizás podrían resultar más relevantes se me barren. El tiempo no pasa sin dejar factura, definitivamente.


Saludos Enfermos.