domingo, abril 29, 2012

Roger Waters @Foro Sol, 27 de abril de 2012


Lo de Roger Waters el viernes por la noche, simplemente no tuvo nombre.




O bueno, bien pensado sì tuvo: se le puede llamar una ejecuciòn perfecta, limpia, la màs pura manifestaciòn de la esencia de The Wall. Analizar corte por corte serìa insuficiente tomando en cuenta que (asumo) cualquiera de los que encuentren este texto conoce al derecho y al revès no solo la letra de cada una de las piezas que componen esta obra maestra, sino los simbolismos de que està plagada, el cùmulo de emociones que arrastra corte tras corte, lo profundo del significado que puede adquirir a nivel personal, desnudando al escucha, obligàndole a cubrirse como sea.

A mi memoria vienen aquellas madrugadas de sàbado hace años, cuando, de regreso de la farra, llegaba a casa con un six de cervezas en la mano (o una botella de lo que fuera, dependiendo del ànimo) y un chingo de ganas de ver la pelìcula y, trago en mano, me subìa a la montaña rusa, dejàndome llevar por Pink a travès de la soledad, la tristeza, la nostalgia, la rabia (¡cuàntas veces me sentì a punto de hacer lo mismo que èl durante la secuencia de One of my turns!), la euforia, la desesperaciòn, el ensimismamiento, la introspecciòn autodestructiva, la cruda realidad (de alcohol y de saberme, a final de cuentas, solitario). El trayecto del escritorio a la cama no podìa menos que dejarme un sabor en la boca màs amargo que los de la cerveza y las làgrimas juntos.

Ver y escuchar en vivo todo aquello que tantas revoluciones causò (y sigue causando, aunque de manera mucho menos agresiva) en mi interior es algo indescriptible, y no porque me de flojera buscarle adjetivos, sino porque, al contrario, vienen tantos a mi mente que no encuentro uno solo capaz de reflejar al 100% mi sentir. El escenario màs grande que se haya montado en el Foro Sol, engalanado por un elegante muro blanco, sirviò como receptàculo de las emociones de miles de personas que vivimos intensamente esas casi dos horas en compañìa del señor Waters. Chicos diez años menores que yo emocionados a màs no poder mientras coreaban todas y cada una de las rolas sin falta ni falla; niños que vivìan su primer concierto -¡y què concierto!- como mi primo Juanito, que estaba cinco filas adelante de mi en compañìa de su papà; tipos que buscaban impresionar a su prospecto de turno, ignorante totalmente en cuanto a Pink Floyd respecta, pero que de igual forma disfrutò el espectàculo; veteranos que ya exigìan a gritos al profesor de turno que dejara en paz a los niños muchos años antes de que yo tuviera conciencia para acompañarlos en la proclama.

Todos nos entregamos. Fuimos una sola voz cantàndole a la madre castrante, despidièndonos del cielo azul y del mundo cruel, suplicamos al amor que no nos abandonara, nos preguntamos si habìa alguien màs allà afuera; algunos lo encontramos, otros aùn no, pero independientemente de ello, The Wall resulta un encantador y -al mismo tiempo- tenebroso sino digno de recorrerse. Tenìan que haber estado ahì, de verdad debìan estar. Pero si por algùn motivo u otro no tuvieron oportunidad,  aquì tienen lo que se perdieron. El show es tècnicamente el mismo salvo pequeñas variaciones, siendo la màs notoria el Estamos hasta la fucking WTF!! proyectado en el muro durante Another brick in the wall Pt 2. Disfrùtenlo, asì como han gozado la pelìcula y el disco en otras tantas ocasiones. Siempre es un placer.



Now Playing: Is there anybody out there? - Pink Floyd


Saludos Enfermos.

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GAVIOTA dijo...

ouch! borré el comment.
Bueno pues te decía que leyendo tu blog, se conecta un amigo y él está escuchando lo mismo que tu redactaste. Y hace un año o dos no recuerdo bien Roger estuvo allá y tres conocidos fueron y resulta que los tres se expresaron de la misma forma en que tu lo haces ahora.
Yo lo vi en youtube y me emocioné mucho, ahora en vivo...
saludos!!

Saúl Coronado dijo...

Bien poético tu pedo. Ya deberías sacar las chelas para compartirlo en vivo!

vic dijo...

:O

José Miguel Ángeles de León dijo...

Excelente crónica. Buen blog.

{{El Diablo}} dijo...

Gaviota: definitivamente ver a Waters en vivo es otra cosa, no me sorprendde que tus amigos hayan tenido impresiones similares a la mía. El cliché dice que la música une, y esto bien podría ser un claro ejemplo de ello.

Saúl: ya estás we, hay que ir viendo dónde nos queda a medio camino y que se arme la caguamiza.

Vic: sí te cabe. Jaja no es cierto we, la neta yo también me quedé enlelado, es un espectáculo cabroncísimo.

José Miguel: Gracias, tu blog también está bastante bueno.



Saludos Enfermos.

_| u Z dijo...

Mi estimaDo, como ya te había comentado por ahí, es la hora que yo lo sigo digiriendo. Como dices, digno de tantos adjetivos para apenitas acercarse a describir lo puntillosa y monumental que fue simultáneamente esa presentación. Nunca me imaginé verlo en vivo (yo también lloré en un par de rolas; (no diré en cuáles, je).

En este caso, la música fue capaz de unir, sí, pero también de demostrar que el arte es político, y no un mero objeto de ornato. Y todo era tan vigente, pero tan vigente...

La Pared habló todo el tiempo, en varios momentos gritó, y una que otra escupió. Y cada un@ nos llevamos lo que pudimos.

AbraZote de paso.

{{El Diablo}} dijo...

Es que neta, creo que es algo que se asimila poco a poco masticàndolo una y otra vez...no te sorprenda que no seas la ùnica que sigue procesàndolo, es demasiada carga para unos cuantos dìas. No toquè lo de la vigencia de la mùsica de Waters porque casi tenìa la seguridad de que alguien màs lo mencionarìa, y què gusto ver que fuiste tù. A raìz de ese pensamiento, estos ideando un pequeño y muy sencillo proyecto para estos tiempos electorales...ya te estaràs enterando aquì en el blog de què se trata.

Te mando un abrazote igual de grande, de regreso.


Saludos Enfermos.