jueves, mayo 03, 2012

Por sorpresa



Elisa Jàuregui




Al despertar, se dio cuenta de que no estaba solo. Inquieto, se moviò al ver recostada a su lado a una mujer que parecìa descansar plàcidamente. No tardò en reconocerla: era Braulia. Molesto, le preguntò:

–¿Què haces aquì? ¿quièn te dejò entrar?
–¿Que quièn me dejò entrar? pues...tu. Pasamos la noche juntos y ahora finges demencia.
–Mira, niña, reconozco que ayer me emborrachè, pero sè bien lo que hago. Dime còmo es que estàs en mi cuarto. La ùnica que tiene la llave es Concha, la muchacha de la limpieza. Ella te abriò, ¿verdad?

Èl se levantò, la tomò con fuerza del brazo y la sacò de la cama, donde se dejò caer de nuevo, pues aùn se sentìa mareado. Sin ignorar el trato agresivo que recibìa, ella le dijo:

–Bueno, sì, pero què cambio has dado. Anoche me recibiste muy cariñosito.
–No te pases de lista. No me gustan estos juegos. ¡Làrgate!
–Espera, Luis.
–Señor ingeniero para ti, por favor.
–Bueno, señor ingeniero. ¿Què te molesta? ¿que mi padre haya sido tu velador o el color de mi piel?
–No me provoques. Lo que pasa es que no tengo ningùn interès en ti.
–Sè que te tomas tus copitas por una decepciòn.
–Eso es asunto mìo; pero dime, ¿què es lo que quieres conmigo?
–Que nuestra relaciòn sea bonita. Podrìa empezar dicièndote que desde que te vi me gustò tu estatura de gigante y tus canas de muchacho viejo.

Como si no hubiera oìdo, èl preguntò:

–¿Què pretendes?
–Que seas cariñoso, mi querido maridito.
–¡¿Tu què?!
–¿Tan pronto se te olvidò? tengo testigos. Anoche les pediste a Concha y a Marìa que llamaran al juez. Vino y...nos casò.
–Asì que tù planeaste todo. ¿Què quieres? ¿chantajearme?
–No, mi rey, solo te quiero a ti.

La mujer volviò a recostarse en la cama de la cual el hombre saliò al momento. Le daba vueltas la cabeza; quiso servirse una copa de la botella que tenìa en el burò, pero ella, incorporàndose en forma ràpida, se levantò y se la dio.

Con la bebida en la mano, èl saliò de la habitaciòn preguntàndose còmo deshacerse de Braulia, pero por el momento nada màs pudo exclamar:

–¡Carajo! ¡puta madre!



Son causal de divorcio:los hàbitos de juego o embriaguez o el uso indebido y persistente de drogas enervantes, cuando amenazan causar la ruina de la familia, o constituyen un continuo motivo de desavenencia conyugal (Artìculo 267, fracciòn XV, del Còdigo Civil.)




Porque es pecado, no te lo doy; Varios autores, 2005






Now Playing: Sad but true - Metallica


Saludos Enfermos.

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Pancho dijo...

Está hecho, ya te tengo el link en mi blog!

GAVIOTA dijo...

je!
Todo lo que puede hacer un par de copitas, así como hay mujeres truchas también lo hay hombres.
Ojalá que si se pueda deshacer de ella, o ella lo atrape bien.

Saludos

la MaLquEridA dijo...

Lo supo embaucar muy bien.

Buen relato.

Saludos.

mO* dijo...

ya quedó! disculpa la tardanza, estoy de vacaciones :D

{{El Diablo}} dijo...

Pancho: perfecto, ya también tu link está en mi blogroll.

Gaviota: pues parece que el pobre tipo ya se quedó ahí, usualmente el "¡puta madre!" se puede traducir como "estoy jodido y no hay escapatoria".

Malquerida: Así fue...el alcohol y las malas compañías no combinan, definitivamente. Ojalá puedas conseguir el libro, todos los relatos son muy buenos.

mO: No te preocupes, gracias por el intercambio. Disfruta tus vacaciones.



Saludos Enfermos.