lunes, agosto 20, 2012

Malas noticias para Heinz


En Torgau todo el mundo leyó la carta del consejero Berner, y estábamos convencidos de que su hijo se había salvado.

–¡Virgen santa! –exclamó Heide, estupefacto–. ¡Es la primera vez que esto ocurre! ¡Ya puedo decir que estás de suerte, Heinz!

Heinz Berner reía, en el colmo de la dicha. Estábamos sentados en su cama, y la celda rebosaba de alegría.

–Me das la impresión de un resucitado –dijo Porta–. En todo caso, ahora eres un camarada y no un asqueroso oficial. Te llevaremos a "El cerdo mojado".

Sólo El Viejo permanecía escéptico.

–Es demasiado hermoso –dijo cuando nos hubimos marchado de la celda–. No entiendo cómo puede saberlo su padre, si nosotros no tenemos ni la menor noticia. Hubiésemos tenido que recibir el aviso por teletipo.

–En la Legión –dijo Kalb–, vi un caso parecido. Un individuo estaba casi en el piquete, cuando llegaron corriendo con el indulto.

–Es extraño –murmuraba El Viejo–. Aquí hay algo que no entiendo. Sin embargo, no creo que nadie haya tenido la crueldad de gastar una broma.



–¿Apuestas algo? –preguntó Porta.

–¡Tonterías! –exclamó El Viejo–. No apuesto sobre estas cosas.

Fue Barcelona quien trajo la noticia desde Secretaría. Pálido como un muerto, apenas podía articular las palabras.

–Fusilan a Heinz...mañana por la mañana...a las cinco.

–¡Es imposible!

–He visto los papeles –tartamudeaba Barcelona–. Están firmados por el General. El Hauptfeldwebel tiene la hoja azul en su máquina de escribir.

–¡Pobre, pobre chico! –cuchicheó El Viejo–. Será algo horrible.

–Él confía en que mañana le dejen en libertad.

–¿Quién se lo dirá?


–Yo –propuso Hermanito–. Cuando pienso que no podía soportar a esa clase de oficiales...y ahora me da pena. Y esto es algo que no me ocurre a menudo.

–Pero, ahora que lo pienso –dijo Porta–, ¿quién ha de fusilarlo?

–Nosotros –contestó en voz baja Barcelona.

Se alzó un rumor. Barcelona asintió con la cabeza.

–Sí, el primer grupo. Es nuestro turno. Hay otros tres además de Heinz, de modo que toda la sección tendrá trabajo. No hay ninguna probabilidad de que nos sustituyan.

El Legionario se mordía las uñas:

–Entonces, será preciso echarle una mano. Nadie se dará de baja por enfermo, ¿entendido? –sacó de un bolsillo dos cigarrillos de opio y los alargó a Hermanito–. Dale esto. Para facilitar las cosas. Yo voy a ver al sanitario para que le de una inyección más de las que le están permitidas.

–Cuando hagamos la revolución –gruñó Porta–, indultaré a los condenados, y cuando se crean a salvo los ahorcaré.

–Ya se te pasará –dijo El Viejo–. Creeme, no ahorcarás ni a uno.

–Voy a ver a Heinz –dijo Hermanito–. Pero juro que el comisario de policía Mullierwitz, del puesto de la Davidstrasse, será ahorcado por mi personalmente cuando hayamos terminado con esta guerra de Adolf, eso a pesar de todos los Ivanes y los americanos de la Tierra.

–Ve a ver a Heinz, pero hazlo bien –dijo El Viejo.

Hermanito abrió la puerta de la celda y encontró a Heinz leyendo. Se recostó en la pared y echó las llaves encima de la mesa. Berner levantó la cabeza.

–No vendrás a decirme que me dejan en libertad, ¿eh? me siento tan feliz que no consigo comer.

Hermanito le alargó un cigarro. Fumaron en silencio.

–¿Crees que mañana a esta hora me habrán transferido ya a un regimiento disciplinario?

–No –contestó Hermanito–. No lo creo en absoluto.

"Vamos –pensaba contemplando la ventana enrejada para evitar la mirada del prisionero–. Hay que decirlo; hay que hacerlo antes que venga el cura". Examinó la estantería para libros situada encima de la tosca mesa, y después miró fijamente a Berner.

Este, lleno de una alegre expectación, le devolvió la mirada.

–¡Qué extraño eres, Hermanito! Eres el bandido más brutal que he conocido y serías el terror de cualquier burgués, pero Dios sabe lo que se te puede llegar a querer.

–No soy un pobre diablo –gruñó Hermanito–, ni quiero serlo.

–¿Qué te ocurre? –preguntó Berner con sorpresa–. ¿Sucede algo?




Batallón de castigo (Marchbataillon), Sven Hassel, 1962




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Now Playing: Jolene - The White Stripes


Saludos Enfermos.


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GAVIOTA dijo...

HOy, precisamente hoy acabo de entrar a trabajar por fin. Despues de unas ricas y largas vacaciones el trabajo está mega abundante pero igual lo que leí se ve que está bueno.
Saludos!

{{El Diablo}} dijo...

Te entiendo, yo tengo un montón de libros descargados, en físico y en el cel que no he podido leer gracias al exceso de trabajo. Pero ya tendremos oportunidad, de eso no hay duda.


Saludos Enfermos.