domingo, agosto 12, 2012

Metallica @Palacio de los Deportes, 6 de Agosto de 2012


No tenía planeado asistir al concierto de Metallica el lunes pasado. Una amiga que vive en Mérida me comentó hace unas semanas que su novio tenía un boleto en pista y no podría venir, así que me lo ofrecía; rehusé amablemente porque tenía solo uno y yo andaba cazando el par para lanzarme con Gigia a cualquiera de las fechas que abrieron en Crap City (y por las cuales cancelaron shows en Guadalajara y Monterrey según tengo entendido...qué culeros, luego por qué no quieren a los defeños en otras ciudades). Lo mismo pasó con el hermano de un compañero del trabajo, andaba vendiendo un boleto y no lo tomé por idéntica causa (y no, no eran del mismo día ambos boletos, de haber sido así sin dudarlo los hubiera comprado). Así las cosas, me había resignado a perdérmelo hasta que, a mediados de la semana pasada, Gigia me llamó por teléfono diciéndome:

-Oye, tengo algo para ti, quería que fuera sorpresa pero te lo voy a tener que decir...te conseguí un boleto para Metallica, solo es uno, y tienes que escoger entre este jueves y el próximo lunes

Me quedé helado cuando me lo dijo, por la sorpresa (que al final logró consumar, a pesar del anuncio adelantado). No lo esperaba, me tomó totalmente desprevenido que comprara un solo boleto y me lo diera a sabiendas de que no podía acompañarme. Aunque el regalo me halagó sobremanera, intenté negarme porque...¿cómo ir yo solo, sin ella, cuando ha sido mi compañera en todos y cada uno de los conciertos de este año?

-No me digas eso, por favor- me respondió.

Pasaron los días, y el lunes nos vimos cerca de su trabajo para que me entregara el boleto antes de tomar camino al Palacio de los Deportes. Llevaba escasos cinco minutos esperando cuando la vi llegar; sonriente, me abrazó, me besó y me entregó el boleto. Para mi buena fortuna compartiríamos un pedacito del trayecto en metro, yo en dirección al Domo de cobre y ella dirigiéndose a casa. Caminamos juntos por el andén, con mi brazo pasando por encima de sus hombros y el suyo rodeando mi cintura; me besó y dijo:

-Perdona por no conseguir un lugar mejor, es que ya no había boletos de pista

-Por favor no digas eso, ¡ya hiciste mucho!

Se veía preciosa vestida toda de negro, con su cabello castaño bien peinado y sus ojotes tan expresivos como siempre. Quise extender el placer de su compañía un poco más, postergar al máximo el momento de abordar el tren y verla salir de él en la estación siguiente mientras yo debía recorrer unas cuantas más. Le pedí que se quedara un poquito, que abordáramos el siguiente; después, el siguiente. Abordamos el tercero en pasar, mi brazo rodeándola durante los dos minutos que dura el traslado entre estaciones mientras la otra mano se aferra al tubo más cercano para sostenernos. Nos miramos, nos besamos por enésima vez; el tren reduce su marcha antes de abrir las puertas y dejarla ir, muy a mi pesar.

-No me quiero ir- le dije.

-No digas eso, ¡piensa bonito! disfruta el concierto- me respondió, mirándome y regalándome una sonrisa de ese modo en que solo ella puede.

Un nuevo beso y un "te amo" apenas musitado precedieron su salida del tren y el cierre de puertas. A través de la ventanilla nos despedimos con la mano, mientras aquellas cinco letras se dibujaban nuevamente en los labios, junto a las sonrisas. Avanza el tren. La pierdo de vista y su lugar lo ocupan las lágrimas que, aunque pugnan por escapar, no resisten mi fuerza de voluntad y se quedan donde están, apenas asomándose tímidamente.

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Camino entre los puestos de "memorabilia alternativa" con los audífonos puestos y las manos en los bolsillos. Curioseo entre las sudaderas, camisetas, posters, tazas, vasos tequileros y demás souvenirs bucaneros. ¿Otro motivo para extrañar a Gigia? soy malo para diagnosticar la calidad de impresión del estampado en las playeras; usualmente yo elijo el diseño y ella me dice "llévatelo" o "el estampado está pinchísimo". Con todo, me las ingenié para elegir una cuya calidad no me pareció tan mala justo antes de que los puestos se levantaran más rápido de lo que uno se tira un pedo después de comer habas enchiladas, al parecer porque la vendimia no era muy bien vista por alguien.

Recorro el camino hacia la entrada del Domo de cobre. Son las 19:45, me quedo afuera fumando para matar el tiempo; tres morros se me acercan y me piden que les tome una fotografía mientras hacen la sagrada señal de los cuernos y ponen cara de malos. Agradecen y se van. Una pareja se acerca, la chica pone la mejor sonrisa que puede y me pide lo mismo que la tercia anterior; le devuelvo la sonrisa y tomo un par de fotos. "Mr. Forever Alone le gusta a la banda para fotógrafo", pienso mientras me río y termino mi cigarro. Me largo adentro, o mi buena onda empezará a costar diez pesos la foto.

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Mi trasero aterriza en el asiento 6 de la fila J de la sección E9. A mi izquierda hay una pareja de novios, a mi derecha un par de amigos que, mientras esperan a que Metallica salga al escenario, gritan estupidez y media (inofensiva, pero estupidez al fin) para desfogar su intensidad. Mi vaso de cerveza se vacía peligrosamente, espero un buen rato para ir por otra. A mitad de la segunda se me antoja un cigarro; veo columnas de humo subir en varios puntos de la grada y enciendo uno. El chico de vigilancia sube a mi lugar y me pide que lo apague; le digo que sí con cara de "en cuanto se apaguen las luces y empiece el concierto, quiero que vengas a decirme lo mismo". Una banda de power metal (de la que no recuerdo el nombre, ni quiero) que hace de telonera me mata de aburrimiento, voy por otra cerveza e inevitablemente me llega la meona. La cerveza es la peor enemiga de la vejiga, eso lo sabe todo bebedor que se precie de cierta experiencia. Sin embargo, el calor hace que esa sencilla regla me valga madres y ni modo, ahora hay que ir por segunda vez al baño, donde por suerte no había fila...y donde me sorprende el inicio del concierto con el señor cara de haba en la mano. Vaya costumbre la mía de tener hora y media disponibles para ir a mear cuantas veces me naciera de la uretra, y terminar haciéndolo en el momento menos oportuno. Me apuro como puedo y regreso corriendo a mi lugar.

Si hay un cliché que encaja perfecto aquí, es el de "clásicos que hicieron vibrar a la multitud congregada". Sin embargo, en aras de sacar un poco de encima la etiqueta de nostalgia barata que estas palabras brindan al texto, las vibraciones fueron una explosión de adrenalina cabronamente intensa. ¡Al diablo si vengo solo! en las gradas no podemos hacer slam, pero todos los presentes levantamos el brazo con el anular y el índice extendidos, hacemos headbanging, coreamos rabiosamente las rolas que nos han dado una energía descomunal cuando la hemos requerido (maldito lunes por la mañana, Enter Sandman siempre te hace más llevadero cuando suena como alarma de mi celular). Los dos metaleros gritones de mi derecha están ahora callados y hasta sentados, extasiados por lo que quizás sea una de las experiencias más orgásmicas de su vida. Tres chicas un par de filas arriba gritan como posesas, sacuden sus melenas y las tetas bailan al ritmo de los riffs que salen de las guitarras de Hetfield y Hammett.

Todo el lugar ruge extasiado, convertido (literalmente) en una bola de metal ardiendo. Poco importan la hora y cuarto que tardó el cuarteto angelino en salir a escena, o la pésima acústica tan característica (casi legendaria, se podría decir) del Palacio de los Deportes. La oportunidad de escuchar Creeping death, One, From whom the bell tolls, Fuel, Ride the lightning, Enter Sandman, The memory remains, Battery, Master of puppets, Wherever I may roam, Sad but true (posiblemente mi rola favorita de ellos) en vivo y siendo golpeados por los putazotes de calor que despedía el espectáculo pleno de fuego, explosiones y luces bien valió la pena. ¿Una probadita?





Y así se veía el infierno desde mi cámara en modo fotográfico:




Ya sa la saben, más fotos (que salieron medio pinches, pero ya saben que siempre traigo al menos un par) dando clic aquí.


Salí de ahí con el pantalón y la playera hechos chicle por el sudor, agotado y ronco (me di cuenta de eso último al decirle a una chica "cuidado" cuando estaba a punto de doblarse el tobillo y alcancé a sostenerla por el brazo con un tono de voz muy similar al de José José en sus mejores tiempos de beodo). Al otro día había que ir a trabajar, y poco me importó; el fuego y la energía absorbidos la noche del lunes me dieron suficiente combustible para toda la semana.




Now Playing: A huevo - Lost Acapulco


Saludos Enfermos.


4 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

GAVIOTA dijo...

OOOOOOOrales!!
que buena crónica, que tiernecillo te lees con lo de tu chica,pero que buenísima onda la de ella de dejarte ir solo a sabiendas que juntos tal vez la habrían pasado mejor. Mis respetillos.
Ah!
Todo estuvo mega bueno, que bien que hayas podido ir y disfrutado al máximo esos momentos de enorme felicidad.
Saludos!

Sucio Vagabundo dijo...

Excelente crónica y excelente regalo :D

vic dijo...

rayadoteeeeeeee!!!!

{{El Diablo}} dijo...

Gaviota: ¡Gracias! y así es...la verdad fue un detallazo, no es exageración lo de que casi se me saltan las lágrimas.

Sucio Vagabundo: Gracias, y sí, ese regalo me hizo la semana entera.

Vic: Efectivamente compadre.



Saludos Enfermos.