jueves, octubre 18, 2012

Comadronas en el frente


La queja, semejante a la de una bestia herida, salía de unos matorrales que contemplábamos con terror.

–¡Salid, hatajo de bandidos! ¡O si no, disparo! –gritó Porta, enarbolando su metralleta.

–Espera –dijo Alte–. Esa clase de quejido no puede ser muy peligroso.

Se deslizó por entre los matorrales, lanzó una exclamación y nos llamó. Tendida en el suelo, una joven cuyo cuerpo estaba tenso como un arco, nos miraba con el rostro muy pálido.

–¿Tiene un balazo en el vientre? –preguntó Porta a Alte que se había arrodillado junto a la mujer.

–¡Claro que no, estúpido!

El Legionario lanzó un largo silbido.

–Bueno, bonitos estamos para hacer de comadronas.

–¿Qué? –gritó Porta, mirando a El Legionario como si este le hubiera anunciado que la guerra terminaría a mediodía.

–¿Qué, nos convertimos en una maternidad? –rezongó Hermanito–. Siempre he oído que un hombre no debía ver esas cosas, teniendo en cuenta que le darían asco y que esto podría hacer que las putas perdieran dinero.

–Déjanos en paz –dijo Alte despectivamente.

La mujer gimió de nuevo y se retorció de dolor. Alte dio varias órdenes rápidas.

–Tú, hombre del desierto, quédate conmigo. Porta, ve a buscar un cubo con agua y jabón. Sven, enciende fuego a toda velocidad, y tú Hermanito, trae dos pedazos de cordel de treinta centímetros de longitud cada uno.

–¿No es mala suerte? ¡interrumpir una partida de dados para hacer de comadrona! no querrás que...

Un grito profundo de la mujer le interrumpió.

–¡Válgame Dios! –gritó–. Y se precipitó para cumplir la orden de Alte. Colocaron a la mujer sobre un pedazo de tela de tienda y, con gran sorpresa por parte de Hermanito, Alte nos ordenó que nos laváramos las manos. Los dolores se hacían más frecuentes. Pálidos, seguíamos este acontecimiento completamente nuevo para nosotros. Hermanito empezó a despotricar contra el padre ausente.

–¡Qué cochino! ¡Dejar sola a una pobre mujer y en un estado así!

Alte echó los dos pedazos de cordel y el cuchillo en el agua hirviente.

–¿Por qué cueces el cuchillo? –preguntó Porta.

–¿Es que no lo comprendes? –dijo Alte, que temblaba de nerviosismo.

Empezó el nacimiento. La aparición de la cabeza nos arrancó un gemido, como si fuésemos nosotros los que díesemos a luz.

–¡Has de hacer algo! –gritaron a la vez Hermanito y Porta mirando a Alte.

–Es posible que muera –dijo El Legionario–. ¿Y qué será entonces del pequeño? No tenemos leche para él.

–Sois unos cretinos –les dijo Alte– Para hacer el amor sois unos hachas, pero para ayudar a un bebé a venir al mundo, ya no queda nadie.

Mientras cogía suavemente la cabeza del niño y ayudaba a extraerlo, El Legionario apretaba las manos de la mujer que, en sus dolores, le clavaba profundamente las uñas en la carne.

–¡Apriueta! –gimió–. Por lo menos, así te aliviarás.

El bebé nació en medio de blasfemias y gritos. Alte, muy pálido, se irguió, metió un dedo en la boca del recién nacido para quitarle las mucosidades, y después, cogiéndole por las piernas, lo sostuvo boca abajo y le dio un golpecito en el trasero. En el mismo momento, un violento puñetazo de Hermanito envió a Alte a rodar por el suelo.

–¡Es una vergüenza pegar a un pequeñín así! –gritó Hermanito–. ¡No te ha hecho nada!

–¡Válgame Dios! –dijo Alte, levantándose–. ¿No comprendes que es para hacerle llorar?

–¿Que llore? –repitió el gigante–. ¡Sólo faltaría esto! ¡Ya te haré llorar yo, sádico!

Agitaba los puños, pero los otros se lanzaron sobre él. Alte, empapado de sudor, cortó el cordón y lo anudó; después empezó a lavar al bebé y, con un pedazo de camisa, fabricó una faja umbilical...






Los Panzers de la muerte (Doden pa larvefodder), Sven Hassel, 1958




¿Quieren saber en qué terminó el alumbramiento? pues ya nos la pelamos tropa, porque el sitio de donde bajaba las versiones para smartphone ya tronó y no encontré ningún link de descarga para leer en la computadora. Cuando no se puede nomás no se puede, así que mi sugerencia es que vayan a la librería más cercana que tengan (de preferencia las de usado, luego están mucho mejor surtidas), busquen el libro y se lo chuten completito. Además, creo que sería un justo homenaje para el buen Sven, que colgó los tenis el pasado 21 de septiembre (y yo ni por enterado de que había muerto uno de mis autores favoritos, gracias a la condenada carga de trabajo). Ojalá lo consigan, y si es el caso y les gusta, acá dejo su bibliografía completa para que se lleven todo el chiquipack:



  • La legión de los condenados (1953) 
  • Los panzers de la muerte (1958, y hay película que data de 1988) 
  • Camaradas del frente (1960) 
  • Batallón de castigo (1962) 
  • Monte Cassino (1963) 
  • Gestapo (1963) 
  • ¡Liquidad París! (1967) 
  • General SS (1969) 
  • Comando Reichsfürer Himmler (1971) 
  • Los vi morir (1975) 
  • La ruta sangrienta (1977) 
  • Ejecución (1979) 
  • Prisión GPU (1981) 
  • El comisario (1985) 


Ojalá los encuentren, tengan chance de hacerse con ellos y me platiquen qué les parecieron. Por lo pronto, a buscar un nuevo sitio de descargas para el cel, y si no, por lo menos enlaces para que la bandita pueda leer en formato digital.

NOTA: Me quedé con la curiosidad de que ePUB no jalaba anoche y, ya que estoy en la oficina, entré a curiosear. La página funciona normalmente, aunque los libros de Sven Hassel siguen sin estar disponibles para descarga. De todos modos dense un roll por allá, puede que encuentren algo que les guste.





Now Playing: Rock superstar - Cypress Hill


Saludos Enfermos.


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la MaLquEridA dijo...

Ahhhhh me quede pensando que pasaría con el bebe, lastima que ya no nos lo pudiste decir, en fin.



Cuidate

cintya dijo...

Osea que nos dejaste con la intriga!!! Bueno habrá que buscar el libro.

{{El Diablo}} dijo...

Malquerida: Ahora sì les quedo mal, no encontrè el libro en versiòn
digital...pero como decìa, ojalà te haya picado lo suficiente la curiosidad como para buscarlo y comprarlo.

Cintya: Esa es la idea mi estimada, jeje.



Saludos Enfermos.