martes, octubre 09, 2012

When I'm 29


Hace un par de fines de semana cumpli 29 años. Pese a que no me siento avejentado, deprimido o todo eso que le pasa a la gente segùn se me ha contado cuando està cercana a cerrar las tres primeras dècadas de su vida, sì he estado muy pensativo al respecto y, de hecho, por eso (y por la carga de trabajo, para variar) no ha habido actividad en el blog durante estas dos últimas semanas.

El hecho es que mi vida no se parece en nada a lo que hubiera imaginado hace unos diez años. Si viajara al pasado y le preguntara a mi yo diecinueveañero, barroso y todavìa màs calenturiento que el yo actual, seguramente responderìa que estarìa casado, con uno o dos hijos, una casa, un coche (y posiblemente esclavizado para pagar ambas cosas); los objetivos de todo clasemediero que empieza a buscar trabajo y sentir algunas monedas en el bolsillo. No es que estè mal, es solo que las cosas se han dado de un modo muy diferente...y puedo decir que no me arrepiento de nada.

Mi proceder, eso sì, se cuece aparte: la etiquetas Impulsivo, Explosivo, Temperamental, que siempre me han parecido geniales como directrices de mi vida, empiezan a pasarle factura a mi conciencia. No es que haya hecho cosas demasiado malas o graves; es solo que los años me han dotado paulatinamente de cierta prudencia al menos en teorìa y al voltear hacia atràs, ver la cantidad industrial de estupideces que he cometido (de unas me alegro, de otras no tanto) y que sigo metièndome en problemas gracias a la cara intempestiva de mi naturaleza, no puedo evitar pensar què sucederìa, què serìa de mi vida en este momento si la vertiente frìa y calculadora casi reptiliana que tambièn ha tenido prolongados lapsos de dominio sobre mi, hubiera tenido durante màs tiempo el rol principal.

Si dos facetas tan diametralmente opuestas tienen origen dentro del mismo cerebro y ademàs de chocar entre sì –por su propia naturaleza, màs que porque me causen conflictos al convivir una con otra– son incapaces de ponerse de acuerdo y salir cada cual cuando deberìa sin estarse switcheando (¿hora de hacer una declaraciòn amorosa? ah, pues aquì viene Daniel/Icebox a analizar hasta tres veces las palabras adecuadas antes de soltarlas...¿hora de manejar el stress laboral? adivina: ya llegò Daniel/TNT con su encantadora y diplomàtica personalidad a solucionarlo todo), habría que sumarle el factor de que me encanta el trago...y ya todos sabemos cómo es la cosa cuando los vapores del vino se adueñan de la mente.

Si me preguntara a mi mismo cómo voy a solucionar todo eso –que insisto, no es que esté del todo mal, pero no me hace completamente feliz–, seguramente no sabrìa què decir en concreto. Desde que empecé a escribir este post (¡la semana pasada!) hasta este momento, he seguido dándole vueltas en la cabeza al asunto, una y otra vez, como si jugara con una bizarra variante de cubo Rubik; podrìa decir que dejarè el alcohol, pero la verdad es que no haré tal cosa porque me encanta (aunque sí tendré que alejarme de mi amigo el pomo por un par de meses, ya contaré en el siguiente post el motivo). Podrìa decir tambièn que buscarè equilibrio y paz interior asistido por terceros, pero no soy la clase de tipo que se enrolla en cosas espirituales y deja que las palabras de otros sometan a su fuego interno, además de que –según se me ha dicho con cierta insistencia en las últimas semanas– mi ego es demasiado grande para dejarse domar. Ponerme la rienda no es una tarea nada sencilla, y el mejor testigo de ello es...mi mamá (jajaja).

Quizás al final, por más impetuoso que resulta mi carácter, termina –si no por sometimiento sí por cuestiones de autoanálisis– cediendo la iniciativa al lado analítico, intrincado, el que juega con los mil y un posibles escenarios antes de mostrar algún sentimiento o cualquier otra cosa que salga de mi sistema límbico. Quizás solo sea que así funciono, o quizás lo único que necesito –en palabras del gran John Lennon, aprovechando que llevo todo el día escuchando su música a manera de minúsculo pero sentidísimo homenaje a su onomástico– es apagar mi mente, relajarme y dejarme llevar...







Now Playing: You know my name - The Beatles


Saludos Enfermos.


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cintya dijo...

Creo que esa canción es himno de vida, ya sabes lo que pienso de ella!! Y es lo mejor que puedes hacer, déjate llevar y relaaaajate :P

PAZ! dijo...

Pues si las cosas no están del todo mal y además no hay nada de qué arrepentirse demasiado, ya la llevas de gane.

La etapa pensativa por la que pasas al acercarte a la treintena la pasamos todos. Cuando más nos acercamos a la cuarentena se repite e imagino que así sucesivamente.

No es malo. Es normal. Just relax :)

GAVIOTA dijo...

Chill out my friend!!
A long stage to take decisions!
Maybe you want settled down.
jiji

Gerardo Grouch dijo...

yo quisiera tener 29 otra vez, snif

saludos we

{{El Diablo}} dijo...

Cintya: Definitivamente, es un pequeño manual de qué hacer cuando tu cerebro empieza a ponerse demasiado intrincado.

Paz: Ok, me iré haciendo a la idea entonces...cada diez años, a reflexionar. ¡Pero neta cada diez! que luego me da por hacerlo año con año, jeje.

Gaviota: Not yet! hehe...I've got too much energy!

Gerardo: Yo quisiera tener 19 otra vez.



Saludos Enfermos.