miércoles, octubre 31, 2012

Alebrijes Monumentales 2012


Dentro de las actividades que nunca me pierdo en estas fechas en que recordamos a nuestros muertitos (y de pasada, nuestras tradiciones), el sábado por la mañana andábamos Gigia y yo recorriendo Paseo de la Reforma y admirando la colección de alebrijes de este año. A decir de ella no estaban tan bien hechos como en ocasiones anteriores, aunque hubo muchos que a mi me latieron bastante.

La atmósfera fue simplemente perfecta: el aire frío de la avenida producido por los autos al pasar y los rayos de sol filtrándose entre las copas de los árboles me hicieron recordar esas mañanas de mi infancia y pubertad en que no tenía que preocuparme por los pendientes de la oficina, sino concretarme en disfrutar del día de paseo; además, encontramos el corredor entre el Angel de la Independencia y la Diana Cazadora con muy poco flujo de visitantes, pese a que eran casi las diez de la mañana cuando empezamos el recorrido. Échenle un vistazo a lo que encontramos ahí:


Ya se la saben, para ver el resto de las imágenes basta con dar clic en este enlace.


Estos fantásticos seres continuarán habitando la avenida más guapa de la ciudad hasta el domingo 4 de noviembre, así que espero que alguien de los que se hayan tomado el tiempo de echarle un vistazo a las fotos se antoje y vaya a saludarlos. Vale la pena invertir un par de horas al aire libre disfrutando un poco de nuestra cultura, además de la buena compañía de las personas que amamos.




Now Playing: Ballrog boogie - Diablo Swing Orchestra


Saludos Enfermos.


lunes, octubre 29, 2012

Dos años


Hace dos años empezó una etapa de mi vida en la que ha habido muchos cambios. El 29 de octubre del 2010 mi camino se cruzó (por segunda vez) con el de alguien que, desde entonces y en un lento pero constante día a día, ha tomado una relevancia cada vez mayor dentro de mi cotidianeidad, mi manera de ver las cosas, mis comportamientos, actitudes, tendencias. Algunos de esos cambios han sido sencillos y me he adaptado a ellos como si nada; otros me han costado mucho trabajo porque solía estar acostumbrado a hacer lo que se me antojara cuando me diera la gana sin necesidad ni obligación de rendirle cuentas a nadie o de siquiera dar una explicación. El hecho es que, pese a que nadie dijo que sería sencillo mantener una relación seria y formal, no me arrepiento de nada de lo que he hecho, entregado o como se le quiera llamar.

Nada puede ser siempre como miel sobre hojuelas; con tanto tiempo juntos (yo digo "tanto tiempo" porque nunca antes había estado con alguien más allá de unos cuantos meses consecutivos) las fricciones, roces, discusiones y demás bemoles que una relación de pareja conlleva surgen inevitablemente, y con ellas, el ego que busca siempre tener la razón, siempre decir la última palabra, siempre imponer su voluntad sobre la persona que está enfrente y a quien muchas veces lastima a manera de mecanismo de defensa, para no salir lastimado él primero o cuando menos no ser el único. Tonto, ¡estúpido ego! si supieras (o entendieras, porque bien lo sabes pero te gusta hacer el tonto) que la única cosa que queda por hacer es dejarse de pendejadas y mirar hacia el otro lado.

El sàbado vi a mi jefe casarse. Estuve en la misa (aunque me cagan las iglesias, pero bueh, estuvo bien para reafirmar el por què las religiones me dan asco) y le escuchè decir sus votos con una vehemencia estremecedora. Siendo una persona en cierto modo parca, seca, escucharle hablar de esa manera me dejò pensando en cuàn enamorado puede estar un hombre como para dejar salir su emociòn asì, sin aspavientos, simplemente dejàndose llevar por lo que trae dentro. Creo que a veces una palabra sencilla, una mirada hacia el lado opuesto del ego, las sonrisas, los abrazos, los momentos bonitos, las noches juntos, los paseos dentro de la ciudad y fuera de ella en cualquier fin de semana, los te amo dichos de esa manera especial que no se puede describir en un blog, pero seguramente quien los haya tenido con la persona especial que comparte sus días seguro entiende de qué hablo; todo eso significa tanto màs que cualquier palabra rimbombante de amor. Las manos tomadas, los dedos entrelazados, el aprendizaje mutuo,  las conversaciones profundas que solo se tienen con alguien de la entera confianza, con alguien a quien se le permite el acceso a lo más recóndito de la personalidad sin miedo ni preocupación, porque esa persona se ha ganado ya, y de sobra, el derecho a estar ahí donde nadie más puede.

Lo último que podría decir de estos dos años es que han sido aburridos; lo primero, que definitivamente quiero más. A estas alturas del partido las promesas sobran y quedan fuera de lugar, dejando paso a los hechos que habrán de demostrar que todas las palabras tienen forma, más que de un hermoso castillo construido en el aire, de firmes cimientos que se convertirán, con el transcurso de otros dos, tres, cuatro, N años, en la base de lo más trascendente y bello que podrìa sucederme en esta vida. Solo hay que seguir averiguando còmo ir paso a paso.






Now Playing: Hole in the sky - Pantera


Saludos Enfermos.


sábado, octubre 27, 2012

Ofrenda a Xavier Guerrero


Hace unas horas fui al Museo Casa y Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo (sí, todo eso se llama) para ver la ofrenda en honor a Xavier Guerrero. Fui medio a ciegas porque no tenía el gusto de conocer nada respecto al señor Guerrero, pero al tratarse de un lugar referente a Diego y Frida y siendo admirador del Día de Muertos y toda la tradición que implica, la idea me gustó desde el principio. Además de la ofrenda, el motivo del evento era la premiación a los ganadores de un concurso de calaveras literarias organizado por el museo, así que asistí esperando una velada amena, entretenida y colorida bajo la atmósfera de la luz de las velas.

La verdad...fue una noche bastante floja. Siento que hizo falta más decoración, más ambiente; había un pequeño sendero formado con hojas de flor de cempasúchitl y veladoras que atrapaba la atención del visitante, dirigiéndole hacia la ofrenda. Una mesa con los premios para los ganadores del concurso ya mencionado: un diploma y un pan de muerto para cada uno. En otra mesa, más pan de muerto y leche con chocolate en bricks para los asistentes; al momento de la premiación, el ganador del primer lugar tuvo el privilegio de pasar a leer su calaverita frente a los asistentes (quizás seríamos unas veinte personas entre curiosos, fotógrafos y personal administrativo del museo), aunque los demás no tuvieron oportunidad de lo mismo y pasaron al frente únicamente a recoger su diploma y su pan. Más allá de eso, se nos hizo la atenta invitación para visitar de nueva cuenta el museo a partir del 15 de noviembre, fecha en que se abrirá una exposición de la obra de Xavier Guerrero.

Por cierto, en plena ceremonia de inauguración supe, por fin, quién es este caballero. Resulta ser, ni más ni menos, que un colaborador muy cercano de Diego Rivera; originario de Coahuila, trabajó al lado del maestro de los ojos saltones en los trabajos muralistas del Antiguo Colegio de San Ildefonso, razón lo suficientemente poderosa como para asistir a la cita y conocer el trabajo de este (para mi hasta ese momento) desconocido artista. Ya estaré trayendo fotos, pero mientras llego el momento, dejo las poquitas que coseché el día de ayer.


Ya se la saben, una de muestra y las demás dando clic en este enlace.




Now Playing: The glory of love - Peter Cetera


Saludos Enfermos.


martes, octubre 23, 2012

Omsk


–Cuatrojos... –dijo a Andrès una niñita que jugaba al luche en la acera, y siguiò jugando.

Un segundo despuès de decirle cuatrojos, la muchacha se habìa olvidado de èl para siempre, jamàs en toda su vida iba a recordarlo. Ese segundo en que su atenciòn lo señalò como individuo en medio de la gente no dejarìa la menor huella en esa niña, que màs tarde serìa madre, y despuès, abuela. Ahora, seguìa jugando al luche. Andrès era un transeùnte, nada màs, solo entre esas gentes, pero igual a ellas. Mirò la calle. Los faroles se encendieron. Un hombre fumaba apoyado en el marco de una puerta y una mujer regaba begonias en una ventana. Las casas eran bajas, sin estilo arquitectònico que identificara naciòn ni època, albergando vidas iguales a las de cualquier calle, en cualquier època del mundo.

Entonces, el terror del tiempo y del espacio rozò a Andrès, remecièndolo. Le flaquearon las piernas y su frente transpirò con el miedo de los seres que necesitan saber y que no comprenden el por què de las cosas. Allì mismo, en esa dulce esquina anochecida, dolorosamente despierto, iba a caer en el abismo al final del puente, en el espanto de la situaciòn en que todo es igual a nada. Pero un segundo antes de abandonarse y dar el salto que lo iba a suspender o precipitar, surgiò en Andrès un destello de instinto de conservaciòn que le impidiò caer en la locura de exigirse instantàneamente y allì mismo una respuesta fundamental. Y ese destello tuvo la forma de una frase irònica:

–Todo esto es igual como si fuera en...en...–tratò de pensar en el sitio màs apartado y exòtico de la tierra–, igual como si fuera en Omsk, por ejemplo, y toda esta gente fuera omskiana...

Riò con el nombre atrabiliario.

¡Y claro esta calle y esta gente eran exactamente iguales que si fueran de Omsk! Con la risa lo invadiò un gran descanso, como si cada uno de sus mùsculos y de sus cèlulas, cada pieza de su organismo, fuera nueva y funcionara a la perfecciòn. Vio a la gente y a las cosas dàndose la mano a travès de los siglos y los kilòmetros; ya no existìan diferencias que los hicieran objeto de pànico, porque todos los omskianos, y èl entre ellos, vivìan un destino comùn. Eran todos ciegos...pero ciegos juntos e iguales en medio del desconcierto, un desconcierto que podìa transformarse en orden si uno se conformaba con ser incapaz por naturaleza de llegar a la verdad, y no se martirizaba con responsabilidades y preguntas carentes de respuestas. Los compromisos no existìan. La materia, atrapada en el fenòmeno de la vida, aguardaba agotarse. Nada màs. ¿Valìa la pena, por lo tanto, desear saber, inquietarse por preguntar y exigir, por crear y procrear, acudir a filòsofos, sabios, poetas y novelistas en busca de soluciones? ¿Còmo era posible ser tan pueril como Carlos Gros y creer que la ciencia lo solucionarìa todo, que mediante ella es posible llegar a concluir el puente, a cruzar ese espacio en que todos caen? ¿No veìa que la ciencia, como las filosofìas y las religiones, parte de una fe, desde el misterio de la calle anochecida, de estas vidas, de Omsk? lo ùnico que no era misterio era saberse existiendo...despuès la muerte, y entonces ya nada tenìa importancia porque todo caìa màs allà de la experiencia. Èl vivìa, Andrès Abalos, nacido donde y cuàndo naciò y entre la gente que naciò. Eso era Omsk. Tal como la señora que regaba las flores en la ventana habìa nacido donde y cuando y en el medio en el que naciò. Rebelarse, tratar de dar un significado a la vida, hacer algo, tener cualquier fe con la cual intentar traspasar el lìmite de lo actual, era estùpido, pretencioso, pueril, y màs que nada lo eran los compromisos y las responsabilidades. Lo ùnico razonable era la aceptaciòn muda e inactiva. ¿Le gustaba leer historia de Francia? Leerìa historia de Francia. ¿Le gustaba pasear en las tardes por las calles tranquilas? Pasearìa.

Andrès sintiò por primera vez que sus pobres pies pisaban terreno firme, que lograba saltar desde el extremo del puente hasta la orilla lejana. Para otros, sentir lo que èl acababa de sentir quizà resultara un poo negro de angustia. Para èl, sin embargo, era la justificaciòn de no hacer nada, de no aventurarse a nada, la liberaciòn completa de todo compromiso con la vida. La niña jugaba al luche. Casas con dos ventanas y una puerta. Un hombre fumando en una esquina mientras una comadre reìa. Èl, Andrès Abalos, no era màs que uno de ellos, un caminante solitario en un punto cualquiera, en un momento cualquiera del universo.

Andrès encendiò un cigarrillo. Caminò unas cuadras màs por el mundo maravillosamente fàcil y despejado. Despuès tomò un tranvìa y se fue a su casa.






Coronaciòn, Josè Donoso, 1957




Otro excelente libro del cual no encontrè link para compartir y que lo pudieran disfrutar en formato digital, asì que la recomendaciòn es la misma de la vez pasada: corran a su librerìa de usado màs cercana, còmprenlo e imagìnense rodeados de la alta alcurnia chilena de mediados del siglo pasado.




Now Playing: Karma police - Radiohead


Saludos Enfermos.


domingo, octubre 21, 2012

El robotito de mamà


El domingo pasado mi mamà me acompañò a comprar mi nuevo celular. De hecho fuimos juntos porque hizo favor de prestarme su tarjeta de El Palacio de Hierro para sacarlo ahì a mensualidades y no tener que desembolsar toda la plata de un jalòn.

Caminàbamos sobre una calle del centro, no recuerdo cuàl (nunca logro ubicarme en el centro por los nombres de las calles, siempre lo hago por señas) hacia la tienda, cuando algo llamò su atenciòn. Un chico con una mesita vendìa juguetes sobre la banqueta. Los tenìa sobre la mesa, ademàs de en una bolsa negra y grande con bastante màs mercancìa, que iba sacando conforme la venta prosperaba, y hacìa bailar a sus muñequitos, llamando la atenciòn de los paseantes. El truco funcionò con mi mamà; se quedò encantada con este robotito que bailaba al darle cuerda:




Se quedò un rato pensando si lo compraba, hasta que por fin se decidiò. Sacò quince pesos de su monedero, pagò y lo guardò en su bolsa, mientras decìa "està bonito, me gusta para que se entretengan los chamacos" (no supe en principio de què chamacos hablaba porque ya todos trabajamos y estamos bien peludos, pero me encanta que siga vièndonos como sus niños). Enseguida pensè que me atontè, debì pagar el robotito (¡quince pesos hombre!), pero no tenìa efectivo en ese momento; como sea, despuès se dio la oportunidad de tener un detalle con ella invitàndole un Sidral Mundet, que tanto le gusta. Luego hicimos lo que fuimos a hacer al centro y regresamos a casa.

Cuando llegamos y nos sentamos a descansar en el sofà, sacò su robot de la bolsa, le dio cuerda y lo puso sobre una de las mesitas de la sala. Parecìa una niña chiquita, le daba cuerda nuevamente y lo ponìa a bailar, asì unas cuantas veces màs. De verdad se estaba divirtiendo; me dieron muchas ganas de abrazarla, pero la verdad es que verla disfrutar algo asì de pequeño y simple me enterneciò tanto que supe que si lo hacìa terminarìa llorando y no querìa eso.

Al final, ver asì a mamà me hizo pensar en lo tonto que se vuelve uno a veces cuando pierde algùn bien material y lo primero que le viene a la mente es el costo del mismo y lo difìcil que resulta a veces recuperarse y hacer una nueva compra (como con mi celular), y en lo simples que pueden llegar a ser las cosas que hacen felices a las personas. Me acordè de mi abuelita materna, originaria de Oaxaca, quien alguna vez contò que, cuando niña, la onda era tener una muñeca hecha con trapo y hojas secas de tamal y eso le hacìa muy feliz. Me quedo pensando tambièn en cuàntas veces me he prometido a mi mismo tener màs detalles para con mi familia, y por X o Y razòn no lo he cumplido con la frecuencia que quisiera; lo ùnico por hacer es retomar esa promesa y cumplirla dentro de lo posible, antes de que se haga tarde y despuès, ¿para què llevar flores a un pedazo de cemento que no podrà disfrutar su aroma ni apreciar sus colores? no hay nada como el aquì y el ahora.

En fin...es domingo por la noche, un mal momento para ponernos pensativos; suficiente hay con saber que mañana es lunes (ñaca ñaca). Asì que pasando del mood reflexivo y yèndonos a algo bastante màs banal para despedir el fin de semana riendo, el robotito de mi mamà me recordò un video que encontrè hace tiempo navegando por ahì. Vean nada màs:





Jajajajaja aaaah, què mamadas...bueno, ya. ¡Buen inicio de semana a todos!




Now Watching: Steelers at Bengals


Saludos Enfermos.


jueves, octubre 18, 2012

Comadronas en el frente


La queja, semejante a la de una bestia herida, salía de unos matorrales que contemplábamos con terror.

–¡Salid, hatajo de bandidos! ¡O si no, disparo! –gritó Porta, enarbolando su metralleta.

–Espera –dijo Alte–. Esa clase de quejido no puede ser muy peligroso.

Se deslizó por entre los matorrales, lanzó una exclamación y nos llamó. Tendida en el suelo, una joven cuyo cuerpo estaba tenso como un arco, nos miraba con el rostro muy pálido.

–¿Tiene un balazo en el vientre? –preguntó Porta a Alte que se había arrodillado junto a la mujer.

–¡Claro que no, estúpido!

El Legionario lanzó un largo silbido.

–Bueno, bonitos estamos para hacer de comadronas.

–¿Qué? –gritó Porta, mirando a El Legionario como si este le hubiera anunciado que la guerra terminaría a mediodía.

–¿Qué, nos convertimos en una maternidad? –rezongó Hermanito–. Siempre he oído que un hombre no debía ver esas cosas, teniendo en cuenta que le darían asco y que esto podría hacer que las putas perdieran dinero.

–Déjanos en paz –dijo Alte despectivamente.

La mujer gimió de nuevo y se retorció de dolor. Alte dio varias órdenes rápidas.

–Tú, hombre del desierto, quédate conmigo. Porta, ve a buscar un cubo con agua y jabón. Sven, enciende fuego a toda velocidad, y tú Hermanito, trae dos pedazos de cordel de treinta centímetros de longitud cada uno.

–¿No es mala suerte? ¡interrumpir una partida de dados para hacer de comadrona! no querrás que...

Un grito profundo de la mujer le interrumpió.

–¡Válgame Dios! –gritó–. Y se precipitó para cumplir la orden de Alte. Colocaron a la mujer sobre un pedazo de tela de tienda y, con gran sorpresa por parte de Hermanito, Alte nos ordenó que nos laváramos las manos. Los dolores se hacían más frecuentes. Pálidos, seguíamos este acontecimiento completamente nuevo para nosotros. Hermanito empezó a despotricar contra el padre ausente.

–¡Qué cochino! ¡Dejar sola a una pobre mujer y en un estado así!

Alte echó los dos pedazos de cordel y el cuchillo en el agua hirviente.

–¿Por qué cueces el cuchillo? –preguntó Porta.

–¿Es que no lo comprendes? –dijo Alte, que temblaba de nerviosismo.

Empezó el nacimiento. La aparición de la cabeza nos arrancó un gemido, como si fuésemos nosotros los que díesemos a luz.

–¡Has de hacer algo! –gritaron a la vez Hermanito y Porta mirando a Alte.

–Es posible que muera –dijo El Legionario–. ¿Y qué será entonces del pequeño? No tenemos leche para él.

–Sois unos cretinos –les dijo Alte– Para hacer el amor sois unos hachas, pero para ayudar a un bebé a venir al mundo, ya no queda nadie.

Mientras cogía suavemente la cabeza del niño y ayudaba a extraerlo, El Legionario apretaba las manos de la mujer que, en sus dolores, le clavaba profundamente las uñas en la carne.

–¡Apriueta! –gimió–. Por lo menos, así te aliviarás.

El bebé nació en medio de blasfemias y gritos. Alte, muy pálido, se irguió, metió un dedo en la boca del recién nacido para quitarle las mucosidades, y después, cogiéndole por las piernas, lo sostuvo boca abajo y le dio un golpecito en el trasero. En el mismo momento, un violento puñetazo de Hermanito envió a Alte a rodar por el suelo.

–¡Es una vergüenza pegar a un pequeñín así! –gritó Hermanito–. ¡No te ha hecho nada!

–¡Válgame Dios! –dijo Alte, levantándose–. ¿No comprendes que es para hacerle llorar?

–¿Que llore? –repitió el gigante–. ¡Sólo faltaría esto! ¡Ya te haré llorar yo, sádico!

Agitaba los puños, pero los otros se lanzaron sobre él. Alte, empapado de sudor, cortó el cordón y lo anudó; después empezó a lavar al bebé y, con un pedazo de camisa, fabricó una faja umbilical...






Los Panzers de la muerte (Doden pa larvefodder), Sven Hassel, 1958




¿Quieren saber en qué terminó el alumbramiento? pues ya nos la pelamos tropa, porque el sitio de donde bajaba las versiones para smartphone ya tronó y no encontré ningún link de descarga para leer en la computadora. Cuando no se puede nomás no se puede, así que mi sugerencia es que vayan a la librería más cercana que tengan (de preferencia las de usado, luego están mucho mejor surtidas), busquen el libro y se lo chuten completito. Además, creo que sería un justo homenaje para el buen Sven, que colgó los tenis el pasado 21 de septiembre (y yo ni por enterado de que había muerto uno de mis autores favoritos, gracias a la condenada carga de trabajo). Ojalá lo consigan, y si es el caso y les gusta, acá dejo su bibliografía completa para que se lleven todo el chiquipack:



  • La legión de los condenados (1953) 
  • Los panzers de la muerte (1958, y hay película que data de 1988) 
  • Camaradas del frente (1960) 
  • Batallón de castigo (1962) 
  • Monte Cassino (1963) 
  • Gestapo (1963) 
  • ¡Liquidad París! (1967) 
  • General SS (1969) 
  • Comando Reichsfürer Himmler (1971) 
  • Los vi morir (1975) 
  • La ruta sangrienta (1977) 
  • Ejecución (1979) 
  • Prisión GPU (1981) 
  • El comisario (1985) 


Ojalá los encuentren, tengan chance de hacerse con ellos y me platiquen qué les parecieron. Por lo pronto, a buscar un nuevo sitio de descargas para el cel, y si no, por lo menos enlaces para que la bandita pueda leer en formato digital.

NOTA: Me quedé con la curiosidad de que ePUB no jalaba anoche y, ya que estoy en la oficina, entré a curiosear. La página funciona normalmente, aunque los libros de Sven Hassel siguen sin estar disponibles para descarga. De todos modos dense un roll por allá, puede que encuentren algo que les guste.





Now Playing: Rock superstar - Cypress Hill


Saludos Enfermos.


lunes, octubre 15, 2012

Maldita rata hija de puta


El viernes me pasò algo muy, muy culero.

Resulta que iba en el Metrobùs camino a ver una obra de teatro en compañìa de Gigia. El camioncito estaba hasta su madre de lleno, asì que tuvimos que abrirnos espacio y entrar como sardinas en una lata. Entre empujones, estar cuidando que no la golpearan, evitar que nos sacaran del bus y demás maromas que uno tiene que hacer en el transporte público de esta capital, no sentí cuando me sacaron de la bolsa del pantalón el celular (un LG Optimus 2X que tenía desde hacía pocos meses) y una cierta cantidad de dinero; de la mochila, una cámara fotográfica que era mucho más que eso, era un regalo muy especial que recibí en Navidad. Los bolsillos del pantalón que tenía ese día son bastante profundos, y sumando eso a que siempre me he jactado de ser muy sensible y sentir cuando algo se mueve dentro de ellos, ni siquiera me enteré cuando la chingadera pasó.

Para cuando llegamos a la estación más cercana al teatro, ya no traía nada. Me enteré cuando quise ver la hora para ver cómo íbamos de tiempo y mi reacción no fue para menos: puños apretados, cuerpo tenso, corazón latiendo como burro sin mecate y ojos inyectados en sangre (según me dijo Gigia) quien, después de mucho rato, logró calmarme (cuando me abrazó sentí que las piernas se me hacían como de trapo) y después de consolarme por un buen rato sentados en una banca sobre Paseo de la Reforma, fuimos a casa.

Cuando llegué y sentí el abrazo de mi mamá (que estaba toda preocupada, aunque mi tono de voz era bastante tranquilo cuando le avisé lo que había sucedido), el apoyo de mi familia, de mi cuñado, las palabras reconfortantes de mis amigos, pues...no me sentí mucho mejor porque seguía emputadísimo, pero en el transcurso de este par de días he asimilado en gran medida las cosas que me dijeron y que, definitivamente, son muy ciertas. Por ejemplo, que afortunadamente no fue robo con violencia. De haber sido así, y conociéndome, hubiera sido capaz de darle con la laptop en la cara al imbécil (y me hubiera endeudado porque no es mi compu, sino la de la oficina). Y es que tengo un severo problema: nunca he sabido quedarme quieto cuando alguien se pasa o intenta pasarse de listo conmigo. Ya sea en el momento o después, siempre busco el ajuste de cuentas. Siempre. Me queda la sensación de que de nada sirve tanto cuidarme, evitar lugares o situaciones riesgosas, nunca tomar taxis en la calle a menos que su matrícula comience con A o B y aún así preferir los servicios de un coche de sitio. Peor se raspó mi ego sabiendo que llevo ocho meses practicando muay thai y que hubiera deseado la oportunidad de hacerle pagar el precio a la rata; lo humillado que me sentí al no poder defender lo que era mío. 

Puedo tomar este tipo de cosas a la mala o a la no tan mala (iba a decir "a la buena", pero no creo que haya tal). El hecho es que, dentro de lo malo, siempre hay algo que rescatar. El apoyo de mis seres queridos en algo que, siendo honestos, no es tan grave como otras cosas que le pasan a la gente, se sintió muy intensamente y ayudó a que el ánimo no decayera más de lo que ya lo había hecho. Me ayudó a pensar en que la vida de la mayoría de las personas que se dedican a eso es, casi por regla, más triste de lo que uno se pueda imaginar. Ese tipo de gente, los que necesitan tomar las pertenencias de los demás, quizás no tengan un mañana asegurado; quizás la plata que me sustrajeron les sirva para llevarse un taco a la boca durante algunos días, quizás la cámara la malbaraten al revenderla, quizás el celular les sirva de supositorio porque ya bloquee la línea y el gadget o, en todo caso, quizás tengan que gastar cien pesos para que alguien les haga favor de crackearlo, y yo me sentiré feliz al pensar que esos cien pesos eran, originalmente, los que utilizarían para comer ese día.




Yo no soy un tipo con plata, vamos, ni siquiera pertenezco a la clase media alta (¿todavía existen esas clases? ¿la media baja, media alta, etcétera? ¿o será que ya este país se divide únicamente en pudientes y jodidos?), pero tengo un empleo que, si bien a veces me saca canas verdes, es fuente de un determinado capital que me permite ciertos lujos, además de los gastos obligatorios que la vida de cualquier hombre joven y soltero conlleva. La plata llegará nuevamente dentro de quince días. La cámara realmente me dolió, pero, pensando a manera de consuelo, cuando la recibí venía acompañada de algo mucho más importante aún a pesar de su sencillez. Tengo un celular nuevo, ligeramente mejorcito que el anterior, así que al final...la rata me la pela a dos manos. Tengo una vida valiosa, gente alrededor a quienes les importo, me quieren, me apoyan. ¿Qué tiene el ladrón, además de las pertenencias que se llevó y que poco le han de durar después de venderlas para tener algo que comer? no hay ni siquiera punto de comparación.

Sin embargo, no es la mía una postura de resignación y conformismo. ¿Quién sabe? es posible que el próximo que intente algo se lleve una muy desagradable sorpresa.




Now Watching: Broncos at Chargers


Saludos Enfermos.


martes, octubre 09, 2012

When I'm 29


Hace un par de fines de semana cumpli 29 años. Pese a que no me siento avejentado, deprimido o todo eso que le pasa a la gente segùn se me ha contado cuando està cercana a cerrar las tres primeras dècadas de su vida, sì he estado muy pensativo al respecto y, de hecho, por eso (y por la carga de trabajo, para variar) no ha habido actividad en el blog durante estas dos últimas semanas.

El hecho es que mi vida no se parece en nada a lo que hubiera imaginado hace unos diez años. Si viajara al pasado y le preguntara a mi yo diecinueveañero, barroso y todavìa màs calenturiento que el yo actual, seguramente responderìa que estarìa casado, con uno o dos hijos, una casa, un coche (y posiblemente esclavizado para pagar ambas cosas); los objetivos de todo clasemediero que empieza a buscar trabajo y sentir algunas monedas en el bolsillo. No es que estè mal, es solo que las cosas se han dado de un modo muy diferente...y puedo decir que no me arrepiento de nada.

Mi proceder, eso sì, se cuece aparte: la etiquetas Impulsivo, Explosivo, Temperamental, que siempre me han parecido geniales como directrices de mi vida, empiezan a pasarle factura a mi conciencia. No es que haya hecho cosas demasiado malas o graves; es solo que los años me han dotado paulatinamente de cierta prudencia al menos en teorìa y al voltear hacia atràs, ver la cantidad industrial de estupideces que he cometido (de unas me alegro, de otras no tanto) y que sigo metièndome en problemas gracias a la cara intempestiva de mi naturaleza, no puedo evitar pensar què sucederìa, què serìa de mi vida en este momento si la vertiente frìa y calculadora casi reptiliana que tambièn ha tenido prolongados lapsos de dominio sobre mi, hubiera tenido durante màs tiempo el rol principal.

Si dos facetas tan diametralmente opuestas tienen origen dentro del mismo cerebro y ademàs de chocar entre sì –por su propia naturaleza, màs que porque me causen conflictos al convivir una con otra– son incapaces de ponerse de acuerdo y salir cada cual cuando deberìa sin estarse switcheando (¿hora de hacer una declaraciòn amorosa? ah, pues aquì viene Daniel/Icebox a analizar hasta tres veces las palabras adecuadas antes de soltarlas...¿hora de manejar el stress laboral? adivina: ya llegò Daniel/TNT con su encantadora y diplomàtica personalidad a solucionarlo todo), habría que sumarle el factor de que me encanta el trago...y ya todos sabemos cómo es la cosa cuando los vapores del vino se adueñan de la mente.

Si me preguntara a mi mismo cómo voy a solucionar todo eso –que insisto, no es que esté del todo mal, pero no me hace completamente feliz–, seguramente no sabrìa què decir en concreto. Desde que empecé a escribir este post (¡la semana pasada!) hasta este momento, he seguido dándole vueltas en la cabeza al asunto, una y otra vez, como si jugara con una bizarra variante de cubo Rubik; podrìa decir que dejarè el alcohol, pero la verdad es que no haré tal cosa porque me encanta (aunque sí tendré que alejarme de mi amigo el pomo por un par de meses, ya contaré en el siguiente post el motivo). Podrìa decir tambièn que buscarè equilibrio y paz interior asistido por terceros, pero no soy la clase de tipo que se enrolla en cosas espirituales y deja que las palabras de otros sometan a su fuego interno, además de que –según se me ha dicho con cierta insistencia en las últimas semanas– mi ego es demasiado grande para dejarse domar. Ponerme la rienda no es una tarea nada sencilla, y el mejor testigo de ello es...mi mamá (jajaja).

Quizás al final, por más impetuoso que resulta mi carácter, termina –si no por sometimiento sí por cuestiones de autoanálisis– cediendo la iniciativa al lado analítico, intrincado, el que juega con los mil y un posibles escenarios antes de mostrar algún sentimiento o cualquier otra cosa que salga de mi sistema límbico. Quizás solo sea que así funciono, o quizás lo único que necesito –en palabras del gran John Lennon, aprovechando que llevo todo el día escuchando su música a manera de minúsculo pero sentidísimo homenaje a su onomástico– es apagar mi mente, relajarme y dejarme llevar...







Now Playing: You know my name - The Beatles


Saludos Enfermos.