lunes, enero 14, 2013

Bronco domado


Y volvió a pasar. Por segunda semana consecutiva, los recabroncísimos y terriblemente inspirados Ravens dejaron fuera de la contienda por el trofeo Vince Lombardi al otro equipo de mis amores. Lo del sábado por la tarde empezó pareciendo sencillo con una devolución de despeje hasta la zona de anotación rival por parte de Trindon Holliday. Siete puntos de ventaja antes de que Peyton Manning entrara siquiera al emparrillado daban mucho para emocionarse y pensar que el juego sería como coser y cantar.

Sin embargo, la motivación que traen los dirigidos por John Harbaugh debido a que Ray Lewis está en su última temporada y la pornográfica cantidad de errores cometidos por los Broncos dieron a las cosas dimensiones épicas. Un pase rebotado en las manos de Erick Decker (dejemos de lado que Graham le estaba jalando un brazo, lo cual debió marcarse como castigo) que se convirtió en el touchdown del desempate; un gol de campo fallado por Matt Prater casi al término de la primera mitad que pudo significar la ventaja momentánea y, a la postre, hubiera evitado el empate que prevaleció en los cuatro cuartos y llevó a la instancia del tiempo extra. Champ Bailey dejando claro que ya no es el mismo de hace un par de temporadas con la manera en que Joe Flacco y Torrey Smith lo deshicieron durante todo el juego y en general, la defensiva secundaria que nunca tuvo forma de contrarrestar al QB rival, quien dicho sea de paso, me sorprendió gratamente al comportarse como un jugador de élite y no como el ya merito que había sido en temporadas anteriores. Por varios momentos llegué a pensar (y me entristece admitirlo, pero así fue) que había intercambiado personalidades con Manning.

Peyton el perfeccionista, el que a través de quince temporadas como profesional e incluso una como colegial me ha hecho vibrar y emocionarme como ninguno, falló a la hora buena. Pudo haber terminado las cosas en el cuarto periodo teniendo un touchdown de ventaja y segundos por jugar; solo necesitaba mover a la ofensiva una yarda más para conseguir el primer down y terminarse lo poco que quedaba en el reloj. Sin embargo, el muro blanco que tuvo enfrente se lo impidió. Instantes después, otro quemón a la secundaria equina por medio de un pase de 70 yardas de Flacco a Jones cambió la historia forzando al tiempo extra...y bueno, ya todos sabemos lo que pasó: gracias a la segunda intercepción clave de Graham, ésta en el quinto periodo, el récord negativo de Manning en playoffs jugados con temperaturas bajas se extiende un juego más, un año más.

Como aficionado, estas cosas duelen. No me importa haber perdido dos botellas ante igual cantidad de compas, ni el desayuno de hoy y una salida a pistear con una amiga; lo verdaderamente rasposo del asunto es que el final de la carrera de uno de los más impresionantes jugadores que he visto en veinte años de seguir la NFL se acerca peligrosamente y, aunque estadísticamente es una maravilla, él mismo no termina de hacer justicia a su grandeza. Tiene el liderazgo, el corazón, la técnica, el libro de jugadas tatuado en el cerebro, la capacidad de hacer que sus fans lo sigamos de Indianapolis a Denver sin importarnos que el corazón se nos ponga de dos colores. Lo único que necesita es coronarse una vez más como campeón y lucir el segundo anillo de Superbowl en sus dedos. Una vez más. ¿Habrá tiempo para ello?







Now Playing: Shoot to thrill - AC/DC


Saludos Enfermos.


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GAVIOTA dijo...

orales!! Ásí o mas fansotote.
jejje
Que bueno que te divertiste.

{{El Diablo}} dijo...

¡Y lo que falta! las finales estarán de lujo, no me las perdería por nada del mundo.


Saludos Enfermos.