miércoles, febrero 06, 2013

El amor que vuela y no se queda


Ayer a la hora de la cena tuve una plática familiar que me dejó pensando en ciertas situaciones. Fue de esas en que la conversación inicial siempre deriva en pinchemil cosas distintas, y repentinamente llegó el tema del matrimonio.

Me acordé de los tiempos (no tan lejanos, en realidad) en que deseaba con un chingo de ganas formar una familia; quería tener uno, no, mejor dos...dos niños, dos varoncitos a los cuales educar (o morir en el intento) para crecer y ser verdaderos hombres, con todo lo que eso implica: desde el respeto por la mujer hasta cómo ganar una competencia de ver quién orina más lejos. Naturalmente, quería (o quiero, pues, que eso de hacer el tonto no va) una madre para esos hijos: una mujer que me haga sentir pleno, que me complemente, que entienda mi obsesión con la NFL (es más, ¡si le gusta, mejor!), que me enseñe cosas nuevas, que rete a mis ganas de aprender y conocer, que me de cada día un motivo, por pequeño que este sea, para enamorarme otro poquito de ella. Que diario (o bueno, cada tercer día tampoco estaría mal) me coja con unas ganas cabroncísimas y siempre quiera más...y un larguísimo etcétera que no viene al caso aquí, porque ya me estoy proyectando muy cabrón.

El punto es que no recuerdo exactamente en qué momento esas ganas de tener mujer e hijos se atascaron en el fango del realismo pesimista. No me tiro para que me recojan (sin albur), es solo que terminar una relación de dos años y un mes a la que le puse todo mi empeño porque me di cuenta —sin culpar de todo a la otra persona ni absorber el total del deducible yo mismo— de que al final no iba a funcionar, me deja mucho en qué pensar. Quizás el amor no es eterno, o ni siquiera tan duradero como se nos ha dicho; tal vez no sea necesario llegar a la instancia en que las diferencias entre ambos se vuelven abismales, ninguno de los dos disfrute lo que hace por mantener viva esa relación y a la postre todo termine mal. Tal vez simplemente se acaba y ya, como todo en esta vida, y mal hacemos en no dejar fluir a las cosas, personas y situaciones sobre su propio cauce. Ante ese escenario, ya no digamos la idea del matrimonio, sino la búsqueda de alguien afín para tales menesteres, me hace reafirmarme en la premisa de que es mejor vivir el día a día y construir bloque por bloque, si es que algo he de edificar de la mano de alguien. Sin ilusiones ni pretensiones, sin dejar que esa parte del cerebro a la que le encanta averiarse en las situaciones más inoportunas descargue su torrente de pajaritos que vuelan y cantan sobre nubes rosas. Sin perder de vista que, a veces a la menor provocación, el amor vuela a todas partes.







Now Playing: Love flies everywhere (Amor volat) - Ray Manzarek


Saludos Enfermos.


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GAVIOTA dijo...

woooooooooooooooow!!
Esto si que es toda una declaración de un corazón ávido de amor y cosas por lograr. Pues a echarle ganitas, tal vez tengas a la correcta en frente de ti y ni cuenta te has dado.
Debo decirte que solo tienes que darte una oportunidad para volver a amar.
A echarle ganas, mushashio!!

Anónimo dijo...

Sublime expresión de un caballero con el corazón en la mano... Lo ame!!

Gerardo Grouch dijo...

Una vez leí que el matrimonio es un error que se debe cometer al menos una vez en la vida...

Yo nunca me he casado pero si viví con una chica durante un tiempo y créeme, fué una de las etapas más chingonas de mi vida, lo malo es que si no funciona, el putazo suele ser muy, muy pinche doloroso.

Debido a esto y a muchas otras razones más que no vienen al caso, -en lo personal- no me declaro muy fan del matrimonio, creo que es mejor primero convivir un rato con aquella persona que has elegido y si la relación funciona ¡adelante!

A fin de cuentas, creo que nadie necesitamos un papel para saber que estamos haciendo lo correcto.

A veces el camino que uno evita, es el que nos conduce a nuestro destino -Kung Fu Panda-

¡saludos!

{{El Diablo}} dijo...

Gaviota: claro, no me tiro al drama ni reniego de que esas cosas puedan suceder, solo que, como ya hemos platicado en privado, me toma un tiempito estabilizarme. Pero de que se me antoja, se me antoja.

Anònimo: Me halagas con eso de "caballero", sin falsa modestia, a veces soy un cabronazo y por lo mismo pocas personas se dan cuenta (o les permito darse cuenta) de que tambièn tengo mi corazoncito.

Gerardo: Totalmente de acuerdo contigo. A veces el precipitarnos
nos puede hacer cometer errores de juicio, errores que, al final, no solo paga uno sino tambièn la otra persona y sin merecerlo. La cosa es mantenerse ecuànime, objetivo antes de tomar una decisiòn...aunque sè que cuesta mucho trabajo.


Saludos Enfermos.

Diana. dijo...

Estoy de acuerdo contigo.

Saludos.


P.D. Perdón por apenas comentar pero es que la vida de fuera me andaba comiendo.

Saludos.

{{El Diablo}} dijo...

Diana, no te preocupes, creeme que las últimas semanas he estado igual que tú. Espero leer algo tuyo pronto.


Saludos Enfermos.