sábado, marzo 23, 2013

El Padre, el hijo, el espìritu atormentado por el stress


La Ciudad de Mèxico jamàs habìa sido tan peligrosa.

Siempre hubo ladrones de poca monta, carteristas, asaltantes cobardes de cuchillito, narcomenudeo. Sin embargo, de un breve tiempo al presente, la tètrica moda de asesinar mujeres, proveniente de Ciudad Juàrez y del Estado de Mèxico, parecìa estar en boga en la capital.

Primero fueron unos cuantos cerdos cobardes acechando a las mujeres -usualmente jòvenes, aunque jamàs le hacìan el feo a una vìctima entrada en años- en los rincones que la noche les regalaba para agazaparse y emboscar desde ahì a sus vìctimas. Despuès, los grupos pequeños del inicio se robustecieron, alimentàndose...

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Intentaba escribir finamente una pesadilla que tuve hace tiempo, harà un mes aproximadamente, cuando empecè a trabajar con mi nuevo cliente y toda mi vida se volviò un puto torbellino implacable de pendientes, màs trabajo, un poco de sexo para escapar de la realidad y luego...màs trabajo. Querìa plasmarlo bonito, pero honestamente, estoy demasiado cansado y ebrio como para dar la tesitura correcta a mis palabras. Asì que como va:

El otro dìa soñè que habìa un montòn de culeros aplicando la de Ciudad Juàrez, matando a las mujeres de la Ciudad de Mèxico. De repente aparecìa un montòn de hijos de la rechingada afuera de la ventana de mi casa mientras mi mamà, mi papà, mis dos hermanas y yo almorzàbamos. Los muy hijos de puta rompìan los cristales, entraban, y mi papà y yo los repelìamos como podìamos mientras las mujeres de la casa se ponìan a resguardo, por indicaciòn nuestra. Yo repartìa puños, patadas, rodillazos, codazos a màs no poder. El viejo, como podìa, repartìa cachazos y puños. Mi hombro lesionado no me permitìa asestar la potencia desmadradora que caracteriza usualmente a mis golpes; entonces, mi papà acudìa al rescate con un escopetazo limpio y a la cara del hijo de puta al que yo no habìa podido matar. Luego le encajè al cabròn mi hacha enmedio del cràneo, solo por demostrar que yo tenìa tantos huevos como mi señor padre. Despuès de ver su cerebro escurrir, mi padre no me felicitò; se limitò a decirme: "sàcale eso del cràneo a ese tipo, porque vienen màs".

Nunca supe què pasò despuès, en el sueño. Quizàs nos aniquilaron, o quizàs mi padre y yo eramos como dos generaciones juntas (pero con cabello) de Bruce Willis en Die hard. El hecho es que, aùn dentro del sueño, percibì mi vulnerabilidad; me di cuenta de la debilidad de mi brazo, otrora potente como una maldita ametralladora, y de la manera en que mi padre acudiò en mi auxilio y me hizo sentir protegido, amado, a salvo; como si me susurrara: "niño, mi hijo, mediràs diez centìmetros màs que yo y tendràs màs mùsculos, pero siempre seràs mi retoño". Moraleja para mi: no importa què tan hecha mierda estè tu vida o què tan feroz sea la voràgine: siempre habrà alguien que te ama, dispuesto a sostenerte y hacerte sentir que puedes contra lo que sea.

Por otra parte, eso me recuerda otro sueño que tuve. Lo platico en el siguiente post, pero mientras, dejo como pista la rola que inspirò tal pachequez:






A la mierda, me largo a dormir.




Now Playing: Someone's in the wolf - Queens of the Stone Age


Saludos Enfermos.



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Gerardo Grouch dijo...

¡Págame!

GAVIOTA dijo...

Le debes algo a Gerardo?
Es más lo conoces?
mhh!!
ya no entendí!
Saludos!

{{El Diablo}} dijo...

Gerardo: El departamento de quejas està en Facebook.

Gaviota: Personalmente no he tenido el gusto. Respondiendo a lo otro, traemos una apuesta pendiente que por angas o mangas no he tenido tiempo de saldar, pero mañana serà el dìa.


Saludos Enfermos.