martes, abril 30, 2013

Ajuste de cuentas en el túnel


El touareg, con las manos tras la nuca, hizo una indicación y retrocedió hacia donde se le indicaba, tropezando y cayendo sobre los rieles en su premura por obedecer. Giordino giró sobre sus talones y, cautelosamente, siguió por el oscuro tunel que se abría ante él, esperando a cada paso una ráfaga de ametralladora.

Reinaba un silencio mortal, solo roto por el sonido de sus pisadas sobre las traviesas. Por dos veces se detuvo, pues todos sus sentidos lo alertaban de la inminencia del peligro. Llegó a un recodo de la galería y se detuvo. Al fondo brillaba una luz tenue. También se percibía una sombra y el sonido de rocas contra rocas. De uno de los múltiples bolsillos de su uniforme de combate sacó un pequeño espejo de señales y lo deslizó más allá de uno de los puntales.

Al final del túnel, Melika trabajaba febrilmente, amontonando rocas para formar un falso fondo en qué ocultarse. Estaba vuelta de espaldas a Giordino, si bien a más de diez metros y con una ametralladora a su alcance apoyada contra la pared de la mina. Melika trabajaba sin tomar precaución alguna, confiando en el guardia que Giordino acababa de desarmar. El italiano podía plantarse en mitad del túnel y abatirla a balazos antes de que ella advirtiese su presencia; pero sus planes no incluían una muerte rápida.

Dobló el recodo y fue hacia Melika a paso de lobo. Cualquier sonido que su avance pudiera producir quedaba ahogado por el ruido de las rocas que iban siendo presurosamente amontonadas por la negra. Cuando llegó lo bastante cerca, el hombre cogió la ametralladora apoyada en la pared y la arrojó hacia atrás por encima del hombro.

Melika se dio la vuelta, tardó un par de segundos en asimilar la situación, y luego embistió contra Giordino blandiendo aún su mortífero látigo. Desgraciadamente para ella, el elemento sorpresa no existía. Giordino ni pestañeó. Con una máscara de fría implacabilidad pintada en el rostro, apretó el gatillo tranquilamente y le voló las rodillas a la mujer.





Sahara, Clive Cussler, 1992



¿Quieren saber cómo le fue a la pobrecita de Melika, y sobre todo, por qué el cabronazo de Giordino le hizo lo que le hizo? vayan a ePub, un website chingoncísimo que me roló mi amigo Mike, del cual pueden descargar miles de libros para leer en sus smartphones. Es tan sencillo como instalar este Torrent en la compu para tener acceso a los libros, después conseguir en Google Play (vía smartphone, para que sea más de volada) una aplicación llamada GO Book, transferir los libros de la computadora al celular, y listo. Horas y horas de edificante entretenimiento en la palma de la mano. El link para Sahara está aquí; denle una checadita y luego me platican qué les pareció.




Now Playing: Hear you me - Jimmy Eat World


Saludos Enfermos.


2 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

GAVIOTA dijo...

Como siempre me dejas en ascuas, jajajja
saludos!!

Daniel Mendez dijo...

Y nomás porque no encontré el libro en PDF pa' la compu, si no te hubiera quitado la curiosidad.


Saludos Enfermos.