domingo, abril 07, 2013

Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque: Primer reencuentro


La semana pasada estuve de vacaciones en Guadalajara. Fue una visita radicalmente diferente a todas las que había hecho, empezando porque retomé la agradable costumbre de viajar solo. Me perdí, busqué ayuda para orientarme, caminé hasta que me salieron ampollas en los pies (desde el primer día...malditos Panam poco resistentes). Redescubrí lugares que vi por vez primera hace cinco años, cuando mi novia tapatía de aquel entonces me traía para todos lados en coche; tuve la oportunidad de recorrerlos a detalle, apreciarlos más de cerca, entrar en ellos, sentir de nuevo la caricia de la cantera -que tanto me gusta- en las palmas de mis manos; el aire frío que aliviaba el calor endemoniado cortesía del intenso sol tapatío.

Estuvo simplemente genial, pese a que en realidad recorrí muy poco. El primer día, después de un breve descanso, un bañito y un riquísimo tejuino para alivianar la cruda, fui a comer con una amiga a quien por fin tuve el gustazo de conocer en persona y que tuvo la amabilidad de recomendarme, al final de nuestro encuentro, una visita al Parián de Tlaquepaque; dirigí mis pasos hacia allá y, sinceramente, me enamoré de lo que vi. No traje fotos porque ya era un poco tarde y quería tomar fotos con buena luz; planeaba regresar a la mañana siguiente, pero terminé decidiendo que esa visita merece, por lo menos, un fin de semana completo. Aún así, no me perdí de una rica nieve de yerbabuena y un agua de lima nada más para ir prendiendo el antojo de regresar por allá.

Día dos: almorcé acompañado de una bella chica a quien recién conocí y que me cautivó con esos ojazos indiscutiblemente tapatíos que se carga. El tiempo vuela cuando se está en excelente compañía, así que ese día no hubo para mucho paseo.

Entré por primera vez al Palacio de Gobierno de Guadalajara;



Fotos, aquí.


Visité, como cada que ando por allá, la Catedral Metropolitana (único edificio de carácter religioso en, quizás, todo el país, que no me dan ganas de volar con dinamita debido a su belleza arquitectónica);



Fotos, aquí.


La Rotonda de los Jaliscienses Ilustres (a la que más adelante, espero pronto, dedicaré un post especial);



Fotos, aquí.


Y luego de regreso al hotel, no sin antes pasar a cenar al corredor que da la bienvenida a Zapopan pasando su precioso arco de bienvenida.



Fotos, aquí.


La comida jalisciense es una cosa irresistible. los lonches bañados, el pozole de camarones (a propósito de la semana santa, ya que los tapatíos son tan tradicionalistas en ese sentido), la capirotada, ¡la birria! ¡recién me di cuenta de que, antes de esta visita, nunca había probado la tradicional birria tapatía y mejor la ando comiendo en el Distrito Federal! ¡qué distinta es, qué suavecita la carne de chivo, qué singular picor del caldo que sólo se calma con un delicioso tepache! Qué bellas son las noches jaliscienses de cielo limpio, azul profundo y estrellado. Disfruté mucho cuando, ya tumbado en mi cama de hotel con una caguama a la mano y mi computadora cerca, el sueño me vencía a eso de las doce de la noche para dejarme reposar los pies hinchados y ardientes de tanto caminar, y me liberaba a las 5:30 de la mañana, listo para empezar un nuevo día.

Qué distinto es hacerlo en un lugar que te encanta, lejos de la monotonía, la rutina, el tráfico pesado, el stress y todas esas chingaderas de las que quisieras no volver a saber; la sensación se acentúa cuando sabes que es el último día que estarás allá. Se repitió ese delicioso sabor de boca producto de la agradable compañía, las últimas horas de cielo limpio y soleado combinado con nubes aborregadas, un último destino turístico para alimentar a mi cámara (tocó el turno del Palacio Municipal de Zapopan, al que pude entrar para disfrutar una exposición de la que nunca supe el nombre gracias a que el personal de vigilancia estaba demasiado entretenido viendo el juego del Atlas como para preocuparse de que se acercaba la hora de cerrar).



Fotos, aquí.


Un momento para comprar dulces típicos para la familia (¡esos borrachitos están de lujo!). Mi último tejuino sentado en las banquitas afuera del MAZ, al que extraño y le debo también la visita. Mis últimas horas de mi última tarde en mi bella Zapopan, hermana de mi amada Guadalajara. Mi camino de regreso a la Nueva Central de Autobuses, mi carretera, mi sueño profundo después de dar un par de dulces "adiós". Mi promesa de regresar pronto. todo tan mío, tan yo, como dice aquella excelente rola de manufactura Harrisoniana y que sirvió como perfecto colofón.







Creo que entre la Perla de Occidente y yo, como sucede con dos viejos amantes que se reencuentran después de mucho tiempo, surgió otra vez esa llama especial que todos hemos sentido arder alguna vez. Habrá que alimentarla, mantenerla constante e intensa, hacerla crecer. Y planeo hacerlo pronto.




Now Watching: The Simpsons


Saludos Enfermos.


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GAVIOTA dijo...

Yo me apunto!!
jejje
este post estuvo lindo, me encantó como lo relataste creo que me hiciste recordar todo lo bueno que le he encontrado a Gdl también a mi me encantó. Ojalá vuelvas prontísimo en compa de alguien mega especial. Y se la pasen de pata de perro pa todos lados y traigas más fotitos.
je
saludos!

Master of Doom dijo...

Te falto abordar el metrobus para ir hasta las barrancas de Huentitlan y de regreso a Selva Mágica y el estadio Jalisco para honrar tantos campeonatos que obtuvieron allí el Rebaño Sagrado.

{{El Diablo}} dijo...

Gaviota: ¡Cuando gustes! claro que volveré, y claro que habrá más fotos, muchas más. Simplemente, amo esa ciudad (por si no se había notado, jeje).

Master: Fíjate que sí me falta eso, eh...subirme al Metrobús (también le traigo ganas al Metro), ir al Jalisco...tantas cosas tan chidas que hay allá, y el tiempo que nada más no alcanza.



Saludos Enfermos.