miércoles, septiembre 18, 2013

Klinik Mozart


Nada se movía y no se escuchaba el menor ruido. llegó a la plazoleta anterior y trató de recordar dónde se encontraba situado el despacho del director en relación con la puerta de entrada. Le pareció que a la derecha, recordando que, cuando acudió allí para disponer el ingreso de May, vio a través de las altas ventanas el césped y la calzada. Ahora recordó que eran puertas vidrieras. Vio a su derecha dichas puertas, a través de cuyas cortinas corridas se filtraban unos débiles haces de luz.

Se acercó sigilosamente a ellas y observó con emoción que estaban abiertas y que se oían unas voces amortiguadas procedentes del interior. Concentrándose un poco, podría entender lo que decían.

-No pueden retenerme aquí indefinidamente...siendo solo tres personas -Bond reconoció en primer lugar la voz del director. La arrogancia había sido sustituida por la súplica-. Creo que ya es suficiente.

-Hasta ahora, nos las hemos arreglado muy bien -dijo otra vez-. Ha colaborado usted bastante bien hasta cierto punto, Herr Direktor, pero no podemos correr ningún riesgo. Nos iremos cuando Bond esté a buen recaudo y nuestra gente se encuentre lejos. La situación es ideal para el transmisor de onda corta, y sus pacientes no han sufrido la menor molestia. Veinticuatro o cuarenta y ocho horas más no serán demasiado. Después, lo dejaremos en paz.

-Stille nacht, heilige nacht -canturreó otra voz entre risas.

A Bond se le heló la sangre en las vena. Se acercó a la puerta vidriera y apoyó las yemas de los dedos en la rendija abierta.

-¿No pensarán ustedes...?

La voz de Kirchtum temblaba no de miedo histérico, sino del verdadero terror que se apodera de un hombre que se enfrenta a una muerte por tortura.

-Nos ha visto usted las caras, Herr Direktor. Sabe quiénes somos.

-Yo jamás...

-No piense en ello. Tiene que transmitir otro mensaje en nuestro nombre cuando Bond llegue a Paris. Después...bueno, después ya veremos.

Bond se estremeció. Acababa de reconocer una voz que jamás hubiera imaginado reconocer en semejante situación. Respiró hondo y abrió cuidadosamente la rendija entre las dos hojas de la puerta. A continuación movió un poco las cortinas para ver el interior de la estancia.

Kirchtum estaba amarrado a un anticuado sillón de despacho de madera y cuero con asiento circular. La librería de la pared había sido despojada de los libros y albergaba un potente transmisor. Un hombre de anchas espaldas permanecía sentado frente al transmisor, otro se encontraba en pie detrás del sillón de Kirchtum y un tercero se hallaba situado frente al Direktor con las piernas separadas. Bond le reconoció tan de inmediato como había reconocido su voz.

Respiró hondo a través de la nariz, levantó la ASP e irrumpió repentinamente en la estancia. Lo que había oído le decía que los tres hombres eran la única fuerza enemiga que había en la Klinik Mozart.

La ASP se disparó cuatro veces: dos balas destrozaron los pulmones del hombre situado detrás de Kirchtum y las otras dos se incrustaron en la espalda del que manejaba la radio. El tercer hombre giró en redondo con la boca abierta y acercó una mano a la cadera.

-¡Quieto ahí, Quinn! un solo movimiento y te arranco las piernas...¿está claro?

Steve Quinn, el hombre del Servicio en Roma, permaneció inmóvil con la boca curvada en una mueca mientras Bond le quitaba la pistola del bolsillo interior de la chaqueta.

-¿Mister Bond? ¿cómo ha...? -preguntó Kirchtum en un susurro.

-Estás perdido, James. No me importa lo que hagas, estás perdido.

Quinn aún no se había recuperado de la sorpresa, pero lo estaba intentando.

-No del todo -dijo Bond, sonriendo sin triunfalismo-. No del todo, aunque reconozco que me he quedado de piedra al encontrarte aquí. ¿Para quién trabajas realmente, Quinn? ¿para SPECTRA?

-No -contestó Quinn, esbozando una imperceptible sonrisa-. Solo para el KGB. Para el Primer Directorio, naturalmente...durante muchos años. Ni siquiera Tabby lo sabe. Ahora estoy provisionalmente adscrito al Departamento Ocho, tu viejo contrincante el SMERSH. A diferencia de ti, James, yo he sido siempre un hombre de Mozart: prefiero bailar al ritmo de una buena música.

-Pues te aseguro que bailarás -dijo Bond, mirándole con una dura expresión, reflejo de aquellos rasgos de fría crueldad que eran la faceta más oscura de su carácter.





Nobody lives forever (Nadie vive eternamente), John Gardner, 1986.



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Now Playing: Somebody to love - Jefferson Airplane


Saludos Enfermos.


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GAVIOTA dijo...

Ese Mike si que es tu amigote, je!
yo tengo no uno sino dos Mikes, jeje.

Anónimo dijo...

Me encanta cuando las personas se reunen e intercambian ideas.
Gran sitio web . Continúa así !

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Daniel Mendez dijo...

Gaviota: Efectivamente, es un muy buen amigo. Por lo que veo tienes una excelente amistad por partida doble.

Anónimo: ¡Gracias! es la idea, compartir un poco de lo que tenemos en nuestro bagaje cultural para que todos salgamos beneficiados. Excelente que andes por acá leyendo.



Saludos Enfermos.