sábado, septiembre 28, 2013

Tápame con tu rebozo


¿Quién de nosotros, queridos lectores, no conoce un rebozo?

El rebozo es mucho más que un simple pedazo de tela, o una prenda que sirve a las mujeres para cubrirse del frío o para envolver a los niños mientras les arrullan sobre su regazo hasta que caen rendidos ante el calor de la tela y el amor maternal. Esta famosa prenda mexicana ha formado parte de la indumentaria femenina a todos estratos al transcurrir de los años, aunque, debido a a los caprichosos cambios dentro de la moda y las usanzas que han llegado al punto en que la modernidad nos ha colocado actualmente, además de su humilde origen entre los pueblos indigenas de nuestro país, se le ha relegado paulatinamente a ser utilizado, principalmente, por la población de escasos recursos o bien, en estrambótica contraparte, a ser visto como una especie de mexican curious, una más de las bellas artesanías que componen cierta importante parte de nuestra idiosincrasia pero que necesitan urgentemente un ángulo de revaloración.

Habría que darle al rebozo una justa y merecida oportunidad de levantar la mano y decir "!hey, mírenme! ¡aquí sigo!"; y eso es precisamente lo que se pretendió con la exposición Tápame con tu rebozo, montada en el Museo Nacional de Culturas Populares entre el 12 y el 15 de septiembre pasados. Contó con representantes de varias poblaciones de los estados de México, Chiapas, Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Tlaxcala y Veracruz, quienes desplegaron el arte que dominan desde hace tantas generaciones en una superficie de no más de cincuenta metros cuadrados antes los ojos de los visitantes que, maravillados ante el colorido y la variedad, se arremolinaban en torno a los stands para apreciar la belleza del trabajo de los expositores.

Aunque la técnica para crear un rebozo tiene una especie de tronco común que hermana a todos nuestros pueblos, hay variantes que hacen del producto una joya única en cada uno de ellos. Por ejemplo, no es lo mismo armarlo en un telar de pedal que en uno de cintura; mientras en el primero es posible fabricar varios ejemplares consecutivamente partiendo de una misma pieza de tela, en el segundo el proceso final de tejido puede prolongarse hasta dos meses. Y es que no es cualquier cosa; primero hay que urdir el algodón para ver cuántas piezas saldrán de la tela; luego viene el pepenado, lo cual se traduce como elegir los hilos que se utlizarán para confeccionar la prenda. Después hay que almidonar y bolear, o separar en cordones el algodón para poder trabajarlo. Se pone secar al sol para que seque y se le pueda dar el diseño tan colorido que le caracteriza . Luego hay que amarrar y volver a remojar la tela para azotar y despegar los hilos que han hecho cohesión entre sí debido a la humedad; enseguida viene el tejido la definición en los contornos del diseño elegido, y entonces sí, a trabajar con el telar; todo esto en Tenancingo de Degollado, Estado de México.




Como dije hace un momento, la técnica puede variar entre los distintos rincones de nuestro hermoso país. Así, por ejemplo, mientras en la mayoría de las locaciones se utilizan tinturas como el azul añil, la grana cochinilla, la flor de zempasúchitl, el nanche, la cáscara de nuez o la corteza del árbol palo de águila, en Santa María Tlahuitoltepec, un pueblito mije ubicado en la sierra norte de Oaxaca, dominan los colores areniscos debido a la corteza del árbol que se utiliza para colorear la tela, combinada a través de la fermentación con tintes frutales que dan una bella variedad de tonos que van del ocre al amarillo: flor de josefina y zapote dan origen a la peculiar belleza de estas piezas. Sobre la misma costa del Pacífico, pero unos kilómetros más al oeste, en estado de Michoacán, se sigue el procedimiento común de urdimiento, pepenado, almidonado, boleado, secado y la utilización del telar de cintura, para después añadir a la tela plumas de distintas aves en lugar del clásico barbeado de hilo. Pavorreal, quetzal, incluso gallina, dan a las prendas un toque distinguido, bonito y elegante que aumenta el de por sí elevado valor del trabajo de estos artesanos, que cada vez cuentan con menos elementos entre sus filas para continuar con tan colorida tradición.

Tápame con tu rebozo es un evento de periodicidad anual que se ubica en una sede distinta cada edición; sin embargo, ¿por qué esperar al verano del 2014 para apreciar tales bellezas? las tenemos al alcance de la mano, sobre cualquier carretera, a pocos kilómetros o a una distancia que quizás amerite una escapada de fin de semana. Cualquiera que sea el caso, vale la pena armarse de ganas y espíritu aventurero (amén de una buena cantidad de dinero, que estas artesanías tienen una gama de precios que va de los 250 a los 6500 pesos, dependiendo del nivel de complejidad de su elaboración) para visitar a todos esos artesanos anónimos, así como las tradiciones y costumbres que muchas veces se quedan encerradas en los rincones más inesperados de nuestro bello país.



P.D.: Si les ha gustado este post, pueden encontrarlo con una edición más bonita en el cuarto número de Bindi, que saldrá a mediados de octubre. Y mientras llega la fecha, les dejo la galería de fotos para que se antojen...¡y neta, vayan!




Now Playing: Bohemian rhapsody (live) - Queen


Saludos Enfermos.


3 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

Master of Doom dijo...

¡ Tápame con tu rebozo, Llorona!

GAVIOTA dijo...

yo sé hacerlos, tanto de telar como de telar de cintura y los dos son una buena friega, el de cintura más, porque se me duermen las piernas, jejeje
mala circulación.

acá andamos de fiesta.

Daniel Mendez dijo...

Master: ¡Excelente rola!

Gaviota: No sabía que contabas con ese talento, un día te voy a encargar uno o dos.


Saludos Enfermos.