miércoles, septiembre 11, 2013

Unicornio




Si los unicornios hubieran existido en la vida real y no en la mitología, probablemente el último de ellos hubiera muerto por la más bella de las causas.

Pese al aura de misterio y chingonería que le rodeaba convirtiéndole en una especie de bad ass mitológico, no era, ni por mucho, diferente a todos los demás seres fantásticos o mortales. Si bien era capaz de madrearse hasta a un rinoceronte gracias a la hercúlea fuerza, fiereza, sagacidad, elusividad e instinto combativo que le caracterizaban, tenía un talón de Aquiles tan elemental que, de no ser porque él mismo se encargaba de ventilarlo a la menor provocación, hubiera pasado desapercibido.

Los problemas para nuestro cuadrúpedo amigo llegaban cuando se cruzaba en su camino alguna de esas siluetas de etéreos y curvos contornos que pululan por ahí inocentemente desplegando sus encantos por el bosque, como no queriendo la cosa. Se tratara de una virtuosa doncella de mirada cautivante, cortesana de incitantes maneras y andares, hada con las alas llenas de seducción y magia, o ninfa con piel del color de la canela y ojos más ardientes que la fragua de Vulcano, al unicornio le resultaba inevitable acercarse y disfrutar de la compañía de la bella en cuestión, mostrando un talante diametralmente opuesto al que de ordinario era característico suyo. Se acercaba dócilmente, paso a paso, haciendo contacto visual con su objetivo, como queriendo encontrar algo. Como si quisiera hallar una chispa de bondad, de ternura, un indicio que le animara a seguir adelante sin temor a ser sorprendido con la guardia baja. Recargaba su cabezota sobre el regazo de ella, cerraba los ojos, se dejaba acariciar la crin, el poderoso cuello, los hombros y espalda que usualmente se encontraban tensos y en momentos como ese se relajaban. El cuerno, mortífera arma, se convertía en un inofensivo juguete entre las manos de la que logró domarlo a base de dulzura.

A sabiendas de esto, no fueron pocos los cazadores que, en pos de hacerse con aquel símbolo de poder al que se le atribuían incluso bondades afrodisíacas, recurrieron al uso de doncellas que, enteradas o no de las pérfidas intenciones que éstos albergaban, accedían a llamar al potro mítico a su lado...y a su perdición. El último de ellos debió ser también el más estúpido, o bien, el más noble, teniendo en cuenta que seguro supo la suerte que corrieron sus compañeros. ¿Hubiera sido otro el destino de la especie, de haber sabido resistir un poco más y no haber permitido que sus impulsos se desbocaran? imposible saberlo; lo que sí es seguro es que, si los unicornios no fueran sólo un producto de la mitología, existieran en la vida real y tuvieran oportunidad de cambiar la historia, seguramente irían sin miedo alguno a meter las cuatro patotas de nuevo mientras canturrean cierta canción después de abrevarse por un rato en un lago de tequila.







Now Playing: I'm bad, I'm nationwide - ZZ Top


Saludos Enfermos.

3 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

GAVIOTA dijo...

=(

la MaLquEridA dijo...

Si los unicornios existieran, los chinos ya los habrían patentado.

Saludos

Daniel Mendez dijo...

Gaviota: ¿Por qué la cara triste?

Malquerida: O hubieran hecho imitaciones baratas, para varias.



Saludos Enfermos.