domingo, octubre 13, 2013

Feliz cumpleaños a mi


Como bien dice el refrán, no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no llegue. Pese a que cumplí 30 años hace un par de semanas, recién escribo sobre el tema gracias a que andaba (o ando, pero hoy me he tomado un descanso y retomado la inspiración para escribir) en putiza loca con los deberes de mi nuevo puesto laboral y también a que recién comienzo a desmadejar todo lo que ha pasado en estos días para poner algo de orden en mi mente.

Hay cosas que ya sabía que tenía, que durante los últimos meses (o quizás años) he estado aprendiendo a disfrutar más: la compañía de mi familia, el estrechar lazos -más de amistad que de parentesco- con mis primos y hermanas; una cierta complicidad más adulta, más confidente, con mis tíos e incluso con mis padres. Estoy parado justo en el punto medio intergeneracional, y eso es algo que estoy aprendiendo a disfrutar y me gusta mucho. Sobre los amigos...¿qué puedo decir? de un tiempo para acá me he rodeado de gente pocamadre; con algunos he dejado de tener el contacto que tenía por cuestiones laborales o por mera ubicación geográfica, y con otros la relación se ha estrechado cabronamente, hemos tenido una empatía genial y el resultado es que ya no extraño a aquella persona que traicionó mi amistad y mi cariño hace años, precisamente en vísperas de un cumpleaños mío; esto no es nuevo, pero justo en este momento puedo decir que ya no siento su ausencia. Por una persona que se fue, llegaron varias a llenar con creces un vacío que, si bien no me mataba ni nada por el estilo, sí me tuvo entre triste y emputadísimo durante mucho tiempo.

Laboralmente, las cosas parecen estar mejorando. Me sacaron de cierto rincón en la agencia donde el exceso de ruido, la compañía de ciertos pinches indeseables y la presión que eso me generaba estaba volviéndome loco, para mandarme a una oficina bien iluminada, bien ventilada y alejada del bullicio (salvo a la hora de la comida) y del stress de tener que invertir el 80% de mi tiempo en estar peleando con un par de pendejos en específico a los que estaba a nada de destripar, lo cual ha aumentado mi productividad y me ha convertido, en palabras de mi jefe directo, en el mejor recurso con el que cuenta. Eso respecto a la chamba que no me gusta tanto pero me deja buena plata; en cuanto a la que me apasiona y hago por puro amor al arte, las cosas van sobre ruedas. A nivel team, el director editorial de Bindi ha estado muy activo y amarró un interesante convenio con el Museo de Arte Carrillo Gil que beneficiará a ambas partes en temas de difusión y proyección, marcando el primero de muchos grandes pasos que esperamos dar; a nivel individual, mis artículos y fotos están gustando bastante (aunque en las segundas aún me falta pulir la técnica, pero voy mejorando) y, para este cuarto número que se lanzó precisamente con la misma fecha de mi cumpleaños, tuve participación con tres artículos. Se los presumo, denle clic a este enlace y disfruten del excelente trabajo que estamos haciendo entre todos para nuestros apreciables lectores.

Hay otro tema que me ha tenido vuelto loco desde hace un par de meses. Puedo adelantar, aunque dudo mucho que la situación no sea fácil de adivinar, que esto que está sucediendo crea un huracán dentro de mi, remueve un montón de emociones que creí tener ya bajo control dentro del baúl de cosas que no pensé que tuviera que desempolvar en mucho tiempo; sin embargo, como en todo aquello que llega de imprevisto, uno tiene que elegir entre quedarse con las ganas pero seguro dentro de su zona de confort, o lanzarse (sin miedo, o si se tiene, tragárselo) al vacío con los huevos en un ala y el corazón en la otra y volar en busca de algo que no se tiene de cierto pero se percibe con sabor a gloria. No tengo miedo a una caída, porque aún si sucediera, no sería la primera vez y creo contar con la experiencia necesaria para saber encajar el golpe con firmeza y dignidad; lo que me asusta un poco es ver que algunas de esas circunstancias exigen que mi mentalidad cambie respecto a ciertos asuntos, me asusta darme cuenta de que si quiero que esto salga bien debo crecer aún más y dejar atrás miedos, vicios, tendencias y costumbres que podrían ser el equivalente a darme un balazo en el pie yo solito. Después de dar algunos pasos pequeños pero firmes durante las últimas semanas, ayer dimos uno significativo e importante y, pese a que me hace muy feliz, no puedo ni quiero dar nada por sentado. Quiero trotar de frente y sin miedo, como dije en este otro texto (creo que ya puedo evidenciar que lo escribí para mi y para alguien más), seguir descubriendo todas esas maravillas que me embelesan, quiero encontrar los bemoles sobre los que ella me advirtió y demostrarle que soy un hombre capaz de asimilar, ajustar, adaptarse y hacerla feliz. Quiero seguir derritiéndola lentamente con la calidez que ella misma me inspira, entrar poco a poco en ella y ver a dónde nos podría llevar a ambos ese camino. Quiero, sencillamente, sentir con aún mayor intensidad la magia que me acompaña desde que comenzó esta transición hacia mi tercera década de vida.







Now Watching: Titans at Seahawks


Saludos Enfermos.


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Hilda Aleman dijo...

Muaaaaaaaacccccckkkkkkkkk, me encantas treintañero

Daniel Mendez dijo...

Y usted me encanta a mi, señorita Alemán.


Saludos Enfermos.