miércoles, octubre 23, 2013

Sombras del pasado, luces del presente


El domingo vi algo que esperaba desde hace casi un año: un enfrentamiento entre Colts y Broncos. Todo fan de la NFL (o de cualquiera de estos dos equipos) sabe que Peyton Manning, el legendario QB que ha maravillado a toda una generación, jugaba para los Colts hasta hace un par de temporadas, para pasar después a la escuadra de Colorado tras no haber llegado a un acuerdo satisfactorio con la directiva de Indy después de una severa lesión en las cervicales que le dejó fuera de los emparrillados durante una temporada completa. Su lugar fue ocupado por el novato sensación de la temporada pasada (y ahora inminente estrella) Andrew Luck, reclutado de Stanford como primera selección global y llegado a los Colts gracias a la imfame campaña que tuvieron durante el año que Manning no estuvo y los controles los tuvo un tal Curtis Painter (qué pinches recuerdos tan feos, micaidimadres).




Hasta hace un par de años, el sueño húmedo de todo aficionado Colt (o de Peyton Manning, que básicamente es lo mismo) era ver al mítico 18 terminar su carrera en Indianapolis, haciendo de mentor de Andrew Luck (a quien él mismo recomendó para ser reclutado) y, ¿por qué no? ganando su segundo Superbowl con una herradura en el casco. Sin embargo, como ya mencioné, no alcanzó la plata para mantenerlo en el roster junto al novato Luck, así que con todo el dolor de mi corazón, lo vi partir a la otra escuadra equina. Lo más cercano que tuve a eso fue verlos juntos en el último Pro Bowl representando a la AFC, así que verlos enfrentarse el domingo pasado fue casi orgásmico (bueno...sí hubo orgasmos durante el partido, pero ese es otro tema, jeje). No se trataba de un duelo maestro vs alumno, sino más bien de un novato buscando hacerse de un nombre enfrentando respetuosamente a su predecesor.





El regreso de Peyton Manning al Lucas Oil Stadium fue CASI todo lo que se esperaba: el cálido recibimiento del público que recordaba con cariño sus hazañas, el video que presentó la institución a manera de homenaje (y de disculpa por las mamadas que dijo Jim Irsay sobre que Peyton será un hombre record pero Tom Brady tiene más anillos de Superbowl y eso le resta valía al primero) que todos los aficionados disfrutamos y la sonrisa de Manning mientras disfrutaba la ovación en su antigua casa; después de todo, él fue quien posicionó a Indy en los primeros planos de la liga durante 14 temporadas, él enamoró a una afición que esperaba con ansias tener un jugador icónico (a mi parecer, el último había sido Marshall Faulk o quizás Jim Harbaugh) a través de su maestría al leer a las defensivas rivales y su habilidad para ajustar la ofensiva sobre la línea de golpeo, su carisma, su liderazgo. Digo que el asunto CASI salió al pie de la letra porque, al final, su ex equipo tuvo las pelotas y el respeto para jugarle al tú por tú y ganarle.




Al final, el sabor agridulce del juego no fue tan intenso como pensé en principio. Ver de nuevo a Peyton en el Lucas Oil Stadium usando los colores del rival fue raro, me gustó ver a la defensiva presionando y provocando errores, y me encantó ver a Andrew Luck explotando al máximo la oportunidad para sacarse de encima la sombra de Manning y demostrar que está listo para comenzar su propia leyenda. Creo que la situación podría compararse con algo como encontrarte con tu primer amor después de muchos años, mientras estás descubriendo y disfrutando una nueva relación: sabes que ese fuego existió y que de algún modo es inolvidable, pero ahora estás descubriendo algo nuevo y maravilloso que te hace dejar atrás el pasado y verlo como un mero recuerdo, uno muy bello en este caso. Peyton Manning seguirá siendo uno de los pilares principales en mi santuario, pero en definitiva, los Colts y Luck son mi presente y futuro como aficionado a la NFL.







Now Playing: Vehicle (live) - Ides of March


Saludos Enfermos.


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