sábado, noviembre 16, 2013

El crochan negro


-Adiós, lechucitas -dijo Orddu, volviéndose hacia la cabaña. Es una pena que no hayáis podido hacer ningún trato con nosotras. Pero eso, bueno, así son las cosas. Iros volando a vuestro nidito y dadle muchos recuerdos cariñosos de nuestra parte al pequeño Dallben.

-¡Esperad! -gritó Taran, lanzándose tras ella.

Eilonwy, que se dio cuenta de lo que pensaba hacer, le cogió del brazo e intentó protestar. Taran la apartó suavemente. Orddu se detuvo, y se volvió a mirarle.

-Hay otra cosa más- dijo Taran en voz muy baja. Irguió el cuerpo y tragó aire. -El broche que llevo, el regalo de Adaon, hijo de Taliesin.

-¿Un broche? -dijo Orddu, contemplándole con curiosidad. -¿Un broche, deveras? sí, eso podría ser más interesante. Quizá fuera lo apropiado. Tendrías que haberlo mencionado antes.

Taran alzó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Orddu. En ese momento tuvo la sensación de que no había nadie más con ellos. Se llevó la mano lentamente a la garganta y sintió que el poder del broche se agitaba en su interior.

-Habéis estado jugando con nosotros, Orddu -murmuró. -Visteis que llevaba el broche de Adaon cuando llegamos aquí y reconocisteis muy bien lo que era.

-¿Importa eso? -le replicó Orddu. -Sigue siendo cosa tuya decidir si quieres usarlo para hacer el trato o no. Sí, conocemos bien el broche. Menwy, hijo de Teirgwaedd, el primer bardo, lo creó hace mucho tiempo.

-Podríais habernos matado -murmuró Taran -y tomar luego el broche. Orddu le sonrió con tristeza.

-¿No lo entendéis aún, pobre gallinita? Al igual que ocurre con el conocimiento, la verdad y el amor, el broche debe ser entregado voluntariamente o su poder desaparece. Ah, y realmente está lleno de poder. También debes entender eso, ya que Menwy el bardo puso en él un potente hechizo y lo llenó de sueños, sabiduría y visiones. Con ese broche, un patito como tú podría ganar muchas glorias y honores. ¿Quién podría decir hasta dónde llegaría? Sería capaz de rivalizar con los héroes de Prydain, con todos, incluso con Gwydion, príncipe de Don.

-Piénsalo bien, patito -dijo Orddu. -Una vez que lo hayas entregado, ya no volverá nunca más a ti. ¿Quieres realmente cambiarlo por un caldero maligno que pretendes destruir?

Mientras sostenía el broche, Taran recordó con amarga claridad todas las alegrías que había tenido viendo y oliendo por medio de él: las gotas de rocío sobre la telaraña, cómo había logrado salvar a sus compañeros de la avalancha, el modo en que Gurgi había alabado su sabiduría, los ojos admirados de Eilonwy y cómo Adaon le había confiado el broche. Una vez más, sintió que en su interior se agitaba el orgullo nacido de la fuerza y la sabiduría. Inmóvil a sus pies, el horrible caldero parecía burlarse de él.

Taran asintió, casi incapaz de hablar.

-Sí -dijo. -Haré ese trato.

Se quitó lentamente el broche del cuello y, cuando dejó caer el trozo de hierro en la mano extendida de Orddu, fue como si en su corazón chispeara una luz para morir enseguida, casi arrancándole un grito de angustia.

-¡Hecho, gallinita mía! -gritó Orddu. -¡El broche por el crochan!

Sus compañeros permanecían a su alrededor, silenciosos y con el rostro abatido. Taran apretó los puños.

-El crochan es nuestro -dijo, clavando los ojos en el rostro de Orddu. -¿No es así? ¿es nuestro y podemos hacer con él lo que nos plazca?

-Pues claro que sí, querido pajarillo mío -dijo Orddu. -Nosotras nunca rompemos un trato. Es vuestro por completo y de ello no cabe duda alguna.

-En vuestro establo vi martillos y barras de hierro -dijo Taran. -¿Nos dejaréis usarlas? o -añadió con amargura -¿debemos pagar aún otro precio por ellas?

-Usadlas, usadlas, no faltaría más -le replicó Orddu. -Digamos que eso forma parte del trato, y debemos admitir que eres un polluelo muy osado al hablar así.

Taran llevó a sus compañeros hasta el establo y, una vez allí, se detuvo.

-Comprendo muy bien lo que pensabais hacer -les dijo en voz baja y calmada, estrechpandoles las manos uno a uno. -Todos habríais entregado vuestro mayor tesoro por mi. Me alegro de que Orddu no cogiera tu arpa, Fflewddur -añadió. -Sé que sin tu música serías mucho más desgraciado que yo sin mi broche. Y tú, Gurgi, jamás debiste intentar sacrificar tu comida por mi. Eilonwy, tu anillo y tu juguete son demasiado hermosos y útiles como para cambiarlos por un feo crochan.

-Ahora -dijo Taran, -todas esas cosas son doblemente preciosas. Y vosotros también lo sois, pues habéis demostrado ser los mejores camaradas que se puede tener. Cogió un pesado martillo que estaba apoyado en la pared. -Venid ahora, amigos, pues debemos terminar una tarea.




The black cauldron (El caldero mágico), Lloyd Alexander, 1965



¿Quieren saber por qué Taran y sus compañeros deseaban con tanto ahínco destruir el caldero? topen la versión completa en formato PDF entrando aquí, y disfrútenlo.




Now Watching: Stanford at USC


Saludos Enfermos.


2 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

GAVIOTA dijo...

wOOOOw!
fINALLY!!!

qUE CREES EMPECÉ A LEER LAS CRONICAS DE PRYDAIN PERO NO LA TERMINÉ, CREO QUE NECESITARÉ HCERLO PARA LEERLO ESTO.

gRACIAS POR EL PDF.
sE AGRADECE INFINITO, YA LUEGOTE COMENTÓ MI OPINIÓN!!
bYE

Daniel Mendez dijo...

¡Hasta que se nos hizo! es que de verdad, de los otros ha sido un pedo encontrar versiones en PDF. Sobre lo de leer las Crónicas de Prydain...espera pronto las siguientes entregas, también en PDF, espero.


Saludos Enfermos.