jueves, noviembre 07, 2013

La Muerte rondando la Ciudad de México


La Muerte se mantiene siempre cerca. Está ahí, presente y paciente, a la vuelta de la esquina; nos mira de reojo, nos acompaña a todas partes, y pareciera que a nosotros nos gusta su compañía. Es temida, respetada, venerada; es parte de nuestra cotidianidad y sabemos corresponderla como se debe, dedicándole una gran fiesta llena de tradición y sentimiento. El colorido de nuestra veneración por la flaca no tiene límites ni comparación. Por todos los rincones de esta caótica pero bella ciudad asoman los altares y ofrendas, desde la casa más humilde hasta la Plaza de la Constitución.

-Ven, dulce muerte- decimos los mexicanos, ofreciendo a nuestros muertitos, a los que físicamente ya no están pero siguen viviendo en algún rincón de nuestros corazones, una enorme variedad de agasajos para que no falten a la cita: frutas, dulces, el guisado favorito del abuelo, la cerveza o el whiskey que nunca le faltaban a papá en alguna reunión familiar. Se les pone el camino a la mesa con pétalos de flor de zempasuchitl para que no pierdan la pista y puedan sentarse a la mesa con nosotros, como hacían antes.

Los difuntos gustan también del arte, lo disfrutan, y la comunidad artística, sabiendo esto, organizó toda clase de eventos en honor a la calaca. El fin de semana anduve de pata de perro en el centro y, esquivando la monumental y sobadísima ofrenda de cada año en el Zócalo, me fui a los rinconcitos a ver qué había.

La primera parada fue en el Atrio de San Francisco, a un lado de la Torre Latinoamericana, el sábado. El aire frío de la tarde hacía bailar a las calaveritas de la ofrenda zapoteca que ahí se encontraba montada, sin lograr que los curiosos nos fuéramos de ahí. Al contrario, los altares plenos de zempasuchitl, veladoras y frutos, las cruces entre las que se destacaba la de Rufino Tamayo, invitaban a los visitantes a permanecer en el lugar. Las frases llenas de humor y picardía que tan característicamente le hemos dedicado a la huesuda engalanaban el muro lateral que pertenece a la entrada a la Latino, mientras en la pared del fondo resultaba imposible hacer una toma abierta de los coloridos cráneos que, sobre un contrastante fondo morado, hacían la delicia de niños y no tan niños que formaban una considerable fila para tomarse una fotografía al lado de ellos.


Las demás fotos, acá.


El domingo tuve oportunidad de visitar el Palacio de Minería, donde se montó una ofrenda y exposición de catrinas en un tributo a Manuel Tolsá, arquitecto y escultor español quien, tras años de realizar importantes obras en suelo mexicano, tuvo su encuentro con la tilica aquí mismo. La Catrina, tan pomposa y miserable como la "aristocracia" mexicana de la que José Guadalupe Posada hizo comidilla al crear a su famoso personaje, acudió a rendir tributo al artista español ataviada con su característico sombrero de plumas y un guardarropa más amplio que el de Lady Gaga: elegantes vestidos de noche, trajes típicos mexicanos, seductores vestidos entallados, ¡hasta un vestido de novia, por si algún guapo se animaba!


El resto de la galería, aquí.


De ahí, la siguiente parada, que se convertiría en la más bonita de las pocas que tuve oportunidad de visitar: la Ofrenda huichola, con el Vochol (o vocho huichol) como protagonista. Este simpático escarabajo alemán fue decorado por ocho artistas huicholes de los estados de Nayarit y Jalisco, quienes emplearon más de 9000 horas de trabajo y quién sabe cuántos chingos de chaquiras para dejarlo así de bello como es. Cada uno de los tapones de las llantas presenta un diseño diferente y son apenas una probadita de la riqueza en diseño, colorido, minuciosidad y tradición que nuestros artesanos plasmaron en este ejemplar del clásico alemán (que, dicho sea de paso, fue fabricado en la planta mexicana de Volkswagen). La belleza del Vochol trasciende fronteras, tan es así que desde su hogar base, el Autostadt (parque temático de la automotriz teutona ubicado en Wolfsburg) sale a dar la vuelta por el mundo, y en esta ocasión, a efecto de las fechas, llegó al Museo de Arte Popular con un particular personaje al volante.


¡Qué bonito vochito! conózcanlo entrando aquí.


Nuestras tradiciones son hermosas, particularmente (para mi) las del Día de Muertos. Vale la pena preservarlas, y la mejor manera de hacerlo es dándoles vida visitando, conociendo y compartiendo, ya sea pasando el tip a la banda o bien, recorriendo acompañados todas esas bellezas que podemos encontrar en los diferentes recintos culturales, e incluso en las calles de nuestro país.




Now Watching: Oregon at Stanford


Saludos Enfermos.


4 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

GAVIOTA dijo...

Y eso que no estuviste aquí....

la MaLquEridA dijo...

Excelentes imágenes, por eso digo que la muerte no debe ser tomada a mal, es ley de vida.



Saludos

GAVIOTA dijo...

nEL mALQUE, SOLO LAS DEL VOCHO SON LAS QUE RIFAN, las otras son comunes.
jejjeje!!

Daniel Mendez dijo...

Malque: Qué bueno que te agradaron, y sí, la muerte, al final, es solo un paso más.

Gaviota: Me hubiera gustado ir pero ciertas circunstancias me lo impidieron; con todo, espero no tardar mucho en ir a quitarme las ganas. Respecto a lo de las ofrendas...coincido en que las del Vochol son las mejores, pero las otras también tuvieron su encanto.


Saludos Enfermos.