viernes, enero 25, 2013

Original/Cover 037: Rammstein






He visto a la soledad reflejarse en incontables canciones, cada una con un toque especial que le viene como anillo al dedo al solitario, quien la usa a manera de bálsamo hasta el cansancio o hasta que el efecto se diluya, lo que suceda primero.

Será que, gracias a la situación geográfica (y ¿por qué no decirlo? a la ignorancia que hace presa de Latinoamérica en no pocos temas), conocemos apenas lo básico de la cultura germana, o sea: Hitler, nazis, guerra, exterminio y -si somos bien pedotes- el Oktoberfest. Así las cosas, para mucha gente es difícil imaginar a un alemán fuera de ese cliché, y me incluyo en ese grupo hasta hace pocos años. Sin embargo, a mi punto de vista, Seemann tiene un algo, un encanto especial; a lo mejor lo que me mata es el resultado que arroja la combinación de una lengua tan dura y gutural como el alemán con el sentimiento que le imprime Till Lindemann a su canto, mas la atmósfera desoladora (aunque acompañada de firmeza y dignidad) que envuelve a las palabras. Sin embargo, esa es únicamente mi opinión; cada uno de los lectores encontrará (o no) un motivo para amar esta belleza, que forma parte del Herzeleid, primer álbum de la banda, lanzado en 1995.

Por supuesto, enmedio del orgasmo auditivo no podía olvidarme del pequeño tributo a tan chingona canción. Un solo cover, así como un solo agujero de bala puede terminar con las esperanzas de cualquiera. Vámonos recios, vean nada más qué preciosidad:










Recuerden que pueden hacer sus peticiones utilizando cualquiera de las vías que se muestran en la sección Contacto; por lo pronto, me retiro a dormir con un excelente fondo musical para suavizar la idea de que al rato tengo junta tempranera en la oficina. Auf wiedersehen!




Now Playing: Try again - Keane


Saludos Enfermos.


lunes, enero 21, 2013

Excesos de la nobleza


Cantidades interminables en fuentes de loza. Enormes jaleas de frutas con artísticos adornos de cera, terrinas con forma de cabeza de ternera, cochinillos asados, dorados y azucarados, perfumados platos de gallina, codornices, garzas y faisanes. Hay veinte pajes en traje de caza yendo y viniendo a la mesa, algunos sirven el vino, otros filetean patos y capones. Los invitados actúan sin moderación, los brazos se extienden hacia las fuentes, las mandíbulas funcionan, la gente lanza pedos de alegría y eructos al cuál más sonoro; vierte la comida, habla, gesticula y grita. Se comportan como si estuvieran en un barco a punto de hundirse, no se dan descanso, comen con ambas manos. Esturiones, carpas y cabras, el jugo sanguinolento se escurre por las comisuras; los ojos están desorbitados, los rostros brillantes, mastican la carne y chupan los huesos. Lenguas como de reptiles buscan la grasa temblorosa de la médula. Hay música, un trío con laúd y percusión, ritmos acompasados, tonos líricos para acompañar el festín.

Hay gente fina, gente con estudios, nobles, clérigos, comerciantes y jueces, cuerpos redondos como balas de cañón sobre piernas de pluma de ganso, mujeres vestidas de seda y monjes con hábitos de algodón, oficiales de uniforme y nobles con calzas, cinturones con adornos y mangas anchas. Ingleses, flamencos, alemanes y peregrinos. La última moda hace furor en Emilia, donde las cosas han llegado hasta el punto en que los jóvenes llevan unas casacas que no tapan ni los genitales ni el trasero en cuanto uno se inclina un poco. Es el banquete de los culos desnudos, y pronto corre la grasa por la barba de los señores. Una mujer se tumba en la alargada mesa, entre terrinas y gelatina. La cubren de vino y la soban manos sudorosas, pero la bebida no impide que se desarrolle la inventiva, y en un santiamén la mujer está glaseada del cuello para abajo. Mientras los monjes bailan, otros lamen miel y azúcar de los pechos trémulos, pero al poco ya no hay nada más que ver, porque el trato excesivo con la carne humana quita el apetito.





El embustero de Umbría (Løgnhalsen fra Umbrien), Bjarne Reuter, 2006



La gula y la lujuria se exaltan con relatos como este, ¿no es cierto? vayan a ePub, un website chingoncísimo que me roló mi amigo Mike, del cual pueden descargar miles de libros para leer en sus smartphones. Es tan sencillo como instalar este Torrent en la compu para tener acceso a los libros, después conseguir en Google Play (vía smartphone, para que sea más de volada) una aplicación llamada GO Book, transferir los libros de la computadora al celular, y listo. Horas y horas de edificante entretenimiento en la palma de la mano. Como el link para El embustero de Umbría ya no está en el sitio, hagamos algo: quien esté interesado en darle una leída, déjeme su mail usando cualquiera de las opciones que se encuentran en la sección Contacto y le envío el libro para que ya nada más lo meta en su cel y lo disfrute. Ahí me avisan qué onda.




Now Watching: Transformers: Dark of the moon


Saludos Enfermos.


sábado, enero 19, 2013

17 de julio


Apreciado Gulliver:

Solo unas pocas palabras de tu viejo amigo y compañero de celda, Spike Neely. Me hallo en el hospital y parece que no duraré mucho.

Esto puede tardar cinco días, tres semanas o quizás incluso dos meses. Los médicos no están seguros ni tampoco de acuerdo. Pero sea como sea, ha llegado el momento de la despedida.

Si alguna vez vas a Chicago, saluda a mi primo Danny Street. Dale recuerdos de mi parte. Quisiera ser más explícito, pero es todo cuanto puedo hacer.

Tu amigo, Spike.


–Si en este texto hay una clave o indicación, francamente no la veo –murmuró Jupiter. Mas de pronto exclamó: –¡Un momento! Quizás...¡mira! –le dijo a Bob mostrándole la carta y el sobre–. ¿Sabes lo que no hemos mirado? –preguntó.

–¿Lo que no hemos mirado? –preguntó el interpelado a su vez–. Caramba, Jupe, tanto la carta como el sobre los hemos examinado una y otra vez.

–¡Los sellos, chicos, los sellos! –gritó Jupiter–. ¡No hemos examinado los sellos, quiero decir, debajo de ellos!

Bob examinó con mayor detenimiento los sellos con que estaba franqueada la carta. Había uno de dos centavos y otro de cuatro. Cogió el sobre con una mano y pasó los dedos de la otra con suavidad por encima de ellos. La expresión de su rostro cambió al instante.

–¡Jupe! –exclamó con voz ahogada por la emoción–. ¡Tienes razón! ¡debajo del sello de cuatro centavos hay algo, se nota al tacto!

Pete también quiso cerciorarse de ello. Efectivamente, aquel sello parecía más recio que el de dos centavos, algo que no se notaba a simple vista.

–Vamos al puesto de mando y los pasaremos por encima de vapor, Así los despegaremos sin deteriorarlos –decidió Bob.

Se deslizaron a gatas por aquel túnel y a los pocos minutos hervía agua en una pequeña tetera. Jupiter mantuvo el ángulo del sobre con los sellos sobre el pitón por donde salía el vapor hasta que se desprendieron.

–¡Hay otro sello pegado debajo del de cuatro centavos! ¡es de un centavo! ¡de los verdes!

–Esto es muy extraño, Jupe –comentó Bob–. ¿Qué significará?

–Nada de eso –repuso Pete–. Es muy sencillo.¿No recuerdas que unos años atrás fue aumentada la tarifa postal? Spike Neely seguramente pegó un sello de un centavo. Debió caer en la cuenta inmediatamente de que no había bastante, pegó otro de dos centavos y encima del de un centavo, otro de cuatro.

–Creo que tienes razón. En resumen, que nada hay de raro en ello, Jupe –admitió Bob.

–Cosa de la que no estaría muy seguro –replicó el aludido–. A lo mejor hay algo escrito al dorso de este sello. Veámoslo.

Cuando lo hubieron despegado, comprobaron que no era así.

–Nada –comentó Bob–. En ninguno de los tres sellos hay escrito, marca o señal de ninguna clase. ¿Qué te parece, Jupiter?

–No lo sé...pero me parece muy raro para que sea algo accidental...debe tener un significado.

–Pero, ¿cuál?

–Veamos...Spike sabía que la carta sería censurada. Por ello deduzco que empleó estos sellos para enviar un mensaje. Colocó un sello encima del otro con tanto cuidado que nadie lo nota, como no esté sobre aviso. Seguramente confiaba en que Gulliver examinaría la carta con la mayor atención y cuidado. Cabe deducir que el color verde del sello de un centavo se refiere al color de los billetes de banco, lo que nos relaciona con los cincuenta mil dólares desaparecidos. Spike quería decir...





El misterio de la calavera parlante (The mistery of tha talking skull), Robert Arthur, 1969



¿A qué conclusión habrá llegado Jupiter? vayan a ePub, un website chingoncísimo que me roló mi amigo Mike, del cual pueden descargar miles de libros para leer en sus smartphones. Es tan sencillo como instalar este Torrent en la compu para tener acceso a los libros, después conseguir en Google Play (vía smartphone, para que sea más de volada) una aplicación llamada GO Book, transferir los libros de la computadora al celular, y listo. Horas y horas de edificante entretenimiento en la palma de la mano. El link directo para El misterio de la calavera parlante está aquí. ¡Disfruten!




Now Watching: Rio


Saludos Enfermos.


viernes, enero 18, 2013

Respirando libertad




La libertad es movimiento, revolución constante.

Libertad equivale a felicidad, tanto en significado como en la manera en que ambas llegan: ninguna de las dos presenta una bandera a cuadros al ser conquistadas, no son un ideal distante; tampoco un paraíso lleno de querubines en calzones tocando trompetas a manera de bienvenida al estado mental que busqué durante tanto tiempo y por fin alcancé para jamás salir de él, para quedarme siempre ahí, admirándome a mi mismo mientras la confortable inercia me da palmadas en el trasero y susurra en mi oído: "muy bien chico, lo has logrado, aquí está tu trofeo".

Soy libre y feliz cuando el olor a huevos revueltos con jamón, frijoles bayos y salsa roja invade a mi nariz un sábado por la mañana de sobrio despertar. Cuando, estando en el estudio, el aire frío y los rayos del sol me obligan a abrir la ventana al máximo y disfrutar de sus caricias. Cuando enciendo un cigarro y me preparo un trago después de coger. Cuando viajo. Cuando conozco y aprendo algo nuevo por el mero gusto de hacerlo y me doy cuenta de que no soy el tipo de persona que se pavonea frente a los demás por conocer tal o cual cosa. Soy libre cuando ando allá afuera caminando con los audífonos puestos, disfrutando una tarde bañada por el ardiente sol o bien, fría y nublada, con apenas unos cuantos rayos filtrándose entre las nubes; sintiéndome propietario del sendero que en ocasiones me disputa el control sobre mis pasos y el destino de los mismos: una exposición albergada dentro de un macizo edificio de cantera que originalmente se encontraba destinado a menesteres menos nobles, los múltiples tonos verdes de un parque, un bar.

Soy libre cuando una canción prescinde del lenguaje hablado y penetra en mis sentidos llenándome de una paz cálida, removiendo todo vestigio de cualquier otra sensación; sometiéndome (por paradójico que resulte) pacíficamente, haciéndome cerrar los ojos, levantar la cara, sonreír y respirar hondo.




Texto inspirado por la bella Estampida, también conocida como Monumento a la Libertad, en Guadalajara, Jalisco. El resto de las fotos, aquí.




Now Watching: The 60's, the Beatle decade


Saludos Enfermos.


lunes, enero 14, 2013

Bronco domado


Y volvió a pasar. Por segunda semana consecutiva, los recabroncísimos y terriblemente inspirados Ravens dejaron fuera de la contienda por el trofeo Vince Lombardi al otro equipo de mis amores. Lo del sábado por la tarde empezó pareciendo sencillo con una devolución de despeje hasta la zona de anotación rival por parte de Trindon Holliday. Siete puntos de ventaja antes de que Peyton Manning entrara siquiera al emparrillado daban mucho para emocionarse y pensar que el juego sería como coser y cantar.

Sin embargo, la motivación que traen los dirigidos por John Harbaugh debido a que Ray Lewis está en su última temporada y la pornográfica cantidad de errores cometidos por los Broncos dieron a las cosas dimensiones épicas. Un pase rebotado en las manos de Erick Decker (dejemos de lado que Graham le estaba jalando un brazo, lo cual debió marcarse como castigo) que se convirtió en el touchdown del desempate; un gol de campo fallado por Matt Prater casi al término de la primera mitad que pudo significar la ventaja momentánea y, a la postre, hubiera evitado el empate que prevaleció en los cuatro cuartos y llevó a la instancia del tiempo extra. Champ Bailey dejando claro que ya no es el mismo de hace un par de temporadas con la manera en que Joe Flacco y Torrey Smith lo deshicieron durante todo el juego y en general, la defensiva secundaria que nunca tuvo forma de contrarrestar al QB rival, quien dicho sea de paso, me sorprendió gratamente al comportarse como un jugador de élite y no como el ya merito que había sido en temporadas anteriores. Por varios momentos llegué a pensar (y me entristece admitirlo, pero así fue) que había intercambiado personalidades con Manning.

Peyton el perfeccionista, el que a través de quince temporadas como profesional e incluso una como colegial me ha hecho vibrar y emocionarme como ninguno, falló a la hora buena. Pudo haber terminado las cosas en el cuarto periodo teniendo un touchdown de ventaja y segundos por jugar; solo necesitaba mover a la ofensiva una yarda más para conseguir el primer down y terminarse lo poco que quedaba en el reloj. Sin embargo, el muro blanco que tuvo enfrente se lo impidió. Instantes después, otro quemón a la secundaria equina por medio de un pase de 70 yardas de Flacco a Jones cambió la historia forzando al tiempo extra...y bueno, ya todos sabemos lo que pasó: gracias a la segunda intercepción clave de Graham, ésta en el quinto periodo, el récord negativo de Manning en playoffs jugados con temperaturas bajas se extiende un juego más, un año más.

Como aficionado, estas cosas duelen. No me importa haber perdido dos botellas ante igual cantidad de compas, ni el desayuno de hoy y una salida a pistear con una amiga; lo verdaderamente rasposo del asunto es que el final de la carrera de uno de los más impresionantes jugadores que he visto en veinte años de seguir la NFL se acerca peligrosamente y, aunque estadísticamente es una maravilla, él mismo no termina de hacer justicia a su grandeza. Tiene el liderazgo, el corazón, la técnica, el libro de jugadas tatuado en el cerebro, la capacidad de hacer que sus fans lo sigamos de Indianapolis a Denver sin importarnos que el corazón se nos ponga de dos colores. Lo único que necesita es coronarse una vez más como campeón y lucir el segundo anillo de Superbowl en sus dedos. Una vez más. ¿Habrá tiempo para ello?







Now Playing: Shoot to thrill - AC/DC


Saludos Enfermos.


viernes, enero 11, 2013

Reconciliación con el Rebaño Sagrado


Gracias al pésimo desempeño que han tenido de unos torneos a la fecha, tenía a las Chivas castigadas y golpeadas por el látigo de mi desprecio; nada de ver sus partidos (ni siquiera por Internet, que la televisión abierta está vetada de mi vida), nada de comprar souvenirs, vamos, ni siquiera usar el jersey del Campeonísimo ni mucho menos el de la temporada actual. Por pinches maletas, divas y huevones, ¡he dicho!

Sin embargo, el último fin de semana del 2012 que anduve en Guadalajara acompañado de mi buen amigo el Andobas, no me pude resistir a la tentación de ir a conocer el Estadio Omnilife. Le traía ganas desde la inauguración contra el Manchester United hace unos pocos años, pero como el boletaje estaba pendejamente caro me la tuve que pelar a dos manotas y ni modo, a dejarlo para una mejor ocasión. La visita salió casi sin planearla; andábamos de vagos después de una noche de alcohol, mujeres y mucho turismo nocturno con una desvelada y cruda monumentales. Esa tarde, mi compa me avisó que habría un recorrido guiado por las instalaciones del estadio y, ni tardos ni perezosos, nos encontramos allá, aún sin saber que esa misma mañana una leyenda, Don Chava Reyes, había recibido un más que merecido homenaje a causa de su reciente fallecimiento. Por 120 pesitos nos dieron un tour a través de todo el recinto: el interior del estadio con su sobrio color gris, solo interrumpido por las marquesinas en tonos rojos y azules que señalaban la Tienda Chivas, los stands de comida y los baños; el acceso a las gradas y la excelente vista de la cancha desde cualquier punto, los asientos en brillante rojo, los palcos elegantes, limpios y únicos del país que tienen acceso directo al graderío. La zona de prensa, cómoda a secas; y eso está bien, que los cronistas valen tanto como el más humilde de los asistentes al partido.

El Pase VIP incluía visita y fotografías en áreas restringidas para las cámaras de los visitantes: vestidores y sala de prensa. Pese a ser un inmueble nuevo, la mística del equipo se siente dentro del locker room (y no, no era el olor a patas haciendo de las suyas). Emociona estar ahí, donde las once personas que saltan a la cancha dejan de lado su envoltorio de ciudadanos comunes y corrientes para convertirse, durante noventa minutos, en rayados héroes o villanos (más frecuentemente esto último, de un tiempo para acá) que apasionarán a cada uno de los presentes.  Estar a nivel de cancha, sentarse en la banca, pisar y oler el césped, elevar la mirada y girar sobre el propio eje para ver el graderío desde el mismo ángulo en que lo ven Miguel Sabah, Luis Michel o Rafael Márquez Lugo, son cosas que hacen que los aficionados entendamos el por qué pese a los malos resultados, las decepciones, los enojos y las temporadas transcurriendo sin un nuevo campeonato, seguimos al equipo que nos ha dado otras tantas alegrías. No es fanatismo, ni necedad, ni idolatría a ciegas; es simplemente el gusto por un deporte, una tradición familiar (del lado paterno, en mi caso), un factor común y un motivo para reunirse con los amigos a disfrutar del juego, comida, botana y unas cervezas heladas que siempre se agradecen y son bienvenidas. Teniendo eso en mente, bien puedo levantarle el castigo al equipo de mis amores, emocionarme viéndole jugar (siempre y cuando el partido no se encime con los playoffs de la NFL), estar contento por haber comprado una bufanda con los colores y el escudo del equipo en la tienda al final del tour, volver a vestir ese jersey. ¿Qué más da si me paso la mayor parte de la temporada mentándoles su madre por ineptos? después de todo...ganarle al Atlas y al América siempre es algo que rescata el torneo, y estoy seguro de que allá estaré este año entre la multitud cantando, bebiendo, contrariándome por un mal resultado o festejando el triunfo con todas mis energías.




Fans de Chivas que aún no conozcan el estadio...¿qué esperan? antójense dando clic aquí mero.




Now Playing: Domingo a las 7:30 - Los Miserables


Saludos Enfermos.


martes, enero 08, 2013

Target 2013


A principios del año pasado hice una lista de metas, a la que llamé pretenciosamente Target 2012, y casi no cumplí nada de ahí. Me demostré a mi  mismo que perdí la disciplina, me volví desordenado, flojo y más valemadrista todavía; me dejé desconcentrar por varios factores que bien pude mantener bajo control. En fin, no es momento de lamentarse, aunque tampoco dejo atrás cínicamente lo que me propuse y no cumplí para seguir de frente sin hacer gran cosa. Por eso, y sin mayor preámbulo...¡aquí van! y que me juzguen el tiempo, el reto que me impongo a mi mismo y quienes lean esto.


1.- Tomar clases de yoga. Urge. A más de un año de habérmelo planteado, mi volatilidad se ha estancado, pero no ha disminuido en absoluto. Las clases de muay thai que planee el año pasado sí las tomé y funcionaron a medias, porque al final me relajaban mientras estaba ahí pero sigo igual de violento y con el lindo adicional de que ahora conozco muchas más formas de romperle huesos a la gente (lo cual, la verdad, no me desagrada del todo). Por tanto, me tomaré todo enero para desintoxicarme (detalles en el punto 2) y terminar de sanar una lesión en el pie que me alejó del saco de golpear.

2.- Desintoxicarme. Pasé todo diciembre bebiendo como cosaco, y el cigarro siempre ha sido un vicio terriblemente difícil de dejar para mi. Si quiero entrarle de nuevo a las patadas y además inscribirme al yoga (que, según me han dicho, requiere de mucha condición física) debo limitar mi consumo alcohólico a los fines de semana exclusivamente (porque ya traia un ritmo de dos pedas entre semana mas lo que sucediera en sábado y domingo) para poder disfrutar los playoffs de la NFL durante todo enero sin culpa. El cigarro...carajo...creo que tendré que comprar uno electrónico o algo así, pero la cosa no es imposible.

3.- Satisfacer mi consumismo capitalista con mayor regularidad. El año pasado me hice de algunas cosas, pero creo que necesito más. Sí, se lee consumista. sí, se lee mamón y hasta pretencioso. ¿Qué más da? para eso trabajo.

4.- Levantar mi casa. Tengo que dejarla habitable este año; dudo que me mude para allá, pero unas rentas no le caerían mal a mi bolsillo. Febrero será el punto de partida.

5.- Retomar la disciplina en mi agenda. Llevo dos o tres años haciéndome este propósito y nada, no lo he cumplido. Las "unidades de media hora" tienen que empezar a trabajar ya, este es el momento en que la precisión regresa o desaparece para siempre; en una metáfora enefelera, digamos que si yo fuera el QB del equipo ya me hubieran marcado infinidad de castigos por retraso de juego. Hay que trabajar y corregir eso.

6.- Aprender a cocinar. El año pasado aprendí a hacer sopes y tenía la intención de chutarme una receta al mes; este año deberán ser 11 platillos de gama básica a media, pero bien hechos. Empiezo en febrero.

7.- Lectura. El año pasado la meta era leer un libro por mes y me quedé muy cerca de cumplirla: solo me faltaron dos. La falta de tiempo, el exceso de ocio (y ¿por qué no decirlo? de sueño) fueron un trabuco que este año deberé superar. Vamos por once, como cuota mínima.

8.- Cinemanía. Sigo con el mismo tambache de películas descargadas de Internet en mi disco duro, así que sería bueno programar un par de ellas por semana. Va a estar un poquito cabrón cubrir la cuota gracias a que ya tengo cable y a los playoffs de la NFL, pero todo se puede con buena administración del tiempo.

9.- Retomar el hábito del ahorro. El año pasado no ahorré prácticamente ni madres, en parte gracias a lo pretencioso que resultó el proyecto de guardarme la mitad de cada quincena y en parte porque derroché con ganas. Este año será diferente; no entraré en detalles por no ser presuntuoso, solo diré que los números hablarán y se reflejarán en diciembre.

10.- Viajar. Y aquí está la contraparte al punto anterior: un viaje al mes es la meta, una ciudad nueva o bien, una ya conocida vista con ojos nuevos. Nuevos horizontes y nuevas fotografías que deberán estar bien presupuestados para permitir que el ahorro tenga lugar y no me quede, como el año pasado, con las arcas en ceros. Y aún así, no me arrepiento de nada; los paisajes y las experiencias vividas valen cada centavo gastado.

11.- Aprender a conducir. Sí, no sé conducir. Déjenme en paz.

12.- Aprender a bailar. En un fin de semana me enseñaron lo básico de la banda (sí, ya me dijeron que no es gran cosa, pero para alguien con dos pies izquierdos es un logro). Aprendí eso porque quería ligarme a alguien que baila esa madre y el esfuerzo no estuvo en aprender a coordinar mis patotas, sino en mantener mis oídos bloqueados ante la sarta de estupideces que dicen las canciones de ese género. Sin embargo, de que puede resultar útil, no hay duda.

13.- Operarme la vista. Estoy harto de usar lentes de contacto que se me quedan pegados cuando se me olvida quitármelos después de la borrachera, o se pierden, o se van de paseo a la parte trasera de mis ojos y es un desmadre sacarlos de ahí. No me importa si la operación tiene que ser laser o intraocular, quiero ver claramente, despertar, abrir los ojos y disfrutar todo con la misma claridad y nitidez que la mayoría de las personas.

14.- Este año cumplo 30, y ya tengo planeado cuál será el regalo de mi para mi. Por el momento queda como incógnita, solo puedo decir que me va a doler pero me va a gustar.


Tomando en cuenta que mis números del año pasado fueron miserables, este parece un proyecto excesivamente ambicioso. Pero...¿quién le teme a los retos? veamos qué tanto puedo anotar en el 2013.







Now Watching: Watchmen


Saludos Enfermos.


domingo, enero 06, 2013

La esperanza azul


Hace unas horas vi caer a uno de los dos equipos de mis amores (la explicación, aquí) en el Wildcard de la NFL.

Un solo hombre, así sea el heredero de las glorias de Peyton Manning, no puede luchar contra once; mucho menos si esos once tienen fama de ser una de las defensivas más salvajes de la liga. El squad de receptores equinos resintió la calidad de novatos (a excepción del veteranazo Reggie Wayne, por supuesto) y lo demostró soltando balones a causa del nerviosismo y la proximidad de los duros golpes de los temibles golpeadores de Baltimore encabezados por Ray Lewis, quien agregó a su habitual espíritu combativo el hecho de estar saliendo de una lesión de trícep e incluso jugando con una protección que le hacía parecer un cyborg plantado enmedio del campo. No era para menos; esta es, quizás, la última temporada en que veremos a uno de los defensivos más bestiales de todos los tiempos castigando rivales en el campo.




Andrew Luck hizo casi todo lo que le caracterizó durante la temporada, y digo casi porque lo único que le faltó fue venir de atrás para ganar el encuentro. Su rasposo conteo justo antes de sacar la jugada sonó como la voz del general que pone orden entre sus tropas al fragor de la batalla; corrió, lanzó pases precisos (que sus receptores soltaron), se vio apresurado por la rápida y feroz defensiva Raven que lo sembró en el césped del M&T Bank Stadium más veces de las que yo hubiera querido ver. Se levantó una y otra vez, volvió a dirigir la ofensiva y se estrelló contra el muro infranqueable igual cantidad de veces. A pesar de su innegable competitividad, quizás no se podría culpar a los receptores por soltar pases ya cantados como completos, quizás no se pueda reprochar a la ofensiva por no haber aprovechado los dos balones sueltos de Ray Rice (verdugo, al lado de Joe Flacco y Anquan Boldin, de las ilusiones azules al ejecutar las escasas pero precisas jugadas que pusieron los puntos en el marcador del local).

Lo que no se puede cuestionar es la gran calidad del doce azul, la buena elección que resultó ser (por encima de RG III, el otro novato sensación salido del último draft), el digno sucesor del legendario número 18 que ahora lanza pases de touchdown en Denver. Para ser su primera temporada, el haber levantado al equipo peor rankeado del año pasado hasta llevarlo a playoffs tiene mucho mérito, amén de que todo el calendario regular lo pasaron sin su coach debido a la leucemia que le llevó al hospital y generó el Chuckstrong, motivante para todo el plantel (al grado de que varios jugadores e incluso un par de porristas se raparon a coco en señal de solidaridad con su jefe). Hay que ver su desarrollo de aquí al lejano septiembre, apreciar la madurez y experiencia que esta primera temporada en la liga más espectacular del mundo le deje y esperar a que, de cara a la segunda, no le suceda lo mismo que a Cam Newton.

Yo creo en él. Tal vez me ciegue el amor por los colores y la historia que ha escrito ese equipo desde 1998. Tal vez, aunque siguió a Manning hasta el Invesco Field, mi corazón sigue vibrando con cada touchdown anotado en el Lucas Oil Stadium; el hecho es que me emociona pensar en todo lo que puede lograr el chico que consiguió once victorias en su primera temporada y el potencial que ha mostrado desde sus días colegiales con el Stanford Cardinal. Yo le creo, el Rey Briago Malhechor le cree también y me trajo esto a manera de regalito de reyes:




Ahora a esperar nueve largos meses. No importa, confío en que lo que le espera a este muchacho es la gloria, igual o más grande que la alcanzada por su predecesor.




Now Watching: Gladiator


Saludos Enfermos.