domingo, octubre 27, 2013

@bindi.com.mx


En Bindi andamos de plácemes. A la fecha hemos trabajado muy duro, cada uno de los que escribimos en la revista nos esmeramos en traer a nuestros estimados lectores contenido de calidad, algo diferente para conocer y saborear (sin limitarnos únicamente al paladar, que esto se puede hacer con todos los sentidos), para expandir el panorama y salir a la calle a explorar opciones que no resultan tan cotidianas o familiares.

El resultado ha sido más que satisfactorio: al momento hemos publicado cuatro números en formato digital, cuyos artículos nos han ayudado a hacernos de unos cuantos buenos seguidores y una importante difusión en social media, lo cual nos da mucho gusto porque se siente bien saber que tus escritos no rebotan en el vacío y que hay a quien le agrada lo que haces por mero gusto y amor al arte. Hemos andado moviditos y el esfuerzo se ha reflejado, además, en que nuestro ilustre director editorial consiguió un muy buen acuerdo con el Museo de Arte Carrillo Gil para generar difusión mutua, además de los conectes que vamos haciendo cada uno de nosotros con los lugares y personas que visitamos, reseñamos y entrevistamos. Suena como el inicio de un gran proyecto al que le estamos poniendo todas las ganas y estamos seguros de que va a despegar para volar muy, muy alto.

El número que viene para principios de noviembre, la quinta edición, será la última entrega de este año. La razón es que requerimos un poco de tiempo e inversión de horas/nalga para reagruparnos y preparar ideas adicionales a las ediciones digitales que ya conocen. Por ejemplo, tenemos el website oficial de la revista, un gran esfuerzo que habría que aplaudirle al programador y al diseñador, que ahí va tirando y justo en este momento está recibiendo actualizaciones que, esperamos, dejará con un grato sabor de boca a los visitantes. Además...¡ya tenemos correo! Estrenen nuestro servidor, hágannos sentir bonito al abrir la bandeja de entrada y encontrar la invitación a algún evento, quizás un correo dirigido a su articulista consentido o simplemente mandar un mensajito de "¡venga muchachos, sigan adelante!", sugerencias, observaciones, jitomatazos, whatever; sean bienvenidos, acérquense a conocernos un poquito más, que nos haremos cargo de regresar el próximo año con un montón de material que les hará enamorarse de nosotros. Aquí, las direcciones a las que pueden escribir:



  • Para contacto general con Bindi:

  • Para anunciar su evento, o compartirnos alguno que les gustaría ver reseñado en una próxima edición:

  • Para contactar a su servilleta, el vato que escribe la sección Pata de Perro:


Así las cosas, mientras se termina de cocinar la quinta entrega, denle una leidita (quienes no lo hayan hecho, o si ya lo hicieron pues otra, que no está de más) a los números anteriores dando clic aquí, y ¡pásenle al tablero de contacto!. Nos estamos leyendo por allá.






Now Playing: Sweet home Alabama - Lynyrd Skynyrd


Saludos Enfermos.


miércoles, octubre 23, 2013

Sombras del pasado, luces del presente


El domingo vi algo que esperaba desde hace casi un año: un enfrentamiento entre Colts y Broncos. Todo fan de la NFL (o de cualquiera de estos dos equipos) sabe que Peyton Manning, el legendario QB que ha maravillado a toda una generación, jugaba para los Colts hasta hace un par de temporadas, para pasar después a la escuadra de Colorado tras no haber llegado a un acuerdo satisfactorio con la directiva de Indy después de una severa lesión en las cervicales que le dejó fuera de los emparrillados durante una temporada completa. Su lugar fue ocupado por el novato sensación de la temporada pasada (y ahora inminente estrella) Andrew Luck, reclutado de Stanford como primera selección global y llegado a los Colts gracias a la imfame campaña que tuvieron durante el año que Manning no estuvo y los controles los tuvo un tal Curtis Painter (qué pinches recuerdos tan feos, micaidimadres).




Hasta hace un par de años, el sueño húmedo de todo aficionado Colt (o de Peyton Manning, que básicamente es lo mismo) era ver al mítico 18 terminar su carrera en Indianapolis, haciendo de mentor de Andrew Luck (a quien él mismo recomendó para ser reclutado) y, ¿por qué no? ganando su segundo Superbowl con una herradura en el casco. Sin embargo, como ya mencioné, no alcanzó la plata para mantenerlo en el roster junto al novato Luck, así que con todo el dolor de mi corazón, lo vi partir a la otra escuadra equina. Lo más cercano que tuve a eso fue verlos juntos en el último Pro Bowl representando a la AFC, así que verlos enfrentarse el domingo pasado fue casi orgásmico (bueno...sí hubo orgasmos durante el partido, pero ese es otro tema, jeje). No se trataba de un duelo maestro vs alumno, sino más bien de un novato buscando hacerse de un nombre enfrentando respetuosamente a su predecesor.





El regreso de Peyton Manning al Lucas Oil Stadium fue CASI todo lo que se esperaba: el cálido recibimiento del público que recordaba con cariño sus hazañas, el video que presentó la institución a manera de homenaje (y de disculpa por las mamadas que dijo Jim Irsay sobre que Peyton será un hombre record pero Tom Brady tiene más anillos de Superbowl y eso le resta valía al primero) que todos los aficionados disfrutamos y la sonrisa de Manning mientras disfrutaba la ovación en su antigua casa; después de todo, él fue quien posicionó a Indy en los primeros planos de la liga durante 14 temporadas, él enamoró a una afición que esperaba con ansias tener un jugador icónico (a mi parecer, el último había sido Marshall Faulk o quizás Jim Harbaugh) a través de su maestría al leer a las defensivas rivales y su habilidad para ajustar la ofensiva sobre la línea de golpeo, su carisma, su liderazgo. Digo que el asunto CASI salió al pie de la letra porque, al final, su ex equipo tuvo las pelotas y el respeto para jugarle al tú por tú y ganarle.




Al final, el sabor agridulce del juego no fue tan intenso como pensé en principio. Ver de nuevo a Peyton en el Lucas Oil Stadium usando los colores del rival fue raro, me gustó ver a la defensiva presionando y provocando errores, y me encantó ver a Andrew Luck explotando al máximo la oportunidad para sacarse de encima la sombra de Manning y demostrar que está listo para comenzar su propia leyenda. Creo que la situación podría compararse con algo como encontrarte con tu primer amor después de muchos años, mientras estás descubriendo y disfrutando una nueva relación: sabes que ese fuego existió y que de algún modo es inolvidable, pero ahora estás descubriendo algo nuevo y maravilloso que te hace dejar atrás el pasado y verlo como un mero recuerdo, uno muy bello en este caso. Peyton Manning seguirá siendo uno de los pilares principales en mi santuario, pero en definitiva, los Colts y Luck son mi presente y futuro como aficionado a la NFL.







Now Playing: Vehicle (live) - Ides of March


Saludos Enfermos.


domingo, octubre 13, 2013

Feliz cumpleaños a mi


Como bien dice el refrán, no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no llegue. Pese a que cumplí 30 años hace un par de semanas, recién escribo sobre el tema gracias a que andaba (o ando, pero hoy me he tomado un descanso y retomado la inspiración para escribir) en putiza loca con los deberes de mi nuevo puesto laboral y también a que recién comienzo a desmadejar todo lo que ha pasado en estos días para poner algo de orden en mi mente.

Hay cosas que ya sabía que tenía, que durante los últimos meses (o quizás años) he estado aprendiendo a disfrutar más: la compañía de mi familia, el estrechar lazos -más de amistad que de parentesco- con mis primos y hermanas; una cierta complicidad más adulta, más confidente, con mis tíos e incluso con mis padres. Estoy parado justo en el punto medio intergeneracional, y eso es algo que estoy aprendiendo a disfrutar y me gusta mucho. Sobre los amigos...¿qué puedo decir? de un tiempo para acá me he rodeado de gente pocamadre; con algunos he dejado de tener el contacto que tenía por cuestiones laborales o por mera ubicación geográfica, y con otros la relación se ha estrechado cabronamente, hemos tenido una empatía genial y el resultado es que ya no extraño a aquella persona que traicionó mi amistad y mi cariño hace años, precisamente en vísperas de un cumpleaños mío; esto no es nuevo, pero justo en este momento puedo decir que ya no siento su ausencia. Por una persona que se fue, llegaron varias a llenar con creces un vacío que, si bien no me mataba ni nada por el estilo, sí me tuvo entre triste y emputadísimo durante mucho tiempo.

Laboralmente, las cosas parecen estar mejorando. Me sacaron de cierto rincón en la agencia donde el exceso de ruido, la compañía de ciertos pinches indeseables y la presión que eso me generaba estaba volviéndome loco, para mandarme a una oficina bien iluminada, bien ventilada y alejada del bullicio (salvo a la hora de la comida) y del stress de tener que invertir el 80% de mi tiempo en estar peleando con un par de pendejos en específico a los que estaba a nada de destripar, lo cual ha aumentado mi productividad y me ha convertido, en palabras de mi jefe directo, en el mejor recurso con el que cuenta. Eso respecto a la chamba que no me gusta tanto pero me deja buena plata; en cuanto a la que me apasiona y hago por puro amor al arte, las cosas van sobre ruedas. A nivel team, el director editorial de Bindi ha estado muy activo y amarró un interesante convenio con el Museo de Arte Carrillo Gil que beneficiará a ambas partes en temas de difusión y proyección, marcando el primero de muchos grandes pasos que esperamos dar; a nivel individual, mis artículos y fotos están gustando bastante (aunque en las segundas aún me falta pulir la técnica, pero voy mejorando) y, para este cuarto número que se lanzó precisamente con la misma fecha de mi cumpleaños, tuve participación con tres artículos. Se los presumo, denle clic a este enlace y disfruten del excelente trabajo que estamos haciendo entre todos para nuestros apreciables lectores.

Hay otro tema que me ha tenido vuelto loco desde hace un par de meses. Puedo adelantar, aunque dudo mucho que la situación no sea fácil de adivinar, que esto que está sucediendo crea un huracán dentro de mi, remueve un montón de emociones que creí tener ya bajo control dentro del baúl de cosas que no pensé que tuviera que desempolvar en mucho tiempo; sin embargo, como en todo aquello que llega de imprevisto, uno tiene que elegir entre quedarse con las ganas pero seguro dentro de su zona de confort, o lanzarse (sin miedo, o si se tiene, tragárselo) al vacío con los huevos en un ala y el corazón en la otra y volar en busca de algo que no se tiene de cierto pero se percibe con sabor a gloria. No tengo miedo a una caída, porque aún si sucediera, no sería la primera vez y creo contar con la experiencia necesaria para saber encajar el golpe con firmeza y dignidad; lo que me asusta un poco es ver que algunas de esas circunstancias exigen que mi mentalidad cambie respecto a ciertos asuntos, me asusta darme cuenta de que si quiero que esto salga bien debo crecer aún más y dejar atrás miedos, vicios, tendencias y costumbres que podrían ser el equivalente a darme un balazo en el pie yo solito. Después de dar algunos pasos pequeños pero firmes durante las últimas semanas, ayer dimos uno significativo e importante y, pese a que me hace muy feliz, no puedo ni quiero dar nada por sentado. Quiero trotar de frente y sin miedo, como dije en este otro texto (creo que ya puedo evidenciar que lo escribí para mi y para alguien más), seguir descubriendo todas esas maravillas que me embelesan, quiero encontrar los bemoles sobre los que ella me advirtió y demostrarle que soy un hombre capaz de asimilar, ajustar, adaptarse y hacerla feliz. Quiero seguir derritiéndola lentamente con la calidez que ella misma me inspira, entrar poco a poco en ella y ver a dónde nos podría llevar a ambos ese camino. Quiero, sencillamente, sentir con aún mayor intensidad la magia que me acompaña desde que comenzó esta transición hacia mi tercera década de vida.







Now Watching: Titans at Seahawks


Saludos Enfermos.