viernes, enero 17, 2014

Museo de Arte Popular: Salas de exposición permanente


La primera vez que visité el Museo de Arte Popular, hará unos tres años, fui a ver una exposición acerca de Francisco Villa y Emiliano Zapata. En aquella ocasión solo visité la sala de exposiciones temporales porque tenía, si no me falla la memoria, otras cosas que hacer ese mismo día. Sin embargo, la espinita de no haber visitado el resto del museo de quedó guardada hasta hace poco que tuve oportunidad de andar de pata de perro en los alrededores del metro Juárez.

Ubicado en la esquina de Revillagigedo e Independencia, y casi frente al Teatro Metropolitan, el museo se antoja para ser visitado en una especie de amor a primera vista. El moderno edificio de cuatro plantas resulta sumamente atractivo desde fuera, y su interior no desentona: la bienvenida nos la da un enorme alebrije de los que desfilan a principios de noviembre por algunas de las principales avenidas de la ciudad y se estacionan después en Reforma (aunque el año pasado fue diferente, pero bueno, ese es otro tema) y en los que este museo tiene gran participación, para después entrar al patio principal (donde por cierto, aún pueden encontrar al famoso y bello Vochol) y encontrar el cubo de la escalera o bien, el elevador que permite una bonita vista panorámica de lo que vas a disfrutar. Por cierto, un par de tips: vayan bien abrigados porque la administración deja el aire acondicionado a todo lo que da, y no entren sin haber comido antes (sobre Independencia está La Texcocana, una tortería muy pequeña que apenas notas pero que vende unas tortas de carnitas acompañadas de una salsa que está de 10), porque lo que encontrarán durante el recorrido les tendrá entretenidos por lo menos un par de horas.

Si bien las salas no están ubicadas en un orden específico, yo recomendaría comenzar la visita desde arriba, en forma descendente. Así, podrán conocer primero la Esencia del Arte Popular Mexicano, sala donde el visitante podrá descubrir a través de un mapa mural obra del ilustrador y pintor Miguel Covarrubias, videos explicativos de la relación entre arte y medio ambiente, y excelsas muestras del arte autóctono de cada región, que buena parte de la grandeza de nuestros artesanos reside en la sabiduría y sentido de lo práctico de que hacen gala al conocer los materiales que el entorno, por sí solo, les brinda, y después convertirlos en trabajos que van de lo sublime, de ser merecidamente considerados auténticas y valiosas piezas de museo, a la vida sencilla (pero no por eso, menos bella) de nuestros pueblos, lo cual se puede apreciar en la sala El Arte Popular y la vida cotidiana. El talento se hace notar en los elaborados vestidos de la mujer oaxqueña y en las exquisitamente curtidas y trabajadas pieles que forman parte esencial del outfit tradicional tamaulipeco; se ve en los enseres de cocina y en los utensilios que no pueden faltar en la mesa de una familia tradicional mexicana: platos, vasos, copas, charolas de distintos materiales y acabados. Se nota también, ¡y cómo no! en los bellos juguetes que durante generaciones hicieron felices (y lo siguen haciendo, o al menos yo aún los encuentro fascinantes, con todo y que estamos rodeados de consolas y gadgets) a tantos niños: camioncitos que puedes jalar con un lazo (troquitas, me comentó mi papá que les decían allá en su pueblo de Zacatecas, cuando él era niño), ruedas de la fortuna, gallitos de pelea que no sangran ni mueren pero sí entretienen, trompos y baleros, carruseles, caballitos de madera para montar.

El arte se cuela en todos y cada uno de los aspectos idiosincráticos mexicanos, y la religión no podía ser la excepción. La sala El Arte Popular y lo sagrado abarca, principalmente, el dogma católico desde su aspecto de importación y la fusión con las creencias populares de cada una de las regiones que tocó en este país. Así, encuentras desde representaciones de la crucifixión de Yisus Loquillo realizadas en distintos materiales, hasta las máscaras rituales que han formado parte del catálogo artesanal mexicano desde tiempos prehispánicos, en que se utilizaban para unir la carnalidad de sus portadores a la inmensidad del cosmos y después, con el paso del tiempo y la fusión cultural, terminarían integrándose a los medios utilizados por los españoles para convertir al catolicismo a los indígenas, quienes fueron los encargados de sacarlas de su mera función dogmática y convertirlas en obras de arte que en estos tiempos, además de constituirse en las piezas más llamativas de cualquier coleccionista, engalanan festividades como la Pascua y el Día de Muertos con sus alegres colores y diseños. ¡Por cierto, y hablando del Día de Muertos! esta festividad no podía quedarse fuera de contexto, así que dentro de esta misma sala existe un pequeño apartado dedicado a ella en la que nuestra entrañable Catrina y compañía hacen acto de presencia en las más divertidas posturas y situaciones.

Otro de los rasgos más característicos de la cultura popular mexicana es su imaginario colectivo, poblado de seres tan increíbles como la mente pueda concebirlos. La sala El Arte Popular y lo fantástico alberga apenas una mínima parte del magnífico bestiario que habita, según las leyendas, las selvas, bosques y desiertos de nuestro país; los sueños y pesadillas, las noches, la parte de debajo de las camas y los rincones más oscuros e inaccesibles de las casas (y no, no me estoy refiriendo a las cucarachas). Entre alebrijes y nahuales te tomarán de la mano para acompañarte a recorrer la última de las salas de exposición permanente en este museo.




Las exposiciones temporales siguen la misma línea, y en una de ellas encontré algo que seguramente gustará a más de un lector. Pero esa historia, como diría la Nana Goya, se las contaré en el siguiente post (y por cierto, este y el que le sigue formarán parte del próximo número de Bindi, el cual no se pueden perder).




Now Watching: Thor


Saludos Enfermos.


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la MaLquEridA dijo...

De todo lo que comentas me llamaría mas la atención La Catrina -estoy teniendo una extraña fascinación por las calaveras- y los alebrijes que veo cada año en Reforma. Por cierto este año no los expusieron ahí sino en la Doctores creo y también allá fui a verlos pero no me gusto, Reforma les da un toque especial y ahí se veían tan sin embargo,

Saludos sanos.

Daniel Mendez dijo...

Bueno Malque, es que la Ctrina es fascinante de por sí; de hecho espero ir pronto al Museo Guadalupe Posada de Aguascalientes y al de la Catrina (que, si no me falla la memoria, está en Torreón) para traerte más material. Coincido totalmente contigo en lo de los alebrijes, es una pena que este año no pudieran estar en Reforma por cuestiones ajenas al arte y la cultura.


Saludos Enfermos.