viernes, abril 18, 2014

Celtic Fest 2014 (o Celtia, pues) @Plaza Loreto, Distrito Federal




Durante el mes de marzo, en el jardín de Plaza Loreto, se llevó a cabo el Celtic Fest (pronúnciese Celtic o Keltic, ambas maneras son válidas). Tuve oportunidad de ir a cubrirlo como fotógrafo gracias a una convocatoria que lanzó el festival desde su página de Facebook y a que me animé porque ya conocía con antelación a una de las bandas que se presentarían ahí: The Triskells, a quienes tuve oportunidad de escuchar, aunque muy de rapidito, en la Feria de las Culturas Amigas del año pasado. Teniendo en mente que ellos son bastante buenos y las demás bandas a presentarse seguro mostrarían un nivel similar, no tuve dudas acerca de que el evento valdría la pena, y no me equivoqué.





Pese a que me perdí el primer fin de semana del evento porque lo último que supe al respecto fue que se llevaría a cabo en el Bosque de Chapultepec y un pedo administrativo determinó que siempre no, pude enterarme a tiempo para ir al segundo y disfrutar de actuaciones como la de los mencionados The Triskells y la interacción tan intensa que logran con el público, la impecable danza de Nemhain, la alegría folklórica del DanceCorps del Batallón de San Patricio, y la marcialidad de la Banda de Gaitas, también perteneciente a este batallón, tan imponentes los tipos con bombos y gaitas, y tan bellamente elegantes las chicas percusionistas.



Las fotos de ese día, aquí.


En el tercer fin de semana hubo ocasión de disfrutar a Shamrock, una banda bastante más tranquila que The Triskells en cuestión de potencia a la hora de presentarse, pero no por eso menos talentosa. Tienen un flautista privilegiado y muy joven, una percusionista (la chica toca el bodhrán, que es una especie de tamborcito circular y plano) y un guitarrista con mucho carisma e interacción con el público. A campo traviesa fue la segunda banda de la tarde, compuesta por veteranos que tocan de una manera más académica, más técnica, y que, por tanto, me quedaron perfectos para olvidar por un ratito la chamba de fotógrafo balín (que, de hecho, me trajo algunos "¡quítate, no me dejas ver!" por parte del público de la primera fila, y es que era imposible estorbar la visibilidad en algunos puntos debido a la disposición del escenario y las gradas) y disfrutar de la música tradicional celta, desparramado en una silla y con una Coca Cola en la mano (ni pedo, se lee incongruente, pero era eso o una horrorosa Pepsi).


El cuarto fin de semana, el cierre, tuvo un toque muy especial; resulta que hubo algunos pequeños pedos logísticos entre los organizadores (o mejor dicho, el organizador: Raúl Morales Reyes, a.k.a. Robin de Sherwood) y la gente de Plaza Loreto, forzando a que las presentaciones de las bandas de ese día fueran un poco más breves que como estaba planeado, debido a la intempestiva inclusión de Cynthia Valenzuela, una arpista con unos dedos privilegiados que se hizo acompañar por un chico que tocaba la guitarra acústica y un flautista bastante bueno también, y de la banda Ontofonía, encargada de cerrar el evento. Así, mientras An Bodhrán tuvo chance de deleitar a los presentes con su precisión y carisma (y hasta de promocionar los discos que llevaban para vender), la Banda de Gaitas de la Ciudad de México vio drásticamente reducido su tiempo en escena, con una cierta inconformidad (muy comprensible) de parte de su líder, quien tuvo que apechugar y reducir el repertorio a más o menos la mitad. Sin embargo, lo verdaderamente emotivo y cabrón vino al final, durante la presentación de los ya mencionados Ontofonía:



Las fotos del cierre, aquí mero.


Resulta que el Fest se excedió un poco en cuanto al tiempo que tenía reservado el jardín de dicho centro comercial; no fue tanto lo que se pasaron, en realidad; según el programa se habría excedido el límite por unos quince minutos, y creo que en total hubiera sido media hora el tiempo no acordado. La administración de Plaza Loreto estaba en todo su derecho de solicitar que se diera por terminada la actividad; sin embargo, considero que hay formas de pedir las cosas y la que eligieron fue la más culera. Mientras Robin entregaba un reconocimiento a Ontofonía en agradecimiento por su participación, el audio fue cortado de la nada. Entre protestas del público y desconcierto de los músicos, estos últimos decidieron tomar cartas en el asunto e hicieron lo más alegre, pacífico y valiente por hacer ante semejante ojetada: bajar del escenario instrumentos en mano y seguir tocando, aún cuando a los pocos segundos también les apagaron la luz, ante la desaprobación (hacia la administración de la plaza) y el beneplácito y animosidad del público hacia los músicos. Y es que ahí se ven las ganas de hacer las cosas, de trascender y querer ganarse a un público que siempre se mostró bien dispuesto hacia el evento, a excepción del pinche viejito gruñón que espetó a Robin "por hacer algo tan mediocre", dándonos a pensar a todos que no tiene ni puta idea de lo que implica organizar un evento de ese tipo (máxime si lo hace una sola persona) o que creyó que estaba en el Auditorio Nacional con un boleto de primera fila pagado. Como quiera y a pesar de todo, el Celtic Fest salió bien, llegó a un feliz término, considero que atrapó a bastantes nuevos fans (me incluyo), y seguramente saldrá adelante con una mayor experiencia logística.




Por mi parte, puedo darme por muy bien servido. Tuve mi primera experiencia como fotógrafo en un evento (no hubo plata de por medio, pero el aprendizaje es muy valioso) y hasta un pequeño reconocimiento me dieron, vía Facebook:




Y además, obtuve muy buen material para el próximo número de Bindi, en el que podrán leer, además de esta reseña (en versión light, que allá soy políticamente correcto), la entrevista que el buen Robin accedió a tener con su servilleta. No se la pierdan; estará saliendo aproximadamente a mediados de mayo.




Now Playing: The shamrock shore (live) - A campo traviesa


Saludos Enfermos.


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