sábado, abril 26, 2014

Gris


En Cuetzalan (el pueblito del que hablo en el post anterior) tuvimos la oportunidad de conocer a Gris, chiquilla de unos diez años más o menos, mientras comíamos molotes en uno de tantos puestecitos del pueblo, cuando se acercó a vendernos artesanías hechas a base de granos de café y piedritas. Se ganó la simpatía de Hilda en un dos por tres y la mía pocos minutos después en base a esa chispa que solo los niños pueden tener y que muchas veces pierdo de vista por andar en mi pedo.

Nos la encontrábamos frecuentemente en nuestros pequeños paseos por la plaza mayor y en cada ocasión sabíamos un poquito más de ella; sabe hablar nahuatl perfectamente, su papá falleció cuando era muy pequeña (aún más, ya que ahora debe tener no más de diez años) y vive con su mami a aproximadamente una hora del pueblo, distancia que recorre caminando cuando termina sus labores del día, a eso de las diez u once de la noche, para regresar a la mañana siguiente al pueblo con sus collares y pulseras en la mano, lista para otra jornada de chamba. ¿Cómo no sentir ternura por la morrita? le invitábamos un esquimo, o un dulce, o lo que se pudiera; no siempre lo aceptaba porque es un tanto tímida y bastante desconfiada; incluso se negó rotundamente a que le tomáramos una foto porque su mamá le ha dicho que así hace la gente extraña y mala cuando se quiere robar a los niños, y nosotros, lejos de molestarnos u ofendernos, quedamos gratamente sorprendidos (una de tantas veces) por su inteligencia y sentido común.

El último día que estuvimos por allá de plano la "secuestramos" cuando la vimos mientras recorríamos el tianguis (¡enorme, por cierto!) y ya no se nos separó, acompañándonos a la Casa de Cultura (sí, esa madre donde no dejan tomar fotos, pero reprimí las ganas de salirme de ahí porque la vi muy entretenida) donde me tomaba de la mano y se sorprendía de que siempre la tuviera tibia; al Mercado de artesanías, luego de vuelta al centro, y hasta alcanzó a Hilda mientras regresaba al mercado porque siempre sí le había gustado una blusa de ahí para mi suegra, llevándola por un camino más corto y evitándole un montón de stress.

Antes de despedirnos le pedimos que nos acompañara a comer y, para nuestra sorpresa, aceptó; fuimos a la Fuente de sodas Juquilita (donde, por cierto, preparan unas cemitas que están con madre), se sentó con nosotros a la mesa y compartimos los últimos minutos amenos a su lado antes de salir corriendo por las calles empinadas hacia la terminal de autobuses. Y como ya desde ese momento tenía ganas de venir al blog y contar un poquito sobre esta niña encantadora, pues que me animo y le robo una foto (cuidando, obviamente, que no se diera cuenta y que no saliera su carita...se leerá tonto, pero quise respetar la obediencia que le tiene a su mamá):




Todo mundo sabe, al menos por lo que he escrito por acá durante todos estos años, que de repente me sale lo cabrón sociópata y me vuelvo fan de la filosofía "que cada quién se rasque con sus propias uñas", salvo en casos muy contados; y este fue uno de esos. Honestamente, me abrí con Gris porque a Hilda le simpatizó cañón y la verdad, no me arrepiento de haberlo hecho. Me recordó que absolutamente todos los niños son siempre inocentes, que merecen una oportunidad, que esas caritas tiernas y sus ojotes siempre están llenos de un aura brillante y limpia, que las sonrisas más puras vienen de ellos y son capaces de tirarme la careta y la pose de tipo rudo. Me dan ganas de regresar allá y llevarle algo, ¡cualquier cosa! ropa, tenis para que no ande en la chinga con sus huarachitos de cuero, yo qué sé. Al final, es un pequeño y encantador ángel saliendo adelante de la mejor manera que puede, y eso merece cariño, admiración y respeto de mi parte.




Now Playing: Patience - Guns N' Roses


Saludos Enfermos.


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