miércoles, mayo 14, 2014

Piedra, papel, tijeras, mejilla, puño, ojo...


El otro día estaba en el metro, cuando vi a una familia (supongo que lo eran) en los cuatro asientos de al lado: papá y mamá como de mi edad (unos 30), una niña de aproximadamente 8 años, y un niño de 10. Si no eran los papás poco importa, bien podrían ser los tíos, o hermanos o primos mayores. El caso es que venían haciendo un escándalo tan notorio que terminé por apagar la música de mis audífonos y notar que estaban jugando a piedra, papel o tijera. Chido, qué buena onda que no se pierda esa bonita costumbre de echar desmadre en familia con un jueguito sano...a menos, claro, que incluya castigos.

Según pude observar en la mecánica de su juego, hacían rondas eliminatorias; jugaban uno contra uno, y el que perdiera tres duelos recibía como castigo una sonora cachetada. Así las cosas, en el tramo de Garibaldi a Buenavista me tocó ver al chavito cacheteando a la niña y a la adulta, y a la niña cacheteando a la adulta; siempre miados de la risa, siempre disfrutándolo como si fuera la cosa más normal del mundo golpear a personas de su familia. No concibo cómo alguien puede considerar la violencia dentro del núcleo como algo normal o divertido, y más cuando la violencia se da entre géneros. No lo justifico, pero no es lo mismo que dos hermanos hombres se lleven pesado y echen desmadre, a que un niño le pegue una cachetada a una niña que, además, es menor que él. Como quiera, entre vatitos se desarrolla una cierta camaradería y ellos saben qué pedo, cómo se llevan y hasta dónde aguantan. Pero fomentar que un hombre golpee a una mujer desde una edad tan temprana, no puede traer nada bueno ni a uno, ni a otra.

El niño corre el riesgo de crecer con una idea estúpida de que asi se les trata a las mujeres, y terminan por volverse primero novios y luego maridos física o psicológicamente violentos; de esos pinches patanes de mierda que tratan a la mujer como si fuera una máquina de coger, cocinar, lavar y planchar. La niña crece sumisa, con la idea de que el hombre es más fuerte, más listo, más hábil, mejor; desarrolla la idea de que está bien que el hombre la trate de estúpida y la someta, y luego por eso termina dejándose llenar la barriga cada que al cabrón patán se le antoja, o renunciando a una carrera laboral prometedora para dedicarse a cambiar pañales, lavar trastes y fregar pisos ella sola. O tal vez va por las caguamas a la tienda y por la barbacoa a eso del medio día, para que el panzón que está tirado en el sofá vestido con una camiseta grasienta y el short de su equipo llanero de fútbol plagado de ebrios iguales a él pueda almorzar mientras ve el partido estelar de la jornada.

Quizás será la tristemente clásica mujer que, al ser defendida por un extraño mientras su pareja le agrede en la calle, saldrá en defensa de su patanesco Romeo diciendo cosas como "Es que yo me lo gané", "Él me ama aunque me pegue", "Así nos llevamos". Justificará sus ojos morados o brazos y piernas enrojecidos frente a otros, dirá que ella tiene la culpa, que está fallando como mujer, cualquier cosa que le permita seguir hundida en la mierda y en el conformismo, evitando la valiente decisión de mandar al carajo a un desgraciado infeliz que no la merece ni la valora.

Se convertirá en una víctima más de la pésima educación que recibe la gente de este país, de la falta de cultura fomentada por los roles de género arbitraria y convenientemente establecidos por los medios masivos de comunicación, de la desinformación, de los dogmas religiosos que ayudan a mantener a la mujer con la bota sobre el cuello y el fregador en la mano. Del pinche machismo que sigue manteniendo a esta sociedad en un agujero miserable que no le permite avanzar.




No entiendo por qué la gente se asusta cuando digo que muchas personas merecen ser esterilizadas, antes de que dejen crías tan pendejas como ellas.




Now Playing: Breakthru - Queen


Saludos Enfermos.

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