martes, julio 01, 2014

Crónica de una Decepción Mexicana anunciada


El domingo por la mañana sucedió lo de cada cuatro años: la Selección Mexicana de fútbol jugó como nunca y perdió como siempre. Una vez más, el "ya merito" hizo de las suyas con una afición que, como cada Mundial –y con mucha necedad, realmente– siguió al equipo nacional, gastó plata en playeritas nuevas, pantallas y cuanta parafernalia compra la gente para "disfrutar de los partidos como dios manda"; incluso hubo quienes se endeudaron para poder viajar a Brasil y apoyar a esos 23 guerreros que darían todo en la cancha con tal de conseguir la gloria para un pueblo que, desde siempre, está hambriento de algo que le haga sentir orgullo.




El equipo fue creciendo durante el torneo, y esto lo digo sosteniendo lo que he pregonado no solo desde que comenzó el Mundial, sino mucho antes: a la Selección Mexicana no le creo absolutamente ni madres. Sin embargo, puedo ser objetivo y reconocer que después de verlos como siempre frente a Camerún (ganando, pero chillando por un par de goles anulados), frente a Brasil (con el portero como máxima figura y celebrando un empate como si fuera victoria) y frente a Croacia (ganándole a un equipo hocicón europeo de medio pelo), lo del domingo frente a Holanda me sorprendió gratamente: propusieron el juego, trajeron en santa putiza a los holandeses –quienes no sentían lo duro, sino lo tupido, y no sabían por dónde entrarle a la escuadra mexicana–, tuvieron en la lona a un equipo ganador por tradición, alborotaron a un país entero durante todo el partido traduciendo el amplio dominio que ejercieron en un golazo de Giovanni Dos Santos...y luego, fieles a su costumbre, perdieron todo en siete minutos. No es la primera vez que sucede; descontando las paupérrimas actuaciones que les valieron la eliminación en los torneos de 2002, 2006 y 2010, ya se había dado el escenario de tener a un grande contra las cuerdas para terminar en una decepcionante y dolorosa derrota. Miren:




Coincidencia, dice la fanpage de Mediotiempo.com . Las coincidencias que yo detecto son: miedo al europeo, falta de control de un partido que se tenía en la bolsa, y miedo al éxito propio. Ese pinche complejo patético y mediocre que se arrastra más o menos desde que España vino a conquistar estas tierras sigue latente, y se manifiesta a través de un chingo de cosas: el malinchismo, el racismo del que los propios mexicanos hacemos víctimas a otros mexicanos y a latinos en general (si no me creen, vayan a Centroamérica a preguntar en qué concepto nos tienen), el considerar siempre superior al güerito sobre el prietito. Toda esa mierda que tenemos metida en la cabeza se traduce en cosas de gran relevancia para la vida de este país, –por el momento no ahondaré en ellas, para no desviarme del tema pambolero– y también en trivialidades como el fútbol. El mexicano está acostumbrado a verse a sí mismo siempre abajo, siempre remando contra la corriente, luchón y pobre, pero honrado.

El futbolista mexicano no sabe ganar, no se la cree ni es capaz de sentirse superior a nadie (refiriéndome a cuando de verdad es superior, no a cuando está de hocicón gallito alardeando de ser muy macho y muy cabrón), y cuando va ganando a la buena, en base a talento y agallas, hace lo que mejor le sale: darse un balazo en el pie y cagarla. Eso le pasó a la Selección frente a Alemania en 1998, lo mismo que antier. El jugador mexicano tiene buen entrenamiento, tiene técnica, capacidad y talento; pero también tiene pedos cabroncísimos de enanismo mental y deslindación de responsabilidades. Rafael Márquez dijo que Arjen Robben se tira al césped en 5 de cada 10 contactos y que eso no es fair play; "El piojo" Herrera estaba emputadísimo con el arbitraje y se cobijó en los dos goles anulados frente a Camerún para decir que los silbantes perjudicaron al tricolor durante todo el torneo, y además argumentó que la FIFA no debió poner a un árbitro de la misma federación que el rival (recordemos que Portugal pertenece a la UEFA, igual que Holanda) porque eso olía a chanchullo y que mejor hubieran puesto a un africano o un asiático. Numerosos miembros de la prensa internacional salieron en defensa del equipo mexicano, apapachándolo y apedreando al delantero holandés hasta el cansancio, tachándolo de tramposo en el mejor de los casos. ¿Saben qué?





SÍ FUE PENALTY.

Si bien Robben saltó como si le hubieran metido una varilla oxidada por el culo apenas sintió el contacto de Márquez, este es suficiente para ser considerado una falta, dado que pisa el pie del holandés e impide su libre desplazamiento. Además, todos sabemos que Rafael Márquez cuenta con la nada honrosa distinción de jugar sucio en situaciones críticas. ¿Por qué creen que primero se vino el alud de mentadas de madre contra el michoacano y después, cuando las televisoras mexicanas repitieron la jugada hasta encontrar un ángulo que medio eximiera al defensa, toda la fanaticada volcó su ira en el delantero rival? De nuevo, y perdón por la insistencia, pero al mexicano siempre le ha resultado más cómodo echarle la culpa de sus cagazones al de enfrente, que asumir la responsabilidad.

Incluso si no hubiera sido penal, en el primer tiempo hubo una falta sobre el mismo Robben dentro del área que no se marcó y nadie de los que apoyaban a México reclamó. Y a últimas, si México hubiera seguido con el ritmo de juego tan cabrón que traía, si hubiera seguido atacando, generando espacios, defendiendo en cobertura escalonada y desbordando por las bandas en lugar de echarse para atrás y confiarse, otro gallo estaría cantando ahorita. Lamentablemente, la sobadísima frase que reza "el hubiera no existe" no está ahí nada más porque sí, y el espíritu de los ratoncitos verdes, tan cerca y tan lejos de la gloria, se posesionó de nuevo de jugadores y fanáticos.

De nada sirve ya lamentarse, llorar, encabronarse, mentarle la madre a Robben o al árbitro. México se jodió solito. A México no le ganaron; perdió de una manera por demás patética y triste. Es triste porque vi a gente a la que aprecio emocionarse; porque incluso yo, escéptico de la Selección, estuve a dos de brincar de alegría, tragarme mis palabras y admitir que este equipo era diferente.

Es triste también porque la banda, con victoria o con derrota, se sigue polarizando muy cabrón por pendejadas. Hice una bonita y nutrida selección de publicaciones destacadas entre mis contactos de Facebook protegiendo el anonimato de los participantes involuntarios (si alguien reconoce por ahí sus palabras ni la haga de pedo, porque sabe que lo que escribió está de la chingada). Vean nada más qué bonito:













A favor, en contra...¿qué más da? se juzgan y señalan unos a otros, se atacan entre sí. Unos se sienten superiores porque consideran que el fútbol es para pendejos ignorantes y se llenan el hocico y la cabeza con una pose pseudo-izquierdosa intelectualoide que no les va, dado que muchos ni siquiera saben redactar correctamente. Otros se encierran en su burbujita rosa de valemadrismo, cinismo y pereza mental donde lo único que parece importante es si Miguel Herrera va a seguir al frente de la Selección, o si Guillermo Ochoa por fin despuntó como portero. Al final ni México pasó a cuartos de final, ni nadie hace nada por mejorar la situación de este país que se va a la mierda cada vez más rápido. 

Quien quiera seguir apoyando a la Selección Mexicana...¡hágalo! este equipo promete, siempre y cuando se saque de encima el complejo de inferioridad tan tristemente culero que tiene; ya vendrá la Copa América, la Confederaciones, el próximo Mundial, para ver si es cierto u otra vez son llamarada de petate; nada más agarren el pedo de que hay cosas más importantes que eso y aprendan a diferenciar entre fútbol y patria, porque es una reverenda mamada insultar y hasta agredir a quien no comparte su fervor fanático. A quien le valga verga el fútbol, ¡claro que está en su derecho! es muy valido, siempre y cuando se dedique a hacer algo de veras provechoso, no nada más a estar cagando el palo desde su zona de confort sin mover más que los dedos para teclear chingaderas. Asomémonos allá afuera, veamos cómo nos está cargando la verga a todos, dejémonos de pendejadas, unámonos, paremos de culo a los que nos están cogiendo (¡y bien duro!) felices de que nos dividamos por menudencias en lugar de unirnos y demostrarles que la supuesta y altamente cacareada casta de guerreros se demuestra en el plano social, y no solo en una cancha.




Now Playing: Preso - Aleks Syntek


Saludos Enfermos.


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