viernes, julio 04, 2014

Parque Ecológico Ehecatl @Ecatepec


La parte del Estado de México que está pegada a la Ciudad de México y forma en conjunto con esta la mancha urbana más importante del país suele ser un tanto sórdida. Produce una sensación de estar en un páramo yermo y gris, un vacío que, paradójicamente, está repleto de cerros que a su vez están plagados de casas a medio construir, reflejo de la pobreza en que la mayoría de su población está sumida gracias, en buena parte, a la pésima administración pública que opera en la zona. Apesta muy cabrón a burocracia ineficiente, a corrupción, a inseguridad, a delincuencia; como si en cualquier momento te fuera a salir un parásito mugroso a la vuelta de la esquina listo para asaltarte. Digamos que, si esto fuera El señor de los anillos, ese pinche rancho feo sería el equivalente a Mordor...y tal vez le venga chiquita la comparación.

Sin embargo, incluso lugares como este tienen escondidas gratas sorpresas para el visitante. Por ahí andábamos el sábado pasado Hilda y yo, cuando a ella se le ocurrió que fuéramos a matar el tiempo al Parque Ecológico Ehecatl. A primera vista parece un zoológico como muchos, pero cuenta con una atractiva particularidad que no he visto en ningún otro (obviamente, no es que yo vaya a muchos zoológicos; pero no recuerdo haber visto esto antes): un precioso aviario de considerables dimensiones en el que, salvo las aves de presa, todos los ejemplares estaban en libertad y al alcance de la mano.

Naturalmente, uno no puede estar manoseando a los ejemplares; el personal a cargo dio la indicación de no tocarlos, no recoger las plumas que se les puedan caer e incluso evitarlos cuando se nos cruzaran en el camino, pero la verdad es irresistible acercarse a tan bellos animales, y se notó desde que, al entrar, me encontré de frente con esta bonita cacatúa:


El resto de las fotos, aquí.

A la voz de "¡Mira qué hermosa estás! ven para acá" me acerqué al animalito para tener una buena toma, no sin mi respectivo jalón de orejas por hacer lo primerito que me dijeron que no hiciera, pero no pasó a mayores. De ahí en adelante, todo estuvo genial. Entre guacamayas, periquitos, halcones y búhos, no encontraba hacia dónde voltear entre tantas bellezas. La diversidad de colores, formas y sonidos era deliciosa, el gorjeo de los pavos reales –que nunca había escuchado, y me encantó–, caminar entre ellos y sorprenderme con lo bellos que son de cerca, son cosas que me hicieron sentir, por un momento, lejos del gris que mayoritariamente cubre a esta ciudad, en algún punto lejos de aquí donde se puede disfrutar de estas bellas especies, de la vegetación, el entorno. Un coqueto ñandú se paseaba sin miedo cerca de la gente, permitiendo incluso ser tocado y posando con mucha coquetería cada que una cámara apuntaba hacia él; los búhos protestaban silenciosamente ante las fotos abriendo los ojos y dirigiendo miradas de "déjame dormir, ¡por favor!". Cada uno de ellos tiene una particularidad, gracia y encanto que atraparán a los visitantes, y quizás les suceda lo que a mi y no querrán salir de ahí una vez terminado el recorrido.




Está a unos diez minutos aproximadamente del Palacio Municipal de Ecatepec, en San Cristóbal. Dense la oportunidad de visitarlo este fin de semana, se encuentra a aproximadamente una hora y media de la Ciudad de México y la distancia podría parecer un poco larga, pero créanme cuando digo que vale la pena. Es una joyita perdida enmedio de la nada.

¡Por cierto! este post tiene una versión políticamente correcta, y la pueden encontrar en mi nueva colaboración para DFMente. Vayan allá, disfruten las fotos, y platíquenme qué les pareció.




Now Playing: The ride of the valkyrie - Richard Wagner


Saludos Enfermos.


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