lunes, septiembre 22, 2014

Bienvenida al mundo, pequeña


El sábado nació mi sobrinita. Se llama Paulina, y es preciosa como solo ella puede serlo. A las 11:34 de la mañana vio la luz de este mundo, aunque su primer berrido lo escuchamos minuto y medio después; fue casi una hora completa escuchándola así en lo que la sacaban por completo de las entrañas de mi hermana, la limpiaban y todo ese desmadre que hacen los médicos dentro del quirófano.

En ese lapso sentí como si algo hubiera explotado dentro de mi. Todas las emociones se me salieron por los ojos en forma de lágrimas; recordé la alegría que me embargó cuando supe que mi hermana sería mamá, cuando vi cómo le crecía poco a poco la panza y las veces que me acerqué a acariciarla para ver si la criaturita respondía pateando mi mano. La curiosidad que teníamos todos en casa por saber si sería niño o niña, aunque nos daba igual mientras naciera sana porque de todos modos la amaríamos mucho. Además, yo tenía un motivo extra para estar emocionado porque a lo mejor compartíamos cumpleaños, y apenas por una semana de diferencia no se me cumplió.

Claro que no todo podía ser miel sobre hojuelas; me dolía bastante ver a mi hermana cada día más cansada e irritable, cosa que es perfectamente comprensible por la tremenda chinga que representa llevar una vida dentro, pero de todos modos dolía. Incluso el mismo día del parto, estando en casa antes de ir al hospital se le notaba seria, pero entendí que probablemente se estaba cagando de nervios y no le hice más comentarios salvo el de que la alcanzaría en la clínica después de darme un baño.

En la clínica las cosas fueron muy diferentes; cuando llegué mi mamá estaba ya en la sala de espera y mi hermana estaba dentro del cuarto con su pareja, previo a su preparación para la cesárea. Entré, la saludé y me dijo "Gracias por estar aquí". Con esas simples cuatro palabras y la serenidad que proyectaba, tuve suficiente para apenas contener mi emoción y decirle "Te quiero, todo va a estar bien".

Por eso, cuando escuché el primer llanto de Paulina, todo mi mundo se cimbró desde la profundidad. Y cuando la vi, no pude más que inclinarme sobre ella para ver su carita, besarla, repetirle no sé cuántas veces "Qué bonita eres, qué bella" y bañarla sin querer con lágrimas de felicidad, aunque me de pena escribir esa parte. Es la niña más hermosa que he visto porque no estaba toda roja y arrugada cual escroto de anciano, que es como se ven muchos bebés al nacer, sino que su piel es rosada y se siente como seda en los dedos. Aparte está grandota, pesa 3.2 kilogramos y mide 51 centímetros. Va a ser una señorita muy, muy guapa.

Esa enanita hermosa vino a revolucionar mi vida, a cambiar el enfoque que le doy a muchas cosas, y a hacer algo más útil y valioso que simplemente el escribir lo feliz que me hace su llegada. Se me acabó eso de fumar dentro de la casa (mi carnala va a pasar la cuarentena ahí, seguramente), tendré toda la paciencia del mundo con la nena cuando esté de chillona, aprenderé a cambiar pañales, le daré de comer, seré capaz de pasarme la noche entera con ella en brazos arrullándola para que mi hermana pueda descansar. Aprenderé a ser un buen tío, amigo, consejero, cómplice, guardían, y guiaré estos piececitos hermosos lo mejor que pueda.






Now Playing: Je veux - Zaz


Saludos Enfermos.


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