jueves, septiembre 25, 2014

Entre novatos te veas


Recuerdo que hace algún tiempo me platicaron que fui muy enfermizo durante el primer año de mi vida, tal vez porque me estaba pasando de tueste (estuve casi un mes de más dentro de la panza de mi mamá) o porque nací muy débil o no sé por qué chingados, pero el chiste es que tiro por viaje estaba enfermo. Usualmente eran unas calenturas marca diablo; me daban tan fuerte que tenía que andar en los puros pañales la mayor parte del tiempo o metido en una tina con agua tibia para regular mi temperatura, y por visitas al médico no paraba.

Cuando no estaba en un consultorio, estaba en casa chille, y chille, y chille, sin dejar descansar a nadie. Ya fueran los de mi mamá, de mis abuelitos, de alguna de mis tías, de mi tío Alejandro (el más joven de la familia hasta que llegué) o de mi papá, siempre tuve un par de brazos cálidos que intentaran reconfortarme y hacerme descansar. Todos me cuidaron mucho, me tuvieron paciencia y me dieron mucho amor. Pero es de mi papá de quien quiero hablar en esta ocasión.

Él tenía unos 34 años en aquel entonces. Como buen primerizo, no tenía la menor idea de qué rayos hacer con ese crío enfermo que se retorcía chillando entre sus brazos. Lo mejor que se le ocurría era hacer "aaaa aaaa aaaaa aaaaaaaa" con un sonsonete arrullador que detenía mis berridos por un rato, pero cuando eso dejaba de ser suficiente el pobre se soltaba llorando también. Lloraba porque le daba miedo que la fiebre me dejara el cerebro frito; porque le angustiaba que algo le pasara al niño al que amó desde la primera vez que se vieron las caras.

Todo eso me vino a la mente hace rato que me quedé recostado cuidándole el sueño a Paulina en la cama de mi hermana mientras ella se bañaba; verla dormir tan tranquila me hizo pensar en su fragilidad y en la enorme responsabilidad que representa para todos nosotros. Me puse por un instante en los zapatos de mi papá y le agradecí -sin decir nada- por haber tenido miedo de perderme, paciencia para cuidarme, un sonsonete para arrullarme, lágrimas para desahogarse y amor para mi.

Tal vez tarde un poco en enseñarle este texto, porque siempre hemos sido un tanto torpes a la hora de demostrarnos cariño uno al otro. O a lo mejor hago a un lado esa idea pendeja de la timidez con las personas que amo y al rato se lo enseño, o se lo mando para que lo lea él estando solo y que no me gane el sentimiento si se lo muestro frente a frente. En todo caso, seguro le gustará saber que solo me tomó 31 años comprenderle, y que eso es algo que siempre voy a llevar muy dentro mío.






Now Playing: My angel baby - Toby Beau


Saludos Enfermos.


0 han opinado. ¡Da click y hazlo también!: