domingo, octubre 12, 2014

El primer año juntos


Hoy se cumple un año desde que le pedí a Hilda que fuera mi novia y ella dijera que sí. Justo en este momento, mientras ella duerme, yo estoy sentado en una mesita afuera de la habitación, escribiendo a media luz, disfrutando una cerveza y cigarros, y saboreando la retrospectiva, el conjunto de momentos que nos han traído hasta Huatulco y Zipolite para festejar estos doce meses juntos.

Recordar cosas como la ropa que traía puesta la primera vez que la vi, su peinado o el lugar al que fuimos es algo bonito y romántico (además de extremadamente cursi, si lo quieren ver así). Recordar detalle por detalle todo lo que sucedió la noche que le declaré mi amor también es lindo y, probablemente, digno de una película rosa; y no es que esté mal, pero basar el cúmulo de emociones que tengo en este momento en cosas así, sería caer en el facilismo.

Por eso mejor me enfoco en la primera vez que ella respondió mi "Te amo" con un "Yo también" mientras me bajaba de su coche al despedirnos. En la primera vez que ella lloró por culpa mía y en la que ni siquiera me di cuenta de haberla herido, porque aún no dimensionaba cuán importante es para mi. En que ella, sin pedírmelo ni insinuarlo siquiera, se convirtió en mi inspiración para dejar de beber como cosaco. En cómo me moría de celos, rabia y ganas de matar cada vez que el pendejete de su ex novio la buscaba, y qué bueno que esa mierda se terminó antes de que nos topáramos de frente. En la primera vez que la acompañé a casa cagado de nervios porque no sabía cómo me recibirían su mamá y su hermano. En la manera en que me acogieron y me han integrado paulatinamente a su núcleo familiar. En la primera discusión fuerte, y las que le siguieron a esa, y las que probablemente vendrán en el futuro porque tanto ella como yo tenemos un carácter difícil. En lo imperativo que es para mi el no lastimarla durante esas discusiones y buscar siempre conciliar, porque soy incapaz de irme a dormir tranquilo si ella no me dice que me ama antes de acostarnos. En el primer regalo de cumpleaños que me dio. En los chocolates que forman la palabra "Me traes de cabeza" que me regaló un día cualquiera, solo porque sí, y que no me he comido porque quiero conservarlos para siempre, de ser posible. En las publicaciones bonitas que nos hacemos en Facebook. En las payasadas que digo y hago a veces, porque adoro escucharla reír. En los textos que me salen del corazón cuando pienso en lo afortunado que soy al tenerla a mi lado. En la primera vez que salió conmigo y mis amigos. En todas esas canciones que me hacen pensar en ella al escucharlas, y termino dedicándoselas. En las veces que me ha presentado con sus amigos y conocidos como su novio, y me he pavoneado por ello. En cómo he pasado de ser su novio, a ser su hombre (y a veces incluso se ha referido a mi como su marido). En la vez que le acompañé a una comida de su trabajo y todo mundo nos observaba sin parar, porque ella nunca había llevado a ninguna pareja a un compromiso de esa clase y, la verdad sea dicha, éramos la pareja más atractiva del lugar. En lo orgulloso que me siento cada vez que la veo caminar con esa seguridad que le caracteriza, y pienso "¡Esa es mi mujer!". En el cambio tan radical que sufrió mi opinión acerca de los tacones, ya que antes me parecían un artilugio inútil y banal, y gracias a la manera en que ella los luce, se convirtieron en fetiche. En su piel morena y cabellos negros que me encienden como si un torrente de lava se escondieran dentro de mi. En la química sexual tan cabrona que hemos tenido desde la primera vez que nuestros cuerpos se tocaron. En la primera noche que compartimos. En la perfección de su cuerpo acurrucándose entre mis brazos al dormir, y en lo bonito que es despertar y que ella sea mi primera visión del día. En el primer orgasmo juntos, los que le han seguido, y los que vendrán. En su cuerpo convertido en el santuario del cual jamás quiero salir y en el que adoraré para toda la vida a mi diosa del sexo y del amor. En los miedos que ambos hemos vencido tomados de la mano (y a veces, conmigo jalándola para obligarla a salir de la zona segura y sacarse el temor de encima). En nuestro primer concierto juntos, y cómo lo disfruté porque aunque no soy gran fan de Los Fabulosos Cadillacs, amé verla cantar y bailar, extasiada, loca, feliz. En el primer viaje juntos, a Cuetzalan, y lo genial que fue compartir más de un día entero con ella. En la manera en que sus ojotes cafés, sus labios y su nariz de bolita se convirtieron en los rasgos de la perfección hecha rostro femenino. En que, pese a que allá afuera caminan chingos de mujeres bellas y tentadoras, yo sé que me espera la más hermosa de todas al final del día y, además, es totalmente mía y yo de ella y de nadie más. En las 365 oportunidades que he tenido de enamorarla, y enamorarme más de ella...y todas las que se vienen por delante.






Now Playing: Need you loving tonight - Queen


Saludos Enfermos.


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