viernes, octubre 17, 2014

Perdido en la nieve


Al darse cuenta de las cosas, la música ya no se oía y el regimiento había desaparecido, corrió al lugar donde había dejado a su amo, pero, ¡ay!, el ebanista ya no estaba allí, parecía que se lo hubiera tragado la tierra. Kashtanka olisqueó la acera con la esperanza de encontrar al amo por el oloor de sus huellas, pero un miserable acababa de pasar con sus chanclos nuevos y todos los olores delicados se confundían con aquella peste de la goma, hasta tal punto, que era imposible distinguir nada.

Kashtanka corrió adelante y atrás sin encontrar a su dueño. A todo esto, había oscurecido, A ambos lados de la calle encendieron las farolas, las ventanas de las casas se fueron iluminando. Caían unos copos grandes y esponjosos, cubriendo de blanco la calzada, los lomos de los caballos y los gorros de los cocheros, y cuanto más oscuro era el aire, más claros se hacían los objetos. Junto a Kashtanka, cubriendo su campo visual y empujándole con sus pies y piernas, no cesaban de ir y venir clientes desconocidos (Kashtanka dividía a toda la humanidad en dos partes muy desiguales: amos y clientes, con la diferencia esencial, entre unos y otros, de que los primeros podían pegarle y a los segundos él mismo estaba autorizado para morderles las pantorillas). Los clientes tenían prisa y no le prestaban atención alguna.

Cuando se hizo completamente de noche, Kashtanka se vio dominado por la desesperación y el miedo. Se arrimó a un portal y empezó a llorar amargamente. Las andanzas de todo el día con Luka Alexandrich le habían fatigado, sentía frío en las orejas y las patas y, para colmo de males, estaba hambriento. Desde por la mañana solo había tenido ocasión de llevarse algo al estómago dos veces: un poco de cola en casa del encuadernador y una tripa de salchichón que había encontrado junto al mostrador de una de las tabernas. Y eso era todo. Si hubiese sido persona, a buen seguro habría pensado: "No, esta vida es imposible. ¡Hay que pegarse un tiro!".




Kashtanka, Anton Chejov, 1887



¿Quieren saber qué sucedió con el pequeño Kashtanka después de haberse perdido? Descarguen el relato completo en este enlace.




Now Playing: The face of Oblivion - High on Fire


Saludos Enfermos.


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