lunes, febrero 16, 2015

Un libro más caliente que 50 shades of Grey


Al fin, no pudo resistir aquella tortura que recordaba a la de Tántalo; el amplio balanceo de sus rodillas constituía una dulce invitación a poseerla de inmediato. Su esposo no necesitó que se la repitiera. Cuando se levantó, pude ver que su mazo estaba impresionantemente tieso y tumefacto, con renovada ansia de ponerla a ella a prueba. Miró hacia las palpitantes torres de sus senos, y posó su otra mano sobre uno de aquellos deliciosos globos, el que dióse a amasar calmadamente, sin abandonar el suave vaivén del sondeo de su índice. Después, nuestro buen viticultor avanzó sobre sus rodillas, y, agachándose hábilmente, llevó tan solo la punta de su henchido instrumento sobre los húmedos y palpitantes labios de la ardorosa rendija de doña Lucila. Seguidamente se dio a frotarlo, describiendo círculos alrededor del monte de Venus, llevando al frenesí el ansia de su esposa. Su cabeza se revolvía sobre la almohada, sus ojos se dilataron enormemente y adquirieron aspecto vidrioso, y las ventanas de su nariz se ensancharon y contrajeron como las de una yegua en espera del ataque del garañón.

No pude menos que aplaudir sus preparativos para una cópula que prometía ser muy armónica. Y todos aquellos preparativos me recordaron la admirable máxima que debe formar parte del credo de todo amante que se precie de serlo: cuando la persona amada es apasionantemente codiciada, el macho debe desahogar prontamente sus deseos por medio de un acto rápido, ya que la naturaleza le obsequiará luego con mayor poder de resistencia para poder disfrutar de un segundo acto de duración satisfactoria. Hay hombres de poca fe que, habiendo eyaculado prematuramente, llevados de su entusiasmo por las bellezas de su compañera femenina, deploran su fracaso y abandonan el campo de batalla. ¡Pobres de ellos! el verdadero amante debe encontrar ejemplo en el relato de lo sucedido entre doña Lucila y su digno dueño y señor, Santiago, en aquel escondido pueblo de Provenza. No debe olvidar que, de la misma manera que el corazón pusilánime no conquista dama hermosa, a la verga caída no se le concede oportunidad de mostrar las proezas de que es capaz.




Memorias de una pulga, Anónimo, 1881

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Asumo que nadie puede ser tan simplón como para maravillarse con 50 shades of Grey, una especie de best seller dirigido a mujeres sexualmente reprimidas que, gracias a la estigmatización de la libre sexualidad y a la imposición de la monotonía y la rutina, sienten liberados sus más lúbricos instintos con una simple y desabrida probadita de lo que siempre ha estado oculto bajo sus pantaletas. O, lo que es lo mismo...¡Con esto sí se van a poner bien calientes! La obra se divide en tres tomos, de los cuales les traigo una deliciosa copia que podrán descargar en este enlace. ¡Disfrútenlo! y que sus noches sean mucho más placenteras que lo sugerido por la basura que escribió Erika Leonard James. Yo leo a la pulguita traviesa durante mis trayectos en el transporte público y, la verdad, más de una vez me ha costado trabajo esconder al pajarote antes de levantarme de mi asiento. Ustedes dicen si se animan (con el libro, no con mi pajarote).




Now Playing: The long and winding road - The Beatles


Saludos Enfermos.


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