martes, marzo 24, 2015

Disertaciones acerca del gran farsante


—Justina —expresó durante uno de sus acalorados debates—, todas las religiones se basan en una falsa suposición. Cada una argumenta que hubo una primera causa de toda existencia, y que aquella inicial causa es, por el simple hecho de su precedencia cronológica, superior a todos y a todo lo que después vino. Pero esa idea carece de fundamento. ¿Por qué ha de ser superior dios? Y si alguna vez lo fue, ¿qué le sucedió en el transcurso? Porque no cabe duda: dios ya no muestra nada de su supuesta superioridad. Ningún ser divino permitiría las injusticias que prevalecen en el mundo actualmente.

Por lo tanto, ¿qué es la religión más que el arma de los intereses establecidos, el medio por el cual los débiles seguirán siendo débiles y, en consecuencia, explotables? Sacerdotes cómplices que se hacen pasar por la voz de dios pronuncian cínicos sofismas; los hombres colocados frente a ese destino desde el despertar de sus conciencias, no tienen más remedio que creer; y sin embargo, analizamos tales creencias a la luz de la razón, y no podremos dejar de ver a través de ellas.

¿Existe una sola religión que no lleve la huella de la falsedad y la vileza? Ni una sola. ¿Les pides la verdad? No tienen ninguna que ofrecerte; ¿qué dan a cambio? Dogmas que desprecian a la lógica, payasadas litúrgicas que solo provocan burla y repulsión, y misterios que estremecen a la razón.

Sí, Justina, todas están corrompidas, pero si hay una religión que merece una condena especial es esa detestable monstruosidad llamada cristianismo. Pensemos por un momento en el pérfido fundador del culto: Jesucristo. ¿Quién era él sino el hijo ilegítimo de una golfa nazarena y un plebeyo carpintero? Sin embargo, se atreve a proclamarse enviado de aquel que, según dicen, es el creador de todas las cosas. Ahora tienes que reconocer que es una falsedad; no hay duda de que era de esperarse que por lo menos presentara algunas credenciales. ¿Pero cuáles son las credenciales que presenta ese pícaro? ¿Cómo se propone manifestar su misión? ¿Cambiará la faz del mundo? ¿Brillará el sol de día y de noche? ¿Desaparecerán los vicios y el sufrimiento?

No, ni mucho menos. A manera de credenciales solo ofrece trucos, juegos de manos y charlatanería, como pruebas, misterios y argucias. ¿Y a quiénes eligió como sus seguidores? No fueron los reconocidos jefes de sus tiempos, ni a los doctores, juristas y eruditos; no, escogió a doce tontos adolescentes; Juan, el más viejo de todos, no había cumplido aún los veinte años. ¡Increíble! Y a propósito, ¿no llama tu atención como algo muy extraño que un hombre de treinta años prefiera la compañía de muchachos? Si supieras algo de las personas que, como yo, están enamoradas de su propio sexo, entonces tendrías acceso a interesantes caminos de raciocinio.

En fin, ahí tienes a un charlatán con su docena de tontos, y todos van por todo el país predicando cosas absurdas. Durante algún tiempo pasan casi desapercibidos. Pero a la larga sus intenciones sediciosas resultan evidentes y los encierran en la cárcel. El propio "enviado" ya ha ofrecido tanto a la muchedumbre, que, cuando se les da a escoger, el gentío exige su muerte a cambio de la libertad del ladrón y asesino más célebre de la época, Barrabás. Pero finalmente, cuando dan muerte al "mesías", las autoridades son lo suficientemente torpes como para dejar en libertad a sus discípulos. ¿Qué ocurre entonces? Que esos imbéciles continúan la farsa donde su maestro la dejó. Pronto las mentes débiles fueron presa de su fanatismo. Las mujeres gritan, los niños berrean y los estúpidos se ponen a hacer maromas. Ahí lo tienes, ya ha sucedido. ¡El más insensato de todos los impostores que ha habido en la historia de la humanidad ha sido deificado! Ahora todas sus necedades se han convertido en dogmas; todas sus fantasías en artículos de fe, todas sus incoherencias en misterios. Y si lo juzgas, te convierte en hereje...y eres sentenciado a muerte en manos de la Inquisición.

¿Acaso se quedará ahí esa práctica de la locura? Tengo que responder que no. Porque hoy, ese mismo dios, ese mismo omnipotente Jesucristo, ante el llamado de cien mil payasos con uniforme jocoso, desciende diez o dice millones de veces bajo la forma de una oblea de trigo, y rápidamente es ingerido por los feligreses, en cuyos intestinos se transforma en heces...y, según se nos dice, todo eso es para demostrarnos su bondad.

Te pregunto: si existiera un dios y en verdad fuera omnipotente, ¿sería cómplice de tan despreciable blasfemia? Si fuera supremo, si fuera todopoderoso, si fuera bondadoso, si fuera justo, ¿querría enseñar a la humanidad a conocerlo, amarlo y servirlo a través de semejantes bufonadas? Además, ¿revelaría sus misterios solo en un lugar aislado de Asia, los pondría en la boca de un bandido de renombrada astucia, en presencia únicamente de ladrones, putas y comerciantes, expresados de un modo tan ambiguo que podrían interpretarse con cualquier significado que uno desee? Y luego de haber hecho todo esto, ¿dejaría al resto del mundo sumido en una equivocación, y lo castigaría por haber persistido en ella?

Pues bien, mi querida amiga: si de esa manera se conduce tu dios, no quiero tener nada que ver con él. Cuando el ateísmo reclame mártires, estoy dispuesto a derramar mi sangre por su causa; pero por ese cristianismo en el que hemos tenido la desventura de haber nacido tú y yo, no siento nada más que desprecio.




Justine ou les malheurs de la vertu (Justine, o los infortunios de la virtud). Donatien Alphonse François de Sade, 1787


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Dicen, y con justa razón, que no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después; recuerdo que empecé a leer las obras del Divino Marqués cuando estaba en prepa, justo en medio de la vorágine hormonal en la que se desenvolvía mi pubertad chaquetera y, honestamente, me fijé más en la esencia sumamente cerda y excitante de sus libros que en el mensaje que incluyen, semioculto entre todos esos coños rotos y vergas lechosas. A tantos años de distancia, releerlos me hace sentir orgulloso de que ese mensaje libertino y libertario se haya quedado grabado en mi cerebro, después de todo, en muchos más aspectos que el sexual, y feliz de reafirmar que, entre toda la suciedad que ha cubierto desde siempre a la sociedad, puedo encontrar eco y reflejo a mis ideas en mentes tan brillantes como la del gran Donatien.

No se queden con las ganas; dense gusto saboreando esta increíble obra haciendo click aquí, y disfruten cómo la libertad de pensamiento se va deshaciendo poco a poco de las ataduras moralinas y retrógradas a que se ha visto encadenada con más frecuencia de la que debería.




Now Playing: Fuzz pig - Monster Magnet


Saludos Enfermos.


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