jueves, mayo 28, 2015

Conoce y disfruta Sueño a la noche, de Edgar Feerman


[La historia del nieto robot, contada por mi abuelito]

Yo soy Genaro, tengo ochenta y tres años, y ese robot que está sentado allá dicen que es mi nieto. Lleva unas antenas colgando de las orejas por las que recibe señales sobre qué hacer y cómo comportarse. Mas él se la vive pasmado. No estoy bromeando; apenas se mueve, excepto por sus dedos al presionar los botones de un aparatito que tiene una ventanita por la cual se pasa todo el día asomado. Anda de un punto a otro con movimientos rectilíneos y uniformes. Cuando contesta a una pregunta siempre pronuncia "sí" o "no"; "gracias" y "por favor". Incluso lava los trastos sucios después de cada comida sin que nadie se lo ordene. No sé si en la escuela cursen adiestramiento lavaplatos, pero él lo hace de maravilla: en cuatro minutos y medio la vajilla entera puede usarse nuevamente. Al finalizar cada una de sus labores domésticas —como limpiar el baño o bañar al perro— regresa linealmente a su asiento a teclear entre corchetes de una forma tan simétrica, que su padre, el militar, apenas puede ocultar sus lágrimas de orgullo al observarlo. Cuando lo llevaron a casa el pasado fin de semana para que cuidara de él, respaldado por la garantía de que lavaría todos los trastos que llegaran a ocuparse, yo les dije: "No. Ese aparatito no puede ser mi nieto. Ahora mismo van y me le extirpan ese microchip que trae instalado". Pero se armó un pleito que para qué les cuento...que "cómo se lo vamos a quitar"; que "tanto dinero que costó"; que "se nos puede morir a media operación"; "se puede convertir en artista o en delincuente"y ¡qué caray! en definitiva, este mundo ya no es un lugar para los viejos. Hemos visto nuestro morir bajo los zapatos de las nuevas generaciones. Además, la juventud va que vuela en un inevitable camino al suicidio, mientras los viejos quedamos abandonados, relegados, ignorados, maltratados y discriminados por quienes nos deben la vida...


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Este fragmento es en realidad un cuento dentro de otro cuento que está dentro de un libro muy chingón, de la autoría de mi amigo Edgar Feerman. Se llama Sueño a la noche y, sin pelos en la lengua, me atrevo a recomendarlo ampliamente.

Es muy gracioso cómo conocí a Edgar: empezamos nuestra amistad en MySpace (o sea que ya llovió) y alguna vez nos encontramos en Bellas Artes, supuestamente para una peda que él organizó con todos sus contactos...de los cuales solo llegué yo. En vista del éxito obtenido, fuimos a buscar una batería para su celular en la Plaza de la Tecnología y terminamos la tarde tomando unas cervezas y comiendo mixiotes de pollo en la cantina Río de la Plata, cuando todavía era una cantina tradicional donde uno podía encontrar a ñores con panza de pulquero con quiénes jugar dominó, y no el pinche agujero hipster en que se convirtió hace unos años, para después dar el roll en la Alameda Central y disfrutar una exposición fotográfica sobre China bajo la lluvia.

Escurridizo como es, se fue de MySpace para asomarse después en Facebook; luego se volvió a desaparecer y cuando me di cuenta, el tipo ya había pasado los textos que alguna vez leí en su blog a una bella impresión de sobrias tapas negras.


Foto: Eric Feerman


Me perdí la primera presentación que tuvo por andar con los preparativos de mi supuesta operación laser (la cual resultó un fiasco), pero a la segunda, programada para el 5 de mayo, no había modo de que faltara. Asistí al Bucardón acompañado de Hilda; el evento no decepcionó, pese a que éramos pocos los asistentes. Edgar nos dio la bienvenida cálidamente a todos y cada uno, nos invitó a ponernos cómodos, y minutos después fuimos literalmente secuestrados por su voz y sus letras.


Foto: Yunuen Díaz


Independientemente de que sea mi amigo, vale la pena impulsar a nuevos talentos que, como él, nos dan la esperanza de que la juventud tiene mucho para aportar al crecimiento cultural que tanta falta le hace a este país. Si hay gente de Pachuca leyendo esto o no son de ahí pero planean dar el roll por la bella airosa el viernes, tomen la oportunidad de internarse en los recovecos del subconsciente onírico del autor, que probablemente se enredará con el suyo propio en algún punto. Les va a doler, pero les va a gustar.






Now Playing: Ticket to ride - The Carpenters


Saludos Enfermos.


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