miércoles, julio 01, 2015

El Museo del Templo Mayor siempre tendrá algo nuevo que mostrarnos


A principios de abril, Hilda y yo fuimos a dar el roll al centro y se antojó entrar al Museo del Templo Mayor; por alguna razón ella nunca había ido, y aunque yo ya lo conocía desde hace mucho, se me antojó visitarlo nuevamente.




Valió la pena la visita, porque las fotos que había tomado la última vez que estuve ahí, allá por el 2007, fueron simplemente desastrosas. Para empezar las tomé con un BenQ, marca que creo que ya ni vende celulares, y además el telefonito era de los primeros que salieron con pantalla a color y cámara integrada, así que podrán imaginar qué tan pinches me salieron; pero como fueron de las primeras en mi acervo fotográfico (en ese entonces tenía unos 23 años y empezaba mis pininos turísticos) las considero como tesoros, y de no ser porque tengo un desmadre en el disco duro de la compu y no las encuentro, con gusto las presumiría.

Ir de nuevo al Museo del Templo Mayor me permitió mejorar muchísimo aquellas tomas antiguas y traer muy buenas fotos. Mi Rebel hizo una gran diferencia, sobre todo porque en el museo no están permitido usar flash porque le da en la madre a la piedra debido a su antigüedad y tuve oportunidad de sentirme orgulloso por las cosas que he aprendido en la escuela y con amigos sobre obturación, enfoque, medición de luz y demás monadas que se pueden hacer con una reflex. Claro que la pobre Hilda pagó un poco los platos rotos porque el recorrido se extendió muchísimo gracias a que siempre busco el ángulo y el momento adecuados para disparar pero ni modo, son parte de los bemoles de tener un novio amante de la fotografía.


Más fotos de la exposición permanente, haciendo click aquí.


En uno de tantos descansos que tomamos mientras recorríamos el museo, nos sentamos en una banca donde se encontraba una vigilante; algo dijo Hilda sobre que la visita se le estaba haciendo larguísima y la señora se integró a la plática, cosa que me agradó porque tenía cara de buena gente y se le sentía buena vibra. Después del ice breaker de rigor, comenzó a platicarnos que el recorrido del museo se nos hacía largo no sólo por el tiempo que yo tardaba tomando fotos, sino porque la transición entre una sala y otra seguía un patrón en forma de caracol...¡justo como el que tiene el Templo Mayor! Me sorprendió gratamente que la señora tuviera tanto conocimiento porque en otros lados hay cada guardia que no sabe ni dónde está el baño, entonces siempre es de agradecerse encontrar gente así, que me haga un poquito menos ignorante y me enseñe cosas nuevas.


Normalmente, cuando pensamos en el Museo del Templo Mayor lo primero que llega a la mente es Coyolxauhqui, los templos de Huitzilopochtli y Tlaloc, el guerrero águila, la efigie de Mictlantecuhtli y el tzompantli, que son sus elementos más representativos. Sin embargo, si te fijas bien encuentras un montón de detalles que seguramente no percibiste durante tus visitas anteriores y es un hecho que si vuelves un tiempo después descubrirás aún más cosas; así de mágica es la historia de nuestros antepasados. Por ejemplo, yo descubrí (o quizá recordé) que en algún punto de la historia, después de la conquista, fue, literalmente, un basurero; que cada tlatoani contribuía construyendo un nuevo nivel para el recinto, engrandeciéndolo; que algunos de los elementos decorativos que se aprecian en la parte superior del templo (la que está techada para evitar que el sol la dañe) tienen inspiración tolteca. Sin embargo, lo que más me impresionó no lo descubrí dentro del museo, sino fuera de él un par de fines de semana después y por mera casualidad. No cabe duda de que la superficie nos muestra apenas una pequeña porción de todas las maravillas que el tiempo se ha encargado paulatinamente de ocultarnos, así que si quieren saber qué es eso que descubrí, no se pierdan el próximo capítulo de mis andanzas por el centro de la antigua Tenochtitlan...o bien, ¡vayan a averiguarlo personalmente! El Museo del Templo Mayor (para quien no sepa) se encuentra a un costado del zócalo capitalino, en el número 8 de la calle Seminario. Abre al público de 9:00 a 17:00, de lunes a sábado la entrada cuesta 64 pesitos (lo que te gastas en dos caguamas), y por si fuera poco, los domingos el acceso es gratis.


Más detalles de su increíble arquitectura, aquí.


¿Necesitan otro motivo para ir a conocerlo o a recordar viejos tiempos a la voz de ya?




Now Playing: Last night I dreamt that somebody - The Smiths


Saludos Enfermos.


8 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

Liliana dijo...

Buenísimo tu relato y preciosas las fotos!


....una sugerencia, habría la posibilidad que pudieras publicar con la letra más grande??? a mi me enganchó la forma en que lo relataste, pero de ver las letritas y lo largo del reportaje puede dar flojera, me parece, es mi humilde opinión.

saludos y que te mejores! =)))

Daniel Mendez dijo...

Hola, Liliana, ¡qué bueno que te gustaron las fotos y la reseña! y claro que sí, puedo hacer un poquito más grande la fuente; no había pensado en que por el tamaño podría llegar a cansar. Creo que eres la primera persona que me da retroalimentación respecto al diseño del blog y eso es muy bueno, gracias :-D

Y sí, ahí la llevo con mis oclayos, ya nada más espero 16 días más para que me digan cómo queda mi nueva graduación y si soy (o no) candidato a cirugía. Deséame suerte :-)

Liliana dijo...

¡Suerte!

aunque no sé si será suerte lo que necesites, espero que te diagnostiquen con precisión.....y sinceridad!

=)))

Daniel Mendez dijo...

¡Gracias! y sí, espero lo mismo.

Aseret dijo...

He ido dos veces al Museo del Templo Mayor y de verdad es cansado, he tomado fotos pero creo que he descuidado mi manera de hacer las tomas, y eso que ahora tengo una mejor cámara.

Se me hace algo avejentado el museo pero no deja de ser impresionante...

Salu2!!

Daniel Mendez dijo...

¡Sí! está larguito pero como dices, impresiona y también vale la pena.

¿Qué cámara tienes, Tere?

TeReSa dijo...

Tengo una Nikon D90, pero antes usaba las sony cyber shot y sentía que le echaba más ganas.

Daniel Mendez dijo...

Qué raro...a lo mejor es porque sentías que necesitabas moverle más a la digital para que salieran buenas fotos, o que la reflex iba a jalar más chido por sí sola. A ver cuándo me presumes algunas fotos :-)