miércoles, noviembre 18, 2015

No tengo una sola fotografía del concierto de Muse


En parte porque la cámara de un celular nunca será suficiente en un evento así (ni de pedo me iban a dejar pasar la reflex), y en parte porque siempre he sido más fan de disfrutar el momento que de dejarlo pasar detrás de la pantalla de mi smartphone, así que solo hice check-in (para que todo mundo supiera que fui, si no ¿pues cómo?) y guardé mi telefonito en cuanto empezó el concierto.

Mientras veía a un chingo de chavitos tomando fotos y video y disfrutaba una chela sentado junto a Hilda en uno de los palcos del Palacio de los Deportes, caí en la cuenta de que ya estoy entrando a la categoría "Vieja guardia". No es que me considere chavorruco (a los 32 no creo serlo, y en todo caso, yo sería más bien un apetitoso zorro plateado, jajaja), simplemente disfruté mucho ir en plan tranquilo con mi novia, evitarle los empujones y el desmadre (excepto cuando Matt se bajó del escenario para saludar al público, ahí sí me cagué de ganas de haber estado en pista), tener un par de asientos para aplastar nalga durante las rolas menos emotivas y —de todos modos, Juan te llamas— deschongarme bien cabrón brincando en mi lugar, sacudiendo la mata y desgañitándome con las canciones que me hicieron enamorarme de su música. De cualquier modo hoy amanecí débil, con dolor en todo el cuerpo, de milagro no estoy afónico y ¿saben algo? eso es bonito, y está bien. Así se debe salir de todo concierto de la banda que a uno le encante.




Algo que me gusta mucho de Muse es que para todos tiene; mientras las nuevas generaciones andaban prendidísimas con las rolas del Drones, que no me desagrada pero sí me parece mucho más suave incluso que The 2nd law, yo disfruté mucho con Apocalypse please, una joyita del Absolution que los fans más viejos seguro tendremos entre nuestras favoritas; con Plug in baby —la primera que les escuché hace no sé cuántos años y que aún me estremece cuando Matt saca el falsete y el solo de guitarra—, Hysteria y Time is running out. De lo más reciente, me encantan Starlight, Madness, Undisclosed desires y Knights of Cydonia, la mejor rola con que pudieron cerrar el concierto y con la que eclipsaron bastante bien los abucheos recibidos cuando Matt dedicó Mercy a las víctimas de los atentados en Paris del pasado viernes. Mala idea ante un público que tiende a polarizarse por todo, conflictos internacionales incluidos. Cuando Hilda me dijo burlonamente "A ver, ve y dile a Matt que se baje del tren del mame" le respondí que en todo caso, de él se entiende (mas no se aprueba) por ser europeo y, más exactamente, por ser originario de uno de los dos países que causaron hace 100 años todo el desmadre que tenemos ahorita en Medio Oriente. Ni pedo, cuando te metes en esos temas siempre vas a salir espinado, a Muse le gusta entrarle a esa onda y Matt no fue la excepción; me da algo de morbo saber si lo repite en el concierto de hoy o en el del 20, así que si van me cuentan.

Retomando lo meramente musical del asunto, escuchar en vivo a Muse es como reencontrarse con viejos amigos: pueden cambiar con el paso de los años —hay mucha diferencia entre esta gira que, dicho sea de paso, se estrenó en nuestro país, y la vez que andaban promocionando el The Resistance, por ejemplo—, pero siempre estarán ahí y saldrán a flote de vez en vez los momentos bellos, potentes, esos que me hacen recordar por qué sigue siendo una de mis bandas "actuales" favoritas. Anoche le dije a Hilda que el concierto me encantó pero algo me faltaba, y no sabía qué; ahora lo sé. Me hizo falta más Muse, más del The 2nd law porque no fui a ese concierto, más desgañite y brincos y headbanging. Nunca tendré suficiente de ellos, esa es la razón por la que un concierto de Muse siempre me dejará insatisfecho.






Saludos Enfermos.


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