sábado, mayo 30, 2015

¿Quién es el que anda ahí, removiendo mis recuerdos?


Hace un momento estaba escuchando unos discos en vinil de Cri-Cri que llevan viviendo en casa incluso más años que yo. Los encontré el otro día, y me pareció genial que mi sobrina Paulina pudiera escucharlos y compartir un poco de lo que tuvimos su mamá y yo durante la infancia, cuando (carajo, ¡me leo tan viejo diciendo esto!) todo era más bonito y más inocente. Es solo que así nos comportamos las personas cuando comenzamos a envejecer: creemos que nuestra infancia fue la época dorada, que ninguna otra podrá igualársele jamás y que merece la pena ser revivida una y otra vez.




En esas estaba, cuando me salieron al paso estas dos cabronas:







No hubo oportunidad de reacción; en cuanto identifiqué la primera sentí el nudo en la garganta y los ojos haciéndose agua. Se removieron tantos recuerdos que me sorprendí a mi mismo haciendo un puchero para después soltarme sollozando, tratando de ahogar mi propia voz e intentando, en vano, regular mi respiración para devolver al maldito llanto por donde vino.

Jalo aire y me viene a la mente el rostro de mi abuelita Francisca; exhalo, y pienso en mi madre, que ahora es abuela de una niña hermosa y la cuida con el mismo amor y dedicación que mi abuelita hizo conmigo.

Inhalo nuevamente y visualizo a Paulina sonriendo con su boquita desdentada, abrazando a mi mamá como siempre hace, dándole besos. Exhalo y el tiempo avanza unos cuantos años, mostrándome a mi madre llena de canas, encorvada, mientras le prepara el desayuno a Pau antes de mandarla a la escuela.

Inhalo otra vez y el perfume de Paulina, convertida en una jovencita, inunda la casa mientras corre a saludar a su abuela. Exhalo...¿cuánto tiempo podrá disfrutar mi niña, de la dicha de tener consigo a su abuelita? ¿Por cuántos años estarán juntas antes de que llegue el inevitable desenlace que arrastra hacia un pozo de tristeza a cada nieto en este jodido mundo?

Maldita nostalgia, que me tomas desprevenido mientras pendejeo tranquilamente buscando canciones infantiles para mi niña; me asaltas, me golpeas con un tubo de acero, me desgarras el alma y me dejas con la vista húmeda. Te aprovechas de la tarde nublada y de la quietud de esta casa donde, repentinamente, algún recuerdo interrumpe lo que estoy haciendo y se escapa de mi a través de los dedos, el teclado y el blog.

Bendita catarsis, que relajas la respiración y traes a la mente esos rostros viejos y sonrientes, como si me dijeran que, después de todo, no lo he hecho nada mal y se sienten orgullosos de mi.



Now Playing: Barely legal - The Strokes


Saludos Enfermos.


jueves, mayo 28, 2015

Conoce y disfruta Sueño a la noche, de Edgar Feerman


[La historia del nieto robot, contada por mi abuelito]

Yo soy Genaro, tengo ochenta y tres años, y ese robot que está sentado allá dicen que es mi nieto. Lleva unas antenas colgando de las orejas por las que recibe señales sobre qué hacer y cómo comportarse. Mas él se la vive pasmado. No estoy bromeando; apenas se mueve, excepto por sus dedos al presionar los botones de un aparatito que tiene una ventanita por la cual se pasa todo el día asomado. Anda de un punto a otro con movimientos rectilíneos y uniformes. Cuando contesta a una pregunta siempre pronuncia "sí" o "no"; "gracias" y "por favor". Incluso lava los trastos sucios después de cada comida sin que nadie se lo ordene. No sé si en la escuela cursen adiestramiento lavaplatos, pero él lo hace de maravilla: en cuatro minutos y medio la vajilla entera puede usarse nuevamente. Al finalizar cada una de sus labores domésticas —como limpiar el baño o bañar al perro— regresa linealmente a su asiento a teclear entre corchetes de una forma tan simétrica, que su padre, el militar, apenas puede ocultar sus lágrimas de orgullo al observarlo. Cuando lo llevaron a casa el pasado fin de semana para que cuidara de él, respaldado por la garantía de que lavaría todos los trastos que llegaran a ocuparse, yo les dije: "No. Ese aparatito no puede ser mi nieto. Ahora mismo van y me le extirpan ese microchip que trae instalado". Pero se armó un pleito que para qué les cuento...que "cómo se lo vamos a quitar"; que "tanto dinero que costó"; que "se nos puede morir a media operación"; "se puede convertir en artista o en delincuente"y ¡qué caray! en definitiva, este mundo ya no es un lugar para los viejos. Hemos visto nuestro morir bajo los zapatos de las nuevas generaciones. Además, la juventud va que vuela en un inevitable camino al suicidio, mientras los viejos quedamos abandonados, relegados, ignorados, maltratados y discriminados por quienes nos deben la vida...


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Este fragmento es en realidad un cuento dentro de otro cuento que está dentro de un libro muy chingón, de la autoría de mi amigo Edgar Feerman. Se llama Sueño a la noche y, sin pelos en la lengua, me atrevo a recomendarlo ampliamente.

Es muy gracioso cómo conocí a Edgar: empezamos nuestra amistad en MySpace (o sea que ya llovió) y alguna vez nos encontramos en Bellas Artes, supuestamente para una peda que él organizó con todos sus contactos...de los cuales solo llegué yo. En vista del éxito obtenido, fuimos a buscar una batería para su celular en la Plaza de la Tecnología y terminamos la tarde tomando unas cervezas y comiendo mixiotes de pollo en la cantina Río de la Plata, cuando todavía era una cantina tradicional donde uno podía encontrar a ñores con panza de pulquero con quiénes jugar dominó, y no el pinche agujero hipster en que se convirtió hace unos años, para después dar el roll en la Alameda Central y disfrutar una exposición fotográfica sobre China bajo la lluvia.

Escurridizo como es, se fue de MySpace para asomarse después en Facebook; luego se volvió a desaparecer y cuando me di cuenta, el tipo ya había pasado los textos que alguna vez leí en su blog a una bella impresión de sobrias tapas negras.


Foto: Eric Feerman


Me perdí la primera presentación que tuvo por andar con los preparativos de mi supuesta operación laser (la cual resultó un fiasco), pero a la segunda, programada para el 5 de mayo, no había modo de que faltara. Asistí al Bucardón acompañado de Hilda; el evento no decepcionó, pese a que éramos pocos los asistentes. Edgar nos dio la bienvenida cálidamente a todos y cada uno, nos invitó a ponernos cómodos, y minutos después fuimos literalmente secuestrados por su voz y sus letras.


Foto: Yunuen Díaz


Independientemente de que sea mi amigo, vale la pena impulsar a nuevos talentos que, como él, nos dan la esperanza de que la juventud tiene mucho para aportar al crecimiento cultural que tanta falta le hace a este país. Si hay gente de Pachuca leyendo esto o no son de ahí pero planean dar el roll por la bella airosa el viernes, tomen la oportunidad de internarse en los recovecos del subconsciente onírico del autor, que probablemente se enredará con el suyo propio en algún punto. Les va a doler, pero les va a gustar.






Now Playing: Ticket to ride - The Carpenters


Saludos Enfermos.


miércoles, mayo 27, 2015

Los Boicoteables presentan: Omnilaser


Por si no sabían, queridos lectores, desde que era niño sufro de miopía y astigmatismo, deficiencias que me han tenido gran parte de mi vida usando lentes. De morro usaba unos de armazón sumamente feos que me acarrearon no poco bullying en la escuela; entrando a la pubertad los cambié por unos de contacto, el bullying se acabó, y ese par de trozos de plástico graduado me acompañaron hasta apenas hace un par de meses que se abrió la oportunidad de operarme de la vista en Omnilaser, y uno de los requisitos fue dejar de usar los lentes de contacto durante dos semanas y media antes de ir a hacer un examen diagnóstico; entonces fui de nuevo por unos lentes de armazón y ni modo, a aguantar la incomodidad. Valía la pena.





El día del diagnóstico me dijeron que mis córneas son más delgadas que lo normal y que no podrían aplicarme la técnica LASIK, que es la standard para córneas de grosor normal; sin embargo, podían aplicar la LASEK, más adecuada para mi. Acepté y salí de ahí esperando ansiosamente por el día de la cirugía.

Una noche antes estaba cagado de nervios, pero no por la operación, sino porque debía dejar de fumar por no sé cuánto tiempo antes y después de la cirugía. Llegué a la clínica mentalizándome a que así serían las cosas y no importaba porque valdría la pena, pero al final...no me operé: un error por parte de los administrativos de Omnilaser en el llenado del contrato de la cirugía me puso alerta y decidí que mejor no. Ese no fue el único motivo, aunque sí el principal.

No soy alguien que crea en señales, pero esa mañana hubo algunas situaciones que me estaban poniendo un tanto nervioso. Cuando Hilda y yo llegamos a Omnilaser (ella, bien linda, ofreció llevarme y traerme después de la cirugía) había tres personas peleándose con la chica de recepción por un error en el llenado del contrato; decidí ignorar eso pensando en que era un caso aislado y me concentré en lo mío. El pedo vino después, cuando me entregaron el respectivo contrato y noté que en la parte superior, con pluma, decía "LASIK". No me gustó y fuimos a preguntarle a la recepcionista, quien nos respondió que sí me tocaba una operación LASIK porque (cito): "la cirujana Mesina, quien tiene más conocimiento que la doctora Acosta (quien me realizó el primer diagnóstico) determinó que me correspondía esa". Cabe señalar que minutos antes de que me dieran el contrato, un oftalmólogo me hizo un examen de rutina que arrojó los mismos resultados que obtuve el primer día.

Le pedimos a la recepcionista que nos avisara por favor cuando llegara la cirujana para preguntarle directamente; dijo que sí, y mientras tanto nos fuimos a la sala de espera a leer el contrato detenidamente, aunque sin firmar aún, ya que la recepcionista se quedó con la primera hoja del mismo (donde venía la anotación de "LASIK"). Pensando en que sería un mero error, seguimos revisando el contrato solo para encontrar que en una sección que lista las diferentes técnicas que se le pueden aplicar a un paciente, la casilla de LASIK estaba marcada. Ahí vamos otra vez a recepción, preguntamos si la cirujana ya había llegado y la chica dijo que sí, pero que ya se había metido al quirófano y que le había confirmado que me tocaba una LASIK.

Como seguía con la duda y a la recepcionista no la iba a sacar de ahí, decidí que era buena idea firmar para tener acceso al quirófano y hablar directamente con la cirujana. Después de analizar que mi nerviosismo no estuviera haciéndome una broma, sentí que algo no andaba bien y me puse alerta. Lo primero que se me ocurrió fue tomarle fotos a mi contrato recién firmado; le dije a Hilda que fuéramos a la sala para releerlo con calma, pero cuando la recepcionista vio que tenía el celular en la mano me dijo con un tono nada amistoso que no, que tenía que leerlo ahí mismo, en recepción. Hilda se encabronó y dijo que no, que podía marearme por estar leyendo parado ya que no traía mis lentes (se me dio la indicación previa de no usarlos antes de la operación) y que nos iríamos a la sala.




Le tomé esta foto, regresamos con la recepcionista para entregarle el contrato firmado, y volvimos a la sala. Hilda me preguntó por tercera vez si estaba seguro de querer operarme, que si no me sentía en confianza podía echarme para atrás sin ningún problema. Le dije que no había tal, que siguiéramos adelante, aunque mi mente estaba procesando todas las anomalías que había visto nada más en ese ratito y aislando mi creciente nerviosismo para poder ver las cosas lo más objetivamente posible.

Unos minutos después, una enfermera me pidió entrar a vestidores, dejar mi ropa en un locker y cambiarla por la bata que usaría mientras me operaban. Hilda entró conmigo, y mientras me ponían el brazalete de rigor que usan todos los pacientes, notamos esto:




Otra vez esa condenada palabra, "LASIK". Me pareció bien exponerle a la enfermera la situación para que llamara a la cirujana y aclarara las cosas; después de escucharme dijo que esperáramos un momento, se fue y empezó a dialogar con dos personas más (de las cuales ninguna era la cirujana) cosas que yo no alcanzaba a escuchar aparte de "LASIK" y "LASEK". Mientras volvía, Hilda empezó a grabar con su celular la conversación (a ese grado había llegado mi paranoia) y cuando regresó diciendo que sí me tocaba operación LASIK, le pedí nuevamente que fuera por la cirujana. A los pocos minutos apareció otra vez, empezó a cantinflear visiblemente nerviosa y remató diciendo que la cirujana no podía salir a atenderme, pero que le había dicho que siempre sí mis córneas eran muy delgadas para ser sometidas a una LASIK. Fue en ese momento cuando supe que ni de pedo me dejaría operar por ellos.

Salí de ahí entre decepcionado, encabronado, triste y eufórico; trataba de decidir cuál sería el siguiente paso y al final terminé yendo al Hospital Obregón, donde mi hermana se operó hace años. Después de un examen en el que la tecnología fue menos rimbombante que en Omnilaser, el resultado fue que tengo alergia, inflamación y pequeñas escoriaciones causadas por haber usado lentes de contacto durante tantos años, además del adelgazamiento de mis retinas, cosas que en Omnilaser ni de pedo detectaron y que descartan la idea de operarme hasta que estas estén totalmente recuperadas. Me fui a casa shockeado y con ganas de llorar no tanto porque el veredicto me condena a usar lentes de armazón por tiempo indefinido, sino porque me daban vueltas dentro de la cabeza los posibles escenarios que hubieran tenido lugar de no haber seguido mi instinto y tomado la operación. En Omnilaser pudieron haber desgastado de más mi córnea, dañando algún área que no debían siquiera tocar y dejándome ciego.

A Omnilaser de nada le sirve tener una buena reputación gracias al excelente marketing que maneja; tampoco el hecho de ser los pioneros en las técnicas que manejan, ni tener fama de ser la mejor clínica del país en su ramo. Vamos, incluso tenía una excelente referencia de ellos porque mi novia y su cuñada se operaron ahí hace años y no tuvieron ninguna complicación. El trato de su personal administrativo también deja mucho que desear; mientras intentábamos aclarar si realmente debía aplicárseme la técnica LASIK, Hilda escuchó a la chica de caja decirle a la recepcionista: "Son de convenio y todavía se ponen así", aludiendo a que la agencia para la que laboro me consiguió un plan de pagos bastante cómodo con la clínica; y si no le reclamamos fue porque no nos íbamos a poner a su nivel, pero su actitud y palabras fueron algo totalmente ofensivo y fuera de lugar para alguien cuya ocupación es la atención al cliente.

Gracias a mi costumbre de leer de cabo a rabo cualquier cosa que caiga en mis manos, me salvé de que estos incompetentes me dejaran ciego. Una simple letra pudo haber hecho la diferencia, pudo haber arruinado mi vida por completo y para siempre. Ya no podría escribir, ni leer, ni ir al cine o ver una serie cómodamente en casa; no podría ver a las personas que más amo, decirles cosas con la mirada cuando no tuviera palabras, o disfrutar de un paseo con Hilda. Hubiera tenido que decirle adiós a mi amor por la fotografía, ¡me hubiera despedido de tantas cosas! Honestamente, no sé si hubiera soportado vivir en la penumbra.

Escribí todo esto con la idea de presentar argumentos sólidos y objetivos para sustentar mi invitación a todo aquel que me lea, a no contratar los servicios de Omnilaser. Es una empresa que se preocupa más por atraer la mayor cantidad de clientes que por la calidad de su servicio, capaz de vender a sus usuarios lo que le de la gana sin importar las consecuencias. Insisto: yo me salvé porque siempre leo absolutamente todo antes de firmar, pero hay mucha gente que no hace eso y termina pagando ese error a veces a un costo muy elevado. Tengan mucho cuidado, y digan NO A OMNILASER. Su salud lo agradecerá.




Now Playing: C.W. Stoneking's King Hokum - Don't go dancin'



Saludos Enfermos.


jueves, mayo 21, 2015

Huatulco y Zipolite: dos relucientes joyas del Pacífico oaxaqueño


En estos días de calor, lluvia, calor de nuevo, otra vez lluvia y más calor nocturno gracias al bochorno de esos dos factores combinados, ¡cómo he extrañado las últimas vacaciones que tuve! porque definitivamente, nunca será lo mismo el calor húmedo todo sucio y culero del Distrito Federal, que el de la playa.

El año pasado, en nuestro primer aniversario, Hilda y yo nos fuimos nueve deliciosos días a disfrutar dos de las mejores playas que hay en Oaxaca: Huatulco y Zipolite. Para empezar, Huatulco es un auténtico paraíso que, además de su belleza natural, cuenta con la Certificación Internacional Earthcheck, que lo avala como un destino turístico sustentable poseedor de playas limpias y de la mejor calidad; no sé si sus nueve bahías cuenten con esa certificación, pero las seis que recorrimos estaban hermosas e impecables.






Cada una tiene su encanto propio; Santa Cruz fue la primera que conocimos y se convirtió en nuestra bahía de base, en parte por su cercanía con el hotel donde nos hospedamos, aunque también tuvo que ver el excelente servicio que dan en los restaurantes de la playa. Conocimos al buen Alex, uno de tantos meseros que atienden ahí y que siempre se portó muy amable y solícito, además de que nos dio muy buenas opciones para visitar en la costa oaxaqueña (a las que no hicimos caso porque ya teníamos un itinerario, pero a huevo que las consideraremos para un futuro viaje). Conocimos también a un gringo que se acercó a pedirme un cigarro en una de tantas ocasiones en que fuimos a Santa Cruz; el hombre tendría unos cuarenta y tantos años, con aspecto de indigente pero una mirada y sonrisa agradables de esas que me hacen contradecir mi tendencia a mandar al diablo a todo aquel que se me acerque pidiendo algo. Cuando el gringo se fue con el cigarro, Alex nos platicó que un buen día el tipo llegó en uno de tantos descansos que toman los cruceros en esa bahía, desembarcó y después ya no le dio la gana regresar a la nave, así que se quedó a vivir ahí, en la playa, sin más que lo que llevaba puesto y a expensas de lo que se pudiera encontrar o lo que los turistas le regalaran. Fue la primera vez en esos nueve días de viaje que sentí el impulso de hacer lo mismo y no volver aquí, pero al final acallé esa vocecita dentro de mi cabeza y volví a poner los pies en la arena.





La Entrega es como una enorme alberca de color turquesa; está flanqueada por rocas y una pequeña plataforma que hacen sentir seguro a cualquiera, y con esto me refiero a que siempre he sido muy respetuoso con el mar, por no decir miedoso; en mis viajes anteriores me había limitado a meter los pies al agua para sentir la espuma y nada más, pero algo tuvo de especial Oaxaca que me hizo dejar de lado el exceso de precaución y atreverme a entrar hasta que el agua me cubriera el pecho. Ya sé que no suena a la gran cosa, pero de verdad, para alguien que se siente intimidado por el mar a tal grado, fue un enorme logro. Además, estuvo lindo que tomáramos un tour en lancha desde ahí para recorrer los alrededores; así tuvimos oportunidad de conocer La bufadora, que es una formación rocosa a la salida de la bahía en la que la corriente marina, al estrellarse en la superficie visible de las rocas, arroja agua y espuma hacia arriba deleitando a todo el que la ve. También conocimos la Roca del león y otra perspectiva de Santa Cruz y su muelle, que ¡cómo me llamaba a explorarlo y tomar buenas fotos desde su extremo! pero desafortunadamente el acceso estaba restringido y me la tuve que pelar. De lo que no nos quedamos con las ganas fue de unos deliciosos ostiones en su concha fresquecitos, recién arrancados del mar y listos para ser acompañados con limón y Valentina.




El Arrocito es una de esas joyas no tan fáciles de encontrar, pero una vez que das con ellas, te enamoras. Para acceder tienes que bajar una escalinata de piedra no muy larga, y en cuanto estás ahí te sientes acogido por lo pequeña que es en comparación con las demás bahías. La vista es deliciosa, el tono esmeralda que adquiere el mar por ratos contrasta bellamente con el ocre claro de la arena y los distintos tonos de las rocas. Además la comida es increíble y, de hecho, me atrevería a decir que fue la mejor que probé en todo Huatulco: ese día me empaqué una mariscada como de un kilo que contenía arroz, pulpo, ostiones y camarones, un par de cervezas oscuras, y de postre un flan, todo por la módica cantidad de 400 pesitos aproximadamente. Pudiera parecer caro, pero de verdad, en cuanto pruebas esas delicias el precio es lo que menos importa. Como cereza en el pastel, casi no nos tocó gente ahí: solo alguna familia y un par de parejas que seguro estaban turisteando como nosotros, y de ahí en fuera el resto de la compañía era la gente que atendía el restaurantcito, y los pajarracos negros que se bañaban en una pequeña corriente de agua que bajaba de las rocas hacia el mar mientras permanecían al acecho, esperando cualquier descuido para robarse uno de mis camarones.





El Maguey es del estilo de El Arrocito, pero va mucha más gente y no tiene el toque de intimidad de esta última. Sin embargo, es un lugar agradable para tomar unas cuantas chelas, disfrutar de la comida, la brisa marina y un buen chapuzón.



Nunca falta el pelo en la sopa, y ese fue Tangolunda. Sobrevaluada a madres, entre las bahías es la prima nice, pues está rodeada por los hoteles de mayor prestigio. Por lo mismo, el acceso a la playa es una odisea: los alrededores están bardeados y para entrar y salir sin ser huésped de alguno de estos hoteles hay que meterse por el extremo derecho de la playa (mirando de frente al mar), previo cruce de un pequeño manglar cuya vereda está en pésimas condiciones. Tanto pedo para entrar a una zona donde nadie puede permanecer demasiado tiempo en la arena, gracias a que la playa está muy inclinada y el mar es bravo en esa zona, por lo que todo mundo prefiere nadar en las albercas que se encuentran detrás de una barda. Un lugar pretencioso y sin gracia, pero bueno...fuimos ahí porque Hilda quería que saliéramos en el stream satelital y causar envidia entre todos nuestros amigos que estuvieran en la oficina ese lunes. Al final ni llegamos a donde apuntaba la dichosa cámara, pero sirvió para quitarnos la curiosidad y ver que no hay gran cosa por ahí.

Como Tangolunda fue un fraude, decidimos volver a Santa Cruz para despedirnos de Huatulco; de hecho teníamos que haber estado desde ese mismo día en Zipolite (era ya el sexto de nuestro recorrido) pero lo estábamos pasando tan bien que a los dos se nos fue la onda, y la verdad no me arrepiento: fue el día que le perdí el miedo a Poseidón y me atreví a nadar de muertito en la bahía, y me gustó tanto esa sensación de etérea libertad que no quise salir del agua hasta que llegó la noche y la oscuridad y los sonidos del mar me dijeron que era mejor idea ir a la orilla a cenar y tomar una cerveza. No podía haber mejor manera de despedirme de un lugar tan bello, aunque nuestro viaje nos deparara cosas aún mejores para los restantes tres días.

A la mañana siguiente tomamos camino hacia Zipolite; primero abordamos una Combi de techo alto y equipada con aire acondicionado (cosa que agradecí infinitamente); subimos por las zigzagueantes curvas de la sierra sobre un camino de dos carriles durante casi una hora para después abordar un taxi colectivo que nos dejó a unos pasos del hotel más maravilloso que he conocido hasta ahora: el Nude, y la playa más libre de nuestro hermoso país.



Apenas tomamos la habitación que teníamos reservada, salimos a disfrutar de las instalaciones y comodidades que el hotel ofrece. Si Hilda creyó en algún momento que estar en un área nudista me iba a cohibir aunque fuera un poquito, se equivocó al grado de que yo era el único en pelotas dentro de la alberca; además de nosotros dos había una pareja de alemanes ya entrados en los cuarentas, una familia completa, una parejita de chicos que seguramente viven en la zona porque nada más fueron de entrada por salida ese día, y un viejo panzón y calvo con cara de libidinoso. Me divertí mucho observando cómo el resto de las personas fingían no verme mientras flotaba boca arriba con el salami moviéndose al compás del agua, y casi suelto la carcajada cuando una familia que acababa de llegar para instalarse en el hotel le preguntó a la recepcionista por qué había un tipo nadando desnudo en la alberca, a lo que la chica respondió que las políticas del hotel lo permitían. Me dieron ganas de agregar "Además el hotel se llama Nude, ¿no les indica algo?" pero me aguanté porque estaba Hilda y porque no hubiera sido buena idea tener un altercado al primer día de haber llegado ahí. En otra ocasión llegó una nueva familia a pedir habitación; eran papá, mamá y dos hijas, una semipuberta y la otra en plena adolescencia. Mi pito y yo nos encontrábamos igual que el día anterior, flotando libremente en la alberca un rato; escuché a la hija adolescente decir "Papá, ¿puedo nadar sin ropa?" a lo que el papá respondió con un rotundo y casi angustioso "¡No!". Por poco me ahogo de la risa ahí mismo.


Salir a caminar a la playa al atardecer fue un ritual que repetimos los tres días que permanecimos ahí, y cada uno de ellos nos regaló diferentes postales del sol escondiéndose entre las rocas mientras parecía ser devorado por el mar. Juro que no quiero caer en el cliché y decir algo como "No mames, ¡qué hermoso atardecer, jamás había visto algo así!", pero en verdad, las palabras no me alcanzan para describir la dulce paleta de colores que nos alegró la vista todos esos días; iba de los alegres amarillos, naranjas y rojizos que indican la llegada de los últimos minutos de la tarde  a las tonalidades rojizas más oscuras y sanguinolentas, y las púrpuras que poco a poco se fusionaban con el tono primero plomizo y después profundo del comienzo de la noche.




Una de esas tardes ocurrió algo muy especial: fuimos a comer pescadillas en uno de tantos locales de comida que se encuentran frente a la playa, y por mera curiosidad se me ocurrió preguntarle al tipo que atendía dónde podía conseguir un poco de mariguana; siempre había tenido ganas de fumar al mismo tiempo de disfrutar la brisa marina, además de que se lo había comentado a Hilda y le dio un poco de curiosidad, ya que nunca la había probado. Fue más fácil de lo que pensé; me pidió 50 pesos, fue a quién sabe dónde, y listo: ya tenía en mis manos un molote del tamaño de un huauzontle y además, me había forjado un churro y regalado tres sabanitas. La guardamos para más tarde buscando el momento adecuado, y este llegó cuando salí por una caguama a la tienda de la esquina (en el hotel no vendían más que ampolletas y con ese calor yo necesitaba cantidades más grandes para refrescarme). Eran aproximadamente las seis de la tarde y mientras caminaba de regreso al hotel, voltee a ver el cielo; los tonos rojizos apenas empezaban a mezclarse con los violáceos y de repente me dieron ganas de correr hacia el hotel, tomarle la mano a Hilda y decirle "Vamos a la playa, oooh oooh oooooh oooooh oooh". Ahí, junto a una roca bastante grande que separaba nuestro pedacito de paraíso del que correspondía al hotel vecino, nos entregamos a las bondades de la mota oaxaqueña. El resto de lo que pasó me lo reservo, pero definitivamente es algo que todos deberíamos hacer por lo menos una vez en la vida. Además dormimos como bebés, algo perfecto para los planes del día siguiente.

Contratamos un paseíto en lancha que estuvo aún mejor que el que tomamos en La Entrega; no solo recorrimos las bahías Panteón, Puerto Ángel, Estacahuite, La Mina y El Muerto, sino que tuvimos oportunidad de parar a comer y chelear en una de ellas, además de hacer snorkel en un arrecife y adentrarnos un tanto en mar abierto y pudimos ver algunas tortugas y una mantarraya volando fuera del agua, a lo lejos. Nos faltaron los delfines (alguien comentó que a eso de las seis de la mañana sí los habían podido ver) y las ballenas, pero esas aparecen entre noviembre y febrero; habrá que volver para saludarlas.




Hace un par de párrafos dije que Zipolite es el paraíso y créanme, no estoy exagerando. El excelente servicio y atención del personal del Nude y sus instalaciones rústicas pero cómodas que invitan a hacer de la visita un paseo sumamente romántico y/o erótico son todo un agasajo; la deliciosa comida del lugar, a la que le entramos con gusto y variedad: desde las pescadillas que vende el compa que nos consiguió la mota hasta el langostino que me empaqué unos cuantos locales más adelante o las delicias que comimos en Piedra de Fuego, un restaurantcito escondido entre las escasas calles de la localidad al que llegamos por recomendación de mi buen amigo Paco y de cuyo sazón simplemente nos enamoramos.

La indescriptible sensación de libertad que da la arena entre los dedos de los pies y el saber que estaba desnudo a la vista de todos sin que a nadie le importara, simplemente no tiene precio. La caricia de la brisa en cada rincón de mi cuerpo opacó totalmente a la inicial excitación que produce el hecho de ver coños y tetas hacia donde volteara; después de un rato se vuelve algo tan natural, tan cotidiano, que prácticamente no tenía que preocuparme porque involuntariamente se me parara el Mr. Magoo y lo único por hacer era disfrutar mientras el sol doraba toda mi piel y el agua la refrescaba; con precaución, claro, que la playa de Zipolite da al mar abierto y su fondo se ha alimentado de cadáveres de incautos desde tiempos prehispánicos.




Me pregunto en qué jodido momento se le ocurrió al ser humano ocultar su desnudez y convertirla en objeto de pudor o vergüenza; me pregunto por qué diablos no me quedé a vivir ahí para subsistir vendiendo pescadillas o mariguana a los turistas, dorar mi piel hasta obtener el mismo hermoso color que la gente del lugar, y ser libre de todo.

Tal vez algún día, cuando esté viejo y harto de todo esto, me retire a pasar mis últimos años allá.




Now Watching: Santos vs Chivas


Saludos Enfermos.


martes, mayo 12, 2015

Tom Brady no es una leyenda, ni los Patriots son una dinastía




Ayer salió la noticia de que Tom Brady será suspendido durante cuatro semanotas como resultado de todo ese asunto del Deflategate, en el que, para no aburrirlos y en resumen, se descubrió que parte del staff de New England desinfló ligeramente los balones que utilizaría su ofensiva durante la final de la AFC ante los Colts, volviéndolos más ligeros y fáciles de atrapar. El chistecito se descubrió cuando un defensivo equino le interceptó un pase a Tom Brady, y el resto es historia: recientemente salió a la luz que Jim McNally y John Jastremski fueron los responsables de desinflar los balones con "altas probabilidades" de que Tom Brady estuviera al tanto de eso y, por si no fuera suficiente, Jastremski recibiera como pago el balón autografiado con el que Brady lanzó 50,000 yardas en su carrera (me pregunto si lo conserva bien inflado, o también le bajó la presión).





Lo que pasó después es un mero chiste: aunque Tom Brady está suspendido para los primeros cuatro juegos de temporada regular sí podrá entrenar, además de participar en la pretemporada. Fuera de ello, los Patriots tienen una multa de 1 millón de dólares y pierden las selecciones de draft de primera ronda para 2016, y una de cuarta ronda en 2017. Pinche Goodell, es todo un badass.

El castigo es irrisorio si tomamos en cuenta, por ejemplo, que a Sean Payton lo suspendieron durante toda la temporada 2012 por implementar un sistema de recompensas a sus jugadores si lastimaban a los oponentes, saliendo raspados además varios directivos, entrenadores y jugadores. Sin embargo, no vine aquí a lloriquear, como dirían muchos Bradyliebers indignados al leer mis palabras; la santa putiza que le acomodaron los Patriots a los Colts hubiera resultado igual jugando con balones reglamentarios o con pelotas de tennis, del mismo modo en que se entiende que a Tom Brady se le aplique un castigo tan blando por ser una estrellita (paradójicamente, inflada) que le da a ganar a la liga millones de dólares.

Sin embargo, sí quiero puntualizar lo siguiente:

La realidad es que Tom Brady siempre fue un jugador promedio con los Michigan Wolverines, estando gran parte de su carrera colegial a la sombra de Brian Griese, quien al final fue un completo fracaso con los Broncos. Cuando Brady llegó a la NFL para sustituir a un Drew Bledsoe en decadencia mostró talento, eso no se puede negar; sin embargo, jamás había sido un fuera de serie, al menos hasta que los Patriots descubrieron desde hace trece años que podían ser favorecidos en repetidas ocasiones por el arbitraje y los peces gordos de la liga (cof cof Goodell! cof cof). ¿No me creen? Chequen:

¿Recuerdan el Snow Bowl, durante los playoffs de 2002?

La regla 3 de la NFL, sección 22, artículo 2, nota 2, dice: Cuando un jugador ofensivo sostiene el balón para lanzarlo, cualquier movimiento intencional de su brazo hacia adelante inicia un pase, aún si el jugador pierde la posesión del balón mientras intenta protegerlo con el cuerpo. También, si el jugador ha protegido el balón y después pierde la posesión, se trata de un balón suelto.





Esto significa, sencillamente, que la "dinastía" Patriot comenzó con un robo vil a los Raiders de Jon Gruden y Rich Gannon. Pero si creen que esto no es suficiente evidencia, veamos otro ejemplo:





Spygate de 2007, cuando cacheron a los Patriots grabando las señales de campo de los Jets para usarlas en su beneficio. Las consecuencias de eso fueron una multa, la pérdida de un pick de primera ronda, y Bill Belichick poniendo cara de "Yo no fui" ante las cámaras.

No es extraño que el mismísimo Don Shula, un head coach que sí es de leyenda, no baje de tramposo a Belichick (o Belicheat, como justificadamente se le conoce). Por eso los Patriots, por más que lo pretendan, jamás serán como los Packers, Steelers, Raiders, 49ers o Cowboys, auténticas dinastías que se sucedieron una a otra en la cima de la NFL entre los 60's y los 90's. Del mismo modo, Tom Brady, por más anillos de Superbowl que tenga, jamás estará al nivel de estos señores:




Ser leyenda no significa solamente ganar, sino hacerlo limpiamente y con honor. De nada le vale haber estado rodeado de grandes jugadores con talento a lo largo de toda su carrera, porque nunca podrá sacarse de encima la manchota de mierda que se embarró solito. Aunque siga activo, su legado, igual que el de Belichick y los Patriots, pasará a la historia como la supuesta gloria de una bola de tramposos y antiéticos carentes de honor, de los que no se puede evitar sospechar si la mitad de lo que lograron es mentira, ya que nadie sabe con certeza cuantas veces y durante cuánto tiempo han estado engañándonos a todos. Vamos, ni siquiera puedo evitar pensar que Tom Brady pidió que le sacaran un poco de relleno a Ted:





Qué vergüenza.




Now Playing: Pussy (live) - Rammstein


Saludos Enfermos.

miércoles, mayo 06, 2015

El amor es un signo del zodiaco


Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mi para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que solo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma, sino un signo del zodiaco.

Me volví otro. Traté de releer los clásicos que me orientaron en la adolescencia, y no pude con ellos. Me sumergí en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices, sino los contrariados. Cuando mis gustos en música hicieron crisis me descubrí atrasado y viejo, y abrí mi corazón a las delicias del azar.

Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo que yo mismo provocaba y temía. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: Estoy loco de amor.




Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez, 2004


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¡Ah, el amor! ese sentimiento capaz de sacar al protagonista de esta novela de su coma emocional, para volverlo loco por el aroma de una piel de mujer. Aunque, bien pensado...¿a quién de nosotros no le ha pasado?

Conozcan el desenlace de este amor haciendo click aquí; probablemente ya lo han leído, pero si no es el caso o (como yo) quieren darle un review tras muchos años de tenerlo empolvándose en el librero, este es el momento de disfrutar nuevamente un libro que, en su momento, generó cierto nivel de polémica gracias a su temática.




Now Playing: Roc - Beyoncé


Saludos Enfermos.


martes, mayo 05, 2015

Los Boicoteables presentan: Sistema de Transporte Colectivo Metro


Si son lectores constantes de este blog, sabrán que nunca han faltado ocasiones para estallar en contra del pésimo servicio que brinda el Metro de la Ciudad de México. Sin embargo, ayer se superaron a sí mismos y colmaron mi de por sí escasa paciencia; honestamente, espero que muchas más personas compartan el sentimiento de rabia, impotencia e indignación que me embarga al escribir estas líneas.





El día de ayer, aproximadamente a las 18:15, dos trenes chocaron dentro de la estación Oceanía, del lado de la Línea 5. Estuvo muy cabrón; hubo heridos de gravedad y los dos trenes quedaron hechos mierda (alrededor de la media noche fueron removidos de las vías). La lista oficial de heridos reporta a 12 personas, de las cuales 10 fueron trasladadas a distintos hospitales. Ellos son:


  • Alicia Ibarra Marrones, 35 años, trasladada al Hospital La Villa.
  • Teodoro De la Rosa Manuel, 27 años, trasladado al hospital Magdalena de las Salinas.
  • Paola Rosas Paredes, 31 años.
  • Erasmo Vázquez Martínez, 33 años.
  • Gilberto Guillén Ramos, 35 años, trasladado al hospital Magdalena de las Salinas (este pendejo es el conductor del tren que impactó al que estaba estacionado)
  • Erick Blancas Uribe, 19 años.
  • Jimena Monroy, 5 años.
  • Adriana Martínez, 17 años.
  • Pedro Ramos, 46 años.
  • Joaquín De la Rosa, 23 años.
  • Andrea Martínez Guadarrama, 17 años, trasladada al IMSS de Troncoso.
  • Jesús Enrique Espejel Padilla, 31 años, trasladado al Hospital Ángeles Lindavista.


En primera instancia, según leí durante la noche, la televisión dijo que no hubo heridos de gravedad en el incidente. Sin embargo, la información en Internet muestra lo contrario. Al tiro, que si son susceptibles deberían saltarse la siguiente imagen:




Me quedo pensando en qué definición tendrán los administrativos del Metro acerca de la palabra "Gravedad", porque lo que pusieron en Twitter no cuadra ni tantito con lo que acabamos de ver:




Como buenos paleros, los medios convencionales de comunicación minimizaron el hecho, dando la noticia para cumplir con su encomienda de "informar" para después continuar con la barra de telenovelas de cada tarde. Después, en el noticiario de López-Dóriga, dijeron que había más heridos, pero nunca se mencionó la gravedad de los mismos ni se mostraron las escenas más crudas y realistas. No es que estuviera esperando una nota roja onda el Alarma, pero es indignante que pretendan esconder la verdad a sabiendas de que la ciudadanía ya no está (tan) ciega y cuenta con fuentes más confiables que la caja idiota para obtener información.





Las televisoras funcionan como pararrayos para detener el impacto de la opinión general; previo pago de sus servicios, abren las piernitas y se avocan a insultar la inteligencia del público, entre el cual nos encontramos millones de personas (o eso quiero creer, ojalá sea así) que estamos hasta la madre de todas las chingaderas que suceden en este país y a quienes nos parece extremadamente cínico que quieran taparle el ojo al macho de cara a la farsa electoral que se viene para el próximo mes. Nos quieren tranquilos, quietecitos, viendo la basura que transmiten en todos sus canales mientras nos limpiamos el sudor de la frente y murmuramos algo como "Puta madre, ¡qué mal pedo! pero qué bueno que no me tocó a mi". Fomentan el egoísmo y la desunión, mientras mandan al pendejo de Joel Ortega a decir que el accidente fue "causado por un patinón del tren sobre las vías provocado por el granizo y el exceso de velocidad", pero se les olvida el antecedente de que un buen tramo de la Línea 12 no funciona porque "las vías y los trenes no son compatibles", o el de que es recurrente que los conductores de los trenes estén ebrios o drogados en horas de trabajo; o el de que, de por sí, el servicio en general es una auténtica mierda, situación que crece exponencialmente en tiempos de lluvia.

Quieren que parezca una situación fortuita, algo que se debió al azar, porque "los accidentes suceden y pues ya ni modo". Quieren deslindarse de su responsabilidad, hacerle creer a la gente que el pésimo estado de los trenes y las instalaciones, así como la deficiente infraestructrotchor (Peña Nieto dix it) y capacitación de los operarios no son culpa de nadie; simplemente se lavan las manos y ya está, se jugarán la misma carta de siempre que, lamentablemente, siempre les funciona: la mala memoria del mexicano termina por hacerles el paro y mantener impunes a estos criminales.

Me gustaría que todas las personas que lean este post echen un nuevo vistazo a la lista de hospitalizados que compartí al principio, y suspiren aliviados porque no encontraron ningún nombre conocido ahí. Ahora, piensen en lo que sentirían si entre los heridos se encontrara su mamá, su papá, su hermana o hermano, su pareja, algún amigo entrañable, ¡su hija! ¡Puta madre, entre los heridos hay una niña de cinco años!





Me tocó la época en que el viaje en Metro costaba 40 centavos; después lo vi subir a 2 pesos, luego a 3, y luego a 5. No es ético que nos vendan un transporte deficiente y peligroso como si fuera la octava maravilla y, además, tengan el cinismo de decirnos "¡Con solo 5 pesos te mueves por toda la ciudad, eso es nada comparado con lo que el gobierno invierte para ti!". Lo que no dicen, y las personas que defienden ese argumento repiten como periquitos sin siquiera razonarlo no saben, es que la plata "que pone papá gobierno" es la misma que sale de nuestros bolsillos y va a parar a los impuestos y a las cuentas bancarias de ellos. Nos roban el pan, nos tiran las migajas, y encima quieren que estemos agradecidos. ¿Alguien aquí considera correcto y justo eso?

¿Recuerdan cuando se puso de moda el #PosMeSalto gracias al último incremento? ¿Cuánto tiempo nos duró la emoción? salvo algunos casos (y orgullosamente puedo contarme entre ellos) que nos brincamos el torniquete cada que podemos, la iniciativa se fue al olvido, como todas las acciones que realizamos a medias, tibiamente, cada que algo no nos parece.

Considero que es hora de que el #PosMeSalto regrese, pero con mayor empuje y organización. No se me antoja pagar por viajar en una chingadera donde corro el riesgo de salir herido o incluso morir gracias a la ineptitud y negligencia de otros, porque nadie me garantiza que este tipo de incidente no vaya a repetirse. Corro también el riesgo de que me traten de asaltar y los inútiles que se supone están ahí para cuidarme no solamente no hagan su trabajo, sino que le avienten la bolita a los burócratas que manejan toda esa mafia del Metro; así le pasó ayer mismo a un conocido en el tramo entre Oceanía y Romero Rubio un poco después del choque de los trenes. No sé ustedes, pero yo ya estoy harto de todas estas ojetadas y no pienso pagar un peso más. Por lo pronto, hablaré con mis vecinos para organizarnos y entrar todos juntos a la estación Oceanía sin pagar, exponiéndoles lo escrito en este post. Si me quieren seguir, ¡excelente! Entre más seamos, menos riesgo hay de que los polis del Metro hagan algo (su sueldo no da para que se animen a enfrentarse a un grupo numeroso); y si nadie me sigue, ¡pues ni modo! la cobardía no es algo nuevo en el mexicano promedio, aún cuando algo en su interior le esté diciendo a gritos que hace mucho llegó el momento para la desobediencia civil organizada.

Si alguien tiene una mejor idea para combatir a estos cínicos, rateros y corruptos, es bienvenida; tú, ¿qué vamos a hacer al respecto?




Now Playing: Choose your side - La Coka Nostra


Saludos Enfermos.


lunes, mayo 04, 2015

Sí Vale...aunque parezca que no


Desde hace un par de quincenas, cobro parte de mi sueldo a través de una tarjeta Sí Vale. Lo primero que pensé fue "Sí vale...¡pero para una chingada!", porque me cagan las tarjetas, a pesar de que las considero un mal necesario siempre y cuando se sepa cómo manejarlas, y siempre me ha gustado tener total y absoluta disponibilidad de mi plata. Como decían allá por milnovecientoscarranza: "a mi no me gustan esas mamadas, a mi me gusta escuchar caer los fierros" (y estoy hablando de monedas, pinche bola de albureros).




Después de cagarme para adentro los primeros días de usarla porque no puedo comprar cigarros ni cervezas con ella (¿pues a qué más creen que voy a la pinche tienda?) y de los tragos en el bar mejor ni hablamos, me di a la tarea de averiguar dónde chingados podía gastarme ese dinero, porque eso de tener que estar yendo al super a cada rato es un dolor de huevos; está chido si son cosas para la casa de mi mamá, pero aún así me queda normalmente una buena cantidad de dinero estancada ahí y ni modo de estar de mandadero de todo mundo para tener algo de plata en las manos o chingarme todo comprando chuchulucos en la tiendita de conveniencia (conveniencia para el dueño, naturalmente) que está enfrente de la oficina.

Descubrí que hay pinchemil negocios que aceptan esa madre, y aunque no he hecho la prueba tratando de pagar el hotelazo con la tarjetita Sí Vale (lo cual sería maravilloso), por lo menos ya descubrí que sirve para muchas cosas más que solo comprar víveres. Como soy re buena onda y no quiero verlos sufrir como me pasó a mi (snif), les comparto la lista de establecimientos, omitiendo supermercados (por su obviedad) y negocios mierdosos, negreros y ojetes que mandé a la chingada y a los que no les consumo desde hace mucho tiempo, como Soriana, que gusta de ayudar a políticos culeros a comprar el voto de la gente jodida, ignorante y pendeja; o como Liverpool, que luego esconde muertitos en el cuarto de las escobas.

No hice gran cosa; solo fue cuestión de meterme al website a rascarle, leer con atención y traer aquí la lista, así que dense, y a sacarle el mayor jugo posible a la tarjetita:



Super Precio

The Home Store

Círculo K

ISSSTE

Farmacia Benavides

Farmacia San Pablo

Farmacias ABC

Sanborns

Farmacia Guadalajara

Tienda Pemex

Farmacias Del Ahorro

Home Depot

El Globo

Office Depot

La Tahona

Aldo Conti

Waldo's Mart

El Zorro Abarrotero

Multifarmacias

El Nuevo Mundo

Tiendas Óptima

Krispy Kreme

Office Max

Home Depot

Devlyn

Zapaterías La Joya

Flexi

Calzado Insurgentes

Puma Abarrotero

Ópticas Luz

Zapaterías Pakar

Dioro

A-Móvil

Abarrotes Z

Anforama

Mister Tennis

Bruno Corza

Sears

Ivonne

Pro Moda

Tiendas Atlas

Recubre

Vanity

Dorothy Gaynor

Radio Shack

Coppel

Especialistas Ópticos

Óptica Americana

Shasa

Milano

Bodylogic

Osh Kosh

Ingenia

Punto Verde

Famsa

Librerías Del Sótano

Viana

Ópticas York

Leo Vision

La Ribera Zapaterías

Flexi

Antela Rossi

Zara

Pull & Bear

Todas las tienditas de la esquina que cuenten con el logo de Red Qiubo



Antes de que se aloquen y vayan en chinga a gastarse la plata, tomen en cuenta que hay varios tipos de tarjetas Sí Vale:




Por ejemplo, la mía es para viáticos y no sé si aplique en todos los establecimientos que listé, por eso siempre cargo con algo de efectivo (del que saco haciendo el mandado de mi mamá, jajaja). Entonces, solo tengan en mente que si bien les va a funcionar la mayoría de las veces, en algunas ocasiones se la van a tener que pelar. Ahora sí, ¡felices compras!




Now Playing: Jeremy (unplugged) - Pearl Jam


Saludos Enfermos.