lunes, agosto 31, 2015

Día Internacional del blog 2015


¡Llegó el Día Internacional del Blog!





Y como lo mandan los cánones, las celebraciones de este día incluyen recomendar cinco blogs que me parezcan interesantes, amenos y/o agradables.

Aprovechando que ya regresé de unas encantadoras y más que merecidas vacaciones en Guanajuato, me eché un clavado a la lista de cosas que, al verlas, pienso "Se ve chingón, lo leeré con detenimiento en cuanto pueda" pero gracias falta de tiempo para dedicarles la atención que merecen se quedan guardadas ahí por un buen rato. Entre el sábado y ayer les di una cuidadosa checada, y ahora es un gusto traérselos para que también los conozcan y disfruten; hagan click en el título de cada blog para adentrarse un poquito en la mente de su respectivo autor:




























Espero les hayan gustado, y si es así, síganles la pista, compártanlos y déjenles algún comment de vez en cuando. Recuerden que los blogs existen mitad gracias a quienes los creamos y mitad gracias a ustedes, que los alimentan con interacciones, opiniones, compartiendo y recomendando, así que no dejen de hacerlo y echémosle ganas para que la blogósfera siga siendo un espacio libre donde todos podemos expresarnos, opinar, compartir información, entretenernos, divertirnos, debatir, mentarle su rechingada madre al gobierno o hacer lo que nos pegue la gana, que al final, ese es el espíritu libre de Internet.




Now Playing: Indifference - Pearl Jam


Saludos Enfermos.


lunes, agosto 17, 2015

Museo del Juguete Antiguo México: una ventana para mi niño interior


Si eres un adulto treintañero como yo (o mayor) y todavía recuerdas con cariño a varios de los juguetes que tuviste en la infancia, hay un lugar que te pondrá en contacto con tu niño interior.

El Museo del Juguete Antiguo México se encuentra en la colonia Doctores, en Doctor Olvera 15, a un par de calles de la estación del Metro Obrera. Pese a que la fama de la zona no me motivaba mucho para ir a pararme por allá, la inquietud desapareció en cuanto di con el museo; no se ve como los del Centro Histórico que se engalanan con fachadas que han visto el paso de los años desde la época colonial, ni como otros más modernos que parecen un preludio del futuro, como el Soumaya. El edificio que alberga al MUJAM es sencillo (de hecho tiene aspecto de unidad habitacional o vecindad rehabilitada) y lo más destacado es la enorme vitrina que exhibe apenas una pequeña parte de todos los tesoros que contiene, en contraste con los geniales graffitis que adornan su estacionamiento.


Sin embargo, al cruzar la puerta pude sentir cómo el tiempo comenzaba a retroceder y me llevaba al interior de las salas, sumergiéndome en tantos recuerdos no sólo de mi niñez, sino de la de mis padres y hasta de mis abuelos, conocida gracias a los relatos que me regalaron durante tantos años.

Así, comencé un recorrido que todo el tiempo me mantuvo brincando de una época a otra, como si jugara a saltar la cuerda, ya que dentro del MUJAM no existe el orden cronológico porque, sencillamente, no es necesario. Me encanta entrar ahí y no saber hacia dónde voltear primero por tantas cosas bonitas que se encuentran desperdigadas entre mesas, estantes y vitrinas; lo mismo me encontraba con viejas troquitas como las que divertían a mi papá cuando era niño, que la primera edición de mis amados Caballeros del Zodiaco (en ese entonces no les decíamos "Saint Seiya") que llegó a México cuando yo tenía unos cinco o seis años; en el camino me reencontré con viejos amigos como los codiciados Hot Wheels, que en ese entonces no eran tan fáciles de conseguir; los luchadores de plástico feo que tenían rebabas y se despintaban después de un rato de jugar con ellos pero cómo me encantaban, o los yoyos Duncan que hacían las delicias de todos en el patio de la escuela cuando nos poníamos a competir para ver quién tenía los mejores trucos. Muchas de estas piezas de colección están a la venta, y realmente se sorprenderían, queridos lectores, con los precios que algunas de ellas alcanzan; pero si lo pensamos un poco ¿los recuerdos tienen un precio fijo? ¿alguien se tentaría el bolsillo si se encontrara de frente con un juguete que le traiga a la memoria los momentos más hermosos de su infancia? probablemente sí, pero yo no lo haría.


Conforme avanzaba a través de las salas descubrí que, después de todo, Astroboy no me caía tan mal (siempre le consideré un tanto sobrevaluado). Recordé a Batman y Robin en distintas versiones, a los Halcones Galácticos, y hasta el futbolín, del que soy fan desde hace poco tiempo pero ¡ah, cómo me gusta! y por supuesto, todos esos juguetes que tienen un dejo de nostalgia mezclado con un no-sé-qué un tanto siniestro; de repente sentía como si me miraran, como si quisieran decirme que jugara con ellos un poco para devolverles algo de la vida tan agitada que tuvieron hará unos 50 años o más.




La biblioteca del MUJAM es bella no solo por el intrínseco valor que le da el simple hecho de albergar cultura, sino también por los murales que la engalanan. Las dos veces que he ido la he encontrado cerrada, pero siempre es un gusto asomarse y encontrar un poco de modernidad para disipar el sabor a viejo (agradable, eso sí) que deja ver tantos juguetes de antaño. Más allá se encuentra la sala dedicada a la lucha libre, que aunque le conozco lo básico la neta nunca me hice fan pero como a mi abuelito Manuel le apasionaba, con eso me bastó para sonreír y acordarme de él con mucho cariño al entrar.



La que no me latió tanto fue la exposición temporal de Playmobil; no porque la colección no valiera la pena, que sí está buenísima, sino porque el espacio es muy pequeño y si de por sí las otras salas se llenan cabroncísimo, esa estaba a full y no pude tomar tantas buenas fotos como hubiera querido. Había un montón de chamacos cagones por todos lados tocando todo -vi tambalearse más de una vez un par de maquetas gracias a que los morritos se recargaban sobre el acrílico que las cubre- y algunos de ellos le dieron sus respectivos cabezazos al objetivo de mi cámara, pero bueh, supongo que son gajes del oficio. Había venta de muñequitos y sets completos, aunque por lo que vi eran bastante caritos (en promedio, 150 pesitos por un muñeco suelto), así que en este rubro sí quedaron a deber, tomando en cuenta que en la Expo Playmobil que se llevó a cabo en el Centro Cultural Carranza hubo más variedad y por ejemplo, Hilda y yo pagamos por nuestras versiones playmobilizadas cerca de 100 pesos.


Compara; las fotos de Playmobil del MUJAM están aquí, y las del Centro Cultural Carranza, aquí.


A pesar de los peros, me dio mucho gusto ver a gente de mi edad o más jóvenes llevar a sus chavitos, ya fueran hijos, sobrinos o los retoños de sus peoresnada, a conocer los juguetes que marcaron tendencia antes de que apareciera Lego con su increíble mercadotecnia y también los que hicieron felices a nuestros padres y abuelos; siempre es placentero echar un vistazo al pasado y recordar cuando nuestras únicas preocupaciones consistían en saber a qué íbamos a jugar ese día y si eso no nos traería algún castigo por parte de nuestros papás.


El resto de la exposición permanente lo encuentras haciendo click aquí.


Si se les antojó viajar por un par de horas al pasado, no duden en ir al MUJAM. Está abierto de lunes a viernes de 9 a 6, los sábados de 9 a 4 y los domingos de 10 a 4. La entrada cuesta 50 pesitos, por lo que vale la pena cambiar esa caguama y botana domingueras por un buen rato conviviendo con viejos amigos de la infancia.




Now Playing: She said, she said - The Beatles


Saludos Enfermos


martes, agosto 11, 2015

Efectos especiales involuntarios


El viernes fui con Hilda al Cinépolis de Luna Parc para ver Exorcismo en el Vaticano y la verdad...¡es una completa decepción! la trama es buena, la protagonista ponía una cara de loca poseída que realmente le creí, pero el director aplicó la clásica ñerada de cortarla y poner un final abrupto y totalmente fuera de sentido que me hizo decir "¡No mames, ¿de verdad ya se acabó?". Un asco total, juro que todavía me quedé un rato esperando que milagrosamente hubiera alguna escena post-créditos como en las películas de Marvel, pero pues...no.

Esto no sería relevante (tomando en cuenta que el cine de terror decepciona durísimo de un tiempo para acá), pero hubo un par de situaciones que me encantaron y no tuvieron nada que ver con la película.

La primera es que cuando apenas estábamos disfrutando los primeros sobresaltos, el aguacerazo que caía hizo que se fuera la luz, dejando a los pocos que estábamos ahí dentro en total oscuridad y escuchando el golpeteo del agua sobre el techo de la sala. Hilda y yo incluso pensamos que el personal de Cinépolis lo había hecho a propósito para ponerle emoción a la función de media noche y esperábamos que apareciera un tipo para asustarnos o algo así, pero no pasó nada; tras cinco minutos regresó la luz, se volvió a ir y luego regresó definitivamente para dejarnos terminar de ver ese fraude mal llamado "película".

La segunda fue al término de la función; salimos bastante decepcionados de la sala y el centro comercial estaba prácticamente vacío. Justo cuando entramos al elevador para ir al estacionamiento la luz volvió a irse, dejándonos nuevamente a oscuras, con los relámpagos que caían como única iluminación y las puertas del cerrándose por la inercia que ya tenían. Si hay algo que no se me antojaba en ese momento era quedarme atrapado en un elevador a media noche y totalmente a oscuras (aunque fuera con mi amorcito, jejeje) así que como pude le metí el antebrazo entre las puertas y logramos salir. Como si de una nueva broma se tratara, al dar apenas unos pasos regresó la luz, pero ni locos nos hubiéramos metido de nuevo a esa cosa.

Entre maldiciones disfrazadas de risa nerviosa y pasos largos, bajamos las escaleras de los tres pisos hasta llegar a donde estaba el coche, y no pude evitar voltear en todas direcciones repetidamente para asegurarme de que estábamos solos. Tal vez Exorcismo en el Vaticano fue una mierda de película, pero nos sugestionó lo suficiente como para vivir nuestra propia aventura terrorífica.






Now Playing: Baby night - Sweet Smoke


Saludos Enfermos.


domingo, agosto 02, 2015

No quiero un coche


En los últimos días algunos amigos me han preguntado por qué no compro un coche si es que me desagrada tanto el transporte público, con base en que mi tolerancia hacia la gente pendeja e incivilizada, llámense usuarios, "autoridades" o vendedores ambulantes, ha sido prácticamente inexistente de un rato para acá; después de responder que no me interesa tener un coche porque lo considero un gasto innecesario tomando en cuenta que vivimos en la capital del país, me quedé pensando en ello y encontré algunas razones de peso para seguir andando a patín.


La primera de ellas, y quizá la más importante: formo parte de las 8,851,080 personas que pululan a diario por la capital del país, de las que más de la mitad tienen por lo menos un automóvil propio (según datos del INEGI actualizados hasta el 2014). Con esa proporción, moverse por las mañanas en coche es un via crucis entre embotellamientos, accidentes viales y tiempos de trayecto alargados. Además, gracias a la pobre cultura automovilística que tenemos, no somos capaces de respetar reglas de convivencia tan básicas como el cruce 1 a 1 cuando no hay semáforo disponible, ni aplicamos la vieja (pero poco difundida) práctica de compartir el coche con amigos y vecinos para optimizar espacio y evitar la saturación de vehículos en las principales avenidas. Hilda y yo hicimos ayer varios recorridos en coche (ella sí tiene, jaja) de lado a lado de la ciudad y justamente platicábamos acerca de que nuestras vialidades son geniales y nos conectan a cualquier parte; el pedo es que solo en fin de semana se disfruta de una relativa buena movilidad, porque de lunes a viernes eso es casi imposible y honestamente, no me dan ganas de contribuir con el desmadre que se arma.

Eso me lleva al segundo punto: el stress. De un tiempo para acá he estado relativamente más tranquilo, pero cuando se me bota la canica me cuesta muchísimo trabajo dominar las explosiones de mi temperamento. Si a la probabilidad de que alguien salga con un par de dientes menos o algún hueso roto le agregamos un motor y cuatro ruedas...no suena nada bien, ni para mi ni para los posibles afectados. Mejor sigo caminando y así se me baja lo encabronado.


Luego está la cuestión socioeconómica. Hay gente que compra un coche por necesidad o practicidad y eso está bien, pero por otro lado está quien se hace de uno por mero faroleo, cosa que me parece muy pendeja, y peor aún cuando traen un pinche Seat Ibiza, le ponen lucecitas por todos lados, le meten un sistema de audio que amenaza con reventar el parabrisas y andan por ahí jugando a ser Toretto u O'Conner. Como no soy de los que sienten que con un coche ligan o adquieren automáticamente el status de mirrey (papaaaaaaawhhh!), me da igual tener uno o no. Por otra parte, a mi no se me antoja cualquier coche: estoy enamorado de los Mustangs de los 60's y 70's, y los nuevos modelos también me laten bastante por su línea, potencia y la personalidad aventurera que proyectan; pero como cuestan una muy buena suma, prefiero ahorrar para algo que realmente me encante en lugar de comprar cualquier otra cosa más barata solo por quedar bien ante no sé quién chingados. En todo caso, la clase, estilo y poder adquisitivo que pudiera (o no) tener, no es algo que dependa de un coche.

Hablando de dinero, ¿cuánto cuesta la manutención de un coche? Tomando en cuenta que en los años más recientes nos la habían dejado caer sin salivita con los famosos gasolinazos de cada ocho días y que ahora el litro de Magna cuesta (corríjanme si me equivoco) $13.70, que en muchas gasolineras despachan litros de 800 mililitros y que con las reformas energéticas que vienen seguramente los precios seguirán en aumento, echar a andar un coche sale más caro que tener un hijo. Si además me pongo a pensar en lo que se tiene que pagar por el seguro, la tenencia (recordemos que somos el único país donde se paga por tener un coche), las refacciones, la hojalateada si algún idiota le pegó a tu coche cuando estabas estacionado, los arreglos por fuera cuando te das un llegue con otro güey y a ninguno de los dos les conviene llamar a la aseguradora y demás gastos hormiga, me dan ganas de seguir enfocándome en cosas por las que sí pagaría semejantes cantidades.

La única ventaja que le veo a tener un coche es que podría salir más cómodamente a conocer otros lugares para tomar fotografías e incrementar mi acervo cultural y experiencia de vida, pero como no tengo un pedo con viajar en autobús o avión hacia otras ciudades, prefiero aguantar vara, aunque en la cotidianidad tenga que soportar el pésimo servicio del transporte público y siga quejándome de ello (que, la neta, estoy en todo mi derecho porque para eso pago impuestos). Quizá si en el futuro me mudara de aquí y viviera en un lugar que no fuera el Distrito Federal ni el Estado de México lo consideraría, y por fin podría montarme en una belleza como esta:






Now Watching: Chivas vs Cruz Azul (por www.rojadirecta.me, para no darle a ganar más plata a las televisoras mexicanas de mierda).


Saludos Enfermos.